La lucha de contrarios en la literatura

Si tuviera que escoger de entre todos los siglos literarios que el ingenio humano nos ha brindado, sin duda alguna me decantaría por el XIX. Es el siglo del romanticismo, de la subjetividad, del debate moral en plena crisis espiritual y de la rienda suelta a los sueños y deseos del hombre.

Hoy me gustaría comentar tres obras de reciente lectura y que me han influido profundamente tanto en mi pensamiento, como en mi pasión decimonónica. Dos de ellas pertenecen a las postrimerías de este siglo y otra a los comienzos del XX, pero que bebe directamente de las teorías de la angustia que Kierkegaard expuso en el siglo XIX.

En primer lugar, por orden cronólogíco, El Extraño Caso del Dr. Jekyll & Mr. Hyde, del escocés Robert Louis Stevenson. Esta breve obra presenta el dualismo moral que todas las personas presentamos; la lucha interna entre el bien y el mal, la mezcla de dos caracteres contradictorios en nuestro ser. Como bien dice el Dr. Jekyll en la obra, no se trata de hipocresía, porque la persona realmente siente de las dos maneras. El Dr. Jekyll representa nuestra conciencia, nuestro filtro moral para actuar de acuerdo a nuestras ideas; por otro lado, Mr. Hyde simboliza el subconsciente, el ser humano liberado de las cadenas sociales; es el lado malo que todas las personas tenemos.

Esta obra fue editada en una época de tremenda hipocresía por parte de la sociedad victoriana. Este clima indudablemente impulsó al autor a escribir este libro.

Drácula, de Bram Stoker, dio el pistoletazo de salida a una serie de historias acerca de criaturas no-muertas que muerden el cuello de los seres normales para convertirlos a su especie. Si bien es cierto que las leyendas de vampiros ya existían anteriormente en tierras eslavas, fue esta obra la que, con el tiempo, consiguió expandir el mito.

Aunque no en su forma, este libro da cuenta de profusas referencias religiosas; es la lucha entre el bien y el mal. Drácula representa al diablo, al pecado, a la inexorable tentación. Los personajes que intentan darle caza hacen constantes alusiones a Dios, se encomiendan a Él como salvador y el concepto del espíritu humano y de su moral se muestran de forma constante.

Durante la historia, la presencia de Drácula se insinúa de una forma muy sutil, de manera que Drácula aparece tan sólo en una cuarta parte de las páginas, creando un ambiente de terror que obras posteriores no supieron crear al hacer aparecer al monstruo constantemente.

La Metamorfosis, de Franz Kafka, pertenece ya al siglo XX y es una novela de fondo metafísico-existencialista. Consta de una forma y un contenido expresados a modo de metáfora. La forma es que Gregorio Samsa, un joven trabajador que mantiene a toda su familia con el sudor de su frente, se despierta un día convertido en un bicho y trata de ocultarse de su familia en su habitación para que no se den cuenta de en qué se ha convertido.

El contenido es la interpretación que se pueda hacer de esa metáfora, que en este caso, son tantas como personas en el mundo lo lean. Se ha hablado mucho sobre una novela autobiográfica, que pone de relieve la incomodidad que sentía Franz Kafka durante su vida en Praga, ya que él se sentía judío y no se veía integrado.

Mi interpretación personal es que el personaje principal representa al hombre que se da cuenta de su posición en la vida y ve cómo su familia lo ignora a pesar de que se sacrifica laboriosamente por ellos.

En los tres casos el hecho que subyace es la existencia de un alter ego en el ser  humano y la dualidad entre el bien y el mal, una de las mayores preocupaciones literarias del siglo XIX.

Mi opinión es que, en efecto, en el ser humano existen dos seres espirituales, el “yo” consciente, el de la razón y autocontrol, que realiza los actos de acuerdo a su moral y por otro lado el “yo” subconsciente, que florece en la pasión y la locura, la irracionalidad, la imaginación, los sueños. Estos dos seres se representan literariamente en el siglo XIX, ya sea a través del realismo o del romanticismo.

Para ser feliz hay que ser efímero e infinito

Estoy seguro de que todo el mundo tiene muy en cuenta el nivel de felicidad. A pesar de que algunos dicen que buscar la felicidad es sumergirse en una búsqueda sin fin, que buscar la felicidad es no encontrarla, me atrevo a asegurar que también la buscan indefectiblemente. En definitiva, es la única fuerza en el ser humano, lo único que adquiere sentido, lo único a lo que aspiramos: queremos ser felices.

En contraposición, aunque todos quieren serlo, el concepto, a pesar de ser una abstracción, es muy subjetivo, ya que depende de la persona en cuestión. Hay de todo. Unos piensan que la felicidad es el carpe diem, otros el placer continuo, otros el amor, otros la autorrealización; tenemos incluso científicos que creen haber encontrado la fórmula de la felicidad. Eduardo Punset asegura que la felicidad es la ausencia del miedo y que la “sala de espera de la felicidad” es preferible a la felicidad en sí. Nos ejemplifica esta idea, con una simple analogía: un niño disfruta más abriendo el regalo de Navidad, que jugando con él; libera más dopamina.

Yo, como todos, tengo una idea de la felicidad y quiero compartirla con vosotros. Reconozco que me costó encontrar lo que, de verdad, significaba para mí ser feliz; no lograba entender claramente en qué consistía. Obviamente, sabía cuándo era feliz y cuándo no, pero no tenía una norma general para ser feliz. A día de hoy, creo haber mejorado en esto un poco.

Y considero que tiene que ver bastante con el tiempo (pasado y futuro) y con la consciencia de uno mismo (autoestima). Todos -religiosos o no- sabemos que algún día vamos a morir y el miedo nos corroe con la idea de dejar de existir, de dejarnos proyectos sin acabar. Aunque pensemos que viviremos en otra vida, no la conocemos y dudamos bastante de la idea, porque no hay fundamentos sobre ello. Principalmente, esta es la fuerza más negativa de nuestra vida y, en mi opinión, cuanto más feliz eres, menos presente está la susodicha idea.

Solo existe una forma de contrarrestar el miedo, el verdadero miedo, el miedo a dejar de ser: sentirse infinito y eterno. Cuando una pareja hace el amor, se siente infinita. Cuando saboreamos con fruición la comida, perdemos la noción del tiempo. Cuando nos reproducimos y formamos una familia, parte de nosotros seguirá ahí, infinita, cuando dejemos de existir. Muchos escritores, lo son, porque su forma de ser feliz, de alcanzar el infinito es convertirse en eternos, dejando a la posteridad sus palabras. Los científicos buscan encontrar leyes naturales, que permanezcan invariables en el tiempo. ¿Por qué, si no, Stephen Hawking tiene ese buen sentido del humor?

Por tanto, la felicidad no es más que la unión entre alegría y tristeza; es decir, solamente se puede ser plenamente feliz, verdaderamente feliz, si, cuando disfruta, es consciente de la tristeza. Por eso, ser feliz es ser efímero y sentirse infinito.

Así que la mejor recomendación que podría dar a alguien que se sintiese mal es que intentase tener una pasión, algo que le enfrasque tanto que olvide el tiempo, un proyecto infinito.

El sueño del celta (Mario Vargas Llosa)

Si tengo que recomendar una lectura para el venidero 2011, ésa es, sin duda, la flamante novela del reciente Premio Nobel Mario Vargas Llosa, El sueño del celta.

Trata de la vida de un personaje real, Roger Casement, un inglés que dedicó todos sus esfuerzos, olvidando su salud psíquica y física sobre todo, a hacer realidad dos de sus sueños: acabar con los horrores del colonialismo y conseguir la independencia de Irlanda, región a la que sentía un apego indómito, lo que le granjeó numerosos enemigos.

Todo empezó cuando Roger se alistó a una compañía cauchera, creyendo que, así, occidente traería el progreso a los indígenas, todavía instalados en la prehistoria. Rápidamente, se dió cuenta de que la realidad distaba mucho de eso y comenzó a encararse con los que abusaban de los nativos que les propinánban chicotazos, maltratándolos e incluso amputándole miembros, con tal de obtener más caucho. Luego, preparó una serie de informes, que resultaron serle una arma de doble filo: por un lado, consiguió un nombre en la sociedad además de paralizar el inicuo colonialismo; por otro, fue recabando enemigos que terminaron dejándolo en un lugar desacertado.

Cuando Roger creyó el asunto colonial finiquitado, lo olvidó de lleno y se dedicó profusamente a conseguir la independencia de su amado país. Para ello, intentó ayudarse del contexto internacional: La Primera Guerra Mundial. Intentó aunar los esfuerzos de Alemania e Irlanda para combatir a Gran Bretaña, pero los esfuerzos resultaron fútiles: ni los irlandeses aceptaban la acérrima idea de Casement, ni los alemanes estaban interesados.

Vargas Llosa, ha sabido perfectamente escoger el contenido de su obra. Un personaje proteico, a la vez nacionalista y anticolonialista, defensor de los derechos humanos y con un cierto controvertido homosexualismo, que no dudaron en utilizar sus detractores para mancillarlo. Novela humanísima, moral, sentimental, histórica e incluso filosófica.

En cuanto al estilo, el tiempo no es cronológico: utiliza dos líneas temporales, iniciando por los últimos días de Roger, para luego seguir por las primeras peripecias del personales y, posteriormente, retomar el final de Casement. Las dos lineas temporales convergerán en el final de la obra.

Sin duda, descollante.

Lecturas 2010 (II)

Como agua para chocolate es una novela envuelta en un manto de manual de cocina que cuenta una historia de amor y pasión en tiempos de la Revolución Mexicana.

La autora va conjugando con gran exquisitez la historia con diversas recetas de cocina que funcionan a modo de metáfora de acuerdo con el capítulo al que corresponde.

La protagonista, Tita, es la hija menor en una familia mexicana tradicional. La madre se encuentra mayor y necesita una persona que se encargue de cuidarla. La tradición familiar dicta que la hija menor será la encargada de cuidar a la madre en cuanto se quede viuda. En este caso la responsabilidad recae sobre Tita. Ésta se enamora de Pedro, pero es un amor imposible, ya que al pedirle la mano a la madre, ésta se niega amparándose en la tradición familiar. Entonces es cuando le ofrece a la hermana mayor, Rosaura, y se casa con ella, hecho que sumió en una gran depresión amorosa a Tita. Pero Pedro estaba realmente enamorado de Tita, así que se convierten en amantes. La historia está plagada de pasión, sufrimiento, rencillas hasta tal punto que llega a recordar con considerable constancia al desarrollo de una telenovela.

En el trasfondo de la obra se puede observar un fiel retrato de la sociedad mexicana de la época y de cómo una tradición familiar insana retiene a la protagonista y la priva de un amor por el que lucha encarnizadamente hasta la desesperación. En conclusión, una obra bastante recomendable para los amantes de las novelas pasionales.

El arte de la guerra es un libro de estrategia militar escrito por el general chino Sun Tzu. En él el autor nos ofrece varias técnicas de claro signo oriental para triunfar en la guerra. Sin embargo, a la obra se le pueden dar varias interpretaciones para el ámbito empresarial, político o simplemente para convertirse en el cabecilla de cualquier grupo de personas. A pesar de contar con más de 2500 años a sus espaldas, este libro mantiene todavía hoy su carácter de actualidad, ya que la guerra, la competencia y el liderazgo son consideraciones intempestivas.

Cámara de Gas de John Grisham es un reflejo de lo que viven cada año varios centenares de presos en los Estados Unidos: el corredor de la muerte. John Grisham nos tiene acostumbrados en todos sus trabajos a historias con el mundo jurídico como telón de fondo. En éste, Sam Cayhall, un estadounidense abiertamente racista y antisemita ex miembro del Ku klux klan, coloca una bomba en un buffet de abogados para acabar con la vida de un abogado judío, pero los caprichos del destino prefieren que sean sus dos hijos pequeños las víctimas del atentado. Sam es arrestado y condenado a pena de muerte por un jurado popular. Pero de repente emerge del pasado un abogado dispuesto a ayudarle, Sam no podria tan siquiera sospechar de quién se trataba. A partir de aquí se iniciará una batalla de apelaciones, retrasos y conflictos jurídicos para rebajar la condena por parte de unos, y ejecutar cuanto antes la pena por parte de otros. Entretanto, el protagonista sufrirá la agonía consecuente a la espera en el corredor de la muerte.

El libro pone encima de la mesa la pena de muerte, tema de vital importancia en los Estados Unidos, donde existe un gran conflicto entre partidarios y detractores, además de una reflexión sobre el largo proceso que sume en la desesperación al condenado y sus familiares.

Cultura y personalidad

Hoy, en cualquier momento, podemos tomar un avión y viajar a -prácticamente- cualquier lugar del planeta que deseemos. Se dice que viajar es un privilegio, que enrriquece al viajero, porque se conocen otras culturas, estilos de vida, personalidades, historias. Asimismo, la literatura -y conocer otras lenguas, como ya apuntó Daniel Soler, en otro post- también nos irradia de tolerancia, comprensión, empatía y sensibilidad hacia el otro. Además, nos llena de visión global, alejándonos del ensimismamiento de nuestra cultura, despojándonos del sectarismo local.

Lo que acabo de escribir es perogrullesco, pero es uno de los cambios estructurales más importantes en la especie humana: el desarrollo de las estructuras culturales. Remontémonos hasta la Edad Media. Allí, era extremadamente excéntrico que una persona media pudiese viajar a otros países. Tampoco hace falta que nos vayamos tan lejos: hasta finales del siglo XIX, todavía existían duras restricciones a la emigración. ¿Qué pretendo decir con esto? Pues que hasta hace relativamente poco tiempo, jamás el hombre ha podido, libremente, disfrutar del conocimiento de las otras organizaciones de la sociedad: antaño, no existía tanta diversidad cultural, debido, en parte, por la escasa población mundial; y, cuando afloró la diversidad cultural, como sabemos, la emigración no era posible. El caso es que, hasta ahora, nunca un ser humano ha podido conocer a otro nacido en las antípodas, tanto geográficas como culturales. Podemos, así, decir que el hombre ha ascendido un peldaño más y se ha convertido, no solo en un animal cultural, sino en uno metacultural.

Esto también tiene sus respectivas implicaciones psicológicas. La diversidad purifica la mente humana. Sabemos que la monotonía, la repetición y la costumbre terminan desencadenando una cierta alienación. El cerebro se especializa tanto en una actividad (a base de repetición) que ya no es posible realizar otras. Por este motivo -científico-, este hecho moderno beneficia al ser humano, lo perfecciona aún más.

Basta con experimentarlo. Observemos un sujeto con nulos conocimientos de otras culturas (o lenguas o, en último término, literatura) y observemos su grado de tolerancia y sectarismo. Lo trascendental no es que tolera menos, sino que su personalidad, su dignidad (o validez como individuo de la especie humana) es menos perfecta. El conocimiento de otras culturas permite al sujeto obtener información del ser humano (y, por tanto, de sí mismo, en cierto modo) en multitud de circunstancias y, así, tener una visión histórica y global sobre la especie humana, de lo que es capaz y de lo que no. Por extensión, la adquisición del cultura reduce el riesgo de guerra, porque los individuos se ven como miembros de un único conjunto (la especie) y no como contrincantes irreconciliables.

¿Por qué es tan beneficioso impregnarse de toda cultura? Porque, como atisbamos antes, ofrece un abanico de estilos de vida y permite al individuo saber no sólo su forma de vivir, sino muchas más. En consecuencia, la libertad aumenta exponencialmente: tal individuo puede llevar la vida de la cultura que más le apasione, que más se adapte a su personalidad. Además, se producen mezclas extraordinarias entre distintos elementos culturales produciendo una cultura única para cada individuo, adquirida, sin embargo, por retales de otras culturas. Y, obviamente, los retales que seleccione el individuo serán más perfectos para él que si hubiese adquirido la totalidad de una cultura concreta, sin visión periférica de ninguna otra.

He argumentado que el conocimiento cultural aumenta la libertad y la personalidad. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando un individuo se especializa en una cultura? Como afirmamos antes, el individuo es má perfecto si es versátil, si conoce la multiplicidad humana y no utiliza el exceso de la especialización. Por esto, un sujeto aferrado a su país o región tendrá menos libertad, personalidad y tolerancia. En este sentido, especializarse en un ámbito cultural (sin tener visión periférica) lo denomino descultura, pues no perfecciona la vida de la persona y absorbe la personalidad del individuo. Por ejemplo, alguien que se adentra tanto en las costumbres religiosas como las procesiones que aquéllo es lo único que da sentido a su vida; hasta el punto de denigrar otras costumbres religiosas.

La adquicisión del metacultura (conocer culturas), es el camino hacia el progreso, pues purifica personalidad, libertad, tolerancia y, en definitiva, hace más viable la paz y la concordancia entre seres humanos, por muy distintos que puedan parecer.

Lecturas recomendadas 2010

Queridos lectores, el presente año ha sido extraordinariamente generoso para mí en cuanto a lecturas se refiere. Aunque en el futuro la cifra se multiplicará, 25 han sido los títulos que han pasado por mis dedos y que me gustaría comentar en esta pequeña sección donde los abarcaré desde el máximo número de perspectivas posible. La sección se dividirá en varias partes con diversas obras cada una que iré presentando a lo largo de este mes de diciembre. Hoy es el turno de las tres siguientes:

1.- En primer lugar, esta fenomenal joya literaria de Federico García Lorca. Aunque se trata de una obra de teatro, tuve que acceder a ella a través del papel por motivos de localización. Está claro que la representación gana mucho color, sin embargo a base de imaginación se puede disfrutar a un nivel parecido. El tema central es el mismo que ocupa toda la obra lorquiana, es decir, la pasión y los celos tan apegados al amor. La historia se desarrolla durante una boda en la que la novia decide fugarse con su verdadero amor y el novio, despechado y dolido, corre tras ellos para salvar su honor, otro de los valores tan presentes en este tipo de obras. El desenlace estará lleno de sangre y violencia, como su título nos anticipa.

En mi opinión, pocos autores gozan del privilegio de poder retratar los sentimientos más pasionales con tal exquisitez, dominando con una precisión admirable el lenguaje del pueblo llano. En fin, Lorca.

2.- El siguiente libro nos viene de tierras lejanas, pero de un hombre cercano. El Dalai Lama nos muestra en este libro los principales dogmas del budismo, así como los mejores métodos para controlar la mente a través de la meditación. Esta obra es un claro manifiesto en favor de la vida y la naturaleza y fiel a estos principios nos envía un mensaje de tolerancia hacia el resto de religiones y mantiene que el budismo sólo es budismo cuando se practica con la máxima voluntad. Creo que mucho deberían aprender los principales líderes religiosos de este señor y del budismo en general. Sólo de esta forma se podría alcanzar un equilibrio armonioso dentro del complejo mundo de las guerras santas.

El Dalai Lama es uno de los tibetanos que mejor conoce Occidente y a menudo se ofrece como puente entre ambos mundos. Lo más importante es que para leer este libro, no es necesario ser budista, como ocurre en mi caso, sino simplemente abierto a todos los pensamientos y filosofías que vertebran el pensamiento humano.

3.- El Pergamino Negro, a pesar de ser una novela y no un tratado de teología, ha sido uno de los libros que más me ha ayudado a forjar mi visión de la religión. Benigno Morilla nos cuenta cómo a partir de una farsa puede surgir una religión y subraya la importancia de un mito común que siguen todas las religiones, pero que sin embargo los creyentes de una religión no lo conciben así en la suya, y sí en el resto.

Es uno de esos libros que te enganchan hasta el final para después desvelarte la trama en las últimas diez páginas, logrando además un buen gancho comercial. A través de una historia que se mueve entre el siglo XVI y el XXI, el autor nos conduce a una reflexión acerca de la religión y la falta de juicio que mantienen hacia ella los creyentes pasivos. En definitiva, una novela muy interesante, con continuas alusiones a mitos de Mesopotamia y Egipto que nos tendrá atentos hasta la última página.

Vivo, a pesar de todo.

Cien años de Miguel Hernández.
Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

La rebelión de las masas

A pesar de que “La rebelión de las masas” fue escrito en 1929, su autor, José Ortega y Gasset, estuvo editándolo prácticamente hasta 1950. Además, es un libro que siempre perdurará en el tiempo puesto que el fenómeno de masas es lo más característico de nuestra sociedad contemporánea. No obstante, para una plena comprensión de la obra, hay que entender y conocer su contexto histórico.

Ortega lo deja bien claro, “este libro no es político”, sino que, según él, la labor del intelectual debe ser la de modificar las bases sobre las que se substenta la política. Por ejemplo, Ortega trata el concepto de Estado y el de poder público; dos conceptos para él totalmente diferentes. Siempre habrá un poder público, pero no siempre un Estado. También trata el tema del lenguaje al que concibe como un elemento distorsionador del pensamiento. En cuanto al tema de Europa, concibe a la cultura Europea como homogénea y por ende, debe crearse los Estados Unidos de Europa lo que ayudará a nivelarnos aún más a América del norte.

El tema primordial del libro es la masa social. Establece un elemento novedoso y es que la masa siempre ha estado en un segundo plano, siempre se ha tenido por mediocre. Sin embargo, hoy día la masa ha tomado el poder y ha tomado los hábitos y gustos de la minoría. Esto ha provocado un aumento del nivel de la cultura equiparándonos a América, pero esto también acarrea unas consecuencias desfavorables, ya que aumenta la botaratería, el snobismo y la chabacanería.

Respecto al estilo, Ortega utiliza un lenguaje sencillo en comparación a la profundidad de su pensamiento. Incluye citas tanto en latín como en francés y con un léxico difícil de encontrar en otro libro.

En definitiva, un libro muy humano y que, a pesar de eso, el tiempo no lo erosiona demasiado. Recomendable a todo aquel que se interese por las humanidades.

Objetivo del lenguaje.

En este artículo trataré la siguiente cuestión: cuál debe ser la finalidad del lenguaje. Para empezar, diferenciaré dos tipos de lenguaje: el informativo o comunicativo y el literario.

Dicho lo cual, considero que el objetivo primordial de nuestras estructuras sintácticas (lenguaje) es comunicar una información. Los primeros homínidos lo hacían, algunos animales utilizan un lenguaje (aunque no sintáctico) también para intercambiar información. Los recién nacidos utilizan el llanto, más tarde las primeras palabras; con eso ya comunican suficiente información. En resumen, el lenguaje tiene como finalidad primera la transmisión de contenidos, de información.

Por tanto, ¿qué lenguaje es más importate, el literario o el informativo? ¿qué es más importante, la forma o el contenido? El lenguaje informativo es taxativamente más importante. El contenido refleja el pensamieto, los conceptos, las ideas; es objetivo. La forma (el continente) refleja belleza o hermosura, la musicalidad, el ritmo; es subjetivo.

Me gustaría asimismo hacer referencia a determinadas corrientes lingüisticas como el modernismo o el parnasianismo. Su frase emblemática era: “el arte por el arte“, es decir, crear únicamente belleza obviando el contenido. Esto es empezar la casa por el tejado. Lo primero y lo más importante (contenido) debe cuidarse antes, más y mejor que la forma. En definitiva, el contenido es necesario y la forma es supérflua. Dicho de otro modo: el contenido es esencia y la forma es apariencia. Y muchas veces, las apariencias engañan.

Una vez que ya he dejado claro el objetivo primero que debe perseguir el lenguaje, voy resaltar  los aspectos específicos de los que se debe ocupar el lenguaje informativo.

Primero: intentar utilizar el menor número de recursos expresivos.

Segundo: utilizar en abundancia los sustantivos en detrimento de los adjetivos; llegar al contenido en sí, a lo objetivo, a la esencia de las cosas. Igual que pretendió Juan Ramón Jiménez.  Esto puede tener como consecuencia un lenguaje algo más complejo intelectualmente, pero que podrá hacerse sencillo más tarde.

Tercero: ser consiso, claro y natural. Intentar utilizar las palabras de la forma menos retórica posible; que pueda entenderlo el mayor número de personas. Un estilo periodístico, pues lo primordial es comunicar un contenido al mayor número de personas.

Cuarto: Los adverbios quedarían en segundo lugar, pues en muchas ocasiones son necesarios para entender el mensaje.

Quinto: asimismo los adjetivos tampoco pueden eliminarse al máximo, pero podrían obviarse todo aquel adjetivo que sea mínimamente subjetivo o supérfluo. Los adjetivos sustantivados, por ejemplo, son los que deberían mantenerse. También es preferible una proposición subordinada adjetiva que un adjetivo.

Sexto: Ilustrar el mensaje con ejemplos e iconografía. Además, explicar lo mismo de otra forma en algunas ocasiones, ya que así habrá más personas que accedan al concepto del que se quiere informar.

Por último, me gustaría dejar una apreciación subjetiva. Considero que un lenguaje tan sencillo como el que he planteado aquí, con un contenido posiblemente complejo resulta difícil de crear, pues se tiene que explicar algo difícil de forma fácil. Por eso es por lo que se necesitaría más tiempo en crear un mensaje asequible, conciso y breve (lo bueno si breve, dos veces bueno) que el  dedicado a un mensaje difícil y largo.

“El sustantivo es la virtud; el adjetivo, el vicio. Como el vicio, el adjetivo nos atrae, sensual, chocante, femenino. ¡Y caemos en él tan a gusto, tan a gusto, tan a gusto! Toda la obra está llena de adjetivos como la vida de caídas. Frente a la aurora, uno se propone no caer, pero ¡quién puede liberarse de las redes de la siesta, del ocaso, de la noche! El sustantivo es la verdad propia. El adjetivo es lo otro, los otros, otro todo, todo, todo.”

Juan Ramón Jiménez (España, 1881-1958), Premio Nobel de Literatura en 1956.

¡Hay que hablar bien por uebos!


No se asusten ustedes; tranquilícense, que el título de esta entrada no atenta ni contra la ortografía académica oficial, ni contra las formas o costumbres bienhablantes al uso. Concluirán una vez más que “no hay palabra mal dicha si no es mal interpretada”

Hace muy pocos años, los medios de comunicación divulgaron una curiosísima noticia. Un juez se querelló por desacato contra un abogado porque éste le había espetado algo así como que la sentencia que acababa de dictar debía ser revocada “por huevos”; o al menos eso es lo que entendió el susodicho juez, ya que el abogado negó cualquier actitud irrespetuosa y, amparándose en el DRAE, puntualizó que lo que él había dicho era que la sentencia en cuestión debía ser revocada “por uebos”, así, sin hache y con be.

Efectivamente, el DRAE recoge el vocablo uebos y lo define como “necesidad, cosa necesaria” Se trata de un arcaísmo cuyo origen etimológico se encuentra en la palabra latina opus, que con el verbo esse y un dativo adquiría en la lengua de Horacio el valor semántico de ‘necesidad’. En esta misma estructura, calcada del latín, lo encontramos en el castellano antiguo en frases como “uebos me es” (literalmente, ‘es necesidad para mí’, es decir, ‘necesito’): nunqua lis era uebos buscar otra mengía (‘nunca necesitaban buscar otra medicina’), escribe Berceo en la Vida de San Millán. De ahí pasó a usarse, con el mismo valor, en cualquier otra construcción sintáctica: Nos huebos avemos en todo de ganar algo (‘nosotros necesitamos tener ganancias en todo’), leemos en el Poema de Mio Cid; posibilidad que ya tenía opus en los textos latinos o semirromanceados de la Edad Media: per ad opus de illo señor (‘para las necesidades del señor’) se redacta en el Fuero de Logroño, de 1095.

Como se ve, en los textos medievales nuestra palabra aparece escrita sin hache y con ella. Por eso el DRAE la admite de las dos formas, si bien prefiere uebos por ser la grafía más antigua y, sobre todo, por marcar más claramente las diferencias con huevos.

En conclusión: cuando tenga usted ganas de desahogarse sin quedar mal, suelte un “uebos” fuerte y sonoro. Se sentirá mejor. Pero ¡ojo!: especifique que se escribe sin hache y, sobre todo, con be. Así, sus oyentes no tendrán más remedio que considerarlo como persona culta y bienhablada. Y es que hay que hablar bien por necesidad, o sea, por uebos.