¿Nucleares?

Tras el accidente nuclear en la central Fukushima Dai-ichi de Japón, provocado por un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter y un maremoto con olas de hasta 32 metros, el mundo industrializado ha iniciado una reflexión acerca de la viabilidad de la energía nuclear de fisión. La prueba está en que Ángela Merkel, actual canciller alemana, ha cambiado su política energética tras el desastre, mientras el resto de países revisan sus plantas (nucleares, claro).

La energía de fisión es la fuente de energía implementada más productiva hasta la fecha. La energía eléctrica sería muchísimo más escasa (y cara) sin fisión de lo que es actualmente. Obviamente, reduciría la renta disponible de las familias, caería por ende el consumo, se reduciría por tanto la producción y los costes de las materias primas también ascenderían. Es decir, la riqueza de la sociedad se contraería notablemente. Por añadidura, la energía de fisión es compatible con evitar el cambio climático: no produce emisiones de efecto invernadero, especialmente de CO2, que tanto cabrea a los ecologistas.

Como cualquier innovación revolucionaria, la energía nuclear presenta un riesgo. Con riesgo cero, el progreso también es cero. ¿Qué elegimos de la disyuntiva? Para elegir una alternativa, debemos, ante todo, analizar los riesgos y los beneficios. La energía de fisión, a cambio de aportarnos mayor riqueza, nos reporta radiactividad, ya sea emitida directamente al medio ambiente o almacenada sólidamente en cementerios nucleares. Los cementerios nucleares representan el coste con menor peligro, pues la radiactividad generada es controlada y tratada por los seres humanos. Los residuos que el reactor genera se separan de los reutilizables (para volver a usarlos en otro reactor) de los inutilizables, que esos sí se almacenan; los reutilizables, se van haciendo cada vez más radiactivos hasta que se convierten en plutonio.

El problema de los residuos puede ser asumible en cierta medida, pues el volumen de todos los residuos nucleares del mundo no es mayor al de una habitación convencional (8 metros cuadrados).

El mayor riesgo, por tanto, es el de fuga radiactiva. Por eso, los ingenieros nucleares idean constantemente nuevas formas de impedir cualquier posibilidad –por remota que sea– de incidente nuclear. Se publicó un informe en el que se demostró que si un avión comercial Boeing-767 se estrellase contra la central, al contrario que el World Trade Center, la central nuclear permanecería sin problema alguno en la vasija y en el núcleo.

El problema estriba en la refrigeración, pues la actividad de la fisión se realiza a miles de grados y, sin agua en el interior que circulando enfríe el núcleo, éste puede llegar a fundirse, aumentando la presión y haciendo inevitable la emisión de algunos niveles de radiactividad. Por este motivo, se han ideado más de 5 sistemas de seguridad que permiten refrigerar en caso de que uno falle.

En primer lugar, tenemos dos publicaciones que tratan de calcular la probabilidad de que se produzca una fusión del núcleo en 40 años. La primera, la calcula para los reactores antigüos; la segunda publicación, realizada por General Electrics, calcula lo mismo para los reactores modernos. En la siguiente tabla, extraída de esa publicación, se resumen las conclusiones logradas:

En la parte encuadrada de rojo se encuentran las probabilidades de que se produzca una fusión de núcleo en un año, para cada tipo de reactor. El primero, BWR/4, es el mismo modelo al de la central de Fukushima. Como vemos, las probabilidades son muy bajas: si calculamos su media obtendremos una probabilidad de fusión de núcleo de 0,000280750% al año, por reactor.

Es decir, la probabilidad es prácticamente nula, pero está ahí; puede suceder. En este sentido, también debemos tener en cuenta el período de semidesintegración del radioisótopo que se encuentra en el reactor. Por ejemplo, el Yodo-131 se semidesintegra en 8,04 días, mientras que el plutonio tarda 24.110 años. También hay que decir que, a menor período, más radiactividad se emite, pues la radiación es liberada en poco tiempo, mientras que, en el plutonio por ejemplo, se libera poco a poco: en 24.110 años.

¿Es permisible entonces esta probabilidad? Situándonos en el peor de los escenarios posibles, esta es la probalidad de accidentes nucleares que se producirían antes de que el plutonio se semidesintegre:

Y, ahora, a partir de esta cifra podemos deducir la probabilidad de que ocurran distintos accidentes en el período de 24.110 años.

Y representando los anteriores datos:

O sea, que en 24.110 años, período en el que el plutonio está presente ha dado tiempo, a que se produzcan 5 accidentes nucleares. Y, por lo tanto, el plutonio se habrá extendido por muchos lugares de la tierra, dificultando la vida saludable.

Calibrando los beneficios y perjuicios de la energía de fisión podríamos afirmar que es altamente inviable si su tiempo de actividad es permanente, pues inevitablemente se producirán accidentes nucleares impregnando la atmósfera de radiación. Ahora bien, si la energía nuclear es transitoria, sus beneficios son muy superiores a los costes, ya que, a corto plazo, los residuos generados son mínimos y la probabilidad de que se produzca una fusión del núcleo es casi nula. Por ejemplo, si perdura unos 100 años en el mundo, la probabilidad de que ocurra una fusión del núcleo en un reactor moderno, utilizando la fórmula anterior, es de 2,23%; o sea, muy pequeña.

En definitiva, si optamos por el riesgo cero nuestra riqueza y bienestar disminuirá ostensiblemente. De modo que la decisión más racional –desde el punto de vista económico– es mantener la energía nuclear al mismo tiempo que se innovan otras fuentes más productivas y libres de riesgo, como la energía de fusión, cuya implementación se ha pronosticado para el 2035.

Es decir, es la energía del presente y hasta del futuro próximo, pero no es la energía de un futuro lejano. ¿Por qué la del presente? Porque hay riesgos prácticamente nulos (a pesar, de lo de Fukushima, y aunque este accidente todavía no haya ocasionado ningún problema para la salud) y fastuosos beneficios. ¿Por qué no la del futuro? Porque los riegos, obviamente, son crecientes. Y a nadie le gustaría mantener siempre una energía que genere algunos residuos. Siempre se quiere mejorar lo mejor.

No obstante, la predicción mediante probabilidades implica un riesgo. Por este motivo, la pretensión de este artículo no es demostrar cuántos accidentes se producirán, sino intuir que, a largo plazo, debido a los altos períodos de semidesintengración del plutonio, el planeta puede verse envuelto de este tipo de radiactividad y, concluyendo por tanto, que es la energía del presente o, como mucho, futuro próximo.

Algunas cosas sobre la especulación

En sus inicios la filosofía se trataba de una especie de especulación científica para explicar el mundo. Los babilonios pensaban que la Tierra flotaba sobre el agua. Muchos griegos formulaban diversas teorías para explicar el mundo. Anaximandro dice que el principio de los entes es la “Physis”, que no se explica fácilmente. Heráclito hablaba en cambio de un ser desconocido, “porque la naturaleza ama ocultarse”. Sólo por citar algunos ejemplos. Desde hace algún tiempo la ciencia y  filosofía se han parecido un poco. Desde Aristóteles y su lógica, que después se usó y se transformó para ocuparse en la creación de computadores (lógica simbólica). El caso de Stephen Hawking es ejemplar porque el ya especuló sobre ciertas cosas que pasarían en el futuro por ejemplo en el supuesto de una nave con mucha velocidad viajara de vuelta a la Tierra (viajaría al futuro). Las distintas teorías de la física especulan por ejemplo sobre distintas dimensiones, en cierta forma no han probado nada porque desde el punto de vista empírico nadie la

s puede observar. Es la tecnología la que debería llegar a demostrar que existan mediante el método experimental. Finalmente quiero decir que algunas teorías matemáticas nisiquiera tienen aplicación en la realidad… y a como no tienen error en lo absoluto se sabe que estas teorías podrían tener aplicación en el futuro (así como la lógica deA.). Si bien es cierto que algunas de estas teorías no tienen aplicación en ningún campo humano, y tampoco se sabe bien como se relacionan estas con la realidad (independiente que sean ciertas) se dice que entran en el terreno de la especulación.

Periodismo radiactivo

Uno de los métodos más eficaces de imbuir a la población -y por ello menos éticos- y coaccionarla sectariamente, con tal de obtener el beneficio deseado, es mediante el sentimiento y, más concretamente, por el miedo. El totalitarismo ha comprendido muy bien esta idea: sin terrorismo, esto es, amedrentar a la población, es inviable la represión. Hitler sin el revanchismo no hubiese accedido al poder, por ejemplo. Le senti-ment -dicen los franceses-, que significa algo así como “el sentimiento miente”.

La vía inferior, el sentimiento, ejerce sobremanera influencia sobre el organismo, muy por encima de la razón. Cuando el miedo fluye de la amígdala y la razón permanece impotente, el descontrol y la ignominia afloran por momentos, además de convertirnos en infelices.

El miedo ha sido la herramienta más utilizada por la mayoría de los medios occidentales a la hora de ofrecer información a la población sobre todo lo acontecido en Japón. En este caso, el rigor informativo se ha aparcado para competir, si cabe, en decibelios con el terremoto y ya, de paso, vender más periódicos.

Si intentan contrastar la información aportada por los susodichos medios, caerán en la cuenta de que una buena parte de los informes oficiales han sido silenciados en pro del pánico. Ninguna de las buenas noticias o caras positivas de la noticia se han ofrecido al público. Además la información se ha diseminado de manera sesgada.

Por ejemplo, el peligro nuclear en Fukushima se ha comparado peligrosamente con la hecatombe nuclear de Chernóbil. En primer lugar, la central nuclear de Chernóbil fue destinada a la fabricación de armas nucleares, más que a la producción de energía. En segundo lugar, el núcleo de la central estaba a la intemperie, sin estructuras de contención ni edificios periféricos, porque el gobierno comunista lo consideraba “un lujo innecesario”. Por estas dos razones se produjo la catástrofe: cuando se fundió el núcleo, la radiactividad se extendió instantáneamente en todas direcciones e, incluso, el proceso de fisión continuó produciéndose en el aire. Y, como ustedes comprenderán, esto es imposible en una central nuclear actual.

Cuando todos los expertos nucleares afirmaban taxativamente que “no había problema” o que “a lo sumo, se producirá una fusión del núcleo”, los medios seguían desinformando, mostrando en sus portadas a japoneses con la mascarilla infundada al título de “Apocalipsis nuclear”. Pero lo que no saben es que la mascarilla es común en Japón para evitar la polución y la alergia. Ni tampoco que esas mascarillas no protegen apenas de ninguna radiación. También parecen ignorar que fuera del perímetro de seguridad de la central Fukushima Dai-ichi, la radiación era de 0,0008 mSv/h, es decir, inferior a la radiación que se produciría al ingerir un plátano. Se han exagerado acontecimientos, hablando de importantes explosiones, en lugar de admitir que se trataba de un incendio en un reactor vacío. Lo más gráfico de todo es que, cuando los reactores dañados comenzaron a estabilizarse, la información de Japón emitida por los medios se iba disipando. A día de hoy, todos los reactores han pasado de una temperatura de 80º C aproximadamente a una de 30º C; es decir, el peligro de fuga radiactiva ha cesado. Sin embargo, los medios se han molestado en omitir esta información.

Mientras los medios occidentales se alimentan inicuamente de las negativas noticias en Japón, los operarios de Fukushima, emulando a Bruce Willis en “Armageddon”, han conseguido salvar a la población de una posible fuga radiactiva tras un terremoto que ha conseguido desplazar las islas japonesas 2,4 metros y el eje de la tierra más de 10 centímetros. Deshonor por un lado y honor por otro.

Toma el dinero y corre

Recuerdo cuando en 2003 el gobierno de Aznar aprobó el envío de tropas españolas a Irak. La decisión del ejecutivo encontró una gran oposición en el mundo dizque intelectual. Músicos, cineastas, actores y escritores mostraron su amplio rechazo a la medida. Con todo su derecho a la libertad de expresión declararon a través de la prensa, de los premios Goya y demás que la única intención de la guerra era llevarse el petróleo, sin importar la vida de la población. Todos tenemos en nuestra mente las imágenes de esas grandes manifestaciones del “NO a la guerra” y de las acusaciones de fascista y terrorista a Aznar. Hasta aquí todo bien. Un grupo social se posiciona en contra de las políticas de un gobierno y utiliza su libertad para hacerse sentir.

Sin embargo, con el paso del tiempo cambian los gobiernos y actualmente nos dirige un partido de distinto signo. Ahora practiquemos la analogía que tanto le gusta hacer a los españoles. El presente gobierno, aparte de mantenernos en la guerra de Afganistán, acaba de mostrar su apoyo a la intervención militar en Libia, es decir, a la guerra. En cambio ya no vemos, ni veremos, las grandes manifestaciones contra la guerra. Esos grandes intelectuales comprometidos con la paz y la libertad del pueblo ahora se muestran taciturnos respecto a una guerra ataviada con eufemismos baratos de televisión pública.

Cuando uno observa el doble rasero y la caradura ostensible en el mundo público sólo puede reaccionar con asco y vergüenza. Pero cuando además lo hacen con el dinero de todos, cuando se venden por unas cuantas subvenciones y una imagen para los borregos, es cuando el asunto llega ya a lo moral y, a mi modo de ver, a lo criminal, esto es, al robo.

Todos los que me conocen saben que no me gusta dividir nunca las sociedades en izquierda y derecha, pues creo que el ser humano es libre y no tiene porque atarse a la obcecación y obsesión de algunos, que ven fachas o rojos por todas partes. No obstante, este país me obliga a ello, porque el español medio no es capaz de crear sus ideas en base a lo racional, sino en base a etiquetas sociales y a convenios colectivos. El origen de que la izquierda española tenga la sartén por el mango y presente tal superioridad moral se debe básicamente a que siempre está organizando manifestaciones, saliendo a la calle, haciendo ruido, con razón o no. En cambio, en España tenemos una derecha tonta, acomplejada y displicente, que es incapaz de defenderse y que así le va, venciendo por mayoría absoluta en las encuestas y manteniendo la patética estrategia electoral del centro y el complejo. Si la derecha española aprendiese de la británica o la americana, en primer lugar aprendería a deshacerse de la mano regresiva de la Iglesia Católica y, en segundo lugar, denunciaría estos hechos para que estas cigalas dejaran de aprovecharse de las hormigas, es decir, los ciudadanos. De este modo, sería voz pública que tanto en la izquierda como en la derecha se cocina corrupción e hipocresía.

Mucha gente trata de justificar las subvenciones a la cultura porque las consideran vitales para crear una sociedad culta e instruida. En primer lugar huelga decir que con Belén Esteban en prime time se demuestra que esto no se ha logrado. En segundo lugar, todo tipo de subvención origina monopolios. Me explico. En una sociedad intervenida, inexorablemente la subvención va a recaer sobre unos pocos, los cuales parten con ventaja respecto al resto, es decir, en pro de la igualdad se fomenta la desigualdad. ¿Qué hace que Almodóvar reciba subvenciones para hacer una película y yo no? Está claro, la pertenencia a la secta de la Zeja. Un buen cineasta se ha de hacer respetar por sus buenas películas y por tener un público que vaya a ver sus películas. Ocurre lo mismo con las empresas al fin y al cabo. Si una empresa no es lo suficientemente buena como para atraer al público quiebra, a menos que el Estado la subvencione, lo que estará postergando la vida de una empresa inútil. Luego no es de extrañar que nuestra mayor joya cinematográfica sea Torrente.

Por último y para dejar las cosas claras, habrá gente que alegue que la guerra de Irak se hizo sin consentimiento de la ONU y la de Libia sí lo tiene. Pero yo pregunto ¿qué autoridad moral le puede otorgar la ONU a una guerra? Es un organismo que con el derecho a veto de unos pocos países privilegiados elimina cualquier resquicio de democracia que pueda haber en él. Otro dato es que Libia, al igual que Irak, es un país con grandes reservas de petróleo. ¿Por qué si lo hacemos por el pueblo entonces no atacamos a otros líderes que también atacan a sus pueblos?

Homo religiosus

Religión deriva de la palabra latina religare, que ha dado lugar a la palabra española religar, cuya definición, proporcionada por la RAE, es la siguiente: “volver a atar; ceñir más estrechamente”. Lo cual significa que, desde un punto de vista íntegro, sin anteojeras, la religión no es más que la adscripción de una persona a un determinado sentimiento, modo de proceder, forma de pensar o movimiento, de forma -quizá- no racional.

En este sentido, la religión es indispensable en el ser humano, para que éste se sienta vivo. Es decir, cualquier persona necesita estar “atada” a algo, ya sea al amor, al conocimiento, al consumismo, a la familia o a una combinación de ellos; en definitiva, una forma de generar razones para permanecer. Y es que, desde que el hombre es hombre, han existido los comportamientos religiosos, como no podía ser de otra forma. ¿Se imaginan ustedes, lectores, una vida sin sentido, sin sentirse adscrito a algo?

Lo que sí ha cambiado a lo largo de la historia es la forma en que la religión se ha manifestado. En la prehistoria, eran frecuentes las adoraciones a los muertos, dejando patente el trabazón entre los que perecieron y los que aún respiraban, y el dolor, la pérdida de una parte de sí mismos, la que los unía.

En el apogeo del cristianismo, se extendió la creencia en un Dios con inteligencia infinita que, tras la muerte, recompensaría al hombre según sus hazañas. Ya no hacía falta buscar la felicidad en este mundo, pues la dicha vendrá en el mundo ultraterreno; no merecía la pena reclamar por la justicia de uno mismo, pues pecadores serán castigados y justos serán pagados; no hacía falta intervenir, sino esperar, pues Dios cumplirá nuestros deseos.

Actualmente, el sentimiento religioso se ha trasladado a otros intersticios, donde el más representativo es el materialismo. Se trata de representar los valores espirituales en objetos. Comprar una determinada línea de ropa, para demostrar lo que soy o dejo de ser; utilizar tal o cual producto para satisfacer una necesidad efímera infinitas veces; acudir al médico, aumentando la calidad y cantidad de vida, con el objetivo de postergar la muerte un poco más.

No obstante, dado que podemos modificar la focalización de nuestra tendencia religiosa, lo más inteligente -desde mi punto de vista-, es utilizar la religión para el progreso o para nuestro beneficio. Por ejemplo, una buena forma de dar respuesta a la pregunta “¿por qué vivo?”, será la de para ayudar a los demás y para aportar algo a la sociedad, mientras que, al mismo tiempo, cruzo el río de los recuerdos.

¿Quién cambia el clima?

En las últimas décadas se ha iniciado un controvertido debate acerca del cambio climático. No obstante, el clima terrestre siempre está cambiando. Así pues, el centro del debate no está en el cambio climático a secas, sino en el origen del mismo.

Para muchos, el factor preponderante en el calentamiento global es antropogénico, provocado por el hombre. Para otros tantos, el cambio climático preconizado por Al Gore, se trata de un nuevo tipo de religión, el ecoalarmismo. Ninguna afirmación ha logrado demostrarse fehacientemente. Es razonable. El clima –como todos sabemos- es el sistema multifactorial por antonomasia. Por ello, es imposible que el cambio climático se deba a una única causa. De hecho, en el clima terrestre –y simplificando demasiado- no sólo influyen los gases de efecto invernadero, sino también el nivel de luminosidad del Sol y el número de manchas solares.

Etapas geológicas

La paleoclimatología estudia restos de hielo profundo, con el fin de conocer cómo era el clima en otras épocas. Los datos se extraen principalmente de muestras de hielo en la Antártida y Groenlandia. A más profundidad en el hielo, más se retrocede en el tiempo.

El estudio de los últimos 400.000 años ha desvelado que el clima terrestre es cíclico, con épocas más calurosas y épocas de glaciación. Esta ciclitud está influida por los ciclos solares: a mayor número de manchas solares, más aumenta la temperatura terrestre y viceversa. Por ejemplo, en la edad media las temperaturas eran más altas que las de ahora; y entre el S.XV y el S.XIX acaeció la Pequeña Edad de Hielo.

Evidentemente esta relación manchas solares-clima terreste se produce a largo plazo, pues si consideramos un lapso de tiempo muy pequeño cualquier pequeña variación puede alterar el clima. De hecho, la cultura maya ya fue capaz de dividir su calendario en función de los ciclos solares.

Derretimiento de los polos

El hielo, estacionalmente, se derrite y recongela. Pero el permagel o hielo que se mantiene congelado permanentemente sí que ha comenzado a derretirse. Este fenómeno es curioso y tiene las siguientes características:

En las glaciaciones, aumenta el hielo y disminuyen las temperaturas; por contra, cuando se derritan los polos, el planeta se calienta. Existen razones para pensar que, una vez que se inicia el congelamiento o derretimiento, el proceso es irreversible. Veámos por qué.

La nieve es la superficie que más rayos solares refleja, por eso, al esquiar, la protección solar debe ser máxima. Cuando los polos se derriten, se reflejan menos rayos solares, es decir se reduce la capacidad de reflexión (esta capacidad se denomina albedo). Podríamos decir que el albedo de la nieve es casi del 90%, mientras que el del agua es cercano al 7%. Por consiguiente, cuando se reduce el hielo, el albedo se irá reduciendo y, a su vez, esto hará que el hielo se derrita aún más. Es decir, el derretimiento de los polos es un feedback conocido como hielo-albedo. Al derretirse el hielo, éste volverá a derretirse aún más, por eso el proceso es prácticamente irreversible.

Se ha aducido frecuentemente que, al derretirse los polos, el nivel del mar aumentará. De hecho, hay pruebas empíricas que lo demuestran. Pero el argumento no es sencillo. Primero: más del 95% del iceberg está bajo el agua. Segundo: la nieve ocupa más espacio que el agua líquida, ya que en la nieve contiene moléculas de aire que hacen ensanchar el espacio. Por lo que, a priori, el derretimiento no parece ser tan catastrófico. Pueden comprobarlo con un cubito de hielo y un vaso. No obstante, hay muchos glaciares que están encima de tierra por lo que, al descongelarse, toda el agua pasará al mar. Además, aumentará la temperatura, lo que provocará que el agua se expanda. También pueden comprobarlo: cuando calientan una olla de agua ésta ocupa más volumen que fría.

Otro problema que provoca la descongelación es que, bajo los polos, hay restos biológicos en descomposición. Esto significa que si el hielo que los aisla desaparece, emitirán grandes cantidades de CO2 y metano, gases de efecto invernadero. Concretamente, se ha calculado que hay 450 millones de toneladas métricas de carbono bajo los polos. Otro feedback. Si se descongelan los polos, el efecto invernadero se acentúa lo que provoca que se descongelen aún más, liberando todavía más gases invernadero.

El efecto invernadero

Como consecuencia de lo anterior, podemos aducir de que el propio descongelamiento de los polos puede acrecentar exponencialmente el efecto invernadero. Los restos biológicos descompuestos, en la intemperie, comenzaran a liberar metano y CO2 en cantidades desorbitadas, éstos gases llegarán a la atmósfera y retendrán mayor cantidad de rayos reflejados por la superficie, aumentando la temperatura media del planeta. Y, como habrán concluído, esto ocasionará aún mas deshielo y, a su vez, aún más gases invernadero hasta que los polos se derritan totalmente.

Los gases de efecto invernadero (metano, CO2, óxido nitroso y vapor de agua) representan un 0,44 % de la composición total de la atmósfera y regulan la temperatura de la tierra para que la vida sea factible. El vapor de agua es responsable del efecto invernadero en un 93%, el CO2 en un 5%, el metano en un 1% y el óxido nitroso en un 1%, atendiendo al porcentaje que representan y el grado de incidencia. Sin embargo, la vida media del metano es de 10 años, mientras que la del CO2 es de 200 años.

De todos ellos, sólo son de origen antropogénico en un fracción el CO2, el N2O y el metano, que representan el 7% del efecto invernadero. Es decir, la especie humana tiene, a lo sumo, menos del 7% de influencia en el calentamiento global. Pero, como sabemos, los glaciares también emiten enormes cantidades tanto de metano como de CO2. Además, en el momento de deshielo, en la sublimación, también se emiten grandes cantidades de vapor de agua. Por lo que podemos concluir que sólo el derretimiento de los glaciares origina más calentamiento global que el propio ser humano. Y resulta comprensible: si la actividad solar se ha incrementado, el clima de la tierra se prepara para el calentamiento (feedbaks albedo-hielo y derretimimiento-invernadero), independientemente de lo que el hombre pueda hacer. Si bien es verdad, que la especie humana puede o acompañar el calentamiento o hacer que se retrase unos años, ya sea plantando más masa forestal que absorba el CO2 o reduciendo las emisiones antropogénicas, pero todo apunta a que el cambio climático es ineluctable.

¿Verdad o casualidad?

Indonesia: Habitantes 237.556.363========> Posición mundial 4º

Japón: Habitantes 128.056.026==========> Posición mundial 10º

 

¿No es de extrañar que dos de los terremotos (conocidos) más destructivos de la historia de la humanidad se produzcan en dos de los países más poblados del mundo?

Bajo mi punto de vista la superpoblación mundial es un hecho y la naturaleza lo intenta evitar por todos sus medios.

 

Sobre la situación en Libia

Desde que comenzaron las revueltas árabes se ha abierto un debate sobre si los países extranjeros deberían intervenir o no en el conflicto. Los partidarios de la intervención alegan que la masacre que está produciendo Gadaffi merece ser castigada y que el pueblo libio debe ser liberado por fuerzas militares como la OTAN; desde el otro bando, países como Venezuela, concretamente Hugo Chávez, han manifestado su intención de apoyar al régimen de Gadaffi de los ataques rebeldes.

Yo, como liberal, trato de mantener coherencia en mis ideas. Creo que actualmente tenemos un estado demasiado grande y su tamaño es inversamente proporcional a la libertad de los ciudadanos que viven bajo su influencia. Asimismo, opino que la política exterior de un país debe basarse en la diplomacia, el establecimiento de intereses comerciales y el respeto hacia la libertad y soberanía de los demás pueblos. La intervención del gobierno en el exterior únicamente está legitimada por razones defensivas, y nunca debe estar regida por la arrogancia respecto a la forma de actuar de otros países, ni mucho menos por petróleo o armas.

Esto no quiere decir que yo apoye a Gadaffi. Pienso que es un tirano y representa la quintaesencia del totalitarismo, que coarta la libertad a un nivel exacerbado y sin  duda si gobernara mi país, sería el primero en echarme a la calle a protestar, pero un país jamás podrá entender los conflictos internos de otro.

Además, es bien sabido que quien ataca a un país suele recibir venganza; esta es la razón que comenzó el conflicto con los terroristas islamistas. Nosotros los atacamos y ellos responden con el 11-s, con el secuestro de turistas de nuestros países, etc. Nuestro objetivo tiene que basarse en mantener la libertad en nuestro país y así ser respetados por los demás.

Una buena parte de nuestros problemas económicos corresponden al intervencionismo en el exterior. Gastamos millones de euros en atacar a otros países con la excusa de la “paz” y encima nos cuesta la vida de nuestros nacionales; es completamente absurdo.

Los países son como los individuos. Tienen sus conflictos internos, sus maneras de pensar, se encuentran sumergidos en otro contexto y el país vecino no es quién para imponerles un modo de vida concreto, simplemente porque no están acostumbrados a él y acabarán repudiándolo. Si el pueblo de Libia alcanza lo que llamamos civilización, ellos mismos se darán cuenta de que la libertad es el único medio para alcanzar la paz; si por el contrario un ejército extranjero les ataca, se unirán para hacerle frente al invasor, es decir, habrá más guerra.

Huelga decir que en mi país, España, hubo una terrible guerra civil en los años 30 y una posterior dictadura sangrienta y ninguna democracia intervino para salvarnos. Durante la guerra civil sólo las dictaduras mandaron soldados y equipamiento y lo único queprovocó fue el alargamiento del conflicto. Así que, ¿qué clase de país liberal violaría la libertad de las demás naciones de gobernarse bajo su propia voluntad? Algunos libios se están levantando contra un tirano y éste está respondiendo con violencia bruta y una masacre espantosa, pero todo es parte del destino del pueblo libio, y ni la OTAN, ni Hugo Chávez, ni nuestra habitual empatía tiene el derecho de cambiarlo.

 

La pobreza paradójica

“Una sociedad que priorice la igualdad sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas”  Milton Friedman, Premio Nobel de Economía 1976

En tiempos de crisis, la pobreza suele aflorar más que nunca. Se hace más palpable. Y nos hace recapacitar sobre ella y todo lo que le concierne. Es terrible observar que, en un país supuestamente desarrollado, más de cinco millones de personas (el 10 % de la población total) busquen trabajo y no lo encuentren. Lapidario es saber que algunos de tus conocidos tienen que vender su vivienda por no poder pagarla e irse a vivir a la calle.

Minimizar al máximo la pobreza debe ser uno de los objetivos fundamentales de todo país. Evitar la penuria debe ser el primer paso. Por ello, uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) es erradicar, de una vez por todas, la pobreza en el mundo. El objetivo de este artículo es, pues, una revisión al concepto de pobreza y propuesta de solución a la misma.

Ante todo, hay que tener en mente que la pobreza no es algo nuevo, traído por la modernidad, fruto de la globalización o el capitalismo. Por ejemplo, en la Edad Media, casi toda la población europea vivía en condiciones de pobreza extrema y continuada. Además, se sucedían épocas de hambruna y epidemias repetitivas que segaban a gran parte de la población en poco tiempo; en definitiva, nunca antes la población mundial ha estado tan rica. Los movimientos antiglobalización, por ejemplo, pinchan en hueso al oponerse a ella con el objeto de reducir la pobreza, puesto que es la globalización la única que lo ha logrado.

Como vemos en este gráfico, en el año 1959, casi el 22% de la población mundial vivía con menos de un dólar y medio al día. Ni que decir tiene que en épocas anteriores las condiciones eran aún más penosas. A medida que el mundo se fue globalizando e industrializando la situación iba mejorando: actualmente, un 10% de la población mundial, a lo sumo, vive en condiciones de pobreza.

De ese 10% de pobreza mundial, África participa en un 50%; es decir, la pobreza de los países industrializados representa, a duras penas, el 2% mundial. Además, podemos observar que los países recientemente industrializados (los asiáticos: Taiwán, Hong Kong, China, Corea del Sur, Japón, etc.) han reducido -también recientemente- sus índices de pobreza. Existe una gran correlación entre industrialización y mínimos índices de pobreza. La historia económica así lo demuestra, y como dice Jacque Fresco: “sin tecnología, recaeríamos en el esclavismo”.

En este sentido, África se encuentra actualmente en una encrucijada. Es uno de los escasos territorios que continúan aún en el pauperismo (pobreza persistente), y todavía no se ha industrializado. Las actuales revueltas en países africanos como Libia o Egipto buscan derrocar a sus tiranos (los cuales se apropiaban de la mayoría de la riqueza del país), para lograr la libertad política y económica, un camino firme hacia la industrialización.  Podemos admitir, en consecuencia, que el camino más factible para erradicar el hambre es abrir paso al libre mercado y a la globalización.

Ahora bien, si la industrialización llega, manu militari, del Estado, el resultado es bien distinto. En primer lugar, ninguna persona humana está capacitada para saber qué empresas abrir, en qué lugares, cómo hacerlo o en qué proporción. Al no poder hacerse con la información del mercado (o la sociedad), se abrirán empresas que no serán viables (que la gente no demandará) y, así, lo único que se conseguirá es desperdiciar recursos. En segundo lugar, la fuerza que generan las acciones individuales de la sociedad supera por mucho las decisiones de un gobernante. Por este motivo, el proceso de industrialización de la extinta Unión Soviética, preconizado por Stalin, no fue precisamente gallardo: mientras se lanzó el Sputnik, casi toda la población vivía en condiciones de penuria. El Gosplan u el organismo de planificación central no reduce tampoco la pobreza. Así las cosas, la industrialización, cuánto más libre de estatismo, más efecto surtirá en la pobreza.

La riqueza de las naciones se explica por la libertad económica, la tecnología y, por extensión, en la productividad. No obstante, los continuados esfuerzos estatistas para generar igualdad desembocan en el crecimiento de la pobreza. Por ejemplo, para aumentar el subsidio de desempleo hay que aumentar los impuestos; o sea, que los trabajadores, al menos en parte, mantienen a los desempleados. Se trata de un desincentivo al trabajo. Si bien en el mismo instante en el que se ofrecen subsidios los desfavorecidos aumentan su bienestar, la economía se va resintiendo poco a poco, pues el desempleo va creciendo, y cada vez son más los subsidios demandados, mientras que la recaudación del Estado disminuye. Así cayó el Imperio Romano. Cuando los emperadores romanos pensaron que su rico y vasto imperio era ilimitado, decidieron ofrecer la ciudadanía romana a todo habitante del imperio, con los privilegios que ello conllevaba. Panem et circences (pan y circo, gratis) era el lema del antigüo Estado del bienestar romano. Los productores de trigo decidieron cerrar sus fábricas, pues el pan era ofrecido gratuitamente. Y la población no paraba de crecer, pues los inmigrantes entraban a borbotones a beneficiarse de tal caridad. Las arcas del imperio romano quedaron exhaustas en muy poco tiempo y se inició el declive del imperio.

Según las cifras del Banco Mundial y la ONU, podemos hallar una correlación muy reducida entre libertad económica e igualdad, como puede observarse en los índices de arriba. Sin embargo, la población vive mejor, en lo que respecta a bienestar económico, con libertad económica.

Por ello, insisto, el único remedio contra la pobreza es libertad económica e industrialización. Las ayudas sociales adolecen de miopía, pues, tras los beneficios instantáneos, engendran las simientes del paro, quiebra y penuria. Dicho de otra forma: las consecuencias del Estado del bienestar son las contrarias a las buscadas por el Estado; es decir, la ayuda a la pobreza genera pobreza. Como ejemplo más actual podemos ver a España que tiene una de las protecciones al desempleo más altas (y unos índices de paro atronómicos) o EE.UU. cuya administración ha preconizado el susodicho modelo del bienestar (con el consiguiente desempleo alto y constante).

Así las cosas, el promover políticas de igualdad produce desincentivos, contrayendo la economía e igualando a todos sus miembros en la penuria; por la otra parte, favorecer la libertad implica desigualdad económica, pero al generarse incentivos, la economía crece y todos sus miembros terminan saliendo de la pobreza. No obstante, a muy largo plazo, la economía libre tiende a la equidad, como pueden observar en el siguiente gráfico.