El rechazo a la globalización

“Imagine all the people sharing all the world” John Lennon.

Decía Thomas Friedman en The World is Flat que en la relación entre los países siempre será necesario un elevado grado de flexibilidad que favorezca la globalización porque eso conlleva enormes ventajas para la sociedad, pero también un cierto número de barreras que evitan poner en peligro la misma globalización, ya que la flexibilidad o movilidad absoluta puede presentar riesgos elevados para la misma.

Por otra parte, en numerosas ocasiones a lo largo de toda la historia, el mundo ha evolucionado dando dos pasos hacia delante y luego uno hacia atrás, período donde se consolidan los cambios anteriormente acontecidos. Parece pues que, a veces, los avances no pueden consolidarse si no se experimentan ciertos errores o fallos. Las dos guerras mundiales vividas en Europa fueron un acicate sin parangón para la creación de la Unión Europea, un proyecto de gran avance para Europa y el mundo en general. La experiencia comunista de algunos países de Asia (Camboya, Vietnam y China) y de algunos países de Europa (Bielorrusia, Ucrania, Polonia) ha servido como escarmiento para que estos rechacen bien de facto o bien de iure el comunismo, por ejemplo.

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Parece ser que esto es lo que está sucediendo actualmente en el mundo en que vivimos, que tras un período globalizador sin precedentes, se está produciendo un proceso de reacción en contra de la globalización donde los ciudadanos de diferentes países reclaman mayores restricciones a la libertad que hace posible la globalización. Fundamentalmente este hecho está sucediendo en el mundo occidental y no tanto en países de Asia donde, debido a grandes barreras lingüísticas y culturales, todavía no se ha producido un proceso globalizador de las dimensiones del que ha experimentado el mundo occidental.

Para entender esta tesis plenamente, conviene estudiar los efectos y el comportamiento de la globalización en el mundo. La globalización es un resultado o efecto espontáneo del sistema económico, político y tecnológico actual. No es un proceso deliberado, creado o dirigido. La tecnología desde la primera revolución industrial en el siglo XVIII empezó a cambiar el comercio, la energía y el transporte. Cada vez era más boyante el comercio, existía más energía disponible y el coste y el tiempo de viaje de un lugar a otro decrecieron ostensiblemente desde entonces. Los efectos de estos cambios no pueden dejar inalterado el sistema político y económico mundial, también han provocado modificaciones en la estructura de las Naciones y los Estados.

En primer lugar, los Estados ven amenazadas sus estructuras, pues el coste de abandonar un Estado para un ciudadano particular se hace más reducido con la globalización. La emigración es más fácil que nunca. Cuando un Estado comete algún tipo de abuso, los ciudadanos pueden emigrar a otro país huyendo de los abusos cometidos (lo estamos viendo actualmente con Venezuela), lo cual es un desincentivo a que los Estados se vuelvan autoritarios (a excepción de aquellos países que cierran sus fronteras y retienen a su población en el interior). No quiere decir que los Estados no puedan volverse autoritarios, sino que, si lo hacen, asumirán un coste mayor que otrora.

Por otra parte, los lazos entre los ciudadanos de todos los países se estrechan y, gracias a la especialización internacional, el comercio y la división del trabajo, se crean mecanismos de cooperación internacional entre los ciudadanos de muchos países, creando la llamada cadena de suministro global (global supply chain). Pensemos en que, por ejemplo, nuestros móviles son diseñados en Corea del Sur, ensamblados en China y diseñados en Estados Unidos, porque cada uno de los países mencionados tiene ventajas en la actividad que desarrolla frente al resto de países.

Así, se crea una competencia internacional entre los Estados y las posibilidades para las personas que quieran transferir sus recursos de un lugar a otro o su residencia puedan hacerlo con mayor facilidad. Así surgen los mercados financieros globales, que son flujos de dinero entre multitud de países a una velocidad vertiginosa, buscando la mayor rentabilidad posible entre todas las alternativas existentes en el mundo y con un solo clic de ordenador es posible trasferir grandes cantidades de dinero de una parte del mundo a otra a ningún coste.

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Como consecuencia, aparecen grandes fondos de inversión de diferente tipo (Mutual Funds, Hedge Funds, Retirement Funds, etc.) con un capital financiero cada vez mayor. Esto hace que los Estados deban orientar su comportamiento a los mercados financieros, ya que la gran mayoría de los Estados emiten deuda pública en el mercado y la sostenibilidad de la misma depende de las condiciones del mercado. Asimismo, surgen empresas internacionales que pueden llegar a facturar más que el PIB de un determinado país, ya que operan en una multitud de países.

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Valor de los activos manejados por los 18 fondos de inversión más importantes del mundo y valor del PIB de España (2016).

La globalización por tanto es una consecuencia de la libertad inherente al ser humano y el desarrollo de la tecnología (Internet, transporte, comunicaciones, servicios bancarios internacionales, etc.) que hace que los Estados pierdan poder y se vean limitados al incrementarse la competencia entre los diferentes Estados del mundo. Como resultado, las barreras necesarias de las que hablaba Thomas Friedman están desapareciendo a un ritmo vertiginoso: las culturas empiezan a mezclarse, las tradiciones corren el riesgo de desaparecer, el poder nacional se reduce en favor del internacional.

Estos hechos que paradójicamente suponen a la vez el debilitamiento de la nación y el fortalecimiento del individuo y el internacionalismo, provocan una reacción en defensa de la nación y por tanto en contra de la globalización. Es paradójico porque los individuos, a la vez que toman sus decisiones de consumo o de migración motu proprio que aumentan la fuerza de la globalización y el poder de las empresas, en el terreno político la población parece dirigirse en contra de los efectos de la globalización demandando políticos que defiendan su nación particular.

 

El origen de este sentimiento antiglobalización quizá pueda radicar en la desconfianza en lo ajeno o en el amor propio, que tiende a rechazar todo aquello que sea diferente o alejado de la naturaleza de cada individuo particular. Cuantas menos características un individuo comparta con otro, menor es la probabilidad de que surja la empatía y por tanto la creación de un grupo entre ambos. El individuo necesita sentir la pertenencia a un grupo (en este caso, nación) antes de abrazar la sociedad global, para la cual todavía no estamos preparados o aclimatados.

Como vemos, pues, el surgimiento de movimientos populistas en todo el mundo parecen compartir algo en común: el rechazo de los efectos de la globalización.

En Reino Unido, la facción más dura del Partido Conservador y los euroescépticos, han canalizado el rechazo a la globalización a través del rechazo a la Unión Europea, culpándola de los problemas migratorios que el Reino Unido tiene, aunque si bien es cierto que muchas de las críticas que el Reino Unido lanza contra la Unión Europea sí están más que justificadas desde el punto de vista liberal (rechazo a la burocracia europea, rechazo a la Política Agraria Comunitaria, rechazo a la cesión de soberanía, apoyo a la limitación del presupuesto europeo, etc.).

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En EEUU, está cobrando cada vez más fuerza el movimiento liderado por Donald Trump, un movimiento populista y contrario al espíritu fundador y constitucional americano, que defiende una política antiinmigración muy restrictiva y una defensa a ultranza del proteccionismo que, según Trump, llevará América a liderar la economía mundial de nuevo, que según nos cuenta China le ha arrebatado o le están arrebatando. En realidad, la causa del desarrollo de China se debe a la globalización, al igual que la deslocalización de las empresas americanas allí, hecho que ha permitido a los estadounidenses liberar trabajadores para dedicarlos a otras actividades y acceder a bienes de consumo más baratos, aumentando su nivel de ahorro y permitiendo que la Reserva Federal pudiese mantener bajos sus tipos de interés por un período más dilatado.

En Francia, al igual que algunos países del norte de Europa, el movimiento también ha sido antiinmigratorio, mientras que en los países mediterráneos es un movimiento populista en favor del mantenimiento del Estado del Bienestar cada vez más amenazado por la globalización, como está ocurriendo en Grecia, España, Italia y Portugal.

En definitiva, vivimos en un mundo posglobal, es decir, una vez que la globalización es una realidad y se ha insertado en la vida de muchos individuos, se produce un rechazo. Rechazo que evidentemente tiene el riesgo de suponer una involución en el progreso del mundo, pero quizá pueda servir para que en el futuro la globalización vuelva a reinar con mayor fuerza que nunca.  Es posible que las tecnologías y la economía avance más rápido de lo que lo hace nuestra sociedad, nuestra política y nuestra mentalidad.

 

 

La desilusión liberal

La historia de la libertad en España es ciertamente desilusionante, como tendremos ocasión de analizar más adelante en este texto. Esta desilusión liberal quizá explique que en España, pese a contar con una tradición liberal importante y un bagaje intelectual respecto al liberalismo que marcó precedentes en Europa, como ponen de relieve los escolásticos españoles y la Escuela de Salamanca, donde autores como el padre Juan de Mariana incluso defendieron el “tiranicidio”, actualmente no exista un estrato social favorable al liberalismo y por tanto tampoco existan partidos políticos en la España moderna proclives a políticas más liberales. ¿La temprana desventura de la libertad en España fue un desaliento al liberalismo en España?

Pese a los enormes reveses que ha sufrido el liberalismo a lo largo de la historia de España, la libertad no ha dejado de producir ininterrumpidos conatos de libertad frente al absolutismo, mostrando una resiliencia excelente. Estos dos hechos, la resiliencia y los reveses sufridos, ha dejado a la libertad en España durante buena parte de su historia en un estado de convalecencia constante: cuando parecía que acababa de recuperarse del último golpe, aparecía de nuevo otro ataque. A pesar de ello, España ha tenido un progreso hacia la libertad, aunque lento y convulso, producto de esta convalecencia de la libertad de la que hablamos.

Y es que la historia no es lineal, ni sigue un patrón de conducta, sino que depende de una pléyade de causas y casualidades (causualidad), donde pequeños sucesos revierten y modifican la correlación de fuerzas y hacen que el devenir de la historia sea muy diferente al de períodos anteriores.

Todo empezó cuando corría el año 1805, momento en que la flota británica se enfrentaba a la flota de España y Francia. El Imperio Británico contra el Imperio Español. Dos de los imperios más importantes de la historia del ser humano frente a frente. Dos modelos muy diferentes de entender el colonialismo iban a medir sus fuerzas.

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Y es que mientras que el colonialismo español se caracterizó por implantar mediante la fuerza una copia de la España peninsular al Nuevo Mundo, a través de la tortura, el adoctrinamiento, la coacción, el saqueo y el esclavismo, el colonialismo inglés en América se caracterizó por todo lo contrario: colonizar nuevos territorios, respetando los usos y costumbres de las tierras indígenas y siempre mediante el libre comercio. Inglaterra no sólo ha sido el Imperio de mayor dimensión geográfica de todos, sino que además pudo enriquecerse culturalmente de otros pueblos.

La flota británica, dirigida por el Almirante Nelson, derrotó a la flota francesa y española el 21 de octubre de 1805, en la famosa batalla de Trafalgar. Se trataba de un hecho histórico que supuso un punto de inflexión en la historia española y marcó el principio del fin del absolutismo.

Tres años más tarde, las tropas francesas se dirigían a Portugal por territorio español, amparadas por el Tratado de Fontainebleau (1807), pero inesperadamente deciden ocupar España, hecho que obligó a los reyes de España a refugiarse en el Palacio Real de Aranjuez. Esto provocó un serio descontento entre la nobleza que junto con la indignación popular causada por la derrota en la batalla de Trafalgar, la impaciencia de Fernando VII por gobernar y la incertidumbre política originada por la ocupación francesa, se produce el 17 de Marzo de 1808 el Motín de Aranjuez, donde una multitud de nobles se agolpa frente al Palacio Real, persiguiendo la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en Fernando VII, que finalmente se produjo. Fueron los primeros estertores del absolutismo.

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Poco más tarde, las tropas francesas reprimieron la insurrección y tanto Carlos IV y Fernando VII fueron a Bayona donde los dos reyes renuncian al trono y se nombra rey de España a José Bonaparte. Una gran cantidad de personas se concentran en el Palacio Real, con el objetivo de asaltarlo. Ante la expectativa de que las tropas francesas trasladen a toda la familia real, el gentío inicia el grito de “¡Que nos lo llevan!”, en referencia al infante Francisco de Paula. Las tropas napoleónicas abren fuego contra la multitud y se origina una lucha callejera, conocida como en Levantamiento del 2 de Mayo de 1808.

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Al tiempo que José Bonaparte I (1808-1813) comienza su reinado, y aunque existía una especie de división social entre los afrancesados y los patriotas, se fue fraguando cada vez un mayor resentimiento a un rey extranjero que derivó en la creación de las Juntas Provinciales y Locales, las que se autoproclaman soberanas y no reconocen a José Bonaparte. En ellas, participan personas de todos los estamentos sociales: militares, el clero, funcionarios y profesores. Estas juntas traspasan su poder a la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, que desembocará en la apertura de las Cortes de Cádiz (lugar donde debatir a buen recaudo y lejos del poder de José Bonaparte) en el año 1810 que tras un período de debate se gesta definitivamente la Constitución de 1812, conocida como la Pepa, por proclamarse el día de San José.

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La primera Constitución liberal española había nacido y con aspectos tan positivos como la libertad de prensa, la defensa de la propiedad, la libertad de comercio, el fomento del liberalismo por todo el Imperio Español y la separación de poderes. Pero la Constitución también recogía las simientes de su propia destrucción: fue aprobada por sufragio censitario y establecía el unicameralismo. El primero hizo que tan sólo las clases altas pudiesen elegir a los diputados; el segundo hizo que la nobleza y el clero no contasen con su propia cámara, viendo reducir ostensiblemente su influencia y poder.

Con la llegada de Fernando VII a España, decreta desde Valencia en el año 1814 la abolición de la Constitución de 1812 y de todas las leyes que de ella derivan y reinstaura el absolutismo en España durante seis años: el Sexenio Absolutista (1814-1820). Durante este período, los liberales se refugiaron fundamentalmente en Londres donde muchos vivían en precarias condiciones y otros fueron aherrojados por Fernando VII en Melilla. Entretanto, los exiliados entran en contacto con ideas liberales en Inglaterra (Mendizábal, Enrique José O’Donell, Diego Muñoz-Torreo, Argüelles) y se crean lugares de actividad política.

En 1820, el general Rafael de Riego realiza un pronunciamiento en favor de la Constitución de 1812 que rápidamente es secundado por otros militares y que obligó Fernando VII a jurar la Constitución de 1812 pronunciando las siguientes palabras: “Machemos todos, y yo el primero, por la senda de la Constitución”. Es cuanto se producen las canciones populares de “Trágala”. Se reinstaura la Constitución liberal en España y se produce el período conocido como Trienio Liberal (1820-1823) donde los liberales encarcelados y exiliados vuelven a España para constituir las Cortes o, en su caso, un nuevo gobierno.

Entretanto, se organizaba el Congreso de Verona (1822), en la que acudió la Cuádruple Alianza, es decir, Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra. En el Congreso se decidió la reinstauración del absolutismo en España, que fue reclamada por Felipe VII, tras el pronunciamiento de Rafael del Riego. No obstante, el Congreso de Verona era reacio a intervenir en España si la Constitución de 1812 era reformada y aprobado un sistema bicameralista. Desafortunadamente, la Constitución en su artículo 375 establecía que no podría reformarse hasta que no fuese puesta en práctica por un período de al menos 8 años.

Durante el Trienio Liberal, se redujo el diezmo a la mitad, pero se obligaba a pagarlo en dinero. Esto rompió con la costumbre habitual de pagarlo en especie, hecho que dio pábulo al rechazo al gobierno liberal entre el campesinado, puesto que la España rural, rica en todo tipo de productos agrícolas y ganaderos, exhibía a menudo falta de liquidez, haciendo muy difícil sufragar las obligaciones fiscales en dinero. Frente a ello, se encontraba la conocida flexibilidad de la Iglesia a la hora de cobrar sus tributos, provocando que el Estado liberal fuese percibido entre el campesinado como un aparato exaccionador inflexible frente a una Iglesia cercana y flexible. También, la separación de poderes auspiciada por los liberales hizo que el poder ejecutivo (el rey) y el poder legislativo se convirtiesen en compartimentos estancos, incrementando el gasto y provocando una inconveniente subida de las cargas tributarias.

Aunque la Constitución de 1812 convirtió la religión católica en oficial, de facto se estaba produciendo un debilitamiento vertiginoso de la nobleza y el clero, al tiempo que crecía el descontento hacia el liberalismo entre el campesinado. Se empieza a producir la primera escisión entre lo que en un principio parecía una amalgama social muy unida en la creación de las Cortes de Cádiz en 1810. Y es que no contar con el clero en una España religiosamente católica fue quizá un elemento más que desestabilizador para el constitucionalismo liberal, elemento desestabilizador que también podemos encontrar en las siguientes repúblicas de España.

Ante este panorama, el rey Fernando VII fue visto como un defensor del catolicismo ante el nuevo orden liberal, por lo que la sociedad estaba fragmentada en dos grupos: los liberales anticlericales y los partidarios de Felipe VII católicos.

La división que se estaba engendrando en la sociedad española, también se reflejaba en el parlamento, donde existía una elevada desunión nada recomendable para un período naciente que buscase romper con el absolutismo. Existía una división entre los doceañistas (partidarios de mantener un equilibrio de poderes que diera al rey algunas funciones) y los veinteañistas (más radicales que proponían la redacción de una nueva constitución). Además existían los que pertenecían a la masonería, que dentro de ellos existía una facción más radical conocida como la Comunería. Por otro lado, estaban los que pertenecían a la Sociedad del Anillo, en donde se encontraban los más moderados de los liberales. Lo cierto es que, lejos de haber una unión entre ellos, existían luchas intestinas y ataques que no hacían más que desestabilizar el período liberal.

Si bien la falta de inclusividad y de unión fue un problema, lo cierto es que fue el período de las políticas más liberales y de voluntad política de llevarlas a cabo de la historia de España. De haberse consagrado el liberalismo, hubiese convertido a España en una de las potencias europeas más importantes y una de las más modernas. Recordemos que la Constitución de 1812 fue una de las más liberales de su tiempo: limitación de poderes del rey, separación de poderes, sufragio universal masculino indirecto, libertad de industria, libertad de imprenta, derecho de propiedad, reconocimiento de la ciudadanía para todos los nacidos en territorios americanos.

Con elevada probabilidad este nuevo aire fresco de liberalismo, hubiese aplacado el descontento que se estaba gestando en los virreinatos españoles hacia la metrópoli, puesto que los criollos pasaban a ser directamente ciudadanos españoles con todas las de la ley y se fomentaba el libre comercio libre de aranceles, que los americanos apoyaban enérgicamente. El diseño territorial español con la nueva Constitución era el de una España federal, donde existía una gran descentralización de funciones y tributos en las regiones, aspecto muy demandado por los virreinatos.

Por otra parte, se aprobó la Ley del Señorío y la Ley del Mayorazgo, donde la primera supuso la equiparación del derecho de propiedad a la del señorío donde todo señorío sería legal en caso de demostrar su certificado de propiedad y la segunda supuso que el patrimonio de las grandes familias españolas fue diluyéndose en el tiempo a medida que iban produciéndose herencias y dividiéndose éste entre el número de descendientes, haciendo cada vez menos poderosas a las susodichas familias.

Mientras tanto, se gestaba en secreto el fin del liberalismo en España, por parte del rey Fernando VII internamente y por parte de Francia externamente. Finalmente en 1823 entraron en España 95.000 soldados, financiados por Francia, al mando del Duque de Angulema, conocidos como los Cien Mil Hijos de San Luis, provocando el derrocamiento del Estado liberal y la vuelta a la reinstauración del absolutismo, iniciándose un período conocido como Década Ominosa (1823-1833).

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, se produjo la primera guerra carlista y Maria Cristina, la viuda del rey, se vio obligada a buscar el apoyo de los liberales para mantenerse en el trono, y configuró gobiernos con los liberales Martínez de la Rosa y Mendizábal, que finalmente aprobó la archiconocida Ley de Desamortizaciones.

El período liberal de la Constitución de 1812, aunque fracasó y se encontró con enormes dificultades internacionales, errores propios, divisiones internas, lo cierto es que marcó un punto de inflexión en España que impidió que el absolutismo volviese a imperar en España y todos los regímenes posteriores tuvieron en cuenta los principios liberales (María Cristina, Baldonero Espartero, Isabel II) y desembocó en la revolución de la Gloriosa de 1868, que provocó el derrocamiento de Isabell II y la instauración del Sexenio Democrático.

A la luz de la historia, podemos ver cómo la libertad en sus numerosos conatos de establecerse ha sido asediada en numerosas ocasiones, pero la libertad ha demostrado resiliencia al renacer una y otra vez, destronando finalmente al absolutismo e incrementando lentamente las libertades de los ciudadanos. Quizá esta desilusión liberal que nos ofrece la historia de España, haya condicionado el resto de intentos republicanos y luego democráticos a dejar a un lado los principios fundamentales de los primeros políticos liberales españoles, que fueron los que realmente derrotaron al absolutismo, al totalitarismo. ¿Fue la temprana desventura de la libertad en España fue un desaliento al liberalismo en España?

Los límites de la historia

Las ciencias sociales, que tienen por objeto el estudio del ser humano, tienen una desventaja evidente en relación a las ciencias naturales: la experimentación es muy difícil de conseguir. Si bien es cierto que se han realizado experimentos con grupos de personas (por ejemplo, en el campo de la neuroeconomía), lo cierto es que hasta la fecha han sido muy limitados. Este hecho dificulta en mucho el proceso científico de las mismas y hace que los hallazgos de las ciencias sociales discurran de forma más lenta.

Recordemos que el método científico, que es formalmente igual para todas las ciencias, comienza con la formulación de hipótesis (para la cual se requiere un cierto grado de imaginación y creatividad, que permita proponer diferentes hipótesis que expliquen la realidad), hipótesis que deben ser contrastadas mediante la experimentación o mediante la regularidad empírica. Algunas hipótesis se aceptan y otras se rechazan. Las hipótesis aceptadas se van acumulando y, por tanto, se va formando un cuerpo teórico que, junto con los métodos hipotético-deductivos y axiomático-deductivos, permiten explicar la realidad.

Resulta que la clara desventaja de las ciencias sociales -la dificultad de realizar experimentos- queda en cierto modo suplida por la historia. La historia nos proporciona una acumulación de experiencias que el ser humano ha tenido bajo diferentes circunstancias y nos permite observar las causas y consecuencias que tuvieron ciertos hechos en el pasado. Así, la historia suple en cierto modo la dificultad de experimentar con el ser humano, al ofrecernos una acumulación de experiencias. Por así decirlo, la historia puede servir de “laboratorio social” (aunque la historia no sea simplemente eso), donde tales experimentos son reales y espontáneos, y no provocados por ningún científico.

No obstante -y está es la tesis fundamental que vengo a exponer en este artículo- aunque la historia pueda ayudar a las ciencias sociales enormemente, la historia en relación a las ciencias sociales cuenta con importantes limitaciones, que deben tenerse muy en cuenta antes de incluir sus relatos a las colecciones de teorías (y también leyes) de las ciencias sociales.

Tal y como defendía Kant en sus tres Críticas (Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio), para que un saber pueda discurrir por el camino seguro de una ciencia es condición sine qua non que se expongan los límites de la misma, para evitar que ciertos saberes se propongan objetivos que no pueden cumplir y asegurarnos que una ciencia no se excede sus límites. Así, en el sentido kantiano, la crítica es lo que nos previene del dogmatismo. Conviene, pues, hacer una crítica de la historia, esto es, analizar los límites que la historia tiene a la hora de aportar su conocimiento a las ciencias sociales.

En primer lugar, la historia nos permite la inducción, es decir, nos permite colegir los acontecimientos que podrán acontecer en el futuro en base a los que sucedieron en el pasado. No obstante, el conocimiento científico debe ser riguroso y ofrecer ciertos reparos a la hora de establecer como regularidad empírica la repetición de hechos pasados y es que la inducción tiene el problema de que nada asegura de que en algún momento los hechos futuros no tendrán por que mimetizar los hechos pasados. Por ejemplo, imaginemos que alguien observa que todos los pájaros son negros y nunca ha visto ninguno de otro color. Utilizando la inducción podrá concluir que todos los pájaros que existen son negros; sin embargo, podría bien suceder que algún día observase algún pájaro de otro color, confirmando el error de su suposición inicial. Pues bien, este es el mismo error al que se puede incurrir utilizando la inducción histórica para explicar los hechos sociales, que podemos resumir con la siguiente frase del refranero español: “Agua pasada no mueve molinos”.

Además -y en conexión con lo anterior- aunque la historia pueda ser muy larga y los hechos históricos puedan estar bien documentados, resulta que la multiplicidad de causas que influyen sobre la sociedad es inmensa y es altamente improbable que las condiciones que vive una sociedad en una determinada época histórica puedan repetirse en otra época histórica. Es decir, lo que fue cierto en una época pasada fue cierto porque existían determinadas condiciones que difícilmente se reproducirán en el futuro.

En segundo lugar, aunque es evidente que el futuro de la sociedad no se construye ex nihilo, sino a partir de una base histórica y de la correlación de fuerzas históricas que se han producido hasta nuestro días, lo cierto es que es imposible determinar el camino por el que discurrirá la historia simplemente analizando el pasado. Dicho de otro modo: conocemos el punto de partida, pero no sabemos con seguridad qué camino tomara la sociedad mañana, y aún mucho menos dentro de un año, y con aún menor seguridad cuanto más alejado en el tiempo proyectemos nuestra vista.

Siguiendo con el mismo razonamiento, lo cierto es que aunque el peso de la historia recae sobre nuestras espaldas (es decir, el pasado nos influye), lo cierto es que el grado de influencia de la historia sobre el presente no es constante: a veces la historia tiene mayor peso sobre el presente y a veces menor. La mayor o menor influencia de la historia sobre la vida del ser humano dependerá de multitud de causas (medio en el que habita el ser humano, conocimiento de la historia previa, cultura que poseen determinadas comunidades, tipos de creencias, tipos de lenguajes, grado de avance técnico y científico, etc.).

En este sentido, aunque es cierto que la historia influye en nuestras vidas y ayuda a explicar el futuro, lo cierto es que el grado de influencia no es siempre el mismo y va variando y nada impide que en ciertos momentos o lugares la historia no sea el determinante principal en el transcurso de los hechos.

De hecho, si sólo la historia fuese el factor que influye sobre nuestras vidas o sobre nuestro presente, y además lo hiciese siempre con la misma intensidad, el ser humano estaría condenado vivir siempre de la misma forma, sería un esclavo de su pasado. Si la vida del ser humano está en continuo cambio, eso es porque además de influir la historia sobre el presente, influyen infinidad de más causas.

Estas son las razones que hacen que el futuro del ser humano sea tan incierto y sujeto a grandes incertidumbres, ya que aunque sabemos que nuestro pasado puede explicar nuestro futuro, nunca sabremos el curso que tomará nuestra vida en el futuro. Esto hace necesario que las ciencias sociales no se limiten a observar la historia, sino también a usar la imaginación, la deducción y métodos rigurosos como las matemáticas que permitan desarrollar modelos y teorías simplificadas de la realidad que permiten explicar la realidad de forma más precisa a la que lo hacen los historiadores. La diferencia es que la historia nos permite ver la evolución que ha tenido la sociedad bajo diferentes circunstancias, mientras que los modelos y colecciones de teorías tratan de generalizar las regularidades empíricas que ocurren en la sociedad, para explicar futuros hechos sociales.

Por ejemplo, en economía podemos citar la ley de la oferta y la demanda, que establece que el precio de un bien o servicio depende del número de unidades ofrecidas y del número de unidades demandadas. Esto es algo que se producirá en el futuro con regularidad y no dependerá de hechos pasados, y además es un aserto general, que puede aplicarse a multitud de hechos (para explicar el precio de las acciones, de los tomates o de las viviendas), lo cual hace que los modelos que usa la ciencia sean más prácticos que la historia en el sentido de ser más generales y poder explicar un mayor número de hechos. 

En conclusión, la historia es un complemento muy útil en cualquier ciencia social, pero conviene tener muy en cuenta los límites de la historia en el estudio de los hechos sociales, para no caer en errores graves como puede ser la inducción, considerar que sólo la historia explica la evolución de la sociedad, considerar que el peso de la historia es siempre el mismo en la sociedad y, sobre todo, obviar los análisis generales y teóricos que precisamente por ello explican multitud de fenómenos sociales. En definitiva, la historia sí tiene cabida en el estudio de los fenómenos sociales, pero como casi todo en la vida, dentro de sus propias limitaciones.

Por qué voto a Ciudadanos

Por el mes de Abril de este año empecé a interesarme por un partido político que me sorprendía la facilidad que tenía para exponer las propuestas que ciertamente eran impopulares pero que sin duda alguna las necesitaba España. Es algo que he venido pensando desde el año 2009 aproximadamente: las medidas más necesarias en España, son las más impopulares.

Siempre había creído que un partido político que proponga algo alejado del pensamiento común, estará destinado a la derrota electoral. Por lo que mis esquemas empezaron a desdibujarse con Ciudadanos.

Estas son algunas de las medidas:

  • Establecimiento del contrato único
  • Legalización de las drogas y de la prostitución
  • Fusión de ayuntamientos
  • Subida del salario de altos cargos de la administración
  • Eliminación de las nuevas líneas de AVE que no hayan sido todavía licitadas

Todas estas medidas parecerían muy impopulares porque van contra el populismo anterior de PP y PSOE. Y, sobre todo, bajo un clima político donde Podemos, un partido comunista con unos ideales muy claros en contra de la economía de libre empresa, empezaba a ganar cada vez más apoyos.

España es un país que necesita reformas serias y mucho más profundas de las que PP y PSOE se han atrevido a realizar en el país, una tibieza alimentada por el miedo a la impopularidad y a la pérdida de votos. Estas reformas, al igual que en la Inglaterra de 1979, serán muy duras y dolorosas a corto plazo, pero inevitables para lograr un país avanzado, próspero, moderno y con incentivos que no perviertan ni corrompan. Ciudadanos ha demostrado no tener ese miedo a reformas profundas, sobre todo, porque llevan estudiando y calibrando los efectos de las reformas que proponen desde hace muchos años, ya que muchos de sus miembros las defendían incluso antes de alistarse al partido.

El ascenso de Ciudadanos no se entiende por tanto sin su economista estrella Luis Garicano, un catedrático de la London School of Economics dispuesto a reformar España de arriba abajo sin temblor de piernas.

España necesita un mercado laboral muchísimo más libre de regulaciones, cargas administrativas e impuestos. Es decir, un mercado más dinámico. El contrato único, a mi juicio, aunque no es perfecto, es la mejor de todas las medidas propuestas para romper con el lastre regulatorio que los desempleados y precarios soportan.

España necesita incrementar su eficiencia y que con el mismo nivel de gasto público se consiga la máxima rentabilidad. Para ello es esencial reducir el poder político, eliminando diputaciones, el senado y reduciendo el poder de las empresas públicas. Además, la corrupción no sólo extrae el dinero directamente robado, sino que introduce incentivos perversos en la economía que son mucho más dañinos para el bienestar de todos nosotros. Se está enviando la señal de que no es la competitividad, ni la productividad ni el esfuerzo lo que prima, sino los contactos, el nepotismo y los favores. A largo plazo, tales incentivos son demoledores para una sociedad.

La reforma fiscal de Ciudadanos está diseñada para que el sistema impositivo de España sea más eficiente y recaude el mismo dinero sin interferir en las decisiones de consumo de los individuos; es decir, se recaude lo mismo dañando lo menos posible al sector privado. De ahí que se eliminen los tipos superreducidos y se baje el IVA general al 18%. Asimismo, todas las exenciones fiscales serían eliminadas en la medida de lo posible, para eliminar todos los agujeros del sistema fiscal español. El IRPF se reduciría para todos los tramos también un 3% de media.

Por otra parte, Ciudadanos se ha mostrado contrario a seguir hinchando la burbuja de las infraestructuras públicas, al declarar que no se licitarían nuevas líneas de AVE. Recordemos que España es el segundo país en líneas de ferrocarril después de China con un nivel de pasajeros muy reducido, que para que fuese rentable se necesitarían multiplicar el nivel de pasajeros por cinco. Además, en muchos casos el AVE supone un ahorro de tan sólo media hora con respecto a las líneas anteriores. Y teniendo en cuenta que los ingresos ni tan siquiera sirven para cubrir los costes variables, el despilfarro es absoluto. El gasto en AVE de España se cifra en 50.000 millones de euros, un 50% de los ingresos públicos totales de un año y que generará un déficit vitalicio para la administración. Ciudadanos propone destinar la inversión a nuevas líneas, a tecnología de alta calidad relacionada con la computación.

Ciudadanos es por tanto el partido político que propone las medidas económicas más urgentes en España y demuestra una valentía importante al no verse tan influido por la popularidad o impopularidad de las mismas. El partido cuenta con expertos económicos al más alto nivel, formados en el extranjero, dispuestos a convertir España en un país más moderno. Para mí la economía es el aspecto más importante en la sociedad porque es lo que otorga oportunidades a los ciudadanos para poder llevar a cabo un plan de vida, es lo que aporta medios para que los fines de las personas puedan realizarse. Aunque no es el partido perfecto, sin duda es el que más se acercaría a la modernización de España.

Las vicisitudes del Tao.

En este artículo procederemos a analizar una de las filosofías más antiguas del mundo: el taoísmo, que junto con el confucianismo, han sido las dos corrientes más influyentes en la larga historia de China, y que aún hoy día sigue estando muy presente en la estructura cultural y social de la civilización asiática.

Si bien toda inmersión filosófica requiere de concentración, adentrarse en filosofía china requiere de un añadido para los occidentales, ya que la cosmogonía oriental necesariamente requiere la suspensión de los modos occidentales de conocer el mundo. Además, el lenguaje ideogramático chino -para bien o para mal- se caracteriza por su falta de precisión, por la ambivalencia semiótica, lo cual hace que las palabras puedan adaptare más fácilmente a la realidad constantemente cambiante. Ésta es sin duda una característica que gustaría a Nietzsche, pues en el Crespúsculo de los Ídolos, criticó a todos aquellos filósofos que trataban de encorsetar la realidad mediante palabros convirtiendo así sus filosofías en momias (entre los que fueron objeto de esta crítica están Descartes, Kant y Platón). El chino pues tiene una naturaleza más proclive a captar la realidad cambiante ya descrita por Heráclito de Éfeso, haciendo las ideas filosóficas chinas diferentes ya en esencia.

El taoísmo es esencial para entender china, y por tanto, el mundo: ayuda a explicar ese estoicismo característico de los chinos y las numerosas contradicciones que se viven en china. El taoísmo es la corriente filosófica opuesta al confucionismo. Aunque data del S. IV a.C., sus implicaciones están por doquier y aportan enseñanzas a las que se le pueden extraer mucho jugo. El conocimiento de otras filosofías lejanas y diferentes nos brinda la oportunidad de salir del provincianismo intelectual de algunos intelectuales afincados en un determinado tipo de cosmogonía. Asimismo, como tendremos ocasión de comprobar a lo largo de este artículo, podemos encontrar numerosos paralelismos con algunos conceptos de la filosofía occidental.

Al igual que es probable que gran parte de la Biblia fuese un saber popular que posteriormente fue llevado a la escritura, es más que probable que el taoísmo ya estuviese en boga por las tierras de Asia antes de ser recogido por escrito en el Tao Te Jing (道德经, “El libro del camino de la virtud”). Y es probable que, al igual que Sócrates o Jesucristo, Lao Tse (老子, “maestro viejo”) -considerado el adalid del taoísmo- nunca haya existido. Lo que está claro es que los descubrimientos arqueológicos que llevaron al descubrimiento de las tablillas de bambú y seda con escritos taoístas, fueron la cristalización de un proceso evolutivo llevado a cabo, eso sí, por sabios de una magnitud inimaginable para la época.

Ejemplo de una parte del Tao Te Jing

Para comprender la filosofía taoísta, es necesario entender claramente el concepto de Tao (道, “camino”), uno de los conceptos más oscuros pero más centrales en la filosofía que nos ocupa. El Tao no es más que el funcionamiento del mundo, la forma que la Naturaleza tiene de proceder, las leyes universales e intempestivas de la Naturaleza. Es un concepto cercano al arjé presocrático, pero el Tao tiene un sentido más espiritual que material: es un proceso, el camino por el que la Naturaleza discurre sin principio ni fin.

El Tao se hará sentir a través del Qi (气, “energía”). Es decir, las leyes de la Naturaleza (Tao), se hacen patentes a través de la energía (Qi), creándose y transformándose todo lo que hay (materia). Aquí conviene hacer una distinción entre existir y haber, ya que a diferencia del latín y el griego, en el chino existe una clara distinción entre la existencia (有, “haber, existir”; 无, “no haber, no existir”) de la esencia o del ser (是, “ser”; 非, “no ser”). Esta distinción es importante, porque las cosas que existen o las cosas que hay son las que ya son materia, mientras que las cosas que son, engloban a las cosas que no hay y las que hay, en el sentido de que todavía no las hay, pero la Naturaleza podrá crearlas a través de la energía.

El proceso es como sigue: el Tao, a través del Qi, crea el Yin (阴) y el Yang (阳), que no es más que la lucha de contrarios, a través de la cual el ser y el no-ser se suceden constantemente y se crea todo lo que existe: felicidad engendra la infelicidad y viceversa, la masculinidad engendra la feminidad y viceversa, el calor engendra el frío y viceversa, etc.

El Tao que es infinito, se representa mediante un círculo. Luego engendrará el yin y el yang, que se representa mediante el blanco y negro simétrico en movimiento, que a su vez engendrarán todo cuanto hay.

En este sentido el Tao se asemeja bastante a la Idea de Hegel, al perfecto ser para sí, al Absoluto, donde los contrarios mediante un proceso dialéctico llevan a una síntesis, una especie de término medio. El Tao no es un ente material y en cierto sentido se asemeja al logos (conocimiento, funcionamiento del mundo, etc.). En el Tao De Jing se dice: “Quien responde cuando le preguntan por el Tao, no conoce el Tao”, aludiendo a la infinitud de la Naturaleza y por ende a su inaprenhensibilidad, pero también paralelo al concepto de ignorancia Socrática, donde es más sabio el que calla que el que afirma, también inserto en el taoísmo como veremos más tarde.

Ilustremos el concepto del Tao con un ejemplo. Las personas tenemos en nuestra Naturaleza ciertas características (como el medir 1,70 o desarrollar calvicie, por ejemplo) que pueden estar manifiestas o no: lo que se conoce como el fenotipo y genotipo. El Tao sería como el genotipo: las leyes de la Naturaleza, lo que está escrito que así sea, percibámoslo o no, se haya realizado o no. Y a través del Qi se va convirtiendo en fenotipo, se va realizando, manifestando: el ser se convierte en haber. El Tao por ende engloba lo que existe y lo que no existe. El Tao tampoco tiene un sentido de causalidad, sino de alternancia: la realidad va cambiando de estado, sin que exista una causa directa de tales cambios.

Por tanto, vemos que el Tao, se parece bastante al Dios en el que creía Einstein: el Dios de Spinoza, es decir, no hay otro Dios más que la Naturaleza en sí, las leyes del universo.

Una vez entendido el Tao, podemos pasar a aspectos más concretos de su filosofía. El siguiente concepto en importancia es el Wei-Wu-Wei (为无为, “actuar no actuar”), que podemos traducir como “actúa sin actuar”. Lao Tse defiende la inacción: “El que actúa fracasa; el que aferra algo lo pierde. Por eso el sabio no actúa y de ese modo no fracasa; nada aferra y de ese modo nada pierde”. Lo que Lao Tse defiende -más allá de la malinterpretación- no es la absoluta inacción sino la fusión de la acción del hombre con la acción de la Naturaleza, mediante la suspensión del razonamiento, potenciando la espontaneidad y tratando de minimizar la intervención en la Naturaleza.

El objetivo de esta filosofía, como el de otras tantas, es conseguir llegar a la ataraxia, la falta de preocupación, la imperturbabilidad. La forma de conseguirlo es a través de la suspensión (entiéndase por suspensión más una relajación que una negación) de la acción (无为, “no acción”), lo que implica la suspensión del deseo (无欲, “no deseo”), del conocimiento (无知, “no saber”), de la lucha (无争, “no lucha”) , de la mente (无心, “no mente”) y de la palabra (无信, “no palabra”): “El hombre virtuoso debe abstenerse de toda afirmación”. De nuevo, observamos aquí un claro paralelismo con Sócrates que defendía que al no existir la verdad definitiva era más sensato el callar y el no actuar. En palabras de Lao Tse: “El que sabe no habla; el que habla no sabe”.

Esta idea está en conflicto a la propugnada por Ludwig Von Mises en la Acción Humana que defendía -al igual que Kant- que la razón humana siempre hará uso de la imaginación y nunca quedará colmada por completo. Para Mises, esto hará que el hombre siga persiguiendo sin fin objetivos cada vez más elevados, escalando así en el escalafón de las necesidades con el consiguiente desarrollo sin término de la civilización, provocando el progreso y que los hombres medren cada vez más y más. En Kant, esto hará que el ser humano cada vez se haga preguntas más elevadas sin poder responder, haciendo que la metafísica no transcurra por el camino seguro de una ciencia. De ahí que en Crítica de la razón pura abogase por una cierta suspensión y autolimitación de la razón. Lao Tse, parece dispuesto a quedarse en el primer escalafón de la pirámide de Maslow, suspendiendo el deseo y el juicio (como quería Kant) con tal de alcanzar la ataraxia.

Y aquí es donde se produce una primera contradicción en la filosofía taoísta. Contradicción entre la Naturaleza (Tao) y la autolimitación del hombre que se defiende en el Tao De Jing, pues en la Naturaleza del ser humano está el desear, el plantearse interrogantes, en ir más allá, por lo que ¿autolimitarse significa ir en contra de la Naturaleza, el Tao o por el contrario el Tao no es más que la Naturaleza de todo cuanto existe a excepción del ser humano que queda excluido de ella?

La ambigüedad del lenguaje chino y la oscuridad del texto provoca en los lectores lo que el arte abstracto en sus observadores: que cada uno vea o interprete exactamente aquello que su imaginación le permite. Con una salvedad: todos pueden leerse en el Tao Te Jing a excepción de los arrogantes y ambiciosos, con los que Lao Tse fue claro y tajante.

La leyenda cuenta que Lao Tse se reunió con su coetáneo Confucio y le animó a dejar a un lado las ambiciones y jerarquías que se desprendían de su filosofía:

“Toda vuestra enseñanza no pasa de ser palabras dichas por hombres que hace mucho desaparecieron junto con sus huesos. Cuando un hombre virtuoso se acomoda a su tiempo marcha en carruaje y, cuando no, se mueve sin rumbo llevado por el viento. Suprimid vuestra arrogancia y vuestra ambición, vuestra obsequiosidad y vuestra lascivia; todo ello no favorece en nada a vuestra persona. Esto es todo lo que tengo que deciros”. Confucio se alejó y dijo a sus discípulos: “Sé que un pájaro vuela, que un pez nada, que un animal anda; para el que anda puedo hacer trampas; para el que nada puedo hacer sedales; para el que vuela, puedo hacer arcos y flechas. En cuanto al dragón, escapa a mi inteligencia de qué manera se eleva hasta el cielo. Después de haberlo visto hoy pienso si Lao Tse no será como un dragón”.

Encuentro entre Lao Tse y Confucio.

Y es en este punto donde la filosofía de Lao Tse se acerca más a la de la Escuela Austríaca, concretamente a la Fatal arrogancia de Hayek, donde cualquiera que ose gobernar está cometiendo el error de creer que semejante ardua tarea es posible para un ser humano cuando en realidad no lo es. De hecho, cuanto menos gobierne un gobernante, mejor será. En palabras de Lao Tse:

“Por eso dice el sabio:
De nada me ocupo y el pueblo se enriquece por sí mismo;
No actúo y el pueblo se reforma por sí mismo;
Gusto de la quietud y el pueblo rectifica por sí mismo;
Es mi deseo no tener deseos
Y el pueblo se torna simple por sí mismo”.

“Con un gobierno caótico. El pueblo se torna honrado.
Con un gobierno vigilante malicioso se vuelve el pueblo”.

Este fue uno de los puntos en los que Lao Tse fue más claro de todos y cuyas ideas calaron en la civilización china y tuvieron cierta influencia en las sublevaciones que se han producido a lo largo de la historia de china, como aquella protagonizada durante la construcción de la Gran Muralla China.

A diferencia del taoísmo, para Confucio, el mundo estaba sometido a la voluntad del cielo, mientras que para Lao Tse, estaba regido por el Tao, la las leyes de la Naturaleza, una diferencia que puede parecer sutil pero que hace que ambas corrientes sean políticamente irreconciliables, al admitir una, la taoísta, no más restricción que la Naturaleza y otra, la confucionista, ni más ni menos que la restricción arbitraria de la voluntad del cielo (véase en cielo, símil a gobernante), una diferencia para la libertad individual crucial. Así, Confucio introdujo el concepto de rectitud, de deber (en cierto modo, muy similar al imperativo categórico kantiano) y de jerarquía social.

Como vemos, las ideas anarquistas son tan antiguas como el taoísmo y muchas de ellas no sólo lo defienden por ser moralmente superior y como culmen de la libertad individual, sino porque la reducción de normas conllevará el aumento del orden social.

Asimismo, el taoísmo encuentra un paralelismo importante con el iusnaturalismo o derecho natural, que defiende que los derechos del hombre están fundados en la Naturaleza humana.

En definitiva, el Tao, a pesar de a priori ser una filosofía diferente y oriental, en realidad guarda muchos paralelismos con un gran número de ideas y corrientes occidentales y, aunque es tan genérico e interpretable que cualquiera puede interpretarse en el taoísmo, lo cierto es que es un antídoto contra el abuso de poder y Partido Comunista Chino haría muy bien de preponderar sus principios sobre los de Confucio, todo lo contrario de lo que ha venido haciendo hasta el momento.

Divide et impera.

Máxima latina, que podemos encontrar en las palabras de Julio César, que no es más que un resumen de toda una filosofía política de uno de los imperios más importantes de la historia.

Roma estableció una política militar exitosa consistente en la concentración de fuerzas militares en un único foco. Así Roma en lugar de tratar de anexionar el conjunto de pueblos y ciudades limítrofes de un plumazo, decidió incluir las culturas y costumbres de estos lugares en unos casos, y en otros tratar de proceder a la conquista paso a paso. A la hora de enfrentarse al enemigo en batalla, esta estrategia también se hizo patente, donde las legiones romanas dividían los objetivos militares en unos cuantos e iban concentrándose en uno solo antes de proceder al siguiente objetivo. Asimismo, cuando el imperio entró en decadencia, el emperador Diocleciano lo dividió en dos: el Imperio romano de Occidente y el de Oriente, logrando que el imperio pudiese permanecer vivo unos siglos más.

Resulta que si levantamos la vista y miramos al horizonte de la historia columbramos que ésta máxima -aunque en principio atribuible al Imperio Romano- puede ayudarnos a entender no pocos acontecimientos en la historia de la humanidad.

Para empezar todos los grandes emperadores han fracasado en el intento de conseguir reunir bajo su mando el conjunto de las tierras que conforman nuestro mundo, desde el ya citado Julio César, Alejandro Magno, Napoleón, las dinastías chinas más importantes (Yuan y Qing), los Omeyas, el imperio ruso que llegó a ocupar un 15% del territorio mundial o el III Reich alemán. Muy probablemente este fracaso venga explicado fundamentalmente en “divide et impera”: cuanto mayor es la concentración de poder más difícil se torna manejarlo y dirigirlo. No en vano, el mayor imperio -si bien colonial- de la humanidad fue uno de los que logró hacer gala del principio que nos ocupa, llegando a alcanzar el 22% de la Tierra: el Imperio Británico. Su política colonizadora era inclusiva, tratando de adaptar los usos y costumbres populares y dando cierta independencia a las colonias de la metrópoli, cuyo ejemplo más paradigmático podemos encontrarlo en la India Británica.

Y es que resulta que en el mundo de los seres humanos la división es un principio irrenunciable donde se encuentra el punto de inflexión en una miríada de acontecimientos sociales. Descartes ya trató el mismo en su método, afirmando que la ciencia ante cualquier problema primero debía abordarlo dividiendo el problema en otros más pequeños (análisis) para luego volver a recomponerlo al tiempo que se encuentra una solución (síntesis). Todos los seres humanos básicamente compartimos la misma estructura cerebral y hay cosas inmutables ante la historia, diferentes formas de proceder o ramas del saber.

Así, renombrados economistas como Adam Smith y David Ricardo enunciaron teorías como la división del trabajo y la división (especialización) del comercio internacional, asegurando que si unas personas se encargan de hacer un único tipo de trabajo y otros otro único tipo de trabajo diferente al anterior, al final los resultados serán mejores que si uno se lo hace todo y no intercambia con nadie (como proponía el francés Thoreau). La división, pues, lleva a la especialización, obteniendo un mayor rendimiento de las tareas llevadas a cabo. Es por eso por lo que el proteccionismo, la disminución del comercio y las políticas militares avariciosas con numerosos frentes abiertos fracasan de igual manera: divide et impera.

El pueblo romano, que dejó un impagable legado con su derecho, incluyó este principio al otorgar ciertas ventajas a la “propiedad plural” considerando que era más beneficioso que la propiedad estuviese repartida en muchas manos en lugar de que estuviese concentrada en tan sólo unas pocas, siendo éste uno de los principios básicos del liberalismo que rechaza la concentración de la propiedad en manos del Estado, gestionado además por políticos bajo una estructura e incentivos adversa.

La externalización de servicios, cuando una empresa contrata a otra para que gestione parte de sus funciones, tampoco podría ser explicada si éste principio. Cuando una empresa alcanza determinada dimensión, el control se convierte en más arduo que antes y recibe menos rédito que antes, siendo más rentable externalizar una parte de la empresa a otra.

Es éste pues un principio importante, donde el poder es sostenible siempre y cuando esté dividido en concentraciones más pequeñas, que conviene tener muy en cuenta una gran variedad de situaciones (ámbito familiar, empresarial, estratégico, militar, etc.) y la historia y la psicología dan prueba de ello: divide et impera.

La libertad y el petróleo.

Todos nosotros estamos asistiendo a un acontecimiento de una relevancia mayúscula para la geopolítica mundial que, de continuar en esta tendencia (todo apunta a que así sea), podría cambiar la configuración del mundo y las expectativas que tenemos del mismo.

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Los precios del petróleo llevan descendiendo desde noviembre del año pasado, alcanzando en la actualidad un precio por debajo de los 50$ por barril de Brent, la mitad de lo que valía hace tan solo unos meses. Esto beneficia a los usuarios del oro negro mientras que perjudica a sus productores. Aunque hay que recalcar que gran parte de las empresas petroleras (por ejemplo, Repsol) ven el efecto-precio prácticamente diluido por efecto de los impuestos, por lo que tales empresas obtienen sus beneficios principalmente por el volumen (efecto-cantidad) más que por el precio, no así los receptores de los impuestos.

El cártel de la OPEP, un acuerdo entre países exportadores del petróleo para restringir la oferta aumentado el precio del mismo y así maximizar las rentas que pueden obtener del resto del mundo, parece tener un adversario situado en el frente de la libertad. La revolución del fracking (o fracturación hidráulica) ha permitido a EEUU reducir su demanda de hidrocarburos en el exterior. Esta revolución lleva fraguándose mucho tiempo y es ahora cuando está comenzando a dar sus frutos. La revolución está para quedarse. El sector del fracking, como apunta el experto Daniel Lacalle, es uno de los menos endeudados (presentando un ratio de deuda no financiera sobre beneficios antes de intereses, depreciación e impuestos entre 0.4 y 1.5).

¿Qué puede hacer la OPEP para defenderse? Incrementar aun más la restricción parece improbable, también se obtienen rentas por el volumen y no sólo por el precio y, sobre todo, la producción de petróleo cada vez es menos una actividad monopolística, por lo que la típica estrategia de la OPEP tendría ahora pocos visos de éxito.

Por otro lado, las energías renovables, si bien todavía presentan una dudosa competencia a los hidrocarburos, han reducido enormemente sus costes por unidad de energía en los últimos años y están proliferando por todo el mundo, cuyo máximo ejemplo es China, que acaba de invertir masivamente en energía solar y eólica. Poco a poco, todo apunta a que la demanda de petróleo vaya disminuyéndose en términos relativos. Cada vez una unidad adicional de crecimiento económico requiere de menos cantidad de petróleo. No olvidemos tampoco que la eficiencia energética es fundamental también para el desarrollo.

Parece que el negocio monopolístico del petróleo tiene los días contados, cuyos participantes carecen de un modelo económico diversificado (como requeriría el de una economía moderna) y en estos momentos cuentan con graves problemas para afrontar sus pagos. El paradigma de ello es Venezuela, cuyos ciudadanos han estado imbuidos en un inmenso espejismo socialista, el espejismo del petróleo. Rusia ha empezado a censurar las noticias económicas en los medios rusos y se espera que se empiecen a tomar medidas para revertir la previsión de caída del PIB para este año en más de un 5%.

La conclusión de todo ello es que la libertad sigue abriendo camino por el mundo y aquellos que apostaron por la manipulación de los precios y el desarrollo de un sistema extractivo están sufriendo sus consecuencias, viéndose obligados a buscar financiación desesperadamente y a implementar reformas y avanzar hacia la apertura y la diversificación económica. El poder económico inclina aún más su balanza a los partícipes del librecambio, lo que trasladará peso geopolítico en sus territorios en un futuro no muy lejano.

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