Las cosas como son

La prohibición de llevar el “hiyab” a una chica marroquí en un colegio de Pozuelo de Alarcón ha levantado polémica, generalmente gracias a cierto sector del colectivo islamista y a la progresía más desvergonzada. El caso es que el colegio tiene una ley interna que prohíbe a los alumnos llevar la cabeza cubierta con cualquier prenda y no se le permitirá entrar de nuevo hasta que lo haga sin “hiyab”.

Se habla de islamofobia y discriminación, de ataque a la religión islámica, pero lo que acaba de ocurrir en Madrid me parece, cuanto menos, un gran ejercicio de integración entre culturas. Me explico. Estamos en España y la ley debe ser la misma para todos. El día en el que dentro del mismo marco estatal existan leyes que varíen dependiendo de la cultura, se producirá una segregación cultural, algo que frenará en seco la integración de los grupos minoritarios. La ley del colegio es la misma para todos, por lo tanto la han de respetar todos los alumnos sea cual sea su cultura. La normativa prohíbe llevar cubierta la cabeza, así que si un alumno español lleva una gorra, por ejemplo, también se le prohibirá la entrada.

Las chicas llevan esta prenda de manera totalmente voluntaria. Según algunos musulmanes el “hiyab” es para ellas una seña de identidad, es decir, no obedece a la voluntad de sus padres. Esta declaración no hace más que hablar más a mi favor, porque hay españoles que pueden llevar una gorra porque les proporciona identidad.

Este tipo de cosas nos ocurren porque no hemos sabido dar a tiempo un golpe sobre la mesa, como ya han hecho países como Francia. Esto es España y se deben, por tanto, respetar las normas comunes, ya que, como establece nuestra constitución, somos iguales ante la ley, en derechos y en deberes, no sólo para nuestros intereses.

Además, han pedido tolerancia religiosa para las prendas de vestir que utilizan las mujeres musulmanas. Mi tolerancia consiste en que respeto su vestimenta incluso cuando me consta que algunas de sus prendas significan sumisión al varón, y eso es algo que en Occidente dejamos atrás hace tiempo. Por cierto, la tan feminista Bibiana Aído rara vez se ha pronunciado sobre el tema de la discriminación que sufren las mujeres musulmanas. La pregunta que yo tengo para los que piden respeto para el Islam es ¿respetarían ellos en sus respectivos países a una mujer occidental que llevase una minifalda? Seguro que la mayoría no lo haría, la mujer en cuestión correría el riesgo de ser apaleada o detenida por las autoridades locales.

Por supuesto, esto no debe ser una excusa para que los imbéciles de la extrema-derecha coloquen pegatinas en la puerta del colegio atacando a los musulmanes, ésos que defienden la misma idea que los islamistas más radicales pero traducida a su cultura.

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2 comentarios el “Las cosas como son

  1. Psametiko dice:

    Así es. Pero creo que antes de mirar a los demás debíamos mirarnos a nosotros mismos y desterrar de los colegios e instituciones públicas crucifijos y biblias.

  2. anveger dice:

    Pues sí y no sé porque esta historia ha tenido tanta repercusión, habrá alguien interesado en hacer creer que hay islamofobia.

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