El fin de la guerra contra las drogas (II) : guerra total y armisticio

Guerra total

Hablábamos en el primer artículo de las razones por las que los distintos gobiernos prohibieron determinadas sustancias psicoactivas entre la década de los 10 y los 60 del siglo pasado. En 1971, el gobierno norteamericano decidió recrudecer la prohibición mediante la «guerra contra las drogas», bautizada de esta forma por el presidente Nixon. En el marco de la ONU, el documento internacional que va a definir la postura respecto a las drogas desde esta fecha va a ser el Convenio sobre sustancias psicotrópicas firmado en Viena en 1971.

Pero primero hagamos un repaso por su precursor, la Convención Única de Estupefacientes de 1961. Esta había sentado las bases de la prohibición mundial: fue firmada por 71 países y en ella se pretendía ilegalizar el cultivo, la producción y distribución en todos los países. Además, se creó la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Por último, se inauguró el sistema de listas. Cada sustancia controlada era incorporada a una de las cuatro listas. En la lista 1 se incluían el opio, la morfina, la cocaína, etc.; en la 2, la codeína; en la 3, ciertos preparados que se podían obtener sin receta; por último, en la 4 se colocaban sustancias consideradas muy peligrosas, donde se incluyó la heroína y la marihuana.

En el Convenio de 1971 se incluyen más sustancias y se hace una remodelación de las cuatro listas. A partir de entonces, en la lista primera se incluirán las drogas más populares durante la contracultura, a saber, LSD, THC, Psilocibina…Estas sustancias eran consideradas muy perniciosas y con uso médico o científico muy limitado que habría de pasar costosos trámites para su investigación. A las sustancias del resto de listas se las limitaba al uso médico. En la lista 2, se incluían los derivados anfetamínicos; en la lista 3, los barbitúricos; por último, en la lista 4, otros tipos de barbitúricos.

EE.UU. encontrará tres maneras de hacer cumplir la prohibición en todo el mundo. En primer lugar, se financió la destrucción de plantaciones en los países productores. También se llevaron a cabo represalias contra los países que no cooperaban en la guerra contra las drogas. En segundo lugar, sus farmacéuticas exportaban drogas lícitas para sustituir a las prohibidas. Por último, se aseguraron de que los demás países introdujeran legislaciones represivas.

La exportación de la cruzada supuso destruir tradiciones milenarias en países como Persia, gran consumidor de opio, además de la ruina de campesinos que vivían del cultivo de la adormidera.

Al lanzarse la guerra total, el usuario de drogas que busca una sustancia energética, recurrirá a la cocaína en el mercado negro. Por otro lado, empezó a llegar heroína muy barata y de calidad a Europa y EE.UU., dando paso a la era de los grandes narcotraficantes y grupos mafiosos alrededor de estas dos sustancias. Como dato, entre 1961 y 1972, el número de adictos a la heroína pasa de 50 mil a 560 mil en EE.UU.

Armisticio

Desde los años 80, nos encontramos en la era del sucedáneo, en la que el número de fármacos no para de multiplicarse gracias al trabajo de miles de laboratorios clandestinos. A nivel legislativo, los distintos acuerdos suscritos caminan hacia un armisticio. Veamos cómo han evolucionado hasta hoy:

El tercer texto internacional en el que se basa la prohibición es la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, celebrada en Viena en 1988. Supone uno de los acuerdos más duros en materia de drogas. Con una urgencia manifiesta desde el primer momento, este convenio se centra en coordinar a los distintos países para atajar el tráfico ilícito que venía creciendo desde los años 70 y 80. Asimismo, se exige a los estados que introduzcan en sus legislaciones una serie de tipos penales como el cultivo, tráfico, etc. de las sustancias ilícitas incluidas en los convenios. Asimismo, se promueve también penar la posesión de estas mismas sustancias e incluso la elaboración para consumo propio. Para estos tipos de delitos se exige penas de prisión o multas, en ocasiones combinadas con tratamientos de rehabilitación. Se incluye además la extradición de traficantes, una medida anhelada por países como Estados Unidos debido a su sospecha de que muchos narcos recibían tratos de favor en su país de origen.

El único elemento abierto del tratado es la llamada a tener consideración por sustancias ilícitas que les son permitidas a ciertos pueblos por razones históricas, así como al respeto por los derechos humanos fundamentales.

Diez años más tarde la ONU celebra la vigésima Sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) sobre drogas. Con el optimista lema «Un mundo libre de drogas. Podemos hacerlo», este será el último documento internacional hasta la fecha que preconice claramente una guerra para frenar oferta y demanda. En el caso de la demanda, mediante medidas de prevención y represión. En los países productores, sus objetivos para 2008 serán reducir el número de plantaciones de arbustos de coca, marihuana y adormidera, también con una mezcla de mano dura y amplitud de miras, fomentando actividades lícitas en el agro andino para disuadir a los campesinos de cultivar estas plantas.

Dicha política se va a aplicar en el llamado Plan Colombia, acordado entre los EE.UU. y Colombia durante los años 1999-2000. En este tratado se dan cita dos voluntades: la estadounidense consistía en financiar un programa de estabilidad en la región que permitiese frenar a las FARC y el tráfico de cocaína a Norteamérica; Colombia, por su parte, buscaba recibir apoyo económico para asentar sus instituciones y forjar un estado de derecho que le hiciera un hueco en el siglo XXI. La consecución de estos objetivos, tal y como planteaban los tratados mencionados anteriormente, se realizarán a través de una mezcla de represión y ayuda económica. Por un lado, se hacían fumigaciones en las plantaciones ilícitas y, por el otro, se financiaban programas de inclusión para que los campesinos no viesen incentivo en estas plantaciones. En materia de drogas, el deseo era reducir el comercio de cocaína y heroína. Tras años de aplicación, los resultados son ambivalentes. Por un lado, para 2006 las plantaciones de adormidera se habían reducido en un 50%, mientras que el tráfico de cocaína ha aumentado en un 4%.

En 2009, los distintos estados miembro de la ONU se reunieron en Viena para analizar el progreso que se había conseguido en los objetivos fijados en 1998. Se sigue hablando de contrarestar el «problema de las drogas». El análisis vuelve a ser contradictorio. Antonio María Costa, Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, celebra en su declaración previa a estas sesiones el buen resultado en número de adictos y el cultivo de coca en los Andes, que cae un quinto respecto a diez años atrás. Sin embargo, se lamenta por el aumento de poder de los grupos armados que controlan el tráfico. A pesar de creer que el UNGASS 1998 ha ayudado a concienciar a la población sobre el denominado problema de drogas, la cifra sobre el valor comercial del tráfico de drogas ofrecida constata el fracaso: se calcula en 300 mil millones de dólares estadounidenses al año.

UNGASS 2016

La siguiente sesión especial estaba prevista para 2019. Sin embargo, México, Colombia y Nicaragua, cansados de cargar con miles de muertos a sus espaldas, solicitaron un adelanto de esa reunión a 2016. Muchos esperaban de esta un documento que otorgara más protagonismo a la «reducción de daños» (harm reduction), una especie de política de mano izquierda que consiste, entre otros métodos, en terapias de sustitución con opiáceos para adictos a la heroína y programas de sustitución de jeringuillas para evitar contagios de hepatitis C o sida entre usuarios. Sin embargo, dicho concepto quedó fuera del texto debido a las presiones rusas, que durante los últimos años ha intensificado su guerra contra las drogas. También China e Irán presionaron para que no se incluyeran referencias a la pena de muerte por narcotráfico. Sin embargo, el UNGASS 2016 supone el comienzo de una política internacional sobre drogas basada en la flexibilidad, donde convivirán políticas nacionales represivas como la rusa o la china con políticas de reducción de daños, más comunes en Europa y Norteamérica. En estos países ya no se trata de querer eliminar el uso de las drogas, sino aceptar su uso y tratar de que los usuarios se hagan el menor daño posible durante el consumo.

Pero vayamos a lo concreto. En el próximo artículo echaremos un vistazo a los últimos cambios que se han producido en distintos países durante los últimos años, algo que nos aclarará la situación a comienzos del año 2017.

El fin de la guerra contra las drogas: comienzan los susurros (y III)

Últimos cambios

El país que inició la guerra contra las drogas está siendo de los primeros en producir su caída. En el año 2012 los estados de Washington y Colorado legalizaron el uso recreativo de la marihuana. Desde entonces, otros seis estados han seguido su ejemplo, entre ellos la gigantesca California, con 40 millones de habitantes. Washington D.C. también ha despenalizado la posesión y la marihuana terapéutica es ahora legal en 29 estados.

Mientras tanto, la prohibición federal sigue vigente, pero no se ha aplicado durante estos años para impedir el avance de la legalización. Sin embargo, los empresarios de la marihuana aún se encuentran en situaciones económicas precarias, pues debido a esta prohibición federal no pueden solicitar préstamos a los bancos, que temen posibles represalias federales.

Su vecino del norte, Canadá,  se ha caracterizado desde hace tiempo por una visión aperturista en materia de drogas. Desde el año 2001 la marihuana terapéutica es legal en el país. Ahora el gobierno canadiense plantea una legalización de la marihuana recreativa en 2017, por lo tanto su venta legal podría comenzar en 2018. También es interesante la clara política de reducción de daños respecto a la heroína. Mediante este programa, los heroinómanos que no han tenido éxito mediante otros tratamientos reciben heroína pura para que no tengan que trotar la calle cometiendo robos para conseguir una dosis adulterada.

En el año 2001, Portugal decidió despenalizar el consumo y la posesión de todas las drogas. Si a una persona se le encuentra un máximo de dosis para diez días, será llevado ante una comisión compuesta por un abogado, un trabajador social y un médico y decidirán si imponer una pequeña multa o un tratamiento. En 1999, el 1% del país era adicto a la heroína y tenía la mayor tasa de muertes por sida de la Unión Europea. Tras la despenalización, el consumo de droga se ha reducido. Asimismo, las tasas de infección de sida se han reducido a mayor velocidad que en otros países europeos. El modelo portugués puede suponer un ejemplo para el resto de países que quieren adoptar un enfoque sanitario antes que penal.

En España, la única iniciativa con perspectiva de prosperar es el proyecto La Rosa Verda, en Cataluña. Con él se busca regular los clubes de cannabis a los que se permitiría dispensar marihuana a sus socios. De momento se han conseguido las firmas necesarias para que se debata en el Parlamento de Cataluña. Si la ley tiene éxito, es muy posible que la iniciativa se extienda al resto del país.

Al otro lado del globo, mandatarios como Duterte, presidente de Filipinas, han optado por una política de mano dura que busca limpiar el país de drogas. Desde su llegada al poder en junio de 2016, Filipinas ha apostado por la vía de la represión. Hasta ahora se han contado más de 6000 muertes de traficantes y consumidores relacionadas con esta escalada.

Qué esperar en el futuro

Donald Trump

Donald Trump se ha revelado como una personalidad imprevisible. Lo que sabemos de él hasta el momento sobre el tema es que, según sus declaraciones, jamás ha fumado un cigarrillo ni bebido una copa de alcohol. Tampoco se conoce que haya consumido jamás ninguna sustancia ilícita. En cuanto a la marihuana, ha sostenido estar a favor de su uso terapéutico y permitir a los estados legalizar su uso recreativo.

Más al margen de meras declaraciones, observemos el perfil de Jeff Sessions, hombre a quien ha nombrado Fiscal General. Sessions anteriormente ha sido Fiscal General de Alabama y senador. Su actividad en el senado ha estado marcada por su carácter conservador, mostrando su oposición a la inmigración y el matrimonio homosexual. En materia de drogas, en una sesión del senado en abril de 2016 se mostró claramente en contra de la legalización de la marihuana, ya sea para fines médicos o recreativos, y afirmó que «las buenas personas no fuman marihuana».

De momento conocemos el perfil prohibicionista de Sessions. Sin embargo, ya son 65 millones de estadounidenses quienes viven en estados donde la marihuana recreativa es legal, y aplicar la prohibición federal podría interpretarse como un ataque a los derechos de los estados. Además, uno de los estados que ha legalizado es California, con 40 millones de habitantes, donde Hillary Clinton dobló en votos a Trump y no ha parado de cundir el descontento, incluso las tesis que defienden una improbable independencia de este estado. Hay razones para pensar que no se va a reactivar la guerra contra la marihuana, pero solo la realidad nos enseñará el camino.

Respecto al futuro legal de la marihuana recreativa, el horizonte parece optimista. Es probable que en el plazo de cinco años la marihuana recreativa sea legal en más de la mitad de estados en Estados Unidos y cabe esperar que algún país europeo abra la vereda de la región, al margen de la tradicional política permisiva holandesa. En Latinoamérica ese país ha sido Uruguay y en cuanto un país de mayor peso en Hispanoamérica legalice, es probable que veamos un efecto dominó.

Con unas perspectivas positivas respecto a la marihuana, cabe preguntarse por el destino de otras sustancias ilícitas. La MDMA, por ejemplo, combinada con la psicoterapia adecuada, tiene un potencial muy beneficioso para el tratamiento del estrés postraumático y los conflictos entre parejas y familias. La Agencia de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA) ha autorizado un estudio con enfermos de TEPT utilizando este fármaco junto a sesiones de psicoterapia. El estudio será financiado por la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psiquedélicos, que ha recaudado el dinero necesario mediante crowdfunding. Un buen resultado podría suponer la legalización del éxtasis terapéutico, un paso importante para levantar el tabú que le ha supuesto ser droga ilegal y abrir el camino para una posible legalización con fines recreativos a largo plazo.

Por último, la normalización de las drogas no se decide únicamente en el ámbito legal. La sociedad siempre le lleva la delantera a la legislación e internet ofrece un mercado de drogas de buena calidad y sin violencia de por medio. A través del navegador Tor, que permite utilizar internet de manera anónima, el usuario de drogas puede entrar en distintos portales en los que se venden sustancias ilícitas a cambio de la moneda digital bitcoin. Cada cierto tiempo, los portales son cerrados por la policía, como en el caso de Silk Road (La ruta de la seda), pero inmediatamente vuelven a abrirse otros portales. El comprador recibe el producto en el buzón de su casa al cabo de un tiempo. La uso combinado de estos dos mecanismos, el bitcoin y tor, no entraña pocas dificultades, la seguridad sigue siendo escasa, pero se han eliminado a los intermediarios violentos y la autoorganización de las sociedades modernas promete para el futuro un mercado más elaborado, con mayores controles de seguridad y una mayor pureza de la sustancia.

En conclusión, la guerra contra las drogas nació como un experimento dispuesto a despojar al ser humano de ciertas sustancias demonizadas y lo que ha provocado ha sido un aumento de consumidores, oferta y desarrollo técnico de su elaboración. En un principio se optó por la vía represiva a escala mundial, apostando por la quema de cultivos y la criminalización de usuarios. Pasando las décadas, a principios del siglo XXI fundamentalmente los países consumidores han adoptado un enfoque de reducción de daños, en el que se acepta la inclinación humana a la ebriedad y de lo que se trata es de que se perjudique a la menor gente posible. Las dos primeras décadas de este siglo están viviendo un nuevo enfoque de la política de drogas que tiende a flexibilizar las medidas, de manera que una parte del globo apuesta por las políticas de mano izquierda y otra por las de mano dura. Entre tanto, los consumidores han aprendido a convivir con las drogas y a darse cuenta de que es esencial atender a la pureza del producto, el contexto en el que se toma y el estado anímico del usuario. Escohotado ha afirmado que la guerra contra las drogas acabará entre susurros, algo que ya podemos notar en los diálogos internacionales y, donde es aún más importante, en la relación cotidiana del individuo con las drogas.

 

El fin de la guerra contra las drogas (I): Los orígenes de la prohibición

Introducción

Existen diversos temas que se han mantenido polémicos en prácticamente todos los rincones del orbe desde la noche de los tiempos, a saber, el sexo, la religión, la muerte, la escatología… En la lengua, estos temas se desdoblan y dan lugar, por un lado, a los tabús y, por el otro, a la transgresión. El lingüista Steven Pinker sostiene que precisamente de estos tabús derivan nuestro lenguaje malsonante y su contraparte políticamente correcta, los eufemismos.

Todos estos tabús proceden de épocas pretéritas cercanas al nacimiento de los pueblos. No obstante, hay un tema tabú cuya aparición es propiamente moderna. Me refiero al de las drogas. Pocos campos semánticos se han expandido tanto en el último siglo hasta el punto de generar diferencias de registro y regionales.

Todas las sociedades que se han conocido hasta la fecha han tenido relación con al menos un fármaco. Esto quizá se deba a que para el ser humano la necesidad de embriagarse es tan fuerte como la de otros placeres. Sin embargo, en ninguna otra época se había temido tanto a ciertas drogas como para sostener que existe un problema con ellas y que hay que declararles la guerra. Para comprender los fundamentos de la prohibición de ciertas sustancias, lo mejor será hacer un repaso a sus orígenes.

El origen de la cruzada

Ya en sociedades pasadas encontramos escritos en los que se recrimina el abuso de drogas como el vino, pero para que el reproche se convierta en guerra total, hemos de remontarnos a la sociedad estadounidense de principios del siglo XX.

Los hechos sociales son multicausales y la guerra contra las drogas no es una excepción. A principios de siglo se dan cita en EE.UU. una serie de factores que desencadenarían una nueva perspectiva en materia de drogas. Todas ellas vienen descritas a la perfección en la canónica Historia General de las Drogas de Antonio Escohotado.

En primer lugar, el siglo XX supone en buena medida la secularización de occidente. La firme creencia en Dios comienza a languidecer y los sacerdotes pierden su posición como rectores morales. Alguien tenía que ocupar ese espacio. Es entonces cuando gana protagonismo el estamento médico. La moral de la sociedad futura se guiaría en buena medida por pautas farmacológicas.

En segundo lugar, los diferentes movimientos prohibicionistas comenzaron a unificarse en torno a los clubes religiosos y el Prohibition party. De esta forma, se logró crear un grupo de presión lo suficientemente potente como para forzar leyes que restringieran el uso de fármacos.

Por último, y quizá como fundamento principal, tenemos las tensiones raciales propias de la sociedad norteamericana. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, la población blanca comenzó a demonizar a una serie de minorías étnicas a quienes relacionaban con diversas sustancias corruptoras. Al alcohol, por ejemplo, se lo asoció con irlandeses e italianos, que, al ser católicos, eran mal vistos por los protestantes; a la cocaína, con los negros, una minoría que, tras la abolición de la esclavitud, buscaba igualar sus derechos a los de la población blanca. Finalmente, los chinos habían padecido el odio de los sindicatos debido que trabajaban más horas por menos dinero. Los más horrendos efectos eran atribuidos al opio que fumaban. Algo más tarde, llegará el turno de los mexicanos. Durante los años 20, miles de mexicanos habían emigrado al país para satisfacer la enorme oferta de trabajo que había en EE.UU. Tras la pérdida de empleos, se convierten en un grupo indeseable de personas que son percibidas como ladrones de trabajos. La droga con la que se los relacionó en este caso fue la marihuana. A ella se le atribuía un gran protagonismo en los delitos de sangre, en las violaciones y en comportamientos sexuales contrarios al que marcaba la moral puritana. Se puede ver un buen ejemplo de esta propaganda en la película Reefer Madness.

Sin embargo, iniciar una cruzada contra un fármaco corre el riesgo de ser en balde si no se hace a escala internacional, puesto que si los países productores de las sustancias prohibidas no persiguen la elaboración, se infiltraría sin problemas en el único país que las proscribe. Esta circunstancia coincidió con dos factores determinantes para la historia del siglo XX. Por un lado,  el comienzo del imperialismo norteamericano en 1898 tras la guerra de Cuba y, por otro, la doctrina del Destino Manifiesto según la cual el destino de los Estados Unidos consistía en limpiar el mundo de inmoralidad.

Comencemos primero por el desarrollo de la prohibición a nivel interno. Aunque diversos estados habían prohibido el alcohol o el tabaco, nunca se había llevado a cabo ninguna proscripción a nivel federal. La guerra contra las drogas se iniciará con la denominada Ley Harrison (Harrison Narcotics Tax Act). No era una ley estrictamente penal, sino fiscal. De lo que se trataba era de regular y gravar la producción, importación y venta de cocaína y opiáceos. Asimismo, los médicos podían recetar estos fármacos para tratamientos regulares, pero no para el tratamiento de adicciones. Aunque la ley no prohibía expresamente estas sustancias, marcaba un nuevo camino en política de drogas.

En 1919 se tendrá como objetivo el alcohol, mediante la Ley Volstead, más conocida como Ley Seca, que prohibía la producción, distribución, importación y exportación de bebidas alcohólicas, a excepción de la sidra, el vino de la misa, y de ciertos fines como el médico o científico. Esta ley no tuvo como consecuencia la reducción del consumo, sino que produjo envenenamientos por adulteración con alcohol metílico y corrupción en distintas capas de la administración. Al mantenerse la demanda de alcohol, surgen grupos mafiosos para satisfacerla a través del crimen organizado, cuya gran figura es Al Capone. Los múltiples casos de corrupción y el poder de las mafias, así como la desobediencia civil y la necesidad del fisco de recuperar ingresos tras el crack del 29, llevaron a la derogación de la ley en 1933.

Por último, la Marihuana Tax Act de 1937 termina por establecer la prohibición en su primera fase al crear un impuesto a fabricantes y distribuidores de marihuana.

Por otro lado, la prohibición tiene que imponerse a nivel internacional y a través de diversos tratados se va a crear una nueva política internacional. A pesar del creciente poder de los Estados Unidos, se trataba de una ardua tarea puesto que había países cuyo PIB dependía en buena medida del opio como, por ejemplo, Turquía e Irán. Como prueba de esta dificultad, fracasaron los primeros intentos, a saber, la reunión de Shanghai en 1906 o la Convención de Ginebra de 1925.

Fue a partir de las convenciones de Ginebra de 1931 y 1936 cuando la mayoría de países establecen las bases de una cooperación en política de drogas. Entre otras, se adoptan medidas como comprometerse a castigar la tenencia y tráfico de ciertas sustancias, la creación de policías especializadas y de la Comisión de Estupefacientes y la Junta de Fiscalización de Estupefacientes.

Desde la década de los 30 hasta la de los 60 reina un estado de tranquilidad debido fundamentalmente a que existían drogas legales que producían el mismo efecto que las que se hallaban proscritas, por ejemplo, las anfetaminas aún eran legales y mantenían el consumo de cocaína al mínimo; lo mismo sucedía con las benzodiacepinas, que compensaban la prohibición de los opiáceos. De esta forma, el mercado negro permanecía muy debilitado ya que los usuarios preferían la alternativa legal.

Tras la calma llega la tempestad y la década de los 60 va a suponer una reacción dialéctica a la tranquilidad de los 50. Es la década de la lucha contra la guerra del Vietnam, por los derechos civiles, de la revolución sexual y, por supuesto, del consumo de drogas, especialmente de las psiquedélicas.

Durante esta década van a causar furor especialmente dos drogas de corte psiquedélico: la marihuana, que ganó la popularidad de la que careció inicialmente, y la LSD, una potente sustancia visionaria descubierta por el químico Albert Hofmann en 1938. Además, también recibieron atención el peyote y los hongos psilocibios. Todas estas drogas suponían una apertura de conciencia tal que se convirtió en la gasolina del movimiento hippie y de formas alternativas de vivir. Algo que ponía en jaque a la sociedad conservadora acostumbrada a la vida de los años 50.

Asimismo, la prensa sensacionalista instrumentalizó casos de mal uso de LSD, como el de personas se lanzaban por las ventanas creyendo poder volar, causando escándalos en los sectores biempensantes de la época. Por último, comienza a florecer el tráfico de heroína proveniente de Vietnam.

Esta coyuntura transformará la cruzada en guerra total a principios de los años 70. Lo veremos en el próximo artículo.

El rechazo a la globalización

“Imagine all the people sharing all the world” John Lennon.

Decía Thomas Friedman en The World is Flat que en la relación entre los países siempre será necesario un elevado grado de flexibilidad que favorezca la globalización porque eso conlleva enormes ventajas para la sociedad, pero también un cierto número de barreras que evitan poner en peligro la misma globalización, ya que la flexibilidad o movilidad absoluta puede presentar riesgos elevados para la misma.

Por otra parte, en numerosas ocasiones a lo largo de toda la historia, el mundo ha evolucionado dando dos pasos hacia delante y luego uno hacia atrás, período donde se consolidan los cambios anteriormente acontecidos. Parece pues que, a veces, los avances no pueden consolidarse si no se experimentan ciertos errores o fallos. Las dos guerras mundiales vividas en Europa fueron un acicate sin parangón para la creación de la Unión Europea, un proyecto de gran avance para Europa y el mundo en general. La experiencia comunista de algunos países de Asia (Camboya, Vietnam y China) y de algunos países de Europa (Bielorrusia, Ucrania, Polonia) ha servido como escarmiento para que estos rechacen bien de facto o bien de iure el comunismo, por ejemplo.

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Parece ser que esto es lo que está sucediendo actualmente en el mundo en que vivimos, que tras un período globalizador sin precedentes, se está produciendo un proceso de reacción en contra de la globalización donde los ciudadanos de diferentes países reclaman mayores restricciones a la libertad que hace posible la globalización. Fundamentalmente este hecho está sucediendo en el mundo occidental y no tanto en países de Asia donde, debido a grandes barreras lingüísticas y culturales, todavía no se ha producido un proceso globalizador de las dimensiones del que ha experimentado el mundo occidental.

Para entender esta tesis plenamente, conviene estudiar los efectos y el comportamiento de la globalización en el mundo. La globalización es un resultado o efecto espontáneo del sistema económico, político y tecnológico actual. No es un proceso deliberado, creado o dirigido. La tecnología desde la primera revolución industrial en el siglo XVIII empezó a cambiar el comercio, la energía y el transporte. Cada vez era más boyante el comercio, existía más energía disponible y el coste y el tiempo de viaje de un lugar a otro decrecieron ostensiblemente desde entonces. Los efectos de estos cambios no pueden dejar inalterado el sistema político y económico mundial, también han provocado modificaciones en la estructura de las Naciones y los Estados.

En primer lugar, los Estados ven amenazadas sus estructuras, pues el coste de abandonar un Estado para un ciudadano particular se hace más reducido con la globalización. La emigración es más fácil que nunca. Cuando un Estado comete algún tipo de abuso, los ciudadanos pueden emigrar a otro país huyendo de los abusos cometidos (lo estamos viendo actualmente con Venezuela), lo cual es un desincentivo a que los Estados se vuelvan autoritarios (a excepción de aquellos países que cierran sus fronteras y retienen a su población en el interior). No quiere decir que los Estados no puedan volverse autoritarios, sino que, si lo hacen, asumirán un coste mayor que otrora.

Por otra parte, los lazos entre los ciudadanos de todos los países se estrechan y, gracias a la especialización internacional, el comercio y la división del trabajo, se crean mecanismos de cooperación internacional entre los ciudadanos de muchos países, creando la llamada cadena de suministro global (global supply chain). Pensemos en que, por ejemplo, nuestros móviles son diseñados en Corea del Sur, ensamblados en China y diseñados en Estados Unidos, porque cada uno de los países mencionados tiene ventajas en la actividad que desarrolla frente al resto de países.

Así, se crea una competencia internacional entre los Estados y las posibilidades para las personas que quieran transferir sus recursos de un lugar a otro o su residencia puedan hacerlo con mayor facilidad. Así surgen los mercados financieros globales, que son flujos de dinero entre multitud de países a una velocidad vertiginosa, buscando la mayor rentabilidad posible entre todas las alternativas existentes en el mundo y con un solo clic de ordenador es posible trasferir grandes cantidades de dinero de una parte del mundo a otra a ningún coste.

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Como consecuencia, aparecen grandes fondos de inversión de diferente tipo (Mutual Funds, Hedge Funds, Retirement Funds, etc.) con un capital financiero cada vez mayor. Esto hace que los Estados deban orientar su comportamiento a los mercados financieros, ya que la gran mayoría de los Estados emiten deuda pública en el mercado y la sostenibilidad de la misma depende de las condiciones del mercado. Asimismo, surgen empresas internacionales que pueden llegar a facturar más que el PIB de un determinado país, ya que operan en una multitud de países.

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Valor de los activos manejados por los 18 fondos de inversión más importantes del mundo y valor del PIB de España (2016).

La globalización por tanto es una consecuencia de la libertad inherente al ser humano y el desarrollo de la tecnología (Internet, transporte, comunicaciones, servicios bancarios internacionales, etc.) que hace que los Estados pierdan poder y se vean limitados al incrementarse la competencia entre los diferentes Estados del mundo. Como resultado, las barreras necesarias de las que hablaba Thomas Friedman están desapareciendo a un ritmo vertiginoso: las culturas empiezan a mezclarse, las tradiciones corren el riesgo de desaparecer, el poder nacional se reduce en favor del internacional.

Estos hechos que paradójicamente suponen a la vez el debilitamiento de la nación y el fortalecimiento del individuo y el internacionalismo, provocan una reacción en defensa de la nación y por tanto en contra de la globalización. Es paradójico porque los individuos, a la vez que toman sus decisiones de consumo o de migración motu proprio que aumentan la fuerza de la globalización y el poder de las empresas, en el terreno político la población parece dirigirse en contra de los efectos de la globalización demandando políticos que defiendan su nación particular.

 

El origen de este sentimiento antiglobalización quizá pueda radicar en la desconfianza en lo ajeno o en el amor propio, que tiende a rechazar todo aquello que sea diferente o alejado de la naturaleza de cada individuo particular. Cuantas menos características un individuo comparta con otro, menor es la probabilidad de que surja la empatía y por tanto la creación de un grupo entre ambos. El individuo necesita sentir la pertenencia a un grupo (en este caso, nación) antes de abrazar la sociedad global, para la cual todavía no estamos preparados o aclimatados.

Como vemos, pues, el surgimiento de movimientos populistas en todo el mundo parecen compartir algo en común: el rechazo de los efectos de la globalización.

En Reino Unido, la facción más dura del Partido Conservador y los euroescépticos, han canalizado el rechazo a la globalización a través del rechazo a la Unión Europea, culpándola de los problemas migratorios que el Reino Unido tiene, aunque si bien es cierto que muchas de las críticas que el Reino Unido lanza contra la Unión Europea sí están más que justificadas desde el punto de vista liberal (rechazo a la burocracia europea, rechazo a la Política Agraria Comunitaria, rechazo a la cesión de soberanía, apoyo a la limitación del presupuesto europeo, etc.).

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En EEUU, está cobrando cada vez más fuerza el movimiento liderado por Donald Trump, un movimiento populista y contrario al espíritu fundador y constitucional americano, que defiende una política antiinmigración muy restrictiva y una defensa a ultranza del proteccionismo que, según Trump, llevará América a liderar la economía mundial de nuevo, que según nos cuenta China le ha arrebatado o le están arrebatando. En realidad, la causa del desarrollo de China se debe a la globalización, al igual que la deslocalización de las empresas americanas allí, hecho que ha permitido a los estadounidenses liberar trabajadores para dedicarlos a otras actividades y acceder a bienes de consumo más baratos, aumentando su nivel de ahorro y permitiendo que la Reserva Federal pudiese mantener bajos sus tipos de interés por un período más dilatado.

En Francia, al igual que algunos países del norte de Europa, el movimiento también ha sido antiinmigratorio, mientras que en los países mediterráneos es un movimiento populista en favor del mantenimiento del Estado del Bienestar cada vez más amenazado por la globalización, como está ocurriendo en Grecia, España, Italia y Portugal.

En definitiva, vivimos en un mundo posglobal, es decir, una vez que la globalización es una realidad y se ha insertado en la vida de muchos individuos, se produce un rechazo. Rechazo que evidentemente tiene el riesgo de suponer una involución en el progreso del mundo, pero quizá pueda servir para que en el futuro la globalización vuelva a reinar con mayor fuerza que nunca.  Es posible que las tecnologías y la economía avance más rápido de lo que lo hace nuestra sociedad, nuestra política y nuestra mentalidad.

 

 

La desilusión liberal

La historia de la libertad en España es ciertamente desilusionante, como tendremos ocasión de analizar más adelante en este texto. Esta desilusión liberal quizá explique que en España, pese a contar con una tradición liberal importante y un bagaje intelectual respecto al liberalismo que marcó precedentes en Europa, como ponen de relieve los escolásticos españoles y la Escuela de Salamanca, donde autores como el padre Juan de Mariana incluso defendieron el “tiranicidio”, actualmente no exista un estrato social favorable al liberalismo y por tanto tampoco existan partidos políticos en la España moderna proclives a políticas más liberales. ¿La temprana desventura de la libertad en España fue un desaliento al liberalismo en España?

Pese a los enormes reveses que ha sufrido el liberalismo a lo largo de la historia de España, la libertad no ha dejado de producir ininterrumpidos conatos de libertad frente al absolutismo, mostrando una resiliencia excelente. Estos dos hechos, la resiliencia y los reveses sufridos, ha dejado a la libertad en España durante buena parte de su historia en un estado de convalecencia constante: cuando parecía que acababa de recuperarse del último golpe, aparecía de nuevo otro ataque. A pesar de ello, España ha tenido un progreso hacia la libertad, aunque lento y convulso, producto de esta convalecencia de la libertad de la que hablamos.

Y es que la historia no es lineal, ni sigue un patrón de conducta, sino que depende de una pléyade de causas y casualidades (causualidad), donde pequeños sucesos revierten y modifican la correlación de fuerzas y hacen que el devenir de la historia sea muy diferente al de períodos anteriores.

Todo empezó cuando corría el año 1805, momento en que la flota británica se enfrentaba a la flota de España y Francia. El Imperio Británico contra el Imperio Español. Dos de los imperios más importantes de la historia del ser humano frente a frente. Dos modelos muy diferentes de entender el colonialismo iban a medir sus fuerzas.

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Y es que mientras que el colonialismo español se caracterizó por implantar mediante la fuerza una copia de la España peninsular al Nuevo Mundo, a través de la tortura, el adoctrinamiento, la coacción, el saqueo y el esclavismo, el colonialismo inglés en América se caracterizó por todo lo contrario: colonizar nuevos territorios, respetando los usos y costumbres de las tierras indígenas y siempre mediante el libre comercio. Inglaterra no sólo ha sido el Imperio de mayor dimensión geográfica de todos, sino que además pudo enriquecerse culturalmente de otros pueblos.

La flota británica, dirigida por el Almirante Nelson, derrotó a la flota francesa y española el 21 de octubre de 1805, en la famosa batalla de Trafalgar. Se trataba de un hecho histórico que supuso un punto de inflexión en la historia española y marcó el principio del fin del absolutismo.

Tres años más tarde, las tropas francesas se dirigían a Portugal por territorio español, amparadas por el Tratado de Fontainebleau (1807), pero inesperadamente deciden ocupar España, hecho que obligó a los reyes de España a refugiarse en el Palacio Real de Aranjuez. Esto provocó un serio descontento entre la nobleza que junto con la indignación popular causada por la derrota en la batalla de Trafalgar, la impaciencia de Fernando VII por gobernar y la incertidumbre política originada por la ocupación francesa, se produce el 17 de Marzo de 1808 el Motín de Aranjuez, donde una multitud de nobles se agolpa frente al Palacio Real, persiguiendo la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en Fernando VII, que finalmente se produjo. Fueron los primeros estertores del absolutismo.

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Poco más tarde, las tropas francesas reprimieron la insurrección y tanto Carlos IV y Fernando VII fueron a Bayona donde los dos reyes renuncian al trono y se nombra rey de España a José Bonaparte. Una gran cantidad de personas se concentran en el Palacio Real, con el objetivo de asaltarlo. Ante la expectativa de que las tropas francesas trasladen a toda la familia real, el gentío inicia el grito de “¡Que nos lo llevan!”, en referencia al infante Francisco de Paula. Las tropas napoleónicas abren fuego contra la multitud y se origina una lucha callejera, conocida como en Levantamiento del 2 de Mayo de 1808.

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Al tiempo que José Bonaparte I (1808-1813) comienza su reinado, y aunque existía una especie de división social entre los afrancesados y los patriotas, se fue fraguando cada vez un mayor resentimiento a un rey extranjero que derivó en la creación de las Juntas Provinciales y Locales, las que se autoproclaman soberanas y no reconocen a José Bonaparte. En ellas, participan personas de todos los estamentos sociales: militares, el clero, funcionarios y profesores. Estas juntas traspasan su poder a la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, que desembocará en la apertura de las Cortes de Cádiz (lugar donde debatir a buen recaudo y lejos del poder de José Bonaparte) en el año 1810 que tras un período de debate se gesta definitivamente la Constitución de 1812, conocida como la Pepa, por proclamarse el día de San José.

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La primera Constitución liberal española había nacido y con aspectos tan positivos como la libertad de prensa, la defensa de la propiedad, la libertad de comercio, el fomento del liberalismo por todo el Imperio Español y la separación de poderes. Pero la Constitución también recogía las simientes de su propia destrucción: fue aprobada por sufragio censitario y establecía el unicameralismo. El primero hizo que tan sólo las clases altas pudiesen elegir a los diputados; el segundo hizo que la nobleza y el clero no contasen con su propia cámara, viendo reducir ostensiblemente su influencia y poder.

Con la llegada de Fernando VII a España, decreta desde Valencia en el año 1814 la abolición de la Constitución de 1812 y de todas las leyes que de ella derivan y reinstaura el absolutismo en España durante seis años: el Sexenio Absolutista (1814-1820). Durante este período, los liberales se refugiaron fundamentalmente en Londres donde muchos vivían en precarias condiciones y otros fueron aherrojados por Fernando VII en Melilla. Entretanto, los exiliados entran en contacto con ideas liberales en Inglaterra (Mendizábal, Enrique José O’Donell, Diego Muñoz-Torreo, Argüelles) y se crean lugares de actividad política.

En 1820, el general Rafael de Riego realiza un pronunciamiento en favor de la Constitución de 1812 que rápidamente es secundado por otros militares y que obligó Fernando VII a jurar la Constitución de 1812 pronunciando las siguientes palabras: “Machemos todos, y yo el primero, por la senda de la Constitución”. Es cuanto se producen las canciones populares de “Trágala”. Se reinstaura la Constitución liberal en España y se produce el período conocido como Trienio Liberal (1820-1823) donde los liberales encarcelados y exiliados vuelven a España para constituir las Cortes o, en su caso, un nuevo gobierno.

Entretanto, se organizaba el Congreso de Verona (1822), en la que acudió la Cuádruple Alianza, es decir, Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra. En el Congreso se decidió la reinstauración del absolutismo en España, que fue reclamada por Felipe VII, tras el pronunciamiento de Rafael del Riego. No obstante, el Congreso de Verona era reacio a intervenir en España si la Constitución de 1812 era reformada y aprobado un sistema bicameralista. Desafortunadamente, la Constitución en su artículo 375 establecía que no podría reformarse hasta que no fuese puesta en práctica por un período de al menos 8 años.

Durante el Trienio Liberal, se redujo el diezmo a la mitad, pero se obligaba a pagarlo en dinero. Esto rompió con la costumbre habitual de pagarlo en especie, hecho que dio pábulo al rechazo al gobierno liberal entre el campesinado, puesto que la España rural, rica en todo tipo de productos agrícolas y ganaderos, exhibía a menudo falta de liquidez, haciendo muy difícil sufragar las obligaciones fiscales en dinero. Frente a ello, se encontraba la conocida flexibilidad de la Iglesia a la hora de cobrar sus tributos, provocando que el Estado liberal fuese percibido entre el campesinado como un aparato exaccionador inflexible frente a una Iglesia cercana y flexible. También, la separación de poderes auspiciada por los liberales hizo que el poder ejecutivo (el rey) y el poder legislativo se convirtiesen en compartimentos estancos, incrementando el gasto y provocando una inconveniente subida de las cargas tributarias.

Aunque la Constitución de 1812 convirtió la religión católica en oficial, de facto se estaba produciendo un debilitamiento vertiginoso de la nobleza y el clero, al tiempo que crecía el descontento hacia el liberalismo entre el campesinado. Se empieza a producir la primera escisión entre lo que en un principio parecía una amalgama social muy unida en la creación de las Cortes de Cádiz en 1810. Y es que no contar con el clero en una España religiosamente católica fue quizá un elemento más que desestabilizador para el constitucionalismo liberal, elemento desestabilizador que también podemos encontrar en las siguientes repúblicas de España.

Ante este panorama, el rey Fernando VII fue visto como un defensor del catolicismo ante el nuevo orden liberal, por lo que la sociedad estaba fragmentada en dos grupos: los liberales anticlericales y los partidarios de Felipe VII católicos.

La división que se estaba engendrando en la sociedad española, también se reflejaba en el parlamento, donde existía una elevada desunión nada recomendable para un período naciente que buscase romper con el absolutismo. Existía una división entre los doceañistas (partidarios de mantener un equilibrio de poderes que diera al rey algunas funciones) y los veinteañistas (más radicales que proponían la redacción de una nueva constitución). Además existían los que pertenecían a la masonería, que dentro de ellos existía una facción más radical conocida como la Comunería. Por otro lado, estaban los que pertenecían a la Sociedad del Anillo, en donde se encontraban los más moderados de los liberales. Lo cierto es que, lejos de haber una unión entre ellos, existían luchas intestinas y ataques que no hacían más que desestabilizar el período liberal.

Si bien la falta de inclusividad y de unión fue un problema, lo cierto es que fue el período de las políticas más liberales y de voluntad política de llevarlas a cabo de la historia de España. De haberse consagrado el liberalismo, hubiese convertido a España en una de las potencias europeas más importantes y una de las más modernas. Recordemos que la Constitución de 1812 fue una de las más liberales de su tiempo: limitación de poderes del rey, separación de poderes, sufragio universal masculino indirecto, libertad de industria, libertad de imprenta, derecho de propiedad, reconocimiento de la ciudadanía para todos los nacidos en territorios americanos.

Con elevada probabilidad este nuevo aire fresco de liberalismo, hubiese aplacado el descontento que se estaba gestando en los virreinatos españoles hacia la metrópoli, puesto que los criollos pasaban a ser directamente ciudadanos españoles con todas las de la ley y se fomentaba el libre comercio libre de aranceles, que los americanos apoyaban enérgicamente. El diseño territorial español con la nueva Constitución era el de una España federal, donde existía una gran descentralización de funciones y tributos en las regiones, aspecto muy demandado por los virreinatos.

Por otra parte, se aprobó la Ley del Señorío y la Ley del Mayorazgo, donde la primera supuso la equiparación del derecho de propiedad a la del señorío donde todo señorío sería legal en caso de demostrar su certificado de propiedad y la segunda supuso que el patrimonio de las grandes familias españolas fue diluyéndose en el tiempo a medida que iban produciéndose herencias y dividiéndose éste entre el número de descendientes, haciendo cada vez menos poderosas a las susodichas familias.

Mientras tanto, se gestaba en secreto el fin del liberalismo en España, por parte del rey Fernando VII internamente y por parte de Francia externamente. Finalmente en 1823 entraron en España 95.000 soldados, financiados por Francia, al mando del Duque de Angulema, conocidos como los Cien Mil Hijos de San Luis, provocando el derrocamiento del Estado liberal y la vuelta a la reinstauración del absolutismo, iniciándose un período conocido como Década Ominosa (1823-1833).

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, se produjo la primera guerra carlista y Maria Cristina, la viuda del rey, se vio obligada a buscar el apoyo de los liberales para mantenerse en el trono, y configuró gobiernos con los liberales Martínez de la Rosa y Mendizábal, que finalmente aprobó la archiconocida Ley de Desamortizaciones.

El período liberal de la Constitución de 1812, aunque fracasó y se encontró con enormes dificultades internacionales, errores propios, divisiones internas, lo cierto es que marcó un punto de inflexión en España que impidió que el absolutismo volviese a imperar en España y todos los regímenes posteriores tuvieron en cuenta los principios liberales (María Cristina, Baldonero Espartero, Isabel II) y desembocó en la revolución de la Gloriosa de 1868, que provocó el derrocamiento de Isabell II y la instauración del Sexenio Democrático.

A la luz de la historia, podemos ver cómo la libertad en sus numerosos conatos de establecerse ha sido asediada en numerosas ocasiones, pero la libertad ha demostrado resiliencia al renacer una y otra vez, destronando finalmente al absolutismo e incrementando lentamente las libertades de los ciudadanos. Quizá esta desilusión liberal que nos ofrece la historia de España, haya condicionado el resto de intentos republicanos y luego democráticos a dejar a un lado los principios fundamentales de los primeros políticos liberales españoles, que fueron los que realmente derrotaron al absolutismo, al totalitarismo. ¿Fue la temprana desventura de la libertad en España fue un desaliento al liberalismo en España?

Los límites de la historia

Las ciencias sociales, que tienen por objeto el estudio del ser humano, tienen una desventaja evidente en relación a las ciencias naturales: la experimentación es muy difícil de conseguir. Si bien es cierto que se han realizado experimentos con grupos de personas (por ejemplo, en el campo de la neuroeconomía), lo cierto es que hasta la fecha han sido muy limitados. Este hecho dificulta en mucho el proceso científico de las mismas y hace que los hallazgos de las ciencias sociales discurran de forma más lenta.

Recordemos que el método científico, que es formalmente igual para todas las ciencias, comienza con la formulación de hipótesis (para la cual se requiere un cierto grado de imaginación y creatividad, que permita proponer diferentes hipótesis que expliquen la realidad), hipótesis que deben ser contrastadas mediante la experimentación o mediante la regularidad empírica. Algunas hipótesis se aceptan y otras se rechazan. Las hipótesis aceptadas se van acumulando y, por tanto, se va formando un cuerpo teórico que, junto con los métodos hipotético-deductivos y axiomático-deductivos, permiten explicar la realidad.

Resulta que la clara desventaja de las ciencias sociales -la dificultad de realizar experimentos- queda en cierto modo suplida por la historia. La historia nos proporciona una acumulación de experiencias que el ser humano ha tenido bajo diferentes circunstancias y nos permite observar las causas y consecuencias que tuvieron ciertos hechos en el pasado. Así, la historia suple en cierto modo la dificultad de experimentar con el ser humano, al ofrecernos una acumulación de experiencias. Por así decirlo, la historia puede servir de “laboratorio social” (aunque la historia no sea simplemente eso), donde tales experimentos son reales y espontáneos, y no provocados por ningún científico.

No obstante -y está es la tesis fundamental que vengo a exponer en este artículo- aunque la historia pueda ayudar a las ciencias sociales enormemente, la historia en relación a las ciencias sociales cuenta con importantes limitaciones, que deben tenerse muy en cuenta antes de incluir sus relatos a las colecciones de teorías (y también leyes) de las ciencias sociales.

Tal y como defendía Kant en sus tres Críticas (Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio), para que un saber pueda discurrir por el camino seguro de una ciencia es condición sine qua non que se expongan los límites de la misma, para evitar que ciertos saberes se propongan objetivos que no pueden cumplir y asegurarnos que una ciencia no se excede sus límites. Así, en el sentido kantiano, la crítica es lo que nos previene del dogmatismo. Conviene, pues, hacer una crítica de la historia, esto es, analizar los límites que la historia tiene a la hora de aportar su conocimiento a las ciencias sociales.

En primer lugar, la historia nos permite la inducción, es decir, nos permite colegir los acontecimientos que podrán acontecer en el futuro en base a los que sucedieron en el pasado. No obstante, el conocimiento científico debe ser riguroso y ofrecer ciertos reparos a la hora de establecer como regularidad empírica la repetición de hechos pasados y es que la inducción tiene el problema de que nada asegura de que en algún momento los hechos futuros no tendrán por que mimetizar los hechos pasados. Por ejemplo, imaginemos que alguien observa que todos los pájaros son negros y nunca ha visto ninguno de otro color. Utilizando la inducción podrá concluir que todos los pájaros que existen son negros; sin embargo, podría bien suceder que algún día observase algún pájaro de otro color, confirmando el error de su suposición inicial. Pues bien, este es el mismo error al que se puede incurrir utilizando la inducción histórica para explicar los hechos sociales, que podemos resumir con la siguiente frase del refranero español: “Agua pasada no mueve molinos”.

Además -y en conexión con lo anterior- aunque la historia pueda ser muy larga y los hechos históricos puedan estar bien documentados, resulta que la multiplicidad de causas que influyen sobre la sociedad es inmensa y es altamente improbable que las condiciones que vive una sociedad en una determinada época histórica puedan repetirse en otra época histórica. Es decir, lo que fue cierto en una época pasada fue cierto porque existían determinadas condiciones que difícilmente se reproducirán en el futuro.

En segundo lugar, aunque es evidente que el futuro de la sociedad no se construye ex nihilo, sino a partir de una base histórica y de la correlación de fuerzas históricas que se han producido hasta nuestro días, lo cierto es que es imposible determinar el camino por el que discurrirá la historia simplemente analizando el pasado. Dicho de otro modo: conocemos el punto de partida, pero no sabemos con seguridad qué camino tomara la sociedad mañana, y aún mucho menos dentro de un año, y con aún menor seguridad cuanto más alejado en el tiempo proyectemos nuestra vista.

Siguiendo con el mismo razonamiento, lo cierto es que aunque el peso de la historia recae sobre nuestras espaldas (es decir, el pasado nos influye), lo cierto es que el grado de influencia de la historia sobre el presente no es constante: a veces la historia tiene mayor peso sobre el presente y a veces menor. La mayor o menor influencia de la historia sobre la vida del ser humano dependerá de multitud de causas (medio en el que habita el ser humano, conocimiento de la historia previa, cultura que poseen determinadas comunidades, tipos de creencias, tipos de lenguajes, grado de avance técnico y científico, etc.).

En este sentido, aunque es cierto que la historia influye en nuestras vidas y ayuda a explicar el futuro, lo cierto es que el grado de influencia no es siempre el mismo y va variando y nada impide que en ciertos momentos o lugares la historia no sea el determinante principal en el transcurso de los hechos.

De hecho, si sólo la historia fuese el factor que influye sobre nuestras vidas o sobre nuestro presente, y además lo hiciese siempre con la misma intensidad, el ser humano estaría condenado vivir siempre de la misma forma, sería un esclavo de su pasado. Si la vida del ser humano está en continuo cambio, eso es porque además de influir la historia sobre el presente, influyen infinidad de más causas.

Estas son las razones que hacen que el futuro del ser humano sea tan incierto y sujeto a grandes incertidumbres, ya que aunque sabemos que nuestro pasado puede explicar nuestro futuro, nunca sabremos el curso que tomará nuestra vida en el futuro. Esto hace necesario que las ciencias sociales no se limiten a observar la historia, sino también a usar la imaginación, la deducción y métodos rigurosos como las matemáticas que permitan desarrollar modelos y teorías simplificadas de la realidad que permiten explicar la realidad de forma más precisa a la que lo hacen los historiadores. La diferencia es que la historia nos permite ver la evolución que ha tenido la sociedad bajo diferentes circunstancias, mientras que los modelos y colecciones de teorías tratan de generalizar las regularidades empíricas que ocurren en la sociedad, para explicar futuros hechos sociales.

Por ejemplo, en economía podemos citar la ley de la oferta y la demanda, que establece que el precio de un bien o servicio depende del número de unidades ofrecidas y del número de unidades demandadas. Esto es algo que se producirá en el futuro con regularidad y no dependerá de hechos pasados, y además es un aserto general, que puede aplicarse a multitud de hechos (para explicar el precio de las acciones, de los tomates o de las viviendas), lo cual hace que los modelos que usa la ciencia sean más prácticos que la historia en el sentido de ser más generales y poder explicar un mayor número de hechos. 

En conclusión, la historia es un complemento muy útil en cualquier ciencia social, pero conviene tener muy en cuenta los límites de la historia en el estudio de los hechos sociales, para no caer en errores graves como puede ser la inducción, considerar que sólo la historia explica la evolución de la sociedad, considerar que el peso de la historia es siempre el mismo en la sociedad y, sobre todo, obviar los análisis generales y teóricos que precisamente por ello explican multitud de fenómenos sociales. En definitiva, la historia sí tiene cabida en el estudio de los fenómenos sociales, pero como casi todo en la vida, dentro de sus propias limitaciones.

Por qué voto a Ciudadanos

Por el mes de Abril de este año empecé a interesarme por un partido político que me sorprendía la facilidad que tenía para exponer las propuestas que ciertamente eran impopulares pero que sin duda alguna las necesitaba España. Es algo que he venido pensando desde el año 2009 aproximadamente: las medidas más necesarias en España, son las más impopulares.

Siempre había creído que un partido político que proponga algo alejado del pensamiento común, estará destinado a la derrota electoral. Por lo que mis esquemas empezaron a desdibujarse con Ciudadanos.

Estas son algunas de las medidas:

  • Establecimiento del contrato único
  • Legalización de las drogas y de la prostitución
  • Fusión de ayuntamientos
  • Subida del salario de altos cargos de la administración
  • Eliminación de las nuevas líneas de AVE que no hayan sido todavía licitadas

Todas estas medidas parecerían muy impopulares porque van contra el populismo anterior de PP y PSOE. Y, sobre todo, bajo un clima político donde Podemos, un partido comunista con unos ideales muy claros en contra de la economía de libre empresa, empezaba a ganar cada vez más apoyos.

España es un país que necesita reformas serias y mucho más profundas de las que PP y PSOE se han atrevido a realizar en el país, una tibieza alimentada por el miedo a la impopularidad y a la pérdida de votos. Estas reformas, al igual que en la Inglaterra de 1979, serán muy duras y dolorosas a corto plazo, pero inevitables para lograr un país avanzado, próspero, moderno y con incentivos que no perviertan ni corrompan. Ciudadanos ha demostrado no tener ese miedo a reformas profundas, sobre todo, porque llevan estudiando y calibrando los efectos de las reformas que proponen desde hace muchos años, ya que muchos de sus miembros las defendían incluso antes de alistarse al partido.

El ascenso de Ciudadanos no se entiende por tanto sin su economista estrella Luis Garicano, un catedrático de la London School of Economics dispuesto a reformar España de arriba abajo sin temblor de piernas.

España necesita un mercado laboral muchísimo más libre de regulaciones, cargas administrativas e impuestos. Es decir, un mercado más dinámico. El contrato único, a mi juicio, aunque no es perfecto, es la mejor de todas las medidas propuestas para romper con el lastre regulatorio que los desempleados y precarios soportan.

España necesita incrementar su eficiencia y que con el mismo nivel de gasto público se consiga la máxima rentabilidad. Para ello es esencial reducir el poder político, eliminando diputaciones, el senado y reduciendo el poder de las empresas públicas. Además, la corrupción no sólo extrae el dinero directamente robado, sino que introduce incentivos perversos en la economía que son mucho más dañinos para el bienestar de todos nosotros. Se está enviando la señal de que no es la competitividad, ni la productividad ni el esfuerzo lo que prima, sino los contactos, el nepotismo y los favores. A largo plazo, tales incentivos son demoledores para una sociedad.

La reforma fiscal de Ciudadanos está diseñada para que el sistema impositivo de España sea más eficiente y recaude el mismo dinero sin interferir en las decisiones de consumo de los individuos; es decir, se recaude lo mismo dañando lo menos posible al sector privado. De ahí que se eliminen los tipos superreducidos y se baje el IVA general al 18%. Asimismo, todas las exenciones fiscales serían eliminadas en la medida de lo posible, para eliminar todos los agujeros del sistema fiscal español. El IRPF se reduciría para todos los tramos también un 3% de media.

Por otra parte, Ciudadanos se ha mostrado contrario a seguir hinchando la burbuja de las infraestructuras públicas, al declarar que no se licitarían nuevas líneas de AVE. Recordemos que España es el segundo país en líneas de ferrocarril después de China con un nivel de pasajeros muy reducido, que para que fuese rentable se necesitarían multiplicar el nivel de pasajeros por cinco. Además, en muchos casos el AVE supone un ahorro de tan sólo media hora con respecto a las líneas anteriores. Y teniendo en cuenta que los ingresos ni tan siquiera sirven para cubrir los costes variables, el despilfarro es absoluto. El gasto en AVE de España se cifra en 50.000 millones de euros, un 50% de los ingresos públicos totales de un año y que generará un déficit vitalicio para la administración. Ciudadanos propone destinar la inversión a nuevas líneas, a tecnología de alta calidad relacionada con la computación.

Ciudadanos es por tanto el partido político que propone las medidas económicas más urgentes en España y demuestra una valentía importante al no verse tan influido por la popularidad o impopularidad de las mismas. El partido cuenta con expertos económicos al más alto nivel, formados en el extranjero, dispuestos a convertir España en un país más moderno. Para mí la economía es el aspecto más importante en la sociedad porque es lo que otorga oportunidades a los ciudadanos para poder llevar a cabo un plan de vida, es lo que aporta medios para que los fines de las personas puedan realizarse. Aunque no es el partido perfecto, sin duda es el que más se acercaría a la modernización de España.