Les informo de que el grupo ambidiestros ha vuelto a reunirse para ofrecerles un quinto debate. En este caso, se trata del envejecimiento poblacional, la cultura y el progreso. Aquí os lo dejo:
Les informo de que el grupo ambidiestros ha vuelto a reunirse para ofrecerles un quinto debate. En este caso, se trata del envejecimiento poblacional, la cultura y el progreso. Aquí os lo dejo:
El periodismo del siglo XXI está prostituido. Si en el pasado el deber de un buen periodista era informar sobre lo que ocurría de la manera más fiel, hoy sus servicios se encuentran subordinados a los juicios de valor del medio al que representan y a una visión subjetiva del mundo que no hace más que distorsionar la realidad. Aunque la imparcialidad periodística jamás ha existido, antes existía un cierto decoro a la hora de mostrar los sentimientos respecto a un caso determinado.
Sirva como ejemplo el espectáculo de desvergüenza e hipocresía al que nos someten todos los días Manolo Lama y Manu Carroña en la no breve sección de deportes del noticiario de Cuatro. Saben perfectamente que el fútbol levanta pasiones desatadas capaces de llevar a la gente al odio sectario y a sus consecuencias más terribles.
Manipulan la información con herramientas más propias de programas como Sálvame o La Noria para provocar la ira de una u otra afición y buscar el enfrentamiento radical. Poca gente se percata de que estas dos marionetas están representando un papel delante de las cámaras cuyo único objetivo es avivar polémicas para que la gente esté pendiente de su programa. Lo más curioso llega cuando, como consecuencia de esta propaganda subversiva, se produce un episodio de violencia en el mundo del fútbol, entonces es cuando hablan de vergüenza para el deporte, se lamentan y cambian totalmente su discurso de crispación por el de dramatismo periodístico.
El otro día sin ir más lejos, uno de estos dos energúmenos se dirigió a una ciudad alemana para cubrir un encuentro del Atlético de Madrid si mal no recuerdo. Allí se encontró con un mendigo por la calle y lo ridiculizó molestándolo y pidiendo a los solidarios aficionados atléticos que echasen dinero en su canasto. Más tarde, después del escándalo que se montó, el periodista deportivo pidió disculpas. Sin embargo, estoy seguro que si el lamentable protagonista hubiese sido un periodista perteneciente a otra cadena, o un personaje famoso, lo habrían demonizado de por vida.
Quiero decir con esto que no es de extrañar que después de haber entronizado a la selección española por la victoria en la Eurocopa de 2008, de convertirla en favorita indiscutible para este Mundial, perdieran el primer partido y los titulares amanecieran dictaminando que a España le habían bajado los humos, cuando fueron ellos los que crearon esa imagen.
La conclusión a la que se llega es que los periodistas barren para su puerta y de sus “informaciones” nunca van a salir perjudicados ni ellos ni los suyos.
El avance, el perfeccionamiento, el mejoramiento y el adelanto es el objetivo primero de la sociedad y, conscientemente, el de muchos individuos.
Todos los individuos deliberan en su vida, aportan un beneficio a la sociedad y a la cultura con su existencia. El plexo de referencias mediadas heideggeriano aumenta de nivel cuantas más personas haya en el mundo.
Ahora bien: ¿Cuántas más personas haya, siempre habrá más progreso? Para la gran mayoría de los casos sí, pero para unos pocos no. Analicemos esos pocos con un ejemplo económico a modo de analogía. En economía, cuando existe un exceso de trabajadores, la productividad disminuye, incluso lo puede hacer la producción. Esto no solo es porque unos trabajadores se molestan físicamente entre sí –no hay espacio-, sino que el exceso de personal requiere un exceso en la calidad del talante de la dirección, puesto que, al existir más personas, se establecen más relaciones y más exigencias que deben resolverse. Por eso, cuando aumenta de nivel el equipo productivo, la dirección también debe aumentar y nivelarse o, si no, la empresa se verá derrengada.
Las grandes aglomeraciones de personas segregan problemas si no están bien regidas. La novela El señor de las moscas nos pone esto de relieve. Cuando se aumenta en cantidad, la calidad puede disminuir, sobre todo en determinados entornos.
Por tanto, cada persona debe tener un “espacio vital” que no pueda ser invadido por otras personas. Sin vedar el “espacio vital”, el aumento de personas es siempre positivo. Puede aumentar la población mundial sin que haya una aglomeración, una masificación o, lo que es lo mismo, un retroceso y un problema. El poblamiento disperso es lo idóneo.
Así que, disminuyendo la densidad de personas, y, al mismo tiempo, aumentando la población, el progreso se acelera, se multiplica. Cada persona aporta una visión al mundo, un trabajo, una acción, un grano de arena.
En definitiva, un factor clave para el progreso es el aumento organizado de la población. Este factor es el primero porque desencadena el resto de causas del progreso. Es la mano que tira la primera ficha, iniciando el efecto dominó.
Aumenta el número de personas y, consiguientemente, el número de intelectuales que idean “cambiar el mundo”, el número de científicos o tecnólogos que crean la tecnología para mejorar el aprovechamiento de los recursos. Sirva este argumento para deshacer los de los malthusianistas. La tecnología elimina la escasez de recursos, hay recursos para que haya recursos. Y, por último, los trabajadores aportan su esfuerzo para que las ideas se materialicen.
El hombre no se puede saber con certeza todo lo que puede conseguir, pero si se sabe que lo que se conseguirá mejorará, y mucho, la cultura. Dígase fusión nuclear, creación de la comida artificialmente, etc. Todo ello eliminará la pobreza en el mundo.
Después del aumento poblacional, la primera ficha al caer será la competitividad. Cuantas más personas hay, más competencia habrá, claro está. Aunque se debe aumentar el grado de competencia hasta llegar al término medio. La diversidad, por ejemplo, y la no unión[1] favorece a ello.
Observando este hecho, cabe hacernos una serie de preguntas. ¿Es bueno un Estado global o centralista? ¿Es bueno un monopolio? Obviamente, tanta unión es perjudicial para el hombre. Cuanta más división exista, más competitividad existirá y por tanto, más progreso. Ahora bien, competencia, como siempre, en su término medio; competencia, pero no competitivismo. El exceso de las guerras y el defecto de un comunismo no deben de darse, pero sí la virtud de la competición, una competición de `fair play´.
En este sentido, competitividad y progreso son sinónimos. Por eso, la liberalización de los mercados es siempre positiva, igual que la privatización. En definitiva, es siempre positivo todo lo que contribuya a la individualización. Por eso, los Estados en los que la relación entre el número de personas representadas y el número que representan a la población es menor hay más bienestar. También la tasa de representación debe aumentarse.
Observemos otro hecho. Los continentes también tienden a nivelarse. Cuando un continente sobresale los demás intentan igualarlo hasta que lo consiguen. Por eso, siempre debe de haber una meta en nuestra vida, que no muramos ni de éxito ni de fracaso. Como decía Cervantes en El Quijote «el camino es mejor que la posada».
A pesar de que “La rebelión de las masas” fue escrito en 1929, su autor, José Ortega y Gasset, estuvo editándolo prácticamente hasta 1950. Además, es un libro que siempre perdurará en el tiempo puesto que el fenómeno de masas es lo más característico de nuestra sociedad contemporánea. No obstante, para una plena comprensión de la obra, hay que entender y conocer su contexto histórico.
Ortega lo deja bien claro, “este libro no es político”, sino que, según él, la labor del intelectual debe ser la de modificar las bases sobre las que se substenta la política. Por ejemplo, Ortega trata el concepto de Estado y el de poder público; dos conceptos para él totalmente diferentes. Siempre habrá un poder público, pero no siempre un Estado. También trata el tema del lenguaje al que concibe como un elemento distorsionador del pensamiento. En cuanto al tema de Europa, concibe a la cultura Europea como homogénea y por ende, debe crearse los Estados Unidos de Europa lo que ayudará a nivelarnos aún más a América del norte.
El tema primordial del libro es la masa social. Establece un elemento novedoso y es que la masa siempre ha estado en un segundo plano, siempre se ha tenido por mediocre. Sin embargo, hoy día la masa ha tomado el poder y ha tomado los hábitos y gustos de la minoría. Esto ha provocado un aumento del nivel de la cultura equiparándonos a América, pero esto también acarrea unas consecuencias desfavorables, ya que aumenta la botaratería, el snobismo y la chabacanería.
Respecto al estilo, Ortega utiliza un lenguaje sencillo en comparación a la profundidad de su pensamiento. Incluye citas tanto en latín como en francés y con un léxico difícil de encontrar en otro libro.
En definitiva, un libro muy humano y que, a pesar de eso, el tiempo no lo erosiona demasiado. Recomendable a todo aquel que se interese por las humanidades.
Casi mil puntos disputados en un partido que ha durado tres días, suspendido dos veces por falta de luz. Un partido que ha batido todos los records de la historia tenística. Esto evidencia la siguiente afirmación André Agassi: “Lo bueno de este juego es que no se puede luchar contra el reloj. Quien quiera ganar, deberá encontrar una manera de acabar el partido”. Como ven, la competición con `fair play´es muchísimo más intensa que la agresiva del fútbol.

Disputa entre ambos jugadores sobre la hora del aplazamiento del partido.
El ganador, curiosamente, lo hace siendo el que menos puntos ha ganado en todo el partido; la diferencia mínima entre los dos ha estado en el saque. Uno ha sacado algo mejor que el otro, eso le ha permitido ganar los puntos más importantes y hacerse con el partido. Chapeau para los dos. Un partido realmente increible.
Nicolas Mahut (FRA) 4 6 7 6 68
John Isner (EEUU, 23) 6 3 6 7 70

Así quedó uno de los marcadores al llegar al quincuagésimo juego.
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Aquí les dejo la cronología del final del encuentro:
68-70: MAHUT, DERRUMBADO EN LA PISTA NÚMERO 18 DEL ALL ENGLAND CLUB
68-70: Isner no se lo cree, es ovacionado por toda la gente que ha abarrotado la pista.
Final: LA ORGANIZACIÓN DE WIMBLEDON ESTÁ RECONOCIENDO EL ESFUERZO DE LOS DOS JUGADORES, COMO SI FUERA LA FINAL. INCREÍBLE.
Final: Saltan los dos jugadores a la pista, Tim Henman les da un reconocimiento a Isner y Mahut.
Final: Mahut recibe el apoyo del público. “Es muy doloroso, ha sido increíble jugar con toda esta gente. Es inolvidable”, dice. “Hemos jugado el partido más largo de la historia en el mejor torneo del mundo” “Sólo pensaba en cada punto”, añade.
Final: La organización ha decidido que Isner juegue mañana el partido de segunda ronda. CHAPEAU PARA LA ORGANIZACIÓN
Los tenistas se fotografían con el marcador, con ese 68-70 de la quinta manga.
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Las opiniones de los tenistas:
“Imposible de imaginar. No sé si es para reír o llorar”, comentaba Federer en la sala de jugadores.
“Qué decir. Todo el mundo está viendo esto, y lo que más me impresiona es ver la facilidad con la que ambos han mantenido su saque durante todo el día”, comentaba Gaël Monfils .
“Quizás deberían ponerse de acuerdo y jugar un ‘tie break’ cuando lleguen al 50-50″, bromeaba Novak Djokovic.
“Isner no sabe ni que día es hoy”, se reían los Bryan en Twitter.
“Por esto el tenis es uno de los deportes más duros que existen. Creo que no volverá a suceder jamás”, colgaba Andy Murray.
“Ha sido, bueno, perdón, está siendo increíble. Estábamos viéndolo en la casa y hemos visto también el fútbol, hemos jugado a la ‘Play’, hemos preparado la cena y ahí seguían. Increíble. De todas maneras, mejor para ellos acabar mañana y no hoy tan tarde. Si no, tendrían que jugar mañana [jueves] otro partido entero. Así, si acaban el rápido, que eso esta por verse, podrán descansar para jugar al día siguiente más enteros de lo que lo hubiera hecho mañana el ganador”, opinaba Nadal.
“¿Pero nadie tiene que hacer pis? comentó Roddick sobre el juego número 50. Luego pararon para eso cuando uno de los marcadores mostraba 58-58.
Sumido en este verano vuvuzélico y rojigualdo, en el que el calor es sólo un tópico, el mundo se ha vuelto loco. Os cuento.
En mis 18 años de vida, he vivido 5 mundiales de los cuales 4 recuerdo como si fuesen ayer: Francia 98′, Corea y Japón 02′, Alemania 06′, Sudáfrica 10′. En los anteriores encuentros mundialistas nunca había visto tanta ilusión en la selección nacional como la presente, puede que los miembros del combinado nacional tuviesen menos calidad que los actuales (lo que no asegura el fracaso ni el éxito, en el mundo del fútbol nunca se sabe) o que las principales potencias Brasil, Argentina, Italia se encontrasen en un momento álgido. Nuestra participación en la Copa del Mundo era una anécdota.
La conquista española de la Eurocopa de 08′ inyectó una dosis de optimismo extra a una excepcional plantilla que enamoraba allá donde jugaba, dejadme que os cuente, bordaban el fútbol como ninguna escuadra de la historia lo había hecho nunca. Los amistosos y partidos de clasificación para el mundial fueron puros trámites donde el aficcionado al deporte rey presenció lo que buscaba: goles, espectáculo y deportividad. Tan solo un punto negro, derrota de la Copa Confederaciones a mano de EEUU, en tan impecable trayectoria.
Todo normal, hasta que sonó el silbato del árbitro en el partido inaugural en el estadio Soccer City Stadium. Las banderas empezaron a invadir balcones, coches, incluso estados de redes sociales, España entera se dibujó rojigualda. En un país normal, este acto hubiese sido normal pero hay que aclarar que esto es España donde nos apuntamos al carro ganador para proclamar ideales reprimidos por una sociedad avanzada, propia del S.XXI, en la que muchos individuos reniegan de sus ideas encubriéndolas con excusas deportivas. El icono nacional, la bandera nacional, ha pasado en pocos días ha ser el orgullo del mundo cuando hace apenas dos meses una serie de individuos, dueños de la misma bandera, sentaban en el banquillo de los acusados a un juez que hacía su trabajo; luchar por la libertad. Incluso balcones y coches que proclamaban “La tercera” ondean tres franjas en las que, si no me he vuelto daltónico, falta un color.
Pero claro, tanta euforia desatada no es cuestión de los dotes futbolísticos de la selección española, no se engañen. Es el fruto de un periodo decadente en el que la población necesita agarrarse a un clavo ardiendo para no sentir que cae al vacío; es fruto de la crisis político-económica.
Pensándolo bien todo sigue igual La Roja, con bandera rojigualda en las calzonas.
Poco se ha hablado sobre lo perjudicial que puede resultar una corrupción lingüística; es decir, cambiar completamente el significado de las palabras, pero manteniendo la misma palabra. Esto produce que la palabra tenga múltiples significados y, tertuliando, el emisor se refiera a un significado y el receptor tome otro significado distinto; o sea, produce polisemia y confusión. Otro grave problema que ocasiona es dar un significado erróneo, añadir connotaciones negativas o irreales, tomar como significado otro distinto al que la palabra se refiere realmente. Por ejemplo, el término ‘bueno’ en la antigua Grecia significaba ‘noble’, ‘aristocrático’ o ‘fuerte’ y el término ‘malo’ significaba ‘débil de espíritu’. Es decir, algo contrario a lo que hoy significa.
Este fenómeno de ‘corrupción lingüística’ también sucede en la actualidad. Por ejemplo, el término ‘Capitalismo’ se entiende con connotaciones negativas; sin embargo, el término ‘Economía de Mercado’ está bien visto. Pero lo que no se sabe es que los dos términos se refieren a la misma realidad y, créanme, el término ‘Capitalismo’ o la realidad a la que se refiere tiene denotaciones positivas. Esto es lo mismo que ocurre con la palabra religión (se cree que ser religioso es creer en dioses, cuando no es exactamente así), el termino revolución (muy utilizado por los golpistas comunistas para atenuar su golpe), el termino soberbio (soberbio significó originariamente algo magnifico; por ejemplo, aquel es un estudiante soberbio).
Esto es muy negativo en numerosos campos y, al entorpecer la comunicación, sirve como arma de manipulación. El significado, en muchas ocasiones, no coincide con el significante. Mi opinión es que debería crearse otra institución, parecida a la Real Academia Española (RAE), que controlase esta forma de corrupción; aunque esto es complejo de realizarse.
Por otro lado, también existen otros modos de corrupción como los ejemplos o las alegorías. Sucede exactamente lo mismo que la corrupción lingüística, pero aplicado a otros campos. Me estoy refiriendo a los ejemplos, analogías o, mejor dicho, a las alegorías. Es habitual recrear una situación imaginaria para explicar otra; pero que no tienen por qué tener una relación. La gente está muy confiada en este método y, al explicarlo, el oyente se queda totalmente satisfecho; pero tal analogía puede ser errónea y por lo tanto, se trata de una manipulación. Me gustaría denominar esta realidad a la que me refiero como ‘Criterio del Ejemplo’, pues al igual que existe el ‘Criterio de Autoridad’, en el que otorgamos más importancia a la persona que afirma algo que a su afirmación, también damos por válido un razonamiento cuando se utiliza una analogía.
Aunque la mayoría de estas analogías sirven más para manipular que para informal, es verdad que existen analogías muy buenas y con una gran relación con la realidad que quiere explicar; una de ellas sería el mito de la caverna. Pero, como digo, la mayoría no son lo útiles o reales que nosotros pensamos. Pondré ahora unas dos alegorías en las que se muestra claramente que se intenta convencer de algo falso mediante este método.
«El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega ¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra».
Como vemos esta es una de las muchas alegorías o parábolas que utilizaba Jesús para manipular a la población y ¡vaya que si le sirvió! Concretamente, en la Biblia se encuentran 54 parábolas como estas y es que está claro que cuando se quiere mentir no se puede utilizar la realidad y hay que recurrir a método manipuladores como este. Aunque he de reconocer que estos métodos son demasiado sutiles y por ende, manipuladores.
Otra de las analogías que reflejan perfectamente lo que yo afirmo:
«El nacismo es como un cáncer, como una enfermedad, como una podredura de una manzana. Cuando una manzana está podrida, hay que eliminar la zona mala; lo mismo sucede con el cáncer; las células muertas hay que extirparlas; hay que eliminar enfermedades. Hay que matar a los defensores de tal movimiento, pues este es una enfermedad».
Claramente o de entrada, a cualquiera le parecerían algunos aspectos de esta analogía respetables, pero no es así. Primero, como vemos, el nacismo no es un cáncer, ya que tal ideología puede eliminarse incluso haciéndole el menor caso posible; además puede resolverse mediante educación. Por otro lado, no creo que los pequeñísimos grupos neofascistas sean un peligro para la humanidad. Segundo, no es comparable (como sucede en la mayoría de las alegorías) personas con células o manzanas, pues matar células no es lo mismo que matar a personas.
Sorprendentemente, escribiendo este artículo he buscado información en Internet sobre las parábolas de Jesús y me he encontrado con la decisión que Calderón de la Barca realizo de las alegorías:
La alegoría no es más
que un espejo que traslada
lo que es con lo que no es,
y está toda su elegancia
en que salga parecida
tanto la copia en la tabla,
que el que está mirando a una
piense que está viendo a entrambas.
Básicamente en este texto está diciendo lo que yo he dicho, lo que yo pienso; una alegoría es transformar sutilmente la realidad, hacerlo con elegancia para que nadie lo descubra. En palabras del propio poeta: “Alegoría: espejo que traslada lo que es con lo que no es”. ¡Qué razón tiene nuestro refrán al decir que las comparaciones son odiosas… !
He mostrado en numerosas ocasiones mi desagrado a la religión cristiana y, también, he argumentado el porqué la Iglesia Católica es la peor institución de la historia de la humanidad. Por eso, considero recomendable leer la primera parte antes de continuar con ésta.
Como digo muchas veces, yo tolero a todo y a todos, pero no respeto a aquellas personas que, siendo conscientes de a qué institución veneran, siguen venerándola. Además, y como muchas personas afirman, no hace falta una institución para que la gente crea en Dios, tampoco para representar creencias personales y modos de vivir y, mucho menos, para imponerlos. Lo personal no puede ser tratado como público.
¿Es necesaria tanta parafernalia para el cristianismo porque no es lo suficientemente convincente?
Al escribir esto, me he acordado de la música de la Semana Santa que es muy parecida a la música que se hacía en los batallones de todas las antiguas guerras, para motivar a los soldados, para que CREYERAN en lo que defendían y lo defendieran a “capa y espada”. Imagínense una Semana Santa sin eso, no es nada. Es lo que tiene el sonido del tambor…
Está claro que una institución tan perjudicial para el ser humano (en los sentidos de individuo y de sociedad) y que, además, es innecesaria; que siga aún vigente en el siglo veintiuno es porque algo falla.
Querido lector, ¿Usted apoyaría que el partido de Adolf Hitler siguiera aún efectivo, aunque renovado? Pues algo peor es lo que sucede en la actualidad. Sigue impune una institución que ha asesinado a muchos más millones de personas (se dice demasiado pronto), que se ha aliado con asesinos como Francisco Franco, y que aún sigue teniendo el mismo poder.
Bien, ¿Qué está fallando? ¿Qué permite la existencia de tal institución?

Encuentro de Benedicto XVI y Obama.
En primer lugar, lo que viene ocurriendo desde muchísimos años es que El Vaticano, donde reside el alto poder de la Iglesia, sea un Estado independiente.
Noticia: ‘Tal país mejora las relaciones con el Papa’. Algo realmente bochornoso. ¿Cómo puede equipararse un Estado a una persona, que por cierto, perdona la pederastia?
Esto impide que la Iglesia caiga por su propio peso, ya que algunos gobernantes y/o países son más católicos que otros. Por ello, que un gobernante no acuda a visitar al Papa, niegue la visita de éste o se declare ateo no estará bien visto por los demás países.
¿Las creencias más personales deben ser políticas? Que el lector responda.
En segundo lugar, la Iglesia crea una forma de entender la vida e intenta imponerla al mayor número de personas. Es decir, se apropia de lo más personal del ser humano; esto le otorga gran capacidad de manipulación puesto que ella es la dueña de los valores más personales.
Historia de la Iglesia
Un grupo de personas se reúnen en torno a Jesucristo; escriben una serie de libros inaceptables en la edad contemporánea, que se unen a otros para crear La Biblia; extienden sus creencias y posteriormente persiguen a los que no estén de acuerdo con ellas. La religión cristiana termina cuajando en la población y se va transmitiendo de generación en generación; de padres a hijos. Igual que sucedía con la mitología griega.
Hay que resaltar que la transmisión tan rápida de estos ideales se debe a la gran ignorancia del momento; respondía a cuestiones sin respuesta en aquella época (muchas hoy son respondidas por la ciencia), de ahí tanto interés por el estancamiento de la ciencia y el asesinato a genios.
Resulta un tanto curioso que el período de máximo apogeo del cristianismo coincida con el período más tenebroso de la humanidad y con el declive de la civilización romana. Por último, se reforma la institución que representan esas creencias personales (equiparables a la mitología griega o incluso a la magia) y se crea un Estado: El Vaticano.
Increíble todo un país haciéndose dueño de ideas personales y recibiendo una contraprestación por tal desfachatez. El adjetivo más despectivo para esta institución se convierte en un sustantivo, en un nombre para designarla.
La vida para mí no tiene explicación, es una pura contradicción. Muchas veces paso largos ratos reflexionando profundamente sobre algunos conceptos como pueden ser la justicia, el amor, la felicidad, … Da casualidad de que siempre llego a una conclusión negativa, además muchas veces me da la sensación de que es mucho más terrorífica de lo que pienso. Sigo dándole vueltas a la conclusión y llego a otra, así durante un tiempo. En el momento de encontrar otra, me digo a mí mismo: “Antonio, para, que el que busca la verdad tiene el castigo de encontrarla”.
La vida no tiene sentido, somos un puñado de átomos organizados. Científicamente nuestro ADN está menos avanzado que el maíz. Nada tiene sentido ni siquiera esta entrada. Probablemente cuando haya muerto, esta entrada, estas palabras, estas letras seguirán ahí por internet mientras que yo ya no exista. Luego, el idioma avanzará y estas grafías no se corresponderán con el idioma existente. ¿Para qué tener o no tener faltas ortográficas? También existe la posibilidad de la extinción del ser humano. Ah, no; mejor dicho, el ser humano se extinguirá tarde o temprano. Toda nuestra cultura quedará olvidada y el Universo volverá a concentrarse en un único punto. Está claro que ser consciente de todas estas verdades es negativo para el hombre, todo lo que hemos hecho, hacemos y harémos no servirá para nada; absolutamente para nada.
Está claro que indagar por el camino de la verdad es muy malo para el hombre. Conocer todo esto nos autodestruye, nos llena de abulia y de ataraxia. Por ello es por lo que he decidido olvidarme de las antedichas conclusiones y reflexionar hasta un cierto límite. Pensaré a partir de ahora en que la eternidad no existe y que todo lo que haga será efímero. Para ser feliz debo conformarme con que todo tiene un límite.
Por otro lado, en occidente nos están vendiendo contínuamente la comparación, la productividad, la competitividad, en ser el mejor, en tener más, en ser más guapo o guapa, en tener la mejor reputación, en ser el más sabio, … Relojes, horarios, teléfonos que suenan diciendo: “cógeme”.
Por tanto, tengo que luchar también en contra de todo eso, tampoco existe la perfección y no debo ni tengo que amargarme por no serlo. Necesito una libertad máxima, necesito no saber la hora, no tener en mente una idea que me amargue, no autocoaccionarme por presiones externas. Tengo que olvidar de mi mente la idea de infinitud, sustituirla por la idea de lo efímero.
Mi conlusión definitiva es la siguiente. Hay que aumentar los niveles en las hormonas cerebrales que proporcionan la felicidad. Hay que encontar la mejor manera de sentirse bien en la vida, descubrir qué es lo que nos hace ser felices y repetirlo a menudo. Por ejemplo, aunque esta entrada no tenga sentido a mí me desahoga y por ende, soy un poquito más feliz.