Moneda flexible; pobreza fija.

¿Es mejor un mundo donde las diversas monedas fluctúan entre sí a tipos de cambios flexibles, como defienden los monetaristas, keynesianos y mundellianos o sería más favorable para los deseos de todos los consumidores un mundo donde sólo existiera una única moneda?

I

Argumentos de ambos bandos

Todos los economistas, sin distinción de ninguna clase, reconocen que un sistema monetario internacional regido por el patrón oro tendrá las mismas consecuencias que uno regido por una moneda única. Ello es natural pues, en efecto, en ambos casos la posibilidad de intervención estatal en la moneda sería prácticamente nula.

Ahora bien, en lo que difieren es que unos consideran positivo la intervención estatal en la moneda, mientras que otros no. En este artículo pretendo analizar los efectos que tendría un mundo (o, mutatis mutandis, una región) con una moneda única, o con tipos de cambio fijos entre las monedas o con un patrón oro, frente a un mundo (o región) compuesto por diversas monedas que fluctúan entre sí a tipos de cambio flexibles, como el mundo actual.

Los defensores de los tipos de cambio flexibles actuales, que son la mayoría, argumentan que hay ciertos factores que no presentan movilidad entre países, por lo que los desequilibrios no podrán solucionarse por sí mismos. Imaginemos que hacen falta trabajadores en Alemania y sobran en España. El problema tendría una solución muy sencilla: tan sólo basta con que los desempleados españoles emigren a Alemania.

Sin embargo, los defensores de los tipos de cambio flexibles argumentan que la situación podría solucionarse más rápidamente y fácilmente. Bastaría con devaluar la moneda española, abaratando los productos españoles con respecto al resto del mundo, lo cual incrementarán las exportaciones españolas, creando industria en España y dando cobijo a los desempleados, al tiempo que la balanza comercial mejora extraordinariamente. En definitiva, los tipos de cambio flexibles serían, para estos economistas, un sustituto de la movilidad de los factores entre países. Los desequilibrios se corregirían al instante.

II

División del trabajo mundial

No obstante, la realidad es muchísimo más compleja que todo eso. Para empezar, no está demostrado que los factores sean inmóviles y más aún hoy día, donde la globalización ha aplanado el globo terráqueo.

En segundo lugar, los diferentes niveles de empleo, de exportaciones e importaciones que puedan darse en los diferentes países es consecuencia de que el mundo no demanda sus productos, y de que su industria no es competitiva.

Hoy día todas las industrias deben abrirse al exterior y producir algo demandado por el planeta, aprovechando las ventajas existentes en donde tal industria esté instalada. Por ejemplo, el sol andaluz es muy proclive para ciertos productos alimenticios; el frío sueco es muy útil para refrigerar ciertas instalaciones informáticas a muy bajo coste; la gran formación tecnológica de los empleados estadounidenses hace factible el desarrollo de productos informáticos; etc.

Solucionar los problemas abaratando la moneda nacional es eliminar los incentivos de la economía para destruir su industria no competitiva y no productiva y para no sustituirla por otra más favorable, más acorde a los deseos del mundo entero. La devaluación es un incentivo a mantener tales sistemas improductivos.

Hagamos un ejemplo. Imaginemos un señor que decide no estudiar y no aprender nada, y que quiere dedicar todo su tiempo a dormir en su cama. Obviamente, nadie querrá contratarlo en el futuro, pues no aportará nada productivo a la empresa. Sin embargo, el decide aumentar su “competitividad” aceptando que le paguen su salario, en lugar de en euros, en céntimos. Si el salario medio fuese mil euros, él, tras su devaluación, recibirá mil céntimos, es decir, diez euros. ¡Ahora todo el mundo querrá contratarlo! ¡Ahora él tendrá trabajo! ¡Y todo ello sin haber dado un palo al agua! Pero, seguirá siendo igualmente improductivo, y lo que no se da cuenta es que un céntimo no da para comprar lo mismo que un euro.

Sirva esta alegoría para ilustrar el problema de los tipos de cambio flexibles, y el recurso a solucionar los problemas de la economía vía devaluación “competitiva”. En definitiva, la fluctuación de las monedas lo que hace es igualar la “competitividad” de todos los países, vía riqueza. Si los tipos de cambio fueran fijos, y la moneda fuese la misma para todos, las diferencias entre la competitividad de todos se harían muy evidentes, se verían enormes desequilibrios en las economías (por ejemplo, desempleo) evidenciando las causas de sus problemas: la economía en cuestión produce mucho menos que la de sus competidores, y por tanto, desperdicia recursos.

IV

A largo plazo, todo igual

Una devaluación de la moneda, mejora la competitividad de una economía de la misma forma en que el trabajador de nuestro ejemplo anterior lo hacía. Pero, con el paso del tiempo, en el interior de esa economía, al encarecerse las importaciones y al expandir la oferta monetaria, aumentará la inflación poco a poco, haciendo la vida de los ciudadanos cada día más cara. Por ejemplo, si mañana el euro se devaluase un 50%, comprar un ordenador portátil de 600 euros antes de la devaluación, costaría 1.120 euros. Muchos de los procesos productivos europeos utilizan productos extranjeros para producir (por ejemplo, las máquinas para fabricar coches pueden venir importadas de Japón), esto ocasionaría un incremento de los costes de producción, y por tanto, un encarecimiento de los productos nacionales.

A largo plazo, conforme vaya pasando el tiempo, los productos nacionales se habrán encarecido tanto que el nivel de “competitividad” haya vuelto a su nivel de partida: ya no le interesa al exterior importar productos. Es entonces cuando el gobierno puede aprobar una nueva oleada devaluadora incrementando la “competivididad”, para evitar la reconversión de su economía, logrando una nueva escalada de la pobreza.

V

El euro

Una de las mayores ventajas del euro precisamente es esta. Al tratarse de una moneda común no es posible devaluar la moneda española con respecto a la alemana, y las diferencias reales de competitividad se hacen palpables, lo cual hace destruir empleo en una zona para crearlo en otra, mejorando así el aprovechamiento de los recursos a nivel mundial.

Hoy todos hemos sido testigos de esta realidad al observar el mejor dato de la balanza comercial española desde 1972: la industria española se está reconvirtiendo, pues posee los incentivos suficientes para hacerlo, que con el velo de la devaluación serían invisibles. Y lo mismo puede decirse para Grecia.

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