Las vicisitudes del Tao.

En este artículo procederemos a analizar una de las filosofías más antiguas del mundo: el taoísmo, que junto con el confucianismo, han sido las dos corrientes más influyentes en la larga historia de China, y que aún hoy día sigue estando muy presente en la estructura cultural y social de la civilización asiática.

Si bien toda inmersión filosófica requiere de concentración, adentrarse en filosofía china requiere de un añadido para los occidentales, ya que la cosmogonía oriental necesariamente requiere la suspensión de los modos occidentales de conocer el mundo. Además, el lenguaje ideogramático chino -para bien o para mal- se caracteriza por su falta de precisión, por la ambivalencia semiótica, lo cual hace que las palabras puedan adaptare más fácilmente a la realidad constantemente cambiante. Ésta es sin duda una característica que gustaría a Nietzsche, pues en el Crespúsculo de los Ídolos, criticó a todos aquellos filósofos que trataban de encorsetar la realidad mediante palabros convirtiendo así sus filosofías en momias (entre los que fueron objeto de esta crítica están Descartes, Kant y Platón). El chino pues tiene una naturaleza más proclive a captar la realidad cambiante ya descrita por Heráclito de Éfeso, haciendo las ideas filosóficas chinas diferentes ya en esencia.

El taoísmo es esencial para entender china, y por tanto, el mundo: ayuda a explicar ese estoicismo característico de los chinos y las numerosas contradicciones que se viven en china. El taoísmo es la corriente filosófica opuesta al confucionismo. Aunque data del S. IV a.C., sus implicaciones están por doquier y aportan enseñanzas a las que se le pueden extraer mucho jugo. El conocimiento de otras filosofías lejanas y diferentes nos brinda la oportunidad de salir del provincianismo intelectual de algunos intelectuales afincados en un determinado tipo de cosmogonía. Asimismo, como tendremos ocasión de comprobar a lo largo de este artículo, podemos encontrar numerosos paralelismos con algunos conceptos de la filosofía occidental.

Al igual que es probable que gran parte de la Biblia fuese un saber popular que posteriormente fue llevado a la escritura, es más que probable que el taoísmo ya estuviese en boga por las tierras de Asia antes de ser recogido por escrito en el Tao Te Jing (道德经, “El libro del camino de la virtud”). Y es probable que, al igual que Sócrates o Jesucristo, Lao Tse (老子, “maestro viejo”) -considerado el adalid del taoísmo- nunca haya existido. Lo que está claro es que los descubrimientos arqueológicos que llevaron al descubrimiento de las tablillas de bambú y seda con escritos taoístas, fueron la cristalización de un proceso evolutivo llevado a cabo, eso sí, por sabios de una magnitud inimaginable para la época.

Ejemplo de una parte del Tao Te Jing

Para comprender la filosofía taoísta, es necesario entender claramente el concepto de Tao (道, “camino”), uno de los conceptos más oscuros pero más centrales en la filosofía que nos ocupa. El Tao no es más que el funcionamiento del mundo, la forma que la Naturaleza tiene de proceder, las leyes universales e intempestivas de la Naturaleza. Es un concepto cercano al arjé presocrático, pero el Tao tiene un sentido más espiritual que material: es un proceso, el camino por el que la Naturaleza discurre sin principio ni fin.

El Tao se hará sentir a través del Qi (气, “energía”). Es decir, las leyes de la Naturaleza (Tao), se hacen patentes a través de la energía (Qi), creándose y transformándose todo lo que hay (materia). Aquí conviene hacer una distinción entre existir y haber, ya que a diferencia del latín y el griego, en el chino existe una clara distinción entre la existencia (有, “haber, existir”; 无, “no haber, no existir”) de la esencia o del ser (是, “ser”; 非, “no ser”). Esta distinción es importante, porque las cosas que existen o las cosas que hay son las que ya son materia, mientras que las cosas que son, engloban a las cosas que no hay y las que hay, en el sentido de que todavía no las hay, pero la Naturaleza podrá crearlas a través de la energía.

El proceso es como sigue: el Tao, a través del Qi, crea el Yin (阴) y el Yang (阳), que no es más que la lucha de contrarios, a través de la cual el ser y el no-ser se suceden constantemente y se crea todo lo que existe: felicidad engendra la infelicidad y viceversa, la masculinidad engendra la feminidad y viceversa, el calor engendra el frío y viceversa, etc.

El Tao que es infinito, se representa mediante un círculo. Luego engendrará el yin y el yang, que se representa mediante el blanco y negro simétrico en movimiento, que a su vez engendrarán todo cuanto hay.

En este sentido el Tao se asemeja bastante a la Idea de Hegel, al perfecto ser para sí, al Absoluto, donde los contrarios mediante un proceso dialéctico llevan a una síntesis, una especie de término medio. El Tao no es un ente material y en cierto sentido se asemeja al logos (conocimiento, funcionamiento del mundo, etc.). En el Tao De Jing se dice: “Quien responde cuando le preguntan por el Tao, no conoce el Tao”, aludiendo a la infinitud de la Naturaleza y por ende a su inaprenhensibilidad, pero también paralelo al concepto de ignorancia Socrática, donde es más sabio el que calla que el que afirma, también inserto en el taoísmo como veremos más tarde.

Ilustremos el concepto del Tao con un ejemplo. Las personas tenemos en nuestra Naturaleza ciertas características (como el medir 1,70 o desarrollar calvicie, por ejemplo) que pueden estar manifiestas o no: lo que se conoce como el fenotipo y genotipo. El Tao sería como el genotipo: las leyes de la Naturaleza, lo que está escrito que así sea, percibámoslo o no, se haya realizado o no. Y a través del Qi se va convirtiendo en fenotipo, se va realizando, manifestando: el ser se convierte en haber. El Tao por ende engloba lo que existe y lo que no existe. El Tao tampoco tiene un sentido de causalidad, sino de alternancia: la realidad va cambiando de estado, sin que exista una causa directa de tales cambios.

Por tanto, vemos que el Tao, se parece bastante al Dios en el que creía Einstein: el Dios de Spinoza, es decir, no hay otro Dios más que la Naturaleza en sí, las leyes del universo.

Una vez entendido el Tao, podemos pasar a aspectos más concretos de su filosofía. El siguiente concepto en importancia es el Wei-Wu-Wei (为无为, “actuar no actuar”), que podemos traducir como “actúa sin actuar”. Lao Tse defiende la inacción: “El que actúa fracasa; el que aferra algo lo pierde. Por eso el sabio no actúa y de ese modo no fracasa; nada aferra y de ese modo nada pierde”. Lo que Lao Tse defiende -más allá de la malinterpretación- no es la absoluta inacción sino la fusión de la acción del hombre con la acción de la Naturaleza, mediante la suspensión del razonamiento, potenciando la espontaneidad y tratando de minimizar la intervención en la Naturaleza.

El objetivo de esta filosofía, como el de otras tantas, es conseguir llegar a la ataraxia, la falta de preocupación, la imperturbabilidad. La forma de conseguirlo es a través de la suspensión (entiéndase por suspensión más una relajación que una negación) de la acción (无为, “no acción”), lo que implica la suspensión del deseo (无欲, “no deseo”), del conocimiento (无知, “no saber”), de la lucha (无争, “no lucha”) , de la mente (无心, “no mente”) y de la palabra (无信, “no palabra”): “El hombre virtuoso debe abstenerse de toda afirmación”. De nuevo, observamos aquí un claro paralelismo con Sócrates que defendía que al no existir la verdad definitiva era más sensato el callar y el no actuar. En palabras de Lao Tse: “El que sabe no habla; el que habla no sabe”.

Esta idea está en conflicto a la propugnada por Ludwig Von Mises en la Acción Humana que defendía -al igual que Kant- que la razón humana siempre hará uso de la imaginación y nunca quedará colmada por completo. Para Mises, esto hará que el hombre siga persiguiendo sin fin objetivos cada vez más elevados, escalando así en el escalafón de las necesidades con el consiguiente desarrollo sin término de la civilización, provocando el progreso y que los hombres medren cada vez más y más. En Kant, esto hará que el ser humano cada vez se haga preguntas más elevadas sin poder responder, haciendo que la metafísica no transcurra por el camino seguro de una ciencia. De ahí que en Crítica de la razón pura abogase por una cierta suspensión y autolimitación de la razón. Lao Tse, parece dispuesto a quedarse en el primer escalafón de la pirámide de Maslow, suspendiendo el deseo y el juicio (como quería Kant) con tal de alcanzar la ataraxia.

Y aquí es donde se produce una primera contradicción en la filosofía taoísta. Contradicción entre la Naturaleza (Tao) y la autolimitación del hombre que se defiende en el Tao De Jing, pues en la Naturaleza del ser humano está el desear, el plantearse interrogantes, en ir más allá, por lo que ¿autolimitarse significa ir en contra de la Naturaleza, el Tao o por el contrario el Tao no es más que la Naturaleza de todo cuanto existe a excepción del ser humano que queda excluido de ella?

La ambigüedad del lenguaje chino y la oscuridad del texto provoca en los lectores lo que el arte abstracto en sus observadores: que cada uno vea o interprete exactamente aquello que su imaginación le permite. Con una salvedad: todos pueden leerse en el Tao Te Jing a excepción de los arrogantes y ambiciosos, con los que Lao Tse fue claro y tajante.

La leyenda cuenta que Lao Tse se reunió con su coetáneo Confucio y le animó a dejar a un lado las ambiciones y jerarquías que se desprendían de su filosofía:

“Toda vuestra enseñanza no pasa de ser palabras dichas por hombres que hace mucho desaparecieron junto con sus huesos. Cuando un hombre virtuoso se acomoda a su tiempo marcha en carruaje y, cuando no, se mueve sin rumbo llevado por el viento. Suprimid vuestra arrogancia y vuestra ambición, vuestra obsequiosidad y vuestra lascivia; todo ello no favorece en nada a vuestra persona. Esto es todo lo que tengo que deciros”. Confucio se alejó y dijo a sus discípulos: “Sé que un pájaro vuela, que un pez nada, que un animal anda; para el que anda puedo hacer trampas; para el que nada puedo hacer sedales; para el que vuela, puedo hacer arcos y flechas. En cuanto al dragón, escapa a mi inteligencia de qué manera se eleva hasta el cielo. Después de haberlo visto hoy pienso si Lao Tse no será como un dragón”.

Encuentro entre Lao Tse y Confucio.

Y es en este punto donde la filosofía de Lao Tse se acerca más a la de la Escuela Austríaca, concretamente a la Fatal arrogancia de Hayek, donde cualquiera que ose gobernar está cometiendo el error de creer que semejante ardua tarea es posible para un ser humano cuando en realidad no lo es. De hecho, cuanto menos gobierne un gobernante, mejor será. En palabras de Lao Tse:

“Por eso dice el sabio:
De nada me ocupo y el pueblo se enriquece por sí mismo;
No actúo y el pueblo se reforma por sí mismo;
Gusto de la quietud y el pueblo rectifica por sí mismo;
Es mi deseo no tener deseos
Y el pueblo se torna simple por sí mismo”.

“Con un gobierno caótico. El pueblo se torna honrado.
Con un gobierno vigilante malicioso se vuelve el pueblo”.

Este fue uno de los puntos en los que Lao Tse fue más claro de todos y cuyas ideas calaron en la civilización china y tuvieron cierta influencia en las sublevaciones que se han producido a lo largo de la historia de china, como aquella protagonizada durante la construcción de la Gran Muralla China.

A diferencia del taoísmo, para Confucio, el mundo estaba sometido a la voluntad del cielo, mientras que para Lao Tse, estaba regido por el Tao, la las leyes de la Naturaleza, una diferencia que puede parecer sutil pero que hace que ambas corrientes sean políticamente irreconciliables, al admitir una, la taoísta, no más restricción que la Naturaleza y otra, la confucionista, ni más ni menos que la restricción arbitraria de la voluntad del cielo (véase en cielo, símil a gobernante), una diferencia para la libertad individual crucial. Así, Confucio introdujo el concepto de rectitud, de deber (en cierto modo, muy similar al imperativo categórico kantiano) y de jerarquía social.

Como vemos, las ideas anarquistas son tan antiguas como el taoísmo y muchas de ellas no sólo lo defienden por ser moralmente superior y como culmen de la libertad individual, sino porque la reducción de normas conllevará el aumento del orden social.

Asimismo, el taoísmo encuentra un paralelismo importante con el iusnaturalismo o derecho natural, que defiende que los derechos del hombre están fundados en la Naturaleza humana.

En definitiva, el Tao, a pesar de a priori ser una filosofía diferente y oriental, en realidad guarda muchos paralelismos con un gran número de ideas y corrientes occidentales y, aunque es tan genérico e interpretable que cualquiera puede interpretarse en el taoísmo, lo cierto es que es un antídoto contra el abuso de poder y Partido Comunista Chino haría muy bien de preponderar sus principios sobre los de Confucio, todo lo contrario de lo que ha venido haciendo hasta el momento.

Divide et impera.

Máxima latina, que podemos encontrar en las palabras de Julio César, que no es más que un resumen de toda una filosofía política de uno de los imperios más importantes de la historia.

Roma estableció una política militar exitosa consistente en la concentración de fuerzas militares en un único foco. Así Roma en lugar de tratar de anexionar el conjunto de pueblos y ciudades limítrofes de un plumazo, decidió incluir las culturas y costumbres de estos lugares en unos casos, y en otros tratar de proceder a la conquista paso a paso. A la hora de enfrentarse al enemigo en batalla, esta estrategia también se hizo patente, donde las legiones romanas dividían los objetivos militares en unos cuantos e iban concentrándose en uno solo antes de proceder al siguiente objetivo. Asimismo, cuando el imperio entró en decadencia, el emperador Diocleciano lo dividió en dos: el Imperio romano de Occidente y el de Oriente, logrando que el imperio pudiese permanecer vivo unos siglos más.

Resulta que si levantamos la vista y miramos al horizonte de la historia columbramos que ésta máxima -aunque en principio atribuible al Imperio Romano- puede ayudarnos a entender no pocos acontecimientos en la historia de la humanidad.

Para empezar todos los grandes emperadores han fracasado en el intento de conseguir reunir bajo su mando el conjunto de las tierras que conforman nuestro mundo, desde el ya citado Julio César, Alejandro Magno, Napoleón, las dinastías chinas más importantes (Yuan y Qing), los Omeyas, el imperio ruso que llegó a ocupar un 15% del territorio mundial o el III Reich alemán. Muy probablemente este fracaso venga explicado fundamentalmente en “divide et impera”: cuanto mayor es la concentración de poder más difícil se torna manejarlo y dirigirlo. No en vano, el mayor imperio -si bien colonial- de la humanidad fue uno de los que logró hacer gala del principio que nos ocupa, llegando a alcanzar el 22% de la Tierra: el Imperio Británico. Su política colonizadora era inclusiva, tratando de adaptar los usos y costumbres populares y dando cierta independencia a las colonias de la metrópoli, cuyo ejemplo más paradigmático podemos encontrarlo en la India Británica.

Y es que resulta que en el mundo de los seres humanos la división es un principio irrenunciable donde se encuentra el punto de inflexión en una miríada de acontecimientos sociales. Descartes ya trató el mismo en su método, afirmando que la ciencia ante cualquier problema primero debía abordarlo dividiendo el problema en otros más pequeños (análisis) para luego volver a recomponerlo al tiempo que se encuentra una solución (síntesis). Todos los seres humanos básicamente compartimos la misma estructura cerebral y hay cosas inmutables ante la historia, diferentes formas de proceder o ramas del saber.

Así, renombrados economistas como Adam Smith y David Ricardo enunciaron teorías como la división del trabajo y la división (especialización) del comercio internacional, asegurando que si unas personas se encargan de hacer un único tipo de trabajo y otros otro único tipo de trabajo diferente al anterior, al final los resultados serán mejores que si uno se lo hace todo y no intercambia con nadie (como proponía el francés Thoreau). La división, pues, lleva a la especialización, obteniendo un mayor rendimiento de las tareas llevadas a cabo. Es por eso por lo que el proteccionismo, la disminución del comercio y las políticas militares avariciosas con numerosos frentes abiertos fracasan de igual manera: divide et impera.

El pueblo romano, que dejó un impagable legado con su derecho, incluyó este principio al otorgar ciertas ventajas a la “propiedad plural” considerando que era más beneficioso que la propiedad estuviese repartida en muchas manos en lugar de que estuviese concentrada en tan sólo unas pocas, siendo éste uno de los principios básicos del liberalismo que rechaza la concentración de la propiedad en manos del Estado, gestionado además por políticos bajo una estructura e incentivos adversa.

La externalización de servicios, cuando una empresa contrata a otra para que gestione parte de sus funciones, tampoco podría ser explicada si éste principio. Cuando una empresa alcanza determinada dimensión, el control se convierte en más arduo que antes y recibe menos rédito que antes, siendo más rentable externalizar una parte de la empresa a otra.

Es éste pues un principio importante, donde el poder es sostenible siempre y cuando esté dividido en concentraciones más pequeñas, que conviene tener muy en cuenta una gran variedad de situaciones (ámbito familiar, empresarial, estratégico, militar, etc.) y la historia y la psicología dan prueba de ello: divide et impera.

La libertad y el petróleo.

Todos nosotros estamos asistiendo a un acontecimiento de una relevancia mayúscula para la geopolítica mundial que, de continuar en esta tendencia (todo apunta a que así sea), podría cambiar la configuración del mundo y las expectativas que tenemos del mismo.

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Los precios del petróleo llevan descendiendo desde noviembre del año pasado, alcanzando en la actualidad un precio por debajo de los 50$ por barril de Brent, la mitad de lo que valía hace tan solo unos meses. Esto beneficia a los usuarios del oro negro mientras que perjudica a sus productores. Aunque hay que recalcar que gran parte de las empresas petroleras (por ejemplo, Repsol) ven el efecto-precio prácticamente diluido por efecto de los impuestos, por lo que tales empresas obtienen sus beneficios principalmente por el volumen (efecto-cantidad) más que por el precio, no así los receptores de los impuestos.

El cártel de la OPEP, un acuerdo entre países exportadores del petróleo para restringir la oferta aumentado el precio del mismo y así maximizar las rentas que pueden obtener del resto del mundo, parece tener un adversario situado en el frente de la libertad. La revolución del fracking (o fracturación hidráulica) ha permitido a EEUU reducir su demanda de hidrocarburos en el exterior. Esta revolución lleva fraguándose mucho tiempo y es ahora cuando está comenzando a dar sus frutos. La revolución está para quedarse. El sector del fracking, como apunta el experto Daniel Lacalle, es uno de los menos endeudados (presentando un ratio de deuda no financiera sobre beneficios antes de intereses, depreciación e impuestos entre 0.4 y 1.5).

¿Qué puede hacer la OPEP para defenderse? Incrementar aun más la restricción parece improbable, también se obtienen rentas por el volumen y no sólo por el precio y, sobre todo, la producción de petróleo cada vez es menos una actividad monopolística, por lo que la típica estrategia de la OPEP tendría ahora pocos visos de éxito.

Por otro lado, las energías renovables, si bien todavía presentan una dudosa competencia a los hidrocarburos, han reducido enormemente sus costes por unidad de energía en los últimos años y están proliferando por todo el mundo, cuyo máximo ejemplo es China, que acaba de invertir masivamente en energía solar y eólica. Poco a poco, todo apunta a que la demanda de petróleo vaya disminuyéndose en términos relativos. Cada vez una unidad adicional de crecimiento económico requiere de menos cantidad de petróleo. No olvidemos tampoco que la eficiencia energética es fundamental también para el desarrollo.

Parece que el negocio monopolístico del petróleo tiene los días contados, cuyos participantes carecen de un modelo económico diversificado (como requeriría el de una economía moderna) y en estos momentos cuentan con graves problemas para afrontar sus pagos. El paradigma de ello es Venezuela, cuyos ciudadanos han estado imbuidos en un inmenso espejismo socialista, el espejismo del petróleo. Rusia ha empezado a censurar las noticias económicas en los medios rusos y se espera que se empiecen a tomar medidas para revertir la previsión de caída del PIB para este año en más de un 5%.

La conclusión de todo ello es que la libertad sigue abriendo camino por el mundo y aquellos que apostaron por la manipulación de los precios y el desarrollo de un sistema extractivo están sufriendo sus consecuencias, viéndose obligados a buscar financiación desesperadamente y a implementar reformas y avanzar hacia la apertura y la diversificación económica. El poder económico inclina aún más su balanza a los partícipes del librecambio, lo que trasladará peso geopolítico en sus territorios en un futuro no muy lejano.

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China en construcción

Jaleo. Tumulto. Cansancio. Me subo en el vagón de metro que me lleva de vuelta. Todo me resulta muy desconocido. La gente me mira con la misma curiosidad con la que yo les miro. De pronto el vagón sale del oscuro túnel y los fuertes destellos que emiten los rascacielos desde el otro lado del río penetran en el vagón. Sin pensarlo me giro para mirar por la ventana el espectáculo y alcanzo a ver una miríada de edificios en construcción acompañados por otros no pocos rascacielos ultramodernos repletos de todo tipo de luces. En ese momento me digo a mí mismo: China está construyéndose. Es domingo. Pasadas las diez de la noche. Caminando desde la parada del metro hasta la habitación, observo un grupo de obreros trabajando realmente apresurados cargando una especie de piedras negras que, supongo, servirán para colocarlas como baldosas en algunos edificios. En ese momento me vuelvo a decir: ¡Y a qué velocidad!

Si tuviese que resumir el país en una palabra –cínica osadía de mi parte– usaría la palabra enorme. China es un país enorme en territorio, enormemente heterogéneo y enorme en población y también cuenta con la historia más larga de todas las civilizaciones. Podría usar también la palabra diferente. Y es que yo como occidental me he dado cuenta que muchos de los esquemas mentales que solemos usar para comprender el mundo, nuestra cosmogonía, en múltiples situaciones no sirven para China. Conceptos como madurez, afecto, inteligencia, tienen un significado diferente. Es por ello por lo que ver China a través de ojos occidentales tiene un importante sesgo, aunque no deja de ser un sesgo interesante, que quiero compartir con todos vosotros.

En lo que concierne a las relaciones sociales, la forma de mostrar interés por el otro entre los chinos no pasa ni por las buenas palabras ni por muestras de afecto físicas, como hacemos los españoles con un apretón de manos, una palmada en la espalda o un abrazo. Nada de eso. Su forma de hacerlo es mediante lo que podríamos denominar las acciones. Así, es posible que un chino te tenga un gran aprecio, pero no te abrace ni te diga nada especial ni tan siquiera te salude o se despida de ti, pero sí te haga la comida, te ofrezca algo suyo, te compre medicina, etc. Existe un proverbio chino (事实胜于雄辩) que dice que las acciones hablan más alto que las palabras. Aunque este proverbio de alguna u otra forma también lo tenemos en nuestra cultura, en China está muchísimo más arraigada esta idea. Por lo general los chinos no hablan demasiado y mucho menos sobre conceptos abstractos, pero sí actúan mucho; digamos que son más prácticos (y también menos teóricos) que los occidentales. Por lo que he podido comprobar no está bien visto el que una persona se pase el tiempo hablando sobre cosas que no tengan un reflejo rápido y directo en la vida práctica. En definitiva, en china un síntoma de madurez es el ser práctico.

Esta forma de ser puede estar condicionada por su historia. China es un país que hace unos treinta años estaba sumido en la pobreza absoluta. Y como todo el mundo sabe, ser pobre te hace ser resultadista, ya que todo el tiempo que se tiene cuando se es pobre se utiliza para intentar mejorar la situación de penuria en lugar de usarlo para especular o divagar con cosas que no tengan un resultado práctico inmediato. Este pragmatismo es el que permitió que China cambiase radicalmente de política económica en 1979 pasando de un férreo comunismo a un capitalismo sorprendente, aunque con matices. A los chinos les da igual el sistema político o económico, las tesis de Marx o de quien sea, lo que quieren es comer bien todos los días y mejorar la calidad de vida. Es por ello por lo que creo que una revolución política en China puede estar lejos.

A medida que uno va pasando tiempo en China se ve cada vez más impregnado por los problemas que tiene el país y por lo tanto cada vez se hace uno más consciente de los mismos. Y puede que la ciudadanía china no se percate de los mismos, pues la gran mayoría no conoce otro modo de vida que el suyo propio, debido al cierto aislamiento que viven con respecto al exterior (aunque cada vez menos), por razones de lenguaje y por razones burocráticas (política exterior del gobierno de China, bloqueo masivo de la red por parte del gobierno, etc.). Una de las numerosas fuertes divisiones que existen entre los ciudadanos (aldeanos versus urbanitas, pobres versus ricos, etc.) es la que se produce entre políticos y ciudadanos normales. Parece como si el país fuese una gran colmena donde las abejas obreras tienen encomendada una tarea determinada mientras que la abeja reina, es decir, el politburó chino, se dedica a las cuestiones políticas. Ni los ciudadanos son informados de estas cuestiones, ni a ellos les parece interesar, ni participan de las mismas. Simplemente son castas diferentes y que no tienen relación la una con la otra: cada una se dedica a lo suyo y ninguna se interesa lo más mínimo por la otra. En este sentido no puedo dejar de citar a Fernando Sánchez Dragó sobre China:

“No hay descontento en China, por más que los medios de información se empeñen en elevar las anécdotas a categorías convirtiendo el ronroneo de cuatro gatos vanidosos en clamor social y en atribuir el estatus de héroe al oscuro don nadie que este año, sin hacer nada por merecerlo, ha recibido (es un decir) el premio Nobel de la Paz. Cierto, hay excepciones, ¡cómo no va a haberlas en semejante gentío!, pero los chinos de a pie están encantados con una clase política que les permitirá, o eso creen, ganar dinero, jugárselo, fundar una empresa, abrir una tienda, montar un negocio, tener concubinas, humillar a Japón, comprar un buen coche, comer a lo bestia, ir de Pequín a Bangkok por una autopista de veinte carriles, visitar las ruinas de Angkor, hollar la gravilla de los templos de Kioto y escupir donde les venga en gana”.

Lo cierto es que China se trata de un país enorme y heterogéneo que engloba gran cantidad de dialectos, costumbres e incluso razas. Es por esto por lo que muchos piensan que si en todo el país se experimentara la libertad que vive Hong Kong, China terminaría disgregándose en numerosos episodios secesionistas, como realmente ha acontecido recurrentemente en la historia de China antes de Mao. Así, es muy común escuchar que Mao levantó el país (porque unió a todos los chinos) y Deng Xiaoping lo echo a andar. Teniendo en cuenta la enorme disparidad y heterogeneidad que se da entre unas regiones y otras de China y teniendo en cuenta los conflictos territoriales que se siguen produciendo tales como en Taiwan, el Tibet y la provincia de Yunnan, es muy difícil que China se mantenga unida territorialmente como ahora.

Además China es todavía un país subdesarrollado, incomparable a los países del primer mundo, cuyo PIB per cápita todavía es 9.944 dólares, ocupando el puesto número 93 del mundo, al nivel de Turkmenistán, Albania o las Maldivas, a pesar de haber experimentado décadas de un crecimiento económico vertiginoso. Fruto de este crecimiento económico tan elevado, China ha acortado camino entre los países desarrollados y subdesarrollados en muy poco tiempo, pero la sociedad todavía debe adaptarse a estos cambios tan rápidos, que en muchos casos sigue anclada en arcaicas costumbres, tales como casar a los hijos por conveniencia, corrupción en las instituciones, un vergonzoso nepotismo enraizado en casi todos los lugares, una desigualdad realmente impactante, etc.

Además, no sólo es importante valorar el crecimiento económico o el PIB per cápita, sino el historial del PIB per cápita que ha tenido el país. Es decir: si dos países A y B tienen el mismo nivel de PIB per cápita eso no quiere decir que los dos son iguales de ricos, sino que los dos producen (gastan e ingresan) lo mismo cada año, pero si A estuvo 30 años produciendo (gastando e ingresando) muy poco mientras que el B estuvo los otros 30 produciendo (gastando e ingresando) mucho, esto quiere decir que el país B es mucho más rico que el A, aunque el PIB per cápita sea idéntico, pues los anteriores niveles de PIB per cápita sufridos por la historia del país repercuten también sobre el presente del país.

Y es que China al ser un país que hace tan sólo 30 años estaba sumido en la miseria, es difícil, por muy veloz que vaya la economía, que se convierta en un país desarrollado en tan poco tiempo. Para ello faltan todavía bastantes años y bastantes retos que afrontar. Pero ello sin embargo es realmente positivo, porque el país, como reza el título del artículo, está en plena construcción y el futuro de la nación asiática va a depender en buena medida de lo bien o mal que se construyan ahora esos cimientos que soportaran el futuro del país. Por ejemplo, China todavía no cuenta con un sistema público de educación ni de sanidad similar al europeo ni por supuesto un sistema de pensiones. Europa tiene ya construidos estos sistemas, que ocasionan enormes problemas a las economías europeas y que ensombrecen el futuro del país, por errores en el diseño de los mismos; pero, una vez construido, derribar el sistema para construir otro nuevo conlleva costes inasumibles. Pero China está en proceso de construcción de todo eso, pudiendo conseguir la construcción de un buen sistema, eludiendo los problemas que otros países están experimentando y que tienen que arrastrar durante bastantes años más.

Uno de los retos más importantes a los que debe hacer frente China es sin duda la desigualdad económica que más que desigualdad yo preferiría definirlo como yuxtaposición de la miseria y la riqueza, pues cuando uno va caminando por la calle puede observar que viven casi en la misma calle personas que se dedican el día completo a vender botellas de plástico por un par de yuanes con jóvenes ricos que van a recoger a la novia todos los días en su nuevo Masseratti. El rápido crecimiento económico claramente no ha sido sentido por toda la población. Esta desigualdad también puede percibirse en la composición de los precios de los artículos: los artículos de baja calidad son extremadamente baratos mientras que los artículos de alta calidad son extremadamente caros, una diferencia mucho más pronunciada de la que puede percibirse en España, que se debe a que los ricos tienen mucho más poder adquisitivo (y por lo tanto demandan muchos más productos de alta calidad, elevando su demanda) que los pobres.

Y es que, como ya decía William Athur Lewis, mientras un país está desarrollándose experimenta un proceso de economía dual, es decir, presentan sectores, lugares y empresas desarrolladas que tiran de la economía del país pero también presentan sectores tradicionales, lugares pobres e industria típica del subdesarrollo. Con el tiempo, con la acumulación de capital, con el ahorro y con el crecimiento económico al final toda la economía termina desarrollándose. China ahora está en este proceso con una clara dualización de la economía entre sectores avanzados y sectores subdesarrollados casi conviviendo prácticamente en la misma calle.

Cuando uno visita un país tiene la suerte de percibir realidades que no pueden reflejar los datos estadísticos y reflejan perfectamente la realidad económica de un país. Personalmente creo que un claro indicador de la riqueza media de un país es la calidad media de los productos. Si en un país la mayoría de los supermercados venden productos de baja calidad, las viviendas se fabrican con materiales más baratos, etc. es un claro indicador de que el país en el que se vive es pobre. Si por el contrario, uno acude a un país y a cada supermercado en el que entra le cuesta encontrar algún artículo de baja calidad o barato, es un sinónimo de que se vive en un país rico. Y es por ello por lo que los países más ricos son también los más caros, porque los ciudadanos de allí viven con productos más caros, de mayor calidad, ya que al disponer de mayores recursos demandan mejores productos. Según la calidad media de los productos, a China la situaría dentro de los países pobres, a España en los países de ingreso medio y al Reino Unido dentro de los países ricos.

Antes hablábamos de que los esquemas mentales occidentales se dan de bruces con la realidad oriental. Así como en Estados Unidos los rascacielos son una prueba de riqueza, de desarrollo y de nivel económico, en China nada más lejos de la realidad. A pesar de que es posible maravillarse con los fastuosos rascacielos en las grandes ciudades, lo cierto es que la una mayoría de la población vive en pueblos hundidos en la miseria que se abastecen del autoconsumo y en algunas ocasiones de lo que consigues pillar de las grandes ciudades. Es decir, las grandes ciudades repletas de rascacielos son la excepción en China, aunque, eso sí, se trata de algo nuevo, naciente. Pero es que además dentro de las grandes ciudades se esconden grandes bolsas de pobreza y la gran parte de los ciudadanos de las grandes ciudades viven peor que los ciudadanos normales, por ejemplo, España. Just poor high buildings.

Otra característica del país es que existen empleos de baja productividad, digamos, inútiles, tales como barrenderos de pistas de aeropuerto, asistentes de párking, enorme cantidad de empleados para una sola tarea, etc. Y es que asegurar a todo el mundo un empleo tiene enormes desventajas en un país: que exista una gran cantidad de empleo improductivo, afectando a la productividad del país y a la capacidad de aprendizaje de los trabajadores; que se generen costes adicionales; que se desincentive el trabajo de buena calidad, etc.

Tras observar que la mayoría de la gente va con enormes fajos de billetes a comprar cualquier cosa –síntoma de inflación y de devaluación de la moneda–, pregunto sorprendido: -¿El billete más grande aquí cuál es? -Este, el de cien yuanes, me responden. ¡Madre mía! ¡Lo compran todo con un billete equivalente a diez euros! Me pregunto a mí mismo: ¿no renuevan los billetes? ¿por qué la imagen de Mao en todos los billetes y no la de Deng Xiaoping en algunos? ¿por qué las autoridades no crean billetes más grandes? Unos días más tarde hallé la respuesta: porque en las grandes ciudades es donde se mueve el dinero en china y cuando uno va de visita a un pueblo se percata que el billete de cien yuanes es prácticamente una fortuna; por lo tanto, los billetes sirven para todos los ciudadanos chinos y dada la enorme desigualdad en China crear billetes más grandes no sería algo acertado.

Los numerosos edificios en construcción y la elevada velocidad a la que se construyen es la metáfora más perfecta para una nación que está desarrollándose a un ritmo vertiginoso pero que todavía le queda mucho camino que recorrer y muchas piedras en ese camino que sortear. Me adhiero plenamente a la tesis de Joe Zhang de que China necesita una recesión económica para incentivar el desarrollo equilibrado de la nación. De hecho, creo que China va encaminada a esa recesión (algunos bancos provinciales ya han dejado de otorgar préstamos a las inmobiliarias) y que podría tener como consecuencias las siguientes: reducción de los niveles contaminación, fuerte presión a la liberalización definitiva de los tipos de interés y del sistema financiero, reducción de la inflación, aumento del desempleo (con el consecuente aumento de la productividad), posible apreciación del yuan, cierta reducción del poder del gobierno sobre la sociedad, entre otros.

China es una civilización con una larga historia de éxito que ahora comienza a renacer de sus cenizas tras varias décadas sombrías de comunismo a una velocidad nunca antes vista en la historia. Pero el camino del subdesarrollo al desarrollo es largo. Y en mi opinión, sin una crisis económica, China no se desarrollará nunca, pues es el único instrumento que puede equilibrar el enorme desequilibrio que vive china en su economía y en su sociedad. Es una cuestión de tiempo. Soy optimista respecto al futuro a largo plazo de China, pues el país cuenta con numerosas ventajas y numerosos potenciales, todo depende de cómo de bien se construyan los cimientos de una nación con mucho futuro por delante.

Por qué una recesión sería positiva para China.

A principios de año, el economista chino Joe Zhang escribió un interesante artículo, Why a recession would be good for China, donde deseaba claramente una recesión para la economía china, a fin de solucionar o reducir las sombras que el elevado crecimiento económico está proyectando sobre el desarrollo de la civilización china, entre las que señalaba el encarecimiento de los servicios básicos y la elevada depredación medioambiental.

Sin duda una recesión (más pronta que tardía) de la economía china sería una buena noticia para el desarrollo del país desde todos los puntos de vista y debería ser acogida con gran entusiasmo por los ciudadanos chinos. Analicemos las principales razones por las que me adhiero al deseo de una recesión en la economía china:

  • 1. Agotamiento de la fábrica del mundo

Desde la caída el comunismo y el inicio del período de la transformación económica, China ha basado su crecimiento económico principalmente en la exportación. Ello se ha conseguido gracias a los reducidos costes laborales (debido en parte al gran número de ciudadanos que vivían en el campo) y a la deliberada devaluación de la divisa china, que hace abaratar los productos frente al exterior. Las autoridades chinas elevaron el tipo de cambio de 1 yuan por 1 dólar aproximadamente en 1980 hasta 8 yuanes por 1 dólar en 1995. Esto ha hecho que las autoridades chinas dispongan en sus arcas el 35% de todas las reservas mundiales de divisas extranjeras, lo cual implica un elevado riesgo cambiario, además de evidenciar la enorme devaluación que presenta la moneda china y de perjudicar el bienestar de los consumidores chinos, puesto que importar productos de fuera es ocho veces más caro ahora que en 1980. Este modelo está dando los últimos coletazos y las autoridades están intentando planificar una transición hacia una moneda más fuerte, otorgándoles más poder a los consumidores chinos y un mayor poder de compra en el exterior, lo que se traducirá en un verdadero crecimiento de la renta per cápita y del PIB.

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Una recesión en China obligará a los dirigentes a acelerar las reformas y a avanzar más rápidamente en este modelo, rechazando por completo el modelo tan liberticida que China ha experimentado desde la apertura económica hasta la actualidad. Cuando se produzca tal cambio de modelo, la fábrica del mundo habrá llegado a su fin y China tendrá que hacer frente a mayor competitividad exterior lo que, sin duda, estimulará su crecimiento económico, desarrollo, incremento en la calidad de sus productos, mayor creatividad e innovación y acumulación de capital. Se trata de abandonar ya un modelo caduco y cambiarlo por el modelo del que debería estar disfrutando China desde hace buen tiempo, si bien tal transición puede conllevar una reducción del nivel de crecimiento económico pero sin duda un aumento de la calidad del mismo y por tanto del desarrollo de la civilización china.

  • 2. Liberalización del sistema financiero

El sistema financiero chino es uno de los más regulados del mundo donde la mayor parte del crédito está controlado por autoridades gubernamentales, lo que se ha traducido en un aumento de la banca en la sombra, que está haciendo cada vez una competencia más fuerte a los bancos estatales. Sin embargo, los bancos estatales chinos, que básicamente son los que controlan la totalidad del sistema financiero, cuenta con un enorme respaldo del gobierno chino, al contar con cuatro agencias de recuperación de activos, inyecciones de capital en forma de dólares sin posibilidad de conversión a yuanes a través de la agencia estatal de inversión Central Huijin Investment, beneficios asegurados via regulación de los tipos de interés por el Banco Central de China e intervenciones para aliviar problemas de liquidez por el Banco Cental de China, por lo que el riesgo moral es elevadísimo y los bancos presentan numerosos activos tóxicos en su interior que son transferidos a las agencias de recuperación de activos.

El modelo de sistema financiero chino, que está basado en una represión financiera, erosionando los depósitos del contribuyente y aliviando las cuentas de las empresas públicas otorgándoles préstamos a bajos tipos de interés y saneando los balances de los bancos estatales cada vez que se encontrasen en problemas.

Mientras el gobierno cuente con suficientes recursos y poderes para seguir limpiando los balances de los bancos y ocultando los activos tóxicos con más liquidez y capital (en gran parte proveniente del extranjero en forma de dólares), es poco probable que se produzca una crisis financiera en el país. Sin embargo, este mecanismo tiene los días contados: la reevaluación paulatina del yuan desde el 2005 hace que los ingresos por esta vía sean cada vez menores en el futuro y el incremento de la importancia de la banca en la sombra hace que el sector financiero formal tenga cada vez menos crédito que manejar.

Una recesión en la economía china haría acelerar una transición hacia un modelo donde el sistema financiero fuese más flexible, sin fijación de los tipos de interés, con más competencia en el sector, más participación del sector privado, menos connivencia con el gobierno, un desarrollo mayor de otros mecanismos de financiación (mercado de valores, mercado de renta fija, mercado de seguros, mercado de gestión de activos, etc.). La recesión tan sólo haría aflorar los enormes problemas de solvencia (que no de liquidez) en los que la gran banca estatal está inmersa y reducir la extracción de riqueza que los bancos estatales realizan a la población. De nuevo, una recesión en la economía china incentivaría el bienestar de su población. No obstante lo anterior, una recesión parece estar cerca, pues la curva de tipos del mercado interbancario (SHIBOR) en este mismo año ha empezado a invertirse (después de llevar varios años plana), presagiando una escasez de liquidez en el sistema financiero. Además hace justo un año todos observamos con atención la crisis que se produjo en el SHIBOR, que llegó a alcanzar la cifra del 30% diario.

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  • 3. Debilitamiento del poder político

Sin duda, esta tercera razón no les gustará nada a algunas personas y menos a los que piensan que China no tiene futuro sin un gobierno fuerte, pues es tan grande y diversa que, en otro caso, terminará disgregándose. Quizá ese sea el futuro de China, quizá no; quizá sea positivo, quizá no. Lo que sí se puede ver con cierta claridad es que la tendencia que está experimentando china es una continua reducción del poder político y un continuo crecimiento del poder del individuo, si bien todavía el peso del Estado es enorme en el país, y mucho más desde el punto de vista político e incluso en la cultura china hay inherente cierta subversión a los poderes colectivos.

Desde mi cosmogonía liberal, que defiendo que es difícil organizar una sociedad en común y es mucho más eficiente si cada uno se procura su propia felicidad puesto que cada uno se conoce mejor que nadie, pienso que un debilitamiento del poder político sería una gran noticia para China y sus ciudadanos.

Una recesión como hemos visto, podría aflorar todos los problemas que están actualmente ocultos en China tras el vigoroso crecimiento del PIB, que tendría consecuencias inexorables sobre el poder que el gobierno tiene, como hemos visto antes, tanto en el tipo de cambio como en el sistema financiero. Esto introduciría más libertad de mercado en el país y podría ser un primer paso para la apertura política.

Como afirmó ChenYu, uno de los artífices de la transformación económica china, el modelo de crecimiento se ha basado en un aumento de la jaula para que el pájaro se pudiese mover con más libertad dentro de ella. Sin embargo, llegará el momento en que la jaula tenga que eliminarse para que el pájaro pueda sobrevivir.

El árbol de la verdad.

Pío Baroja en El árbol de la ciencia dejó el siguiente trallazo:

La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averigüación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que es necesaria para la vida.

En el libro, Baroja contrapone la ciencia a la vida, afirmando que son dos árboles contrapuestos: mientras uno descansa sobre la verdad el otro descansa sobre la mentira. Sin embargo, yo creo aquí que Baroja está confundiendo ciencia con filosofía. No creo que la ciencia busque la verdad en el sentido que lo hace la filosofía, son dos saberes distintos. Sin embargo, lo cierto en la frase de Baroja es que efectivamente, la búsqueda de la verdad en el sentido filosófico puede ser contraria a la vida. La búsqueda de la verdad en el sentido filosófico resulta infructuosa. Es más, la verdad filosófica es una entelequia que a mi parecer no tiene utilidad ninguna más que la de jugar con el conocimiento: por más pruebas que se tengan de un hecho o incluso de una teoría, la mente siempre podrá crear razones que nos hagan dudar de cualquier cosa. Ahí es donde están los escépticos. Así se crea el concepto de epojé, de suspensión del juicio: dado que la imaginación es más potente que la realidad, siempre seremos capaces de dudar de cualquier cosa  por ello nunca habrá razones suficientes para estar completamente seguro de algo. Efectivamente todo esto es contrario a la vida y a la acción, como bien decía Baroja y todo el que ya haya dicho esto.

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Sócrates decía que era el más sabio de los atenienses porque decía que el sabía que no sabía nada, mientras que el resto no se percató de esta idea. Efectivamente, aquel que se crea en posesión de la vedad es un necio. Ahora bien, la ciencia discurre por caminos muy diferentes a los de la filosofía y en mi opinión es mucho más completa y útil que la filosofía. La ciencia incluye algo muy importante de lo que carecen gran cantidad de filósofos: el concepto de duda razonable. Siempre podremos dudar de cualquier hecho, pero dentro de unos límites. Cuando para rechazar una teoría o un hecho debemos recurrir a dudas insensatas, podemos afirmar que este hecho es consistente, que podemos aceptarlo. Pero no sólo eso, no creo que la ciencia busque la verdad en el sentido que lo hace la filosofía. La ciencia sólo intenta verificar hipótesis a través de premisas (deducción), a través de la experiencia (inducción) o una combinación de ambas. Además los científicos saben que muy difícilmente pueden trabajar con el concepto de una teoría que lo explique todo o que sea definitiva, sino que la experiencia y los nuevos descubrimientos van mejorando las teorías previas y la ciencia se va perfeccionando (principio de falsabilidad). Digamos que mientras que la filosofía usa la imaginación, la ciencia usa la observación y la verificación.

Dicho esto, concluyo a día de hoy que la verdad en el sentido filosófico es una entelequia que no tiene sentido y que todo aquel que quiera avanzar en un ámbito científico debe primero saber que la verdad es inalcanzable, como bien decía Sócrates. Es decir, la verdad solo nos lleva a ideologías que ignoran el mundo real, la experiencia, las demostraciones, los experimentos, etc. Así aparecen conceptos como el sesgo de confirmación, que consiste en que un individuo presenta una ideología concreta e intenta buscar en la realidad sólo aquellos hechos que la confirman, ignorando aquellos hechos que la refutan por completo.

Desde mi punto de vista como economista, creo que es una virtud intentar observar la realidad con el menor número de ideologías posibles, aprender de los hechos observables que apunten en cualquier dirección ideológica, estudiar todo tipo de teorías contrapuestas, contrastarlas, falsar las teorías anteriores y mejoralas. La economía al ser una ciencia poco experimentable y al estar relativamente poco desarrollada se presta mucho más a contaminaciones ideológicas y a personas que todavía no entendieron a Sócrates o a Popper.  El mundo es imperfecto y la realidad difícilmente encajara el completo en la estructura mental de alguien, por ello lo más razonable es aceptarlo y aprender (y desaprender) constantemente de los cambios y del mundo. En definitiva el árbol de la verdad no da frutos.