El fin de la guerra contra las drogas: comienzan los susurros (y III)

Últimos cambios

El país que inició la guerra contra las drogas está siendo de los primeros en producir su caída. En el año 2012 los estados de Washington y Colorado legalizaron el uso recreativo de la marihuana. Desde entonces, otros seis estados han seguido su ejemplo, entre ellos la gigantesca California, con 40 millones de habitantes. Washington D.C. también ha despenalizado la posesión y la marihuana terapéutica es ahora legal en 29 estados.

Mientras tanto, la prohibición federal sigue vigente, pero no se ha aplicado durante estos años para impedir el avance de la legalización. Sin embargo, los empresarios de la marihuana aún se encuentran en situaciones económicas precarias, pues debido a esta prohibición federal no pueden solicitar préstamos a los bancos, que temen posibles represalias federales.

Su vecino del norte, Canadá,  se ha caracterizado desde hace tiempo por una visión aperturista en materia de drogas. Desde el año 2001 la marihuana terapéutica es legal en el país. Ahora el gobierno canadiense plantea una legalización de la marihuana recreativa en 2017, por lo tanto su venta legal podría comenzar en 2018. También es interesante la clara política de reducción de daños respecto a la heroína. Mediante este programa, los heroinómanos que no han tenido éxito mediante otros tratamientos reciben heroína pura para que no tengan que trotar la calle cometiendo robos para conseguir una dosis adulterada.

En el año 2001, Portugal decidió despenalizar el consumo y la posesión de todas las drogas. Si a una persona se le encuentra un máximo de dosis para diez días, será llevado ante una comisión compuesta por un abogado, un trabajador social y un médico y decidirán si imponer una pequeña multa o un tratamiento. En 1999, el 1% del país era adicto a la heroína y tenía la mayor tasa de muertes por sida de la Unión Europea. Tras la despenalización, el consumo de droga se ha reducido. Asimismo, las tasas de infección de sida se han reducido a mayor velocidad que en otros países europeos. El modelo portugués puede suponer un ejemplo para el resto de países que quieren adoptar un enfoque sanitario antes que penal.

En España, la única iniciativa con perspectiva de prosperar es el proyecto La Rosa Verda, en Cataluña. Con él se busca regular los clubes de cannabis a los que se permitiría dispensar marihuana a sus socios. De momento se han conseguido las firmas necesarias para que se debata en el Parlamento de Cataluña. Si la ley tiene éxito, es muy posible que la iniciativa se extienda al resto del país.

Al otro lado del globo, mandatarios como Duterte, presidente de Filipinas, han optado por una política de mano dura que busca limpiar el país de drogas. Desde su llegada al poder en junio de 2016, Filipinas ha apostado por la vía de la represión. Hasta ahora se han contado más de 6000 muertes de traficantes y consumidores relacionadas con esta escalada.

Qué esperar en el futuro

Donald Trump

Donald Trump se ha revelado como una personalidad imprevisible. Lo que sabemos de él hasta el momento sobre el tema es que, según sus declaraciones, jamás ha fumado un cigarrillo ni bebido una copa de alcohol. Tampoco se conoce que haya consumido jamás ninguna sustancia ilícita. En cuanto a la marihuana, ha sostenido estar a favor de su uso terapéutico y permitir a los estados legalizar su uso recreativo.

Más al margen de meras declaraciones, observemos el perfil de Jeff Sessions, hombre a quien ha nombrado Fiscal General. Sessions anteriormente ha sido Fiscal General de Alabama y senador. Su actividad en el senado ha estado marcada por su carácter conservador, mostrando su oposición a la inmigración y el matrimonio homosexual. En materia de drogas, en una sesión del senado en abril de 2016 se mostró claramente en contra de la legalización de la marihuana, ya sea para fines médicos o recreativos, y afirmó que «las buenas personas no fuman marihuana».

De momento conocemos el perfil prohibicionista de Sessions. Sin embargo, ya son 65 millones de estadounidenses quienes viven en estados donde la marihuana recreativa es legal, y aplicar la prohibición federal podría interpretarse como un ataque a los derechos de los estados. Además, uno de los estados que ha legalizado es California, con 40 millones de habitantes, donde Hillary Clinton dobló en votos a Trump y no ha parado de cundir el descontento, incluso las tesis que defienden una improbable independencia de este estado. Hay razones para pensar que no se va a reactivar la guerra contra la marihuana, pero solo la realidad nos enseñará el camino.

Respecto al futuro legal de la marihuana recreativa, el horizonte parece optimista. Es probable que en el plazo de cinco años la marihuana recreativa sea legal en más de la mitad de estados en Estados Unidos y cabe esperar que algún país europeo abra la vereda de la región, al margen de la tradicional política permisiva holandesa. En Latinoamérica ese país ha sido Uruguay y en cuanto un país de mayor peso en Hispanoamérica legalice, es probable que veamos un efecto dominó.

Con unas perspectivas positivas respecto a la marihuana, cabe preguntarse por el destino de otras sustancias ilícitas. La MDMA, por ejemplo, combinada con la psicoterapia adecuada, tiene un potencial muy beneficioso para el tratamiento del estrés postraumático y los conflictos entre parejas y familias. La Agencia de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA) ha autorizado un estudio con enfermos de TEPT utilizando este fármaco junto a sesiones de psicoterapia. El estudio será financiado por la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psiquedélicos, que ha recaudado el dinero necesario mediante crowdfunding. Un buen resultado podría suponer la legalización del éxtasis terapéutico, un paso importante para levantar el tabú que le ha supuesto ser droga ilegal y abrir el camino para una posible legalización con fines recreativos a largo plazo.

Por último, la normalización de las drogas no se decide únicamente en el ámbito legal. La sociedad siempre le lleva la delantera a la legislación e internet ofrece un mercado de drogas de buena calidad y sin violencia de por medio. A través del navegador Tor, que permite utilizar internet de manera anónima, el usuario de drogas puede entrar en distintos portales en los que se venden sustancias ilícitas a cambio de la moneda digital bitcoin. Cada cierto tiempo, los portales son cerrados por la policía, como en el caso de Silk Road (La ruta de la seda), pero inmediatamente vuelven a abrirse otros portales. El comprador recibe el producto en el buzón de su casa al cabo de un tiempo. La uso combinado de estos dos mecanismos, el bitcoin y tor, no entraña pocas dificultades, la seguridad sigue siendo escasa, pero se han eliminado a los intermediarios violentos y la autoorganización de las sociedades modernas promete para el futuro un mercado más elaborado, con mayores controles de seguridad y una mayor pureza de la sustancia.

En conclusión, la guerra contra las drogas nació como un experimento dispuesto a despojar al ser humano de ciertas sustancias demonizadas y lo que ha provocado ha sido un aumento de consumidores, oferta y desarrollo técnico de su elaboración. En un principio se optó por la vía represiva a escala mundial, apostando por la quema de cultivos y la criminalización de usuarios. Pasando las décadas, a principios del siglo XXI fundamentalmente los países consumidores han adoptado un enfoque de reducción de daños, en el que se acepta la inclinación humana a la ebriedad y de lo que se trata es de que se perjudique a la menor gente posible. Las dos primeras décadas de este siglo están viviendo un nuevo enfoque de la política de drogas que tiende a flexibilizar las medidas, de manera que una parte del globo apuesta por las políticas de mano izquierda y otra por las de mano dura. Entre tanto, los consumidores han aprendido a convivir con las drogas y a darse cuenta de que es esencial atender a la pureza del producto, el contexto en el que se toma y el estado anímico del usuario. Escohotado ha afirmado que la guerra contra las drogas acabará entre susurros, algo que ya podemos notar en los diálogos internacionales y, donde es aún más importante, en la relación cotidiana del individuo con las drogas.

 

El fin de la guerra contra las drogas (II) : guerra total y armisticio

Guerra total

Hablábamos en el primer artículo de las razones por las que los distintos gobiernos prohibieron determinadas sustancias psicoactivas entre la década de los 10 y los 60 del siglo pasado. En 1971, el gobierno norteamericano decidió recrudecer la prohibición mediante la «guerra contra las drogas», bautizada de esta forma por el presidente Nixon. En el marco de la ONU, el documento internacional que va a definir la postura respecto a las drogas desde esta fecha va a ser el Convenio sobre sustancias psicotrópicas firmado en Viena en 1971.

Pero primero hagamos un repaso por su precursor, la Convención Única de Estupefacientes de 1961. Esta había sentado las bases de la prohibición mundial: fue firmada por 71 países y en ella se pretendía ilegalizar el cultivo, la producción y distribución en todos los países. Además, se creó la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Por último, se inauguró el sistema de listas. Cada sustancia controlada era incorporada a una de las cuatro listas. En la lista 1 se incluían el opio, la morfina, la cocaína, etc.; en la 2, la codeína; en la 3, ciertos preparados que se podían obtener sin receta; por último, en la 4 se colocaban sustancias consideradas muy peligrosas, donde se incluyó la heroína y la marihuana.

En el Convenio de 1971 se incluyen más sustancias y se hace una remodelación de las cuatro listas. A partir de entonces, en la lista primera se incluirán las drogas más populares durante la contracultura, a saber, LSD, THC, Psilocibina…Estas sustancias eran consideradas muy perniciosas y con uso médico o científico muy limitado que habría de pasar costosos trámites para su investigación. A las sustancias del resto de listas se las limitaba al uso médico. En la lista 2, se incluían los derivados anfetamínicos; en la lista 3, los barbitúricos; por último, en la lista 4, otros tipos de barbitúricos.

EE.UU. encontrará tres maneras de hacer cumplir la prohibición en todo el mundo. En primer lugar, se financió la destrucción de plantaciones en los países productores. También se llevaron a cabo represalias contra los países que no cooperaban en la guerra contra las drogas. En segundo lugar, sus farmacéuticas exportaban drogas lícitas para sustituir a las prohibidas. Por último, se aseguraron de que los demás países introdujeran legislaciones represivas.

La exportación de la cruzada supuso destruir tradiciones milenarias en países como Persia, gran consumidor de opio, además de la ruina de campesinos que vivían del cultivo de la adormidera.

Al lanzarse la guerra total, el usuario de drogas que busca una sustancia energética, recurrirá a la cocaína en el mercado negro. Por otro lado, empezó a llegar heroína muy barata y de calidad a Europa y EE.UU., dando paso a la era de los grandes narcotraficantes y grupos mafiosos alrededor de estas dos sustancias. Como dato, entre 1961 y 1972, el número de adictos a la heroína pasa de 50 mil a 560 mil en EE.UU.

Armisticio

Desde los años 80, nos encontramos en la era del sucedáneo, en la que el número de fármacos no para de multiplicarse gracias al trabajo de miles de laboratorios clandestinos. A nivel legislativo, los distintos acuerdos suscritos caminan hacia un armisticio. Veamos cómo han evolucionado hasta hoy:

El tercer texto internacional en el que se basa la prohibición es la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, celebrada en Viena en 1988. Supone uno de los acuerdos más duros en materia de drogas. Con una urgencia manifiesta desde el primer momento, este convenio se centra en coordinar a los distintos países para atajar el tráfico ilícito que venía creciendo desde los años 70 y 80. Asimismo, se exige a los estados que introduzcan en sus legislaciones una serie de tipos penales como el cultivo, tráfico, etc. de las sustancias ilícitas incluidas en los convenios. Asimismo, se promueve también penar la posesión de estas mismas sustancias e incluso la elaboración para consumo propio. Para estos tipos de delitos se exige penas de prisión o multas, en ocasiones combinadas con tratamientos de rehabilitación. Se incluye además la extradición de traficantes, una medida anhelada por países como Estados Unidos debido a su sospecha de que muchos narcos recibían tratos de favor en su país de origen.

El único elemento abierto del tratado es la llamada a tener consideración por sustancias ilícitas que les son permitidas a ciertos pueblos por razones históricas, así como al respeto por los derechos humanos fundamentales.

Diez años más tarde la ONU celebra la vigésima Sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) sobre drogas. Con el optimista lema «Un mundo libre de drogas. Podemos hacerlo», este será el último documento internacional hasta la fecha que preconice claramente una guerra para frenar oferta y demanda. En el caso de la demanda, mediante medidas de prevención y represión. En los países productores, sus objetivos para 2008 serán reducir el número de plantaciones de arbustos de coca, marihuana y adormidera, también con una mezcla de mano dura y amplitud de miras, fomentando actividades lícitas en el agro andino para disuadir a los campesinos de cultivar estas plantas.

Dicha política se va a aplicar en el llamado Plan Colombia, acordado entre los EE.UU. y Colombia durante los años 1999-2000. En este tratado se dan cita dos voluntades: la estadounidense consistía en financiar un programa de estabilidad en la región que permitiese frenar a las FARC y el tráfico de cocaína a Norteamérica; Colombia, por su parte, buscaba recibir apoyo económico para asentar sus instituciones y forjar un estado de derecho que le hiciera un hueco en el siglo XXI. La consecución de estos objetivos, tal y como planteaban los tratados mencionados anteriormente, se realizarán a través de una mezcla de represión y ayuda económica. Por un lado, se hacían fumigaciones en las plantaciones ilícitas y, por el otro, se financiaban programas de inclusión para que los campesinos no viesen incentivo en estas plantaciones. En materia de drogas, el deseo era reducir el comercio de cocaína y heroína. Tras años de aplicación, los resultados son ambivalentes. Por un lado, para 2006 las plantaciones de adormidera se habían reducido en un 50%, mientras que el tráfico de cocaína ha aumentado en un 4%.

En 2009, los distintos estados miembro de la ONU se reunieron en Viena para analizar el progreso que se había conseguido en los objetivos fijados en 1998. Se sigue hablando de contrarestar el «problema de las drogas». El análisis vuelve a ser contradictorio. Antonio María Costa, Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, celebra en su declaración previa a estas sesiones el buen resultado en número de adictos y el cultivo de coca en los Andes, que cae un quinto respecto a diez años atrás. Sin embargo, se lamenta por el aumento de poder de los grupos armados que controlan el tráfico. A pesar de creer que el UNGASS 1998 ha ayudado a concienciar a la población sobre el denominado problema de drogas, la cifra sobre el valor comercial del tráfico de drogas ofrecida constata el fracaso: se calcula en 300 mil millones de dólares estadounidenses al año.

UNGASS 2016

La siguiente sesión especial estaba prevista para 2019. Sin embargo, México, Colombia y Nicaragua, cansados de cargar con miles de muertos a sus espaldas, solicitaron un adelanto de esa reunión a 2016. Muchos esperaban de esta un documento que otorgara más protagonismo a la «reducción de daños» (harm reduction), una especie de política de mano izquierda que consiste, entre otros métodos, en terapias de sustitución con opiáceos para adictos a la heroína y programas de sustitución de jeringuillas para evitar contagios de hepatitis C o sida entre usuarios. Sin embargo, dicho concepto quedó fuera del texto debido a las presiones rusas, que durante los últimos años ha intensificado su guerra contra las drogas. También China e Irán presionaron para que no se incluyeran referencias a la pena de muerte por narcotráfico. Sin embargo, el UNGASS 2016 supone el comienzo de una política internacional sobre drogas basada en la flexibilidad, donde convivirán políticas nacionales represivas como la rusa o la china con políticas de reducción de daños, más comunes en Europa y Norteamérica. En estos países ya no se trata de querer eliminar el uso de las drogas, sino aceptar su uso y tratar de que los usuarios se hagan el menor daño posible durante el consumo.

Pero vayamos a lo concreto. En el próximo artículo echaremos un vistazo a los últimos cambios que se han producido en distintos países durante los últimos años, algo que nos aclarará la situación a comienzos del año 2017.

El fin de la guerra contra las drogas (I): Los orígenes de la prohibición

Introducción

Existen diversos temas que se han mantenido polémicos en prácticamente todos los rincones del orbe desde la noche de los tiempos, a saber, el sexo, la religión, la muerte, la escatología… En la lengua, estos temas se desdoblan y dan lugar, por un lado, a los tabús y, por el otro, a la transgresión. El lingüista Steven Pinker sostiene que precisamente de estos tabús derivan nuestro lenguaje malsonante y su contraparte políticamente correcta, los eufemismos.

Todos estos tabús proceden de épocas pretéritas cercanas al nacimiento de los pueblos. No obstante, hay un tema tabú cuya aparición es propiamente moderna. Me refiero al de las drogas. Pocos campos semánticos se han expandido tanto en el último siglo hasta el punto de generar diferencias de registro y regionales.

Todas las sociedades que se han conocido hasta la fecha han tenido relación con al menos un fármaco. Esto quizá se deba a que para el ser humano la necesidad de embriagarse es tan fuerte como la de otros placeres. Sin embargo, en ninguna otra época se había temido tanto a ciertas drogas como para sostener que existe un problema con ellas y que hay que declararles la guerra. Para comprender los fundamentos de la prohibición de ciertas sustancias, lo mejor será hacer un repaso a sus orígenes.

El origen de la cruzada

Ya en sociedades pasadas encontramos escritos en los que se recrimina el abuso de drogas como el vino, pero para que el reproche se convierta en guerra total, hemos de remontarnos a la sociedad estadounidense de principios del siglo XX.

Los hechos sociales son multicausales y la guerra contra las drogas no es una excepción. A principios de siglo se dan cita en EE.UU. una serie de factores que desencadenarían una nueva perspectiva en materia de drogas. Todas ellas vienen descritas a la perfección en la canónica Historia General de las Drogas de Antonio Escohotado.

En primer lugar, el siglo XX supone en buena medida la secularización de occidente. La firme creencia en Dios comienza a languidecer y los sacerdotes pierden su posición como rectores morales. Alguien tenía que ocupar ese espacio. Es entonces cuando gana protagonismo el estamento médico. La moral de la sociedad futura se guiaría en buena medida por pautas farmacológicas.

En segundo lugar, los diferentes movimientos prohibicionistas comenzaron a unificarse en torno a los clubes religiosos y el Prohibition party. De esta forma, se logró crear un grupo de presión lo suficientemente potente como para forzar leyes que restringieran el uso de fármacos.

Por último, y quizá como fundamento principal, tenemos las tensiones raciales propias de la sociedad norteamericana. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, la población blanca comenzó a demonizar a una serie de minorías étnicas a quienes relacionaban con diversas sustancias corruptoras. Al alcohol, por ejemplo, se lo asoció con irlandeses e italianos, que, al ser católicos, eran mal vistos por los protestantes; a la cocaína, con los negros, una minoría que, tras la abolición de la esclavitud, buscaba igualar sus derechos a los de la población blanca. Finalmente, los chinos habían padecido el odio de los sindicatos debido que trabajaban más horas por menos dinero. Los más horrendos efectos eran atribuidos al opio que fumaban. Algo más tarde, llegará el turno de los mexicanos. Durante los años 20, miles de mexicanos habían emigrado al país para satisfacer la enorme oferta de trabajo que había en EE.UU. Tras la pérdida de empleos, se convierten en un grupo indeseable de personas que son percibidas como ladrones de trabajos. La droga con la que se los relacionó en este caso fue la marihuana. A ella se le atribuía un gran protagonismo en los delitos de sangre, en las violaciones y en comportamientos sexuales contrarios al que marcaba la moral puritana. Se puede ver un buen ejemplo de esta propaganda en la película Reefer Madness.

Sin embargo, iniciar una cruzada contra un fármaco corre el riesgo de ser en balde si no se hace a escala internacional, puesto que si los países productores de las sustancias prohibidas no persiguen la elaboración, se infiltraría sin problemas en el único país que las proscribe. Esta circunstancia coincidió con dos factores determinantes para la historia del siglo XX. Por un lado,  el comienzo del imperialismo norteamericano en 1898 tras la guerra de Cuba y, por otro, la doctrina del Destino Manifiesto según la cual el destino de los Estados Unidos consistía en limpiar el mundo de inmoralidad.

Comencemos primero por el desarrollo de la prohibición a nivel interno. Aunque diversos estados habían prohibido el alcohol o el tabaco, nunca se había llevado a cabo ninguna proscripción a nivel federal. La guerra contra las drogas se iniciará con la denominada Ley Harrison (Harrison Narcotics Tax Act). No era una ley estrictamente penal, sino fiscal. De lo que se trataba era de regular y gravar la producción, importación y venta de cocaína y opiáceos. Asimismo, los médicos podían recetar estos fármacos para tratamientos regulares, pero no para el tratamiento de adicciones. Aunque la ley no prohibía expresamente estas sustancias, marcaba un nuevo camino en política de drogas.

En 1919 se tendrá como objetivo el alcohol, mediante la Ley Volstead, más conocida como Ley Seca, que prohibía la producción, distribución, importación y exportación de bebidas alcohólicas, a excepción de la sidra, el vino de la misa, y de ciertos fines como el médico o científico. Esta ley no tuvo como consecuencia la reducción del consumo, sino que produjo envenenamientos por adulteración con alcohol metílico y corrupción en distintas capas de la administración. Al mantenerse la demanda de alcohol, surgen grupos mafiosos para satisfacerla a través del crimen organizado, cuya gran figura es Al Capone. Los múltiples casos de corrupción y el poder de las mafias, así como la desobediencia civil y la necesidad del fisco de recuperar ingresos tras el crack del 29, llevaron a la derogación de la ley en 1933.

Por último, la Marihuana Tax Act de 1937 termina por establecer la prohibición en su primera fase al crear un impuesto a fabricantes y distribuidores de marihuana.

Por otro lado, la prohibición tiene que imponerse a nivel internacional y a través de diversos tratados se va a crear una nueva política internacional. A pesar del creciente poder de los Estados Unidos, se trataba de una ardua tarea puesto que había países cuyo PIB dependía en buena medida del opio como, por ejemplo, Turquía e Irán. Como prueba de esta dificultad, fracasaron los primeros intentos, a saber, la reunión de Shanghai en 1906 o la Convención de Ginebra de 1925.

Fue a partir de las convenciones de Ginebra de 1931 y 1936 cuando la mayoría de países establecen las bases de una cooperación en política de drogas. Entre otras, se adoptan medidas como comprometerse a castigar la tenencia y tráfico de ciertas sustancias, la creación de policías especializadas y de la Comisión de Estupefacientes y la Junta de Fiscalización de Estupefacientes.

Desde la década de los 30 hasta la de los 60 reina un estado de tranquilidad debido fundamentalmente a que existían drogas legales que producían el mismo efecto que las que se hallaban proscritas, por ejemplo, las anfetaminas aún eran legales y mantenían el consumo de cocaína al mínimo; lo mismo sucedía con las benzodiacepinas, que compensaban la prohibición de los opiáceos. De esta forma, el mercado negro permanecía muy debilitado ya que los usuarios preferían la alternativa legal.

Tras la calma llega la tempestad y la década de los 60 va a suponer una reacción dialéctica a la tranquilidad de los 50. Es la década de la lucha contra la guerra del Vietnam, por los derechos civiles, de la revolución sexual y, por supuesto, del consumo de drogas, especialmente de las psiquedélicas.

Durante esta década van a causar furor especialmente dos drogas de corte psiquedélico: la marihuana, que ganó la popularidad de la que careció inicialmente, y la LSD, una potente sustancia visionaria descubierta por el químico Albert Hofmann en 1938. Además, también recibieron atención el peyote y los hongos psilocibios. Todas estas drogas suponían una apertura de conciencia tal que se convirtió en la gasolina del movimiento hippie y de formas alternativas de vivir. Algo que ponía en jaque a la sociedad conservadora acostumbrada a la vida de los años 50.

Asimismo, la prensa sensacionalista instrumentalizó casos de mal uso de LSD, como el de personas se lanzaban por las ventanas creyendo poder volar, causando escándalos en los sectores biempensantes de la época. Por último, comienza a florecer el tráfico de heroína proveniente de Vietnam.

Esta coyuntura transformará la cruzada en guerra total a principios de los años 70. Lo veremos en el próximo artículo.

China en construcción

Jaleo. Tumulto. Cansancio. Me subo en el vagón de metro que me lleva de vuelta. Todo me resulta muy desconocido. La gente me mira con la misma curiosidad con la que yo les miro. De pronto el vagón sale del oscuro túnel y los fuertes destellos que emiten los rascacielos desde el otro lado del río penetran en el vagón. Sin pensarlo me giro para mirar por la ventana el espectáculo y alcanzo a ver una miríada de edificios en construcción acompañados por otros no pocos rascacielos ultramodernos repletos de todo tipo de luces. En ese momento me digo a mí mismo: China está construyéndose. Es domingo. Pasadas las diez de la noche. Caminando desde la parada del metro hasta la habitación, observo un grupo de obreros trabajando realmente apresurados cargando una especie de piedras negras que, supongo, servirán para colocarlas como baldosas en algunos edificios. En ese momento me vuelvo a decir: ¡Y a qué velocidad!

Si tuviese que resumir el país en una palabra –cínica osadía de mi parte– usaría la palabra enorme. China es un país enorme en territorio, enormemente heterogéneo y enorme en población y también cuenta con la historia más larga de todas las civilizaciones. Podría usar también la palabra diferente. Y es que yo como occidental me he dado cuenta que muchos de los esquemas mentales que solemos usar para comprender el mundo, nuestra cosmogonía, en múltiples situaciones no sirven para China. Conceptos como madurez, afecto, inteligencia, tienen un significado diferente. Es por ello por lo que ver China a través de ojos occidentales tiene un importante sesgo, aunque no deja de ser un sesgo interesante, que quiero compartir con todos vosotros.

En lo que concierne a las relaciones sociales, la forma de mostrar interés por el otro entre los chinos no pasa ni por las buenas palabras ni por muestras de afecto físicas, como hacemos los españoles con un apretón de manos, una palmada en la espalda o un abrazo. Nada de eso. Su forma de hacerlo es mediante lo que podríamos denominar las acciones. Así, es posible que un chino te tenga un gran aprecio, pero no te abrace ni te diga nada especial ni tan siquiera te salude o se despida de ti, pero sí te haga la comida, te ofrezca algo suyo, te compre medicina, etc. Existe un proverbio chino (事实胜于雄辩) que dice que las acciones hablan más alto que las palabras. Aunque este proverbio de alguna u otra forma también lo tenemos en nuestra cultura, en China está muchísimo más arraigada esta idea. Por lo general los chinos no hablan demasiado y mucho menos sobre conceptos abstractos, pero sí actúan mucho; digamos que son más prácticos (y también menos teóricos) que los occidentales. Por lo que he podido comprobar no está bien visto el que una persona se pase el tiempo hablando sobre cosas que no tengan un reflejo rápido y directo en la vida práctica. En definitiva, en china un síntoma de madurez es el ser práctico.

Esta forma de ser puede estar condicionada por su historia. China es un país que hace unos treinta años estaba sumido en la pobreza absoluta. Y como todo el mundo sabe, ser pobre te hace ser resultadista, ya que todo el tiempo que se tiene cuando se es pobre se utiliza para intentar mejorar la situación de penuria en lugar de usarlo para especular o divagar con cosas que no tengan un resultado práctico inmediato. Este pragmatismo es el que permitió que China cambiase radicalmente de política económica en 1979 pasando de un férreo comunismo a un capitalismo sorprendente, aunque con matices. A los chinos les da igual el sistema político o económico, las tesis de Marx o de quien sea, lo que quieren es comer bien todos los días y mejorar la calidad de vida. Es por ello por lo que creo que una revolución política en China puede estar lejos.

A medida que uno va pasando tiempo en China se ve cada vez más impregnado por los problemas que tiene el país y por lo tanto cada vez se hace uno más consciente de los mismos. Y puede que la ciudadanía china no se percate de los mismos, pues la gran mayoría no conoce otro modo de vida que el suyo propio, debido al cierto aislamiento que viven con respecto al exterior (aunque cada vez menos), por razones de lenguaje y por razones burocráticas (política exterior del gobierno de China, bloqueo masivo de la red por parte del gobierno, etc.). Una de las numerosas fuertes divisiones que existen entre los ciudadanos (aldeanos versus urbanitas, pobres versus ricos, etc.) es la que se produce entre políticos y ciudadanos normales. Parece como si el país fuese una gran colmena donde las abejas obreras tienen encomendada una tarea determinada mientras que la abeja reina, es decir, el politburó chino, se dedica a las cuestiones políticas. Ni los ciudadanos son informados de estas cuestiones, ni a ellos les parece interesar, ni participan de las mismas. Simplemente son castas diferentes y que no tienen relación la una con la otra: cada una se dedica a lo suyo y ninguna se interesa lo más mínimo por la otra. En este sentido no puedo dejar de citar a Fernando Sánchez Dragó sobre China:

“No hay descontento en China, por más que los medios de información se empeñen en elevar las anécdotas a categorías convirtiendo el ronroneo de cuatro gatos vanidosos en clamor social y en atribuir el estatus de héroe al oscuro don nadie que este año, sin hacer nada por merecerlo, ha recibido (es un decir) el premio Nobel de la Paz. Cierto, hay excepciones, ¡cómo no va a haberlas en semejante gentío!, pero los chinos de a pie están encantados con una clase política que les permitirá, o eso creen, ganar dinero, jugárselo, fundar una empresa, abrir una tienda, montar un negocio, tener concubinas, humillar a Japón, comprar un buen coche, comer a lo bestia, ir de Pequín a Bangkok por una autopista de veinte carriles, visitar las ruinas de Angkor, hollar la gravilla de los templos de Kioto y escupir donde les venga en gana”.

Lo cierto es que China se trata de un país enorme y heterogéneo que engloba gran cantidad de dialectos, costumbres e incluso razas. Es por esto por lo que muchos piensan que si en todo el país se experimentara la libertad que vive Hong Kong, China terminaría disgregándose en numerosos episodios secesionistas, como realmente ha acontecido recurrentemente en la historia de China antes de Mao. Así, es muy común escuchar que Mao levantó el país (porque unió a todos los chinos) y Deng Xiaoping lo echo a andar. Teniendo en cuenta la enorme disparidad y heterogeneidad que se da entre unas regiones y otras de China y teniendo en cuenta los conflictos territoriales que se siguen produciendo tales como en Taiwan, el Tibet y la provincia de Yunnan, es muy difícil que China se mantenga unida territorialmente como ahora.

Además China es todavía un país subdesarrollado, incomparable a los países del primer mundo, cuyo PIB per cápita todavía es 9.944 dólares, ocupando el puesto número 93 del mundo, al nivel de Turkmenistán, Albania o las Maldivas, a pesar de haber experimentado décadas de un crecimiento económico vertiginoso. Fruto de este crecimiento económico tan elevado, China ha acortado camino entre los países desarrollados y subdesarrollados en muy poco tiempo, pero la sociedad todavía debe adaptarse a estos cambios tan rápidos, que en muchos casos sigue anclada en arcaicas costumbres, tales como casar a los hijos por conveniencia, corrupción en las instituciones, un vergonzoso nepotismo enraizado en casi todos los lugares, una desigualdad realmente impactante, etc.

Además, no sólo es importante valorar el crecimiento económico o el PIB per cápita, sino el historial del PIB per cápita que ha tenido el país. Es decir: si dos países A y B tienen el mismo nivel de PIB per cápita eso no quiere decir que los dos son iguales de ricos, sino que los dos producen (gastan e ingresan) lo mismo cada año, pero si A estuvo 30 años produciendo (gastando e ingresando) muy poco mientras que el B estuvo los otros 30 produciendo (gastando e ingresando) mucho, esto quiere decir que el país B es mucho más rico que el A, aunque el PIB per cápita sea idéntico, pues los anteriores niveles de PIB per cápita sufridos por la historia del país repercuten también sobre el presente del país.

Y es que China al ser un país que hace tan sólo 30 años estaba sumido en la miseria, es difícil, por muy veloz que vaya la economía, que se convierta en un país desarrollado en tan poco tiempo. Para ello faltan todavía bastantes años y bastantes retos que afrontar. Pero ello sin embargo es realmente positivo, porque el país, como reza el título del artículo, está en plena construcción y el futuro de la nación asiática va a depender en buena medida de lo bien o mal que se construyan ahora esos cimientos que soportaran el futuro del país. Por ejemplo, China todavía no cuenta con un sistema público de educación ni de sanidad similar al europeo ni por supuesto un sistema de pensiones. Europa tiene ya construidos estos sistemas, que ocasionan enormes problemas a las economías europeas y que ensombrecen el futuro del país, por errores en el diseño de los mismos; pero, una vez construido, derribar el sistema para construir otro nuevo conlleva costes inasumibles. Pero China está en proceso de construcción de todo eso, pudiendo conseguir la construcción de un buen sistema, eludiendo los problemas que otros países están experimentando y que tienen que arrastrar durante bastantes años más.

Uno de los retos más importantes a los que debe hacer frente China es sin duda la desigualdad económica que más que desigualdad yo preferiría definirlo como yuxtaposición de la miseria y la riqueza, pues cuando uno va caminando por la calle puede observar que viven casi en la misma calle personas que se dedican el día completo a vender botellas de plástico por un par de yuanes con jóvenes ricos que van a recoger a la novia todos los días en su nuevo Masseratti. El rápido crecimiento económico claramente no ha sido sentido por toda la población. Esta desigualdad también puede percibirse en la composición de los precios de los artículos: los artículos de baja calidad son extremadamente baratos mientras que los artículos de alta calidad son extremadamente caros, una diferencia mucho más pronunciada de la que puede percibirse en España, que se debe a que los ricos tienen mucho más poder adquisitivo (y por lo tanto demandan muchos más productos de alta calidad, elevando su demanda) que los pobres.

Y es que, como ya decía William Athur Lewis, mientras un país está desarrollándose experimenta un proceso de economía dual, es decir, presentan sectores, lugares y empresas desarrolladas que tiran de la economía del país pero también presentan sectores tradicionales, lugares pobres e industria típica del subdesarrollo. Con el tiempo, con la acumulación de capital, con el ahorro y con el crecimiento económico al final toda la economía termina desarrollándose. China ahora está en este proceso con una clara dualización de la economía entre sectores avanzados y sectores subdesarrollados casi conviviendo prácticamente en la misma calle.

Cuando uno visita un país tiene la suerte de percibir realidades que no pueden reflejar los datos estadísticos y reflejan perfectamente la realidad económica de un país. Personalmente creo que un claro indicador de la riqueza media de un país es la calidad media de los productos. Si en un país la mayoría de los supermercados venden productos de baja calidad, las viviendas se fabrican con materiales más baratos, etc. es un claro indicador de que el país en el que se vive es pobre. Si por el contrario, uno acude a un país y a cada supermercado en el que entra le cuesta encontrar algún artículo de baja calidad o barato, es un sinónimo de que se vive en un país rico. Y es por ello por lo que los países más ricos son también los más caros, porque los ciudadanos de allí viven con productos más caros, de mayor calidad, ya que al disponer de mayores recursos demandan mejores productos. Según la calidad media de los productos, a China la situaría dentro de los países pobres, a España en los países de ingreso medio y al Reino Unido dentro de los países ricos.

Antes hablábamos de que los esquemas mentales occidentales se dan de bruces con la realidad oriental. Así como en Estados Unidos los rascacielos son una prueba de riqueza, de desarrollo y de nivel económico, en China nada más lejos de la realidad. A pesar de que es posible maravillarse con los fastuosos rascacielos en las grandes ciudades, lo cierto es que la una mayoría de la población vive en pueblos hundidos en la miseria que se abastecen del autoconsumo y en algunas ocasiones de lo que consigues pillar de las grandes ciudades. Es decir, las grandes ciudades repletas de rascacielos son la excepción en China, aunque, eso sí, se trata de algo nuevo, naciente. Pero es que además dentro de las grandes ciudades se esconden grandes bolsas de pobreza y la gran parte de los ciudadanos de las grandes ciudades viven peor que los ciudadanos normales, por ejemplo, España. Just poor high buildings.

Otra característica del país es que existen empleos de baja productividad, digamos, inútiles, tales como barrenderos de pistas de aeropuerto, asistentes de párking, enorme cantidad de empleados para una sola tarea, etc. Y es que asegurar a todo el mundo un empleo tiene enormes desventajas en un país: que exista una gran cantidad de empleo improductivo, afectando a la productividad del país y a la capacidad de aprendizaje de los trabajadores; que se generen costes adicionales; que se desincentive el trabajo de buena calidad, etc.

Tras observar que la mayoría de la gente va con enormes fajos de billetes a comprar cualquier cosa –síntoma de inflación y de devaluación de la moneda–, pregunto sorprendido: -¿El billete más grande aquí cuál es? -Este, el de cien yuanes, me responden. ¡Madre mía! ¡Lo compran todo con un billete equivalente a diez euros! Me pregunto a mí mismo: ¿no renuevan los billetes? ¿por qué la imagen de Mao en todos los billetes y no la de Deng Xiaoping en algunos? ¿por qué las autoridades no crean billetes más grandes? Unos días más tarde hallé la respuesta: porque en las grandes ciudades es donde se mueve el dinero en china y cuando uno va de visita a un pueblo se percata que el billete de cien yuanes es prácticamente una fortuna; por lo tanto, los billetes sirven para todos los ciudadanos chinos y dada la enorme desigualdad en China crear billetes más grandes no sería algo acertado.

Los numerosos edificios en construcción y la elevada velocidad a la que se construyen es la metáfora más perfecta para una nación que está desarrollándose a un ritmo vertiginoso pero que todavía le queda mucho camino que recorrer y muchas piedras en ese camino que sortear. Me adhiero plenamente a la tesis de Joe Zhang de que China necesita una recesión económica para incentivar el desarrollo equilibrado de la nación. De hecho, creo que China va encaminada a esa recesión (algunos bancos provinciales ya han dejado de otorgar préstamos a las inmobiliarias) y que podría tener como consecuencias las siguientes: reducción de los niveles contaminación, fuerte presión a la liberalización definitiva de los tipos de interés y del sistema financiero, reducción de la inflación, aumento del desempleo (con el consecuente aumento de la productividad), posible apreciación del yuan, cierta reducción del poder del gobierno sobre la sociedad, entre otros.

China es una civilización con una larga historia de éxito que ahora comienza a renacer de sus cenizas tras varias décadas sombrías de comunismo a una velocidad nunca antes vista en la historia. Pero el camino del subdesarrollo al desarrollo es largo. Y en mi opinión, sin una crisis económica, China no se desarrollará nunca, pues es el único instrumento que puede equilibrar el enorme desequilibrio que vive china en su economía y en su sociedad. Es una cuestión de tiempo. Soy optimista respecto al futuro a largo plazo de China, pues el país cuenta con numerosas ventajas y numerosos potenciales, todo depende de cómo de bien se construyan los cimientos de una nación con mucho futuro por delante.

Las Españas que deberían jubilarse

* Escrito por Nodedim

 

Nota para el lector: el presente texto está basado en su totalidad en mi opinión personal. Ni soy ni pretendo ser oráculo ni juez de la actualidad, pensamientos y/o ideologías que cada cual pueda tener. Tampoco pretendo entrar a debatir cada punto de vista o reflexión individual que se puedan sentir atacadas por mi visión subjetiva. Esta opinión aquí expuesta es susceptible de cambios desde el momento mismo en que sea publicada.

Es innegable que está pasando “algo” en España. Y con algo no quiero decir la tan trillada crisis económica. Con algo me refiero a un cambio sustancial en los votantes españoles que se ha visto materializado en las últimas elecciones europeas, con la aparición de nuevos partidos (Podemos, Equo, Ciudadanos, VOX) y el triunfo de unos cuantos (IU, Podemos, UPyD).  Sin embargo, este vuelco de los españoles hacia los partidos minoritarios no ha conllevado más que el cambio de papeleta, no de mentalidad.

 Me he referido a Podemos, VOX, UPyD y demás partidos para dar paso a otra reflexión, pues no es mi objetivo dar mi opinión aquí de forma directa, si bien quizá colateralmente, de estos partidos. El punto clave de todo esto es la incoherencia.

Y es que la incoherencia es algo de lo que los españoles vamos sobrados y que ondeamos cual bandera. Disfrutamos dividiendo, segregando, y sobre todo, sacando conclusiones precipitadas. Nos encanta. Nos regodeamos. Parece que el mayor orgasmo mental de un español es (tómese una de estas dos situaciones):

–          Antiabortista: “Facha de mierda, heredero de Franco”.

–          Republicano: “Rojo asqueroso, al paredón”.

En ese mismo instante en el que un español se encuentra con otro paisano que expone una opinión característica de cierta ideología, al primero lo recorre una corriente de placer por el simple hecho de poder “encasillarle”. Con sus correspondientes dosis de odio o compañerismo subsiguientes, según casos.

Pues parece que en España en determinado momento se dividieron las ideologías. No me voy a parar a analizar ni a desenterrar sucesos históricos que aún hoy escuecen y son blanco de críticas y pullas, dejémoslo en un momento determinado. En ese momento determinado se procedió a la división de los signos de identidad de cada corriente ideológica (para más señas y a grandes rasgos, en este nuestro país, dos desde hace siglos). Se trazó una raya en el suelo, a modo de frontera: en un lado estaba la izquierda y al otro la derecha. Luego, con grandes dosis de tradicionalismo y estrechez de mente, se repartió todo: colores, símbolos, posición antes ciertos temas (aborto, República, economía, feminismo, clases sociales…), modus operandi (huelgas, manifestaciones, elecciones…), incluso se asignó un arquetipo de individuo a cada lado.

Y así hemos continuado hasta hoy, día 2 de junio de 2014, en el que el tema candente es la abdicación del Rey Juan Carlos. Y es que no hay mejor momento para contemplar la flor y nata de España.

Desde el momento en el que la abdicación era conocida, se han alzado voces pidiendo un referéndum. Hecho que, por lo que a mí respecta, me parece completamente normal, ya que nuestra monarquía se restauró en situaciones “anómalas” y la Constitución vigente se sometió a referéndum con la aprobación de una población que hoy tiene, como mínimo, 54 años.

Ahora bien, que yo apruebe o no personalmente la República no está reñido con el hecho de someterla a un referéndum vinculante. Tampoco significa, contradiciendo la división arbitraria en izquierda y derecha, que comulgue con la ideología de izquierdas. Sin embargo, sí implica que, dado que nuestro sistema de gobierno se define como una democracia, deberíamos saber aceptar el resultado de ese referéndum, beneficie a republicanos o a monárquicos.

Los argumentos a favor y en contra de la monarquía vuelan por el panorama español; algunos más incisivos y otros que simplemente no creen que vaya a cambiar nada con el paso de monarquía a república. Sin embargo, como bien hacemos siempre, nos ha faltado tiempo para tirarnos los trastos a la cabeza por un hecho como éste. Acusándonos, la mayor parte de las veces, de manera infundada y sacando conjeturas aceleradas.

Al fin y al cabo, parece que no hayamos aprendido absolutamente nada de un hecho tan traumático como la Guerra Civil, y parece que la sucesión PSOE, PP, votaciones no generales con un inesperado aumento de la votación hacia los grupos de izquierdas y abdicación no nos diga nada. Esto no es una llamada al pánico ni al dramatismo, es simplemente una analogía para hacer referencia a que nuestra mentalidad, casi un siglo después, no ha cambiado en lo más mínimo.

No es cuestión de pasividad ni de dejarse avasallar (faltaría). Comunicar la opinión propia es un derecho, pero quizá sería lógico que lo hiciéramos considerando antes nuestra posición ante todos los puntos de vista. Es muy cómodo depositar una papeleta en una urna y afiliarse a todos los intereses de ese partido sin cuestionarse si estamos de acuerdo en todos y cada uno de ellos y, obviamente, juzgando que el votante del partido X comulgará al cien por cien con su programa. La maquinaria de la mente humana, y de la opinión, es mucho más compleja a mi parecer que el buen hacer del equipo de marketing al elegir color, eslogan o líder mediático. También es cambiante e influenciable.

Parece que los españoles aún sigamos acomplejados por las opiniones ajenas.

¿Es el matrimonio homosexual un concepto erróneo?

Desde que en 2005 se aprobó en España la ley que permitiría casarse a personas del mismo sexo, ha reinado un debate en la sociedad española acerca de la idoneidad del término “matrimonio homosexual”. Se han aducido motivos jurídicos, éticos y religiosos tanto a favor como en contra. También los lingüistas han abordado la cuestión desde un punto de vista etimológico. Yo mismo escribí un artículo hace tres años criticando el uso del término matrimonio en este contexto. Vuelvo en el presente artículo sobre mis pasos para puntualizar una serie de aspectos fundamentales y concluir que el concepto de “matrimonio homosexual” no viola ninguna ley de la lengua.

Antes de empezar, quiero dejar claro que aquí se hace un análisis puramente lingüístico del tema. Lo que opine yo en otras esferas de análisis es completamente irrelevante y, por otro lado, de sobra conocido entre quienes me leen y me tratan a diario.

Hecha esta aclaración, vuelvo a destacar los problemas etimológicos en que incurriría el término “matrimonio” aplicado en este contexto. Matrimonio se deriva de los étimos latinos matris, genitivo de mater (madre) y munium (función, cuidado, ya que se consideraba que el mayor esfuerzo de la pareja a la hora del cuidado de los niños recaía en la madre), por lo tanto, la función de la madre inevitablemente descarta una relación de dos hombres, en la que no hay madre, cosa que no funcionaría de la misma forma si se tratase de dos mujeres, relación en la que sí puede haber una madre.

En cuanto a su aplicación en la realidad, el término matrimonio es una figura del derecho romano con la que un hombre podía trasmitir su patrimonio a sus descendientes directos.

La palabra continuó utilizándose en el derecho medieval ya desde una óptica cristiana, en el sentido de la unión eterna de un hombre y una mujer ante Dios. En el siglo XIII, Alfonso X escribió las Siete Partidas, un conjunto de normas con las que intentó darle uniformidad jurídica a todo el reino de Castilla. En una de estas partidas, se encuentra una referencia etimológica bastante interesante:

Matris y munium son dos palabras del latín de que tomó nombre matrimonio, que quiere tanto decir en romance como oficio de madre. Y la razón de por qué llaman matrimonio al casamiento y no patrimonio es esta: porque la madre sufre mayores trabajos con los hijos que no el padre, pues comoquiera que el padre los engendre, la madre sufre gran embargo con ellos mientras que los trae en el vientre, y sufre muy grandes dolores cuando ha de parir y después que son nacidos, lleva muy grandes trabajos en criarlos ella por sí misma, y además de esto, porque los hijos, mientras que son pequeños, más necesitan la ayuda de la madre que del padre. Y porque todas estas razones sobredichas caen a la madre hacer y no al padre, por ello es llamado matrimonio y no patrimonio“.

Hasta ahora hemos podido ver las objeciones etimológicas e históricas que podría tener el matrimonio homosexual. Sin embargo, la lingüística ha de tener muy presente que, en un buen número de casos, los hablantes no respetan el origen etimológico de los términos que utilizan y las palabras comienzan a abarcar nuevos sentidos que se alejan del inicial. Los ejemplos en nuestra lengua son abundantísimos. Así, la palabra “histeria” significa literalmente “relativo al útero”, pues cuando surgió el concepto, las creencias de la época atribuían el comportamiento histérico exclusivamente a las mujeres. Con el tiempo, la evolución de la psicología demostró que la histeria era un fenómeno que bien podía darse igualmente en hombres. Sin embargo, se continúa utilizando la palabra “histérico” para referirse a hombres con dicho trastorno y no ha ocurrido ninguna catástrofe.

Vemos que uno de los significados se ha alejado de su sentido inicial. Pero esa es la naturaleza de la lengua: el dinamismo. Construimos nuestro lenguaje a partir de analogías con el mundo que percibimos; nuestro conocimiento de la realidad se amplía y modifica constantemente y con él la variedad de metáforas y acepciones de cada palabra. Un ratón era hasta hace pocos años un roedor; desde la llegada de los ordenadores, se incorporó la acepción del aparato que mueve el cursor por la pantalla.

El matrimonio homosexual es una realidad jurídica en cada vez más estados y la flexibilidad semántica del término “matrimonio” ha extendido su significado a una nueva realidad social. Un concepto harto conocido en la lingüística es el de la motivación. Los hablantes creamos palabras porque nuestro entorno nos crea necesidades constantes. De esta forma, los esquimales tienen más de 20 palabras para designar a la nieve porque su entorno se lo exige. O, si no inventamos una nueva palabra, añadimos un nuevo sentido a una palabra ya existente.  El matrimonio homosexual es una nueva realidad y, como tal, ha encontrado su designación en una palabra que ya existía previamente. Nada nuevo bajo el sol.