La libertad y el petróleo.

Todos nosotros estamos asistiendo a un acontecimiento de una relevancia mayúscula para la geopolítica mundial que, de continuar en esta tendencia (todo apunta a que así sea), podría cambiar la configuración del mundo y las expectativas que tenemos del mismo.

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Los precios del petróleo llevan descendiendo desde noviembre del año pasado, alcanzando en la actualidad un precio por debajo de los 50$ por barril de Brent, la mitad de lo que valía hace tan solo unos meses. Esto beneficia a los usuarios del oro negro mientras que perjudica a sus productores. Aunque hay que recalcar que gran parte de las empresas petroleras (por ejemplo, Repsol) ven el efecto-precio prácticamente diluido por efecto de los impuestos, por lo que tales empresas obtienen sus beneficios principalmente por el volumen (efecto-cantidad) más que por el precio, no así los receptores de los impuestos.

El cártel de la OPEP, un acuerdo entre países exportadores del petróleo para restringir la oferta aumentado el precio del mismo y así maximizar las rentas que pueden obtener del resto del mundo, parece tener un adversario situado en el frente de la libertad. La revolución del fracking (o fracturación hidráulica) ha permitido a EEUU reducir su demanda de hidrocarburos en el exterior. Esta revolución lleva fraguándose mucho tiempo y es ahora cuando está comenzando a dar sus frutos. La revolución está para quedarse. El sector del fracking, como apunta el experto Daniel Lacalle, es uno de los menos endeudados (presentando un ratio de deuda no financiera sobre beneficios antes de intereses, depreciación e impuestos entre 0.4 y 1.5).

¿Qué puede hacer la OPEP para defenderse? Incrementar aun más la restricción parece improbable, también se obtienen rentas por el volumen y no sólo por el precio y, sobre todo, la producción de petróleo cada vez es menos una actividad monopolística, por lo que la típica estrategia de la OPEP tendría ahora pocos visos de éxito.

Por otro lado, las energías renovables, si bien todavía presentan una dudosa competencia a los hidrocarburos, han reducido enormemente sus costes por unidad de energía en los últimos años y están proliferando por todo el mundo, cuyo máximo ejemplo es China, que acaba de invertir masivamente en energía solar y eólica. Poco a poco, todo apunta a que la demanda de petróleo vaya disminuyéndose en términos relativos. Cada vez una unidad adicional de crecimiento económico requiere de menos cantidad de petróleo. No olvidemos tampoco que la eficiencia energética es fundamental también para el desarrollo.

Parece que el negocio monopolístico del petróleo tiene los días contados, cuyos participantes carecen de un modelo económico diversificado (como requeriría el de una economía moderna) y en estos momentos cuentan con graves problemas para afrontar sus pagos. El paradigma de ello es Venezuela, cuyos ciudadanos han estado imbuidos en un inmenso espejismo socialista, el espejismo del petróleo. Rusia ha empezado a censurar las noticias económicas en los medios rusos y se espera que se empiecen a tomar medidas para revertir la previsión de caída del PIB para este año en más de un 5%.

La conclusión de todo ello es que la libertad sigue abriendo camino por el mundo y aquellos que apostaron por la manipulación de los precios y el desarrollo de un sistema extractivo están sufriendo sus consecuencias, viéndose obligados a buscar financiación desesperadamente y a implementar reformas y avanzar hacia la apertura y la diversificación económica. El poder económico inclina aún más su balanza a los partícipes del librecambio, lo que trasladará peso geopolítico en sus territorios en un futuro no muy lejano.

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China en construcción

Jaleo. Tumulto. Cansancio. Me subo en el vagón de metro que me lleva de vuelta. Todo me resulta muy desconocido. La gente me mira con la misma curiosidad con la que yo les miro. De pronto el vagón sale del oscuro túnel y los fuertes destellos que emiten los rascacielos desde el otro lado del río penetran en el vagón. Sin pensarlo me giro para mirar por la ventana el espectáculo y alcanzo a ver una miríada de edificios en construcción acompañados por otros no pocos rascacielos ultramodernos repletos de todo tipo de luces. En ese momento me digo a mí mismo: China está construyéndose. Es domingo. Pasadas las diez de la noche. Caminando desde la parada del metro hasta la habitación, observo un grupo de obreros trabajando realmente apresurados cargando una especie de piedras negras que, supongo, servirán para colocarlas como baldosas en algunos edificios. En ese momento me vuelvo a decir: ¡Y a qué velocidad!

Si tuviese que resumir el país en una palabra –cínica osadía de mi parte– usaría la palabra enorme. China es un país enorme en territorio, enormemente heterogéneo y enorme en población y también cuenta con la historia más larga de todas las civilizaciones. Podría usar también la palabra diferente. Y es que yo como occidental me he dado cuenta que muchos de los esquemas mentales que solemos usar para comprender el mundo, nuestra cosmogonía, en múltiples situaciones no sirven para China. Conceptos como madurez, afecto, inteligencia, tienen un significado diferente. Es por ello por lo que ver China a través de ojos occidentales tiene un importante sesgo, aunque no deja de ser un sesgo interesante, que quiero compartir con todos vosotros.

En lo que concierne a las relaciones sociales, la forma de mostrar interés por el otro entre los chinos no pasa ni por las buenas palabras ni por muestras de afecto físicas, como hacemos los españoles con un apretón de manos, una palmada en la espalda o un abrazo. Nada de eso. Su forma de hacerlo es mediante lo que podríamos denominar las acciones. Así, es posible que un chino te tenga un gran aprecio, pero no te abrace ni te diga nada especial ni tan siquiera te salude o se despida de ti, pero sí te haga la comida, te ofrezca algo suyo, te compre medicina, etc. Existe un proverbio chino (事实胜于雄辩) que dice que las acciones hablan más alto que las palabras. Aunque este proverbio de alguna u otra forma también lo tenemos en nuestra cultura, en China está muchísimo más arraigada esta idea. Por lo general los chinos no hablan demasiado y mucho menos sobre conceptos abstractos, pero sí actúan mucho; digamos que son más prácticos (y también menos teóricos) que los occidentales. Por lo que he podido comprobar no está bien visto el que una persona se pase el tiempo hablando sobre cosas que no tengan un reflejo rápido y directo en la vida práctica. En definitiva, en china un síntoma de madurez es el ser práctico.

Esta forma de ser puede estar condicionada por su historia. China es un país que hace unos treinta años estaba sumido en la pobreza absoluta. Y como todo el mundo sabe, ser pobre te hace ser resultadista, ya que todo el tiempo que se tiene cuando se es pobre se utiliza para intentar mejorar la situación de penuria en lugar de usarlo para especular o divagar con cosas que no tengan un resultado práctico inmediato. Este pragmatismo es el que permitió que China cambiase radicalmente de política económica en 1979 pasando de un férreo comunismo a un capitalismo sorprendente, aunque con matices. A los chinos les da igual el sistema político o económico, las tesis de Marx o de quien sea, lo que quieren es comer bien todos los días y mejorar la calidad de vida. Es por ello por lo que creo que una revolución política en China puede estar lejos.

A medida que uno va pasando tiempo en China se ve cada vez más impregnado por los problemas que tiene el país y por lo tanto cada vez se hace uno más consciente de los mismos. Y puede que la ciudadanía china no se percate de los mismos, pues la gran mayoría no conoce otro modo de vida que el suyo propio, debido al cierto aislamiento que viven con respecto al exterior (aunque cada vez menos), por razones de lenguaje y por razones burocráticas (política exterior del gobierno de China, bloqueo masivo de la red por parte del gobierno, etc.). Una de las numerosas fuertes divisiones que existen entre los ciudadanos (aldeanos versus urbanitas, pobres versus ricos, etc.) es la que se produce entre políticos y ciudadanos normales. Parece como si el país fuese una gran colmena donde las abejas obreras tienen encomendada una tarea determinada mientras que la abeja reina, es decir, el politburó chino, se dedica a las cuestiones políticas. Ni los ciudadanos son informados de estas cuestiones, ni a ellos les parece interesar, ni participan de las mismas. Simplemente son castas diferentes y que no tienen relación la una con la otra: cada una se dedica a lo suyo y ninguna se interesa lo más mínimo por la otra. En este sentido no puedo dejar de citar a Fernando Sánchez Dragó sobre China:

“No hay descontento en China, por más que los medios de información se empeñen en elevar las anécdotas a categorías convirtiendo el ronroneo de cuatro gatos vanidosos en clamor social y en atribuir el estatus de héroe al oscuro don nadie que este año, sin hacer nada por merecerlo, ha recibido (es un decir) el premio Nobel de la Paz. Cierto, hay excepciones, ¡cómo no va a haberlas en semejante gentío!, pero los chinos de a pie están encantados con una clase política que les permitirá, o eso creen, ganar dinero, jugárselo, fundar una empresa, abrir una tienda, montar un negocio, tener concubinas, humillar a Japón, comprar un buen coche, comer a lo bestia, ir de Pequín a Bangkok por una autopista de veinte carriles, visitar las ruinas de Angkor, hollar la gravilla de los templos de Kioto y escupir donde les venga en gana”.

Lo cierto es que China se trata de un país enorme y heterogéneo que engloba gran cantidad de dialectos, costumbres e incluso razas. Es por esto por lo que muchos piensan que si en todo el país se experimentara la libertad que vive Hong Kong, China terminaría disgregándose en numerosos episodios secesionistas, como realmente ha acontecido recurrentemente en la historia de China antes de Mao. Así, es muy común escuchar que Mao levantó el país (porque unió a todos los chinos) y Deng Xiaoping lo echo a andar. Teniendo en cuenta la enorme disparidad y heterogeneidad que se da entre unas regiones y otras de China y teniendo en cuenta los conflictos territoriales que se siguen produciendo tales como en Taiwan, el Tibet y la provincia de Yunnan, es muy difícil que China se mantenga unida territorialmente como ahora.

Además China es todavía un país subdesarrollado, incomparable a los países del primer mundo, cuyo PIB per cápita todavía es 9.944 dólares, ocupando el puesto número 93 del mundo, al nivel de Turkmenistán, Albania o las Maldivas, a pesar de haber experimentado décadas de un crecimiento económico vertiginoso. Fruto de este crecimiento económico tan elevado, China ha acortado camino entre los países desarrollados y subdesarrollados en muy poco tiempo, pero la sociedad todavía debe adaptarse a estos cambios tan rápidos, que en muchos casos sigue anclada en arcaicas costumbres, tales como casar a los hijos por conveniencia, corrupción en las instituciones, un vergonzoso nepotismo enraizado en casi todos los lugares, una desigualdad realmente impactante, etc.

Además, no sólo es importante valorar el crecimiento económico o el PIB per cápita, sino el historial del PIB per cápita que ha tenido el país. Es decir: si dos países A y B tienen el mismo nivel de PIB per cápita eso no quiere decir que los dos son iguales de ricos, sino que los dos producen (gastan e ingresan) lo mismo cada año, pero si A estuvo 30 años produciendo (gastando e ingresando) muy poco mientras que el B estuvo los otros 30 produciendo (gastando e ingresando) mucho, esto quiere decir que el país B es mucho más rico que el A, aunque el PIB per cápita sea idéntico, pues los anteriores niveles de PIB per cápita sufridos por la historia del país repercuten también sobre el presente del país.

Y es que China al ser un país que hace tan sólo 30 años estaba sumido en la miseria, es difícil, por muy veloz que vaya la economía, que se convierta en un país desarrollado en tan poco tiempo. Para ello faltan todavía bastantes años y bastantes retos que afrontar. Pero ello sin embargo es realmente positivo, porque el país, como reza el título del artículo, está en plena construcción y el futuro de la nación asiática va a depender en buena medida de lo bien o mal que se construyan ahora esos cimientos que soportaran el futuro del país. Por ejemplo, China todavía no cuenta con un sistema público de educación ni de sanidad similar al europeo ni por supuesto un sistema de pensiones. Europa tiene ya construidos estos sistemas, que ocasionan enormes problemas a las economías europeas y que ensombrecen el futuro del país, por errores en el diseño de los mismos; pero, una vez construido, derribar el sistema para construir otro nuevo conlleva costes inasumibles. Pero China está en proceso de construcción de todo eso, pudiendo conseguir la construcción de un buen sistema, eludiendo los problemas que otros países están experimentando y que tienen que arrastrar durante bastantes años más.

Uno de los retos más importantes a los que debe hacer frente China es sin duda la desigualdad económica que más que desigualdad yo preferiría definirlo como yuxtaposición de la miseria y la riqueza, pues cuando uno va caminando por la calle puede observar que viven casi en la misma calle personas que se dedican el día completo a vender botellas de plástico por un par de yuanes con jóvenes ricos que van a recoger a la novia todos los días en su nuevo Masseratti. El rápido crecimiento económico claramente no ha sido sentido por toda la población. Esta desigualdad también puede percibirse en la composición de los precios de los artículos: los artículos de baja calidad son extremadamente baratos mientras que los artículos de alta calidad son extremadamente caros, una diferencia mucho más pronunciada de la que puede percibirse en España, que se debe a que los ricos tienen mucho más poder adquisitivo (y por lo tanto demandan muchos más productos de alta calidad, elevando su demanda) que los pobres.

Y es que, como ya decía William Athur Lewis, mientras un país está desarrollándose experimenta un proceso de economía dual, es decir, presentan sectores, lugares y empresas desarrolladas que tiran de la economía del país pero también presentan sectores tradicionales, lugares pobres e industria típica del subdesarrollo. Con el tiempo, con la acumulación de capital, con el ahorro y con el crecimiento económico al final toda la economía termina desarrollándose. China ahora está en este proceso con una clara dualización de la economía entre sectores avanzados y sectores subdesarrollados casi conviviendo prácticamente en la misma calle.

Cuando uno visita un país tiene la suerte de percibir realidades que no pueden reflejar los datos estadísticos y reflejan perfectamente la realidad económica de un país. Personalmente creo que un claro indicador de la riqueza media de un país es la calidad media de los productos. Si en un país la mayoría de los supermercados venden productos de baja calidad, las viviendas se fabrican con materiales más baratos, etc. es un claro indicador de que el país en el que se vive es pobre. Si por el contrario, uno acude a un país y a cada supermercado en el que entra le cuesta encontrar algún artículo de baja calidad o barato, es un sinónimo de que se vive en un país rico. Y es por ello por lo que los países más ricos son también los más caros, porque los ciudadanos de allí viven con productos más caros, de mayor calidad, ya que al disponer de mayores recursos demandan mejores productos. Según la calidad media de los productos, a China la situaría dentro de los países pobres, a España en los países de ingreso medio y al Reino Unido dentro de los países ricos.

Antes hablábamos de que los esquemas mentales occidentales se dan de bruces con la realidad oriental. Así como en Estados Unidos los rascacielos son una prueba de riqueza, de desarrollo y de nivel económico, en China nada más lejos de la realidad. A pesar de que es posible maravillarse con los fastuosos rascacielos en las grandes ciudades, lo cierto es que la una mayoría de la población vive en pueblos hundidos en la miseria que se abastecen del autoconsumo y en algunas ocasiones de lo que consigues pillar de las grandes ciudades. Es decir, las grandes ciudades repletas de rascacielos son la excepción en China, aunque, eso sí, se trata de algo nuevo, naciente. Pero es que además dentro de las grandes ciudades se esconden grandes bolsas de pobreza y la gran parte de los ciudadanos de las grandes ciudades viven peor que los ciudadanos normales, por ejemplo, España. Just poor high buildings.

Otra característica del país es que existen empleos de baja productividad, digamos, inútiles, tales como barrenderos de pistas de aeropuerto, asistentes de párking, enorme cantidad de empleados para una sola tarea, etc. Y es que asegurar a todo el mundo un empleo tiene enormes desventajas en un país: que exista una gran cantidad de empleo improductivo, afectando a la productividad del país y a la capacidad de aprendizaje de los trabajadores; que se generen costes adicionales; que se desincentive el trabajo de buena calidad, etc.

Tras observar que la mayoría de la gente va con enormes fajos de billetes a comprar cualquier cosa –síntoma de inflación y de devaluación de la moneda–, pregunto sorprendido: -¿El billete más grande aquí cuál es? -Este, el de cien yuanes, me responden. ¡Madre mía! ¡Lo compran todo con un billete equivalente a diez euros! Me pregunto a mí mismo: ¿no renuevan los billetes? ¿por qué la imagen de Mao en todos los billetes y no la de Deng Xiaoping en algunos? ¿por qué las autoridades no crean billetes más grandes? Unos días más tarde hallé la respuesta: porque en las grandes ciudades es donde se mueve el dinero en china y cuando uno va de visita a un pueblo se percata que el billete de cien yuanes es prácticamente una fortuna; por lo tanto, los billetes sirven para todos los ciudadanos chinos y dada la enorme desigualdad en China crear billetes más grandes no sería algo acertado.

Los numerosos edificios en construcción y la elevada velocidad a la que se construyen es la metáfora más perfecta para una nación que está desarrollándose a un ritmo vertiginoso pero que todavía le queda mucho camino que recorrer y muchas piedras en ese camino que sortear. Me adhiero plenamente a la tesis de Joe Zhang de que China necesita una recesión económica para incentivar el desarrollo equilibrado de la nación. De hecho, creo que China va encaminada a esa recesión (algunos bancos provinciales ya han dejado de otorgar préstamos a las inmobiliarias) y que podría tener como consecuencias las siguientes: reducción de los niveles contaminación, fuerte presión a la liberalización definitiva de los tipos de interés y del sistema financiero, reducción de la inflación, aumento del desempleo (con el consecuente aumento de la productividad), posible apreciación del yuan, cierta reducción del poder del gobierno sobre la sociedad, entre otros.

China es una civilización con una larga historia de éxito que ahora comienza a renacer de sus cenizas tras varias décadas sombrías de comunismo a una velocidad nunca antes vista en la historia. Pero el camino del subdesarrollo al desarrollo es largo. Y en mi opinión, sin una crisis económica, China no se desarrollará nunca, pues es el único instrumento que puede equilibrar el enorme desequilibrio que vive china en su economía y en su sociedad. Es una cuestión de tiempo. Soy optimista respecto al futuro a largo plazo de China, pues el país cuenta con numerosas ventajas y numerosos potenciales, todo depende de cómo de bien se construyan los cimientos de una nación con mucho futuro por delante.

Por qué una recesión sería positiva para China.

A principios de año, el economista chino Joe Zhang escribió un interesante artículo, Why a recession would be good for China, donde deseaba claramente una recesión para la economía china, a fin de solucionar o reducir las sombras que el elevado crecimiento económico está proyectando sobre el desarrollo de la civilización china, entre las que señalaba el encarecimiento de los servicios básicos y la elevada depredación medioambiental.

Sin duda una recesión (más pronta que tardía) de la economía china sería una buena noticia para el desarrollo del país desde todos los puntos de vista y debería ser acogida con gran entusiasmo por los ciudadanos chinos. Analicemos las principales razones por las que me adhiero al deseo de una recesión en la economía china:

  • 1. Agotamiento de la fábrica del mundo

Desde la caída el comunismo y el inicio del período de la transformación económica, China ha basado su crecimiento económico principalmente en la exportación. Ello se ha conseguido gracias a los reducidos costes laborales (debido en parte al gran número de ciudadanos que vivían en el campo) y a la deliberada devaluación de la divisa china, que hace abaratar los productos frente al exterior. Las autoridades chinas elevaron el tipo de cambio de 1 yuan por 1 dólar aproximadamente en 1980 hasta 8 yuanes por 1 dólar en 1995. Esto ha hecho que las autoridades chinas dispongan en sus arcas el 35% de todas las reservas mundiales de divisas extranjeras, lo cual implica un elevado riesgo cambiario, además de evidenciar la enorme devaluación que presenta la moneda china y de perjudicar el bienestar de los consumidores chinos, puesto que importar productos de fuera es ocho veces más caro ahora que en 1980. Este modelo está dando los últimos coletazos y las autoridades están intentando planificar una transición hacia una moneda más fuerte, otorgándoles más poder a los consumidores chinos y un mayor poder de compra en el exterior, lo que se traducirá en un verdadero crecimiento de la renta per cápita y del PIB.

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Una recesión en China obligará a los dirigentes a acelerar las reformas y a avanzar más rápidamente en este modelo, rechazando por completo el modelo tan liberticida que China ha experimentado desde la apertura económica hasta la actualidad. Cuando se produzca tal cambio de modelo, la fábrica del mundo habrá llegado a su fin y China tendrá que hacer frente a mayor competitividad exterior lo que, sin duda, estimulará su crecimiento económico, desarrollo, incremento en la calidad de sus productos, mayor creatividad e innovación y acumulación de capital. Se trata de abandonar ya un modelo caduco y cambiarlo por el modelo del que debería estar disfrutando China desde hace buen tiempo, si bien tal transición puede conllevar una reducción del nivel de crecimiento económico pero sin duda un aumento de la calidad del mismo y por tanto del desarrollo de la civilización china.

  • 2. Liberalización del sistema financiero

El sistema financiero chino es uno de los más regulados del mundo donde la mayor parte del crédito está controlado por autoridades gubernamentales, lo que se ha traducido en un aumento de la banca en la sombra, que está haciendo cada vez una competencia más fuerte a los bancos estatales. Sin embargo, los bancos estatales chinos, que básicamente son los que controlan la totalidad del sistema financiero, cuenta con un enorme respaldo del gobierno chino, al contar con cuatro agencias de recuperación de activos, inyecciones de capital en forma de dólares sin posibilidad de conversión a yuanes a través de la agencia estatal de inversión Central Huijin Investment, beneficios asegurados via regulación de los tipos de interés por el Banco Central de China e intervenciones para aliviar problemas de liquidez por el Banco Cental de China, por lo que el riesgo moral es elevadísimo y los bancos presentan numerosos activos tóxicos en su interior que son transferidos a las agencias de recuperación de activos.

El modelo de sistema financiero chino, que está basado en una represión financiera, erosionando los depósitos del contribuyente y aliviando las cuentas de las empresas públicas otorgándoles préstamos a bajos tipos de interés y saneando los balances de los bancos estatales cada vez que se encontrasen en problemas.

Mientras el gobierno cuente con suficientes recursos y poderes para seguir limpiando los balances de los bancos y ocultando los activos tóxicos con más liquidez y capital (en gran parte proveniente del extranjero en forma de dólares), es poco probable que se produzca una crisis financiera en el país. Sin embargo, este mecanismo tiene los días contados: la reevaluación paulatina del yuan desde el 2005 hace que los ingresos por esta vía sean cada vez menores en el futuro y el incremento de la importancia de la banca en la sombra hace que el sector financiero formal tenga cada vez menos crédito que manejar.

Una recesión en la economía china haría acelerar una transición hacia un modelo donde el sistema financiero fuese más flexible, sin fijación de los tipos de interés, con más competencia en el sector, más participación del sector privado, menos connivencia con el gobierno, un desarrollo mayor de otros mecanismos de financiación (mercado de valores, mercado de renta fija, mercado de seguros, mercado de gestión de activos, etc.). La recesión tan sólo haría aflorar los enormes problemas de solvencia (que no de liquidez) en los que la gran banca estatal está inmersa y reducir la extracción de riqueza que los bancos estatales realizan a la población. De nuevo, una recesión en la economía china incentivaría el bienestar de su población. No obstante lo anterior, una recesión parece estar cerca, pues la curva de tipos del mercado interbancario (SHIBOR) en este mismo año ha empezado a invertirse (después de llevar varios años plana), presagiando una escasez de liquidez en el sistema financiero. Además hace justo un año todos observamos con atención la crisis que se produjo en el SHIBOR, que llegó a alcanzar la cifra del 30% diario.

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  • 3. Debilitamiento del poder político

Sin duda, esta tercera razón no les gustará nada a algunas personas y menos a los que piensan que China no tiene futuro sin un gobierno fuerte, pues es tan grande y diversa que, en otro caso, terminará disgregándose. Quizá ese sea el futuro de China, quizá no; quizá sea positivo, quizá no. Lo que sí se puede ver con cierta claridad es que la tendencia que está experimentando china es una continua reducción del poder político y un continuo crecimiento del poder del individuo, si bien todavía el peso del Estado es enorme en el país, y mucho más desde el punto de vista político e incluso en la cultura china hay inherente cierta subversión a los poderes colectivos.

Desde mi cosmogonía liberal, que defiendo que es difícil organizar una sociedad en común y es mucho más eficiente si cada uno se procura su propia felicidad puesto que cada uno se conoce mejor que nadie, pienso que un debilitamiento del poder político sería una gran noticia para China y sus ciudadanos.

Una recesión como hemos visto, podría aflorar todos los problemas que están actualmente ocultos en China tras el vigoroso crecimiento del PIB, que tendría consecuencias inexorables sobre el poder que el gobierno tiene, como hemos visto antes, tanto en el tipo de cambio como en el sistema financiero. Esto introduciría más libertad de mercado en el país y podría ser un primer paso para la apertura política.

Como afirmó ChenYu, uno de los artífices de la transformación económica china, el modelo de crecimiento se ha basado en un aumento de la jaula para que el pájaro se pudiese mover con más libertad dentro de ella. Sin embargo, llegará el momento en que la jaula tenga que eliminarse para que el pájaro pueda sobrevivir.

El árbol de la verdad.

Pío Baroja en El árbol de la ciencia dejó el siguiente trallazo:

La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averigüación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que es necesaria para la vida.

En el libro, Baroja contrapone la ciencia a la vida, afirmando que son dos árboles contrapuestos: mientras uno descansa sobre la verdad el otro descansa sobre la mentira. Sin embargo, yo creo aquí que Baroja está confundiendo ciencia con filosofía. No creo que la ciencia busque la verdad en el sentido que lo hace la filosofía, son dos saberes distintos. Sin embargo, lo cierto en la frase de Baroja es que efectivamente, la búsqueda de la verdad en el sentido filosófico puede ser contraria a la vida. La búsqueda de la verdad en el sentido filosófico resulta infructuosa. Es más, la verdad filosófica es una entelequia que a mi parecer no tiene utilidad ninguna más que la de jugar con el conocimiento: por más pruebas que se tengan de un hecho o incluso de una teoría, la mente siempre podrá crear razones que nos hagan dudar de cualquier cosa. Ahí es donde están los escépticos. Así se crea el concepto de epojé, de suspensión del juicio: dado que la imaginación es más potente que la realidad, siempre seremos capaces de dudar de cualquier cosa  por ello nunca habrá razones suficientes para estar completamente seguro de algo. Efectivamente todo esto es contrario a la vida y a la acción, como bien decía Baroja y todo el que ya haya dicho esto.

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Sócrates decía que era el más sabio de los atenienses porque decía que el sabía que no sabía nada, mientras que el resto no se percató de esta idea. Efectivamente, aquel que se crea en posesión de la vedad es un necio. Ahora bien, la ciencia discurre por caminos muy diferentes a los de la filosofía y en mi opinión es mucho más completa y útil que la filosofía. La ciencia incluye algo muy importante de lo que carecen gran cantidad de filósofos: el concepto de duda razonable. Siempre podremos dudar de cualquier hecho, pero dentro de unos límites. Cuando para rechazar una teoría o un hecho debemos recurrir a dudas insensatas, podemos afirmar que este hecho es consistente, que podemos aceptarlo. Pero no sólo eso, no creo que la ciencia busque la verdad en el sentido que lo hace la filosofía. La ciencia sólo intenta verificar hipótesis a través de premisas (deducción), a través de la experiencia (inducción) o una combinación de ambas. Además los científicos saben que muy difícilmente pueden trabajar con el concepto de una teoría que lo explique todo o que sea definitiva, sino que la experiencia y los nuevos descubrimientos van mejorando las teorías previas y la ciencia se va perfeccionando (principio de falsabilidad). Digamos que mientras que la filosofía usa la imaginación, la ciencia usa la observación y la verificación.

Dicho esto, concluyo a día de hoy que la verdad en el sentido filosófico es una entelequia que no tiene sentido y que todo aquel que quiera avanzar en un ámbito científico debe primero saber que la verdad es inalcanzable, como bien decía Sócrates. Es decir, la verdad solo nos lleva a ideologías que ignoran el mundo real, la experiencia, las demostraciones, los experimentos, etc. Así aparecen conceptos como el sesgo de confirmación, que consiste en que un individuo presenta una ideología concreta e intenta buscar en la realidad sólo aquellos hechos que la confirman, ignorando aquellos hechos que la refutan por completo.

Desde mi punto de vista como economista, creo que es una virtud intentar observar la realidad con el menor número de ideologías posibles, aprender de los hechos observables que apunten en cualquier dirección ideológica, estudiar todo tipo de teorías contrapuestas, contrastarlas, falsar las teorías anteriores y mejoralas. La economía al ser una ciencia poco experimentable y al estar relativamente poco desarrollada se presta mucho más a contaminaciones ideológicas y a personas que todavía no entendieron a Sócrates o a Popper.  El mundo es imperfecto y la realidad difícilmente encajara el completo en la estructura mental de alguien, por ello lo más razonable es aceptarlo y aprender (y desaprender) constantemente de los cambios y del mundo. En definitiva el árbol de la verdad no da frutos.

Las Españas que deberían jubilarse

* Escrito por Nodedim

 

Nota para el lector: el presente texto está basado en su totalidad en mi opinión personal. Ni soy ni pretendo ser oráculo ni juez de la actualidad, pensamientos y/o ideologías que cada cual pueda tener. Tampoco pretendo entrar a debatir cada punto de vista o reflexión individual que se puedan sentir atacadas por mi visión subjetiva. Esta opinión aquí expuesta es susceptible de cambios desde el momento mismo en que sea publicada.

Es innegable que está pasando “algo” en España. Y con algo no quiero decir la tan trillada crisis económica. Con algo me refiero a un cambio sustancial en los votantes españoles que se ha visto materializado en las últimas elecciones europeas, con la aparición de nuevos partidos (Podemos, Equo, Ciudadanos, VOX) y el triunfo de unos cuantos (IU, Podemos, UPyD).  Sin embargo, este vuelco de los españoles hacia los partidos minoritarios no ha conllevado más que el cambio de papeleta, no de mentalidad.

 Me he referido a Podemos, VOX, UPyD y demás partidos para dar paso a otra reflexión, pues no es mi objetivo dar mi opinión aquí de forma directa, si bien quizá colateralmente, de estos partidos. El punto clave de todo esto es la incoherencia.

Y es que la incoherencia es algo de lo que los españoles vamos sobrados y que ondeamos cual bandera. Disfrutamos dividiendo, segregando, y sobre todo, sacando conclusiones precipitadas. Nos encanta. Nos regodeamos. Parece que el mayor orgasmo mental de un español es (tómese una de estas dos situaciones):

–          Antiabortista: “Facha de mierda, heredero de Franco”.

–          Republicano: “Rojo asqueroso, al paredón”.

En ese mismo instante en el que un español se encuentra con otro paisano que expone una opinión característica de cierta ideología, al primero lo recorre una corriente de placer por el simple hecho de poder “encasillarle”. Con sus correspondientes dosis de odio o compañerismo subsiguientes, según casos.

Pues parece que en España en determinado momento se dividieron las ideologías. No me voy a parar a analizar ni a desenterrar sucesos históricos que aún hoy escuecen y son blanco de críticas y pullas, dejémoslo en un momento determinado. En ese momento determinado se procedió a la división de los signos de identidad de cada corriente ideológica (para más señas y a grandes rasgos, en este nuestro país, dos desde hace siglos). Se trazó una raya en el suelo, a modo de frontera: en un lado estaba la izquierda y al otro la derecha. Luego, con grandes dosis de tradicionalismo y estrechez de mente, se repartió todo: colores, símbolos, posición antes ciertos temas (aborto, República, economía, feminismo, clases sociales…), modus operandi (huelgas, manifestaciones, elecciones…), incluso se asignó un arquetipo de individuo a cada lado.

Y así hemos continuado hasta hoy, día 2 de junio de 2014, en el que el tema candente es la abdicación del Rey Juan Carlos. Y es que no hay mejor momento para contemplar la flor y nata de España.

Desde el momento en el que la abdicación era conocida, se han alzado voces pidiendo un referéndum. Hecho que, por lo que a mí respecta, me parece completamente normal, ya que nuestra monarquía se restauró en situaciones “anómalas” y la Constitución vigente se sometió a referéndum con la aprobación de una población que hoy tiene, como mínimo, 54 años.

Ahora bien, que yo apruebe o no personalmente la República no está reñido con el hecho de someterla a un referéndum vinculante. Tampoco significa, contradiciendo la división arbitraria en izquierda y derecha, que comulgue con la ideología de izquierdas. Sin embargo, sí implica que, dado que nuestro sistema de gobierno se define como una democracia, deberíamos saber aceptar el resultado de ese referéndum, beneficie a republicanos o a monárquicos.

Los argumentos a favor y en contra de la monarquía vuelan por el panorama español; algunos más incisivos y otros que simplemente no creen que vaya a cambiar nada con el paso de monarquía a república. Sin embargo, como bien hacemos siempre, nos ha faltado tiempo para tirarnos los trastos a la cabeza por un hecho como éste. Acusándonos, la mayor parte de las veces, de manera infundada y sacando conjeturas aceleradas.

Al fin y al cabo, parece que no hayamos aprendido absolutamente nada de un hecho tan traumático como la Guerra Civil, y parece que la sucesión PSOE, PP, votaciones no generales con un inesperado aumento de la votación hacia los grupos de izquierdas y abdicación no nos diga nada. Esto no es una llamada al pánico ni al dramatismo, es simplemente una analogía para hacer referencia a que nuestra mentalidad, casi un siglo después, no ha cambiado en lo más mínimo.

No es cuestión de pasividad ni de dejarse avasallar (faltaría). Comunicar la opinión propia es un derecho, pero quizá sería lógico que lo hiciéramos considerando antes nuestra posición ante todos los puntos de vista. Es muy cómodo depositar una papeleta en una urna y afiliarse a todos los intereses de ese partido sin cuestionarse si estamos de acuerdo en todos y cada uno de ellos y, obviamente, juzgando que el votante del partido X comulgará al cien por cien con su programa. La maquinaria de la mente humana, y de la opinión, es mucho más compleja a mi parecer que el buen hacer del equipo de marketing al elegir color, eslogan o líder mediático. También es cambiante e influenciable.

Parece que los españoles aún sigamos acomplejados por las opiniones ajenas.

Halfway

Entreabro un poco los ojos, y veo que una enorme claridad invade mi habitación compartida. Me apresuro a ver la hora, pues seguramente debo empezar a prepararme para mi segundo día de trabajo o, si somos rigurosos, mi primer día.

¡Son las cinco y media de la mañana! ¿Cómo es posible! Pronto me voy dando cuenta que son muchas más cosas las que cambian de las que pensaba.

Una vez ya he descansado y desayunado, y salgo por la puerta de la residencia con cierta falta de destreza, emprendo la ruta que acababa de improvisar por Google y que llevaba anotada en un pequeño cuaderno azul. Dirijo una rápida mirada hacia el cielo despejado y observo que el clima no ha cambiado tanto como esperaba: si fuera por esto, diría que sigo en España.

Cruzo la calle, al tiempo que oigo sonar unos cuantos cláxones. «Aquí tampoco se cruzan las calles como en España», me dije al tiempo que me invadía la placentera sensación de estar aprendiendo algo nuevo. Y es cierto. Aquí el peatón es mucho menos prioritario que en todas las zonas en las que he estado: si no hay paso de peatones (que brillan por su ausencia) debes esperar hasta que ningún coche aceche por el horizonte para cruzar por los cruces habituales londinenses. Esta actividad resulta graciosa, pues las personas extranjeras ya han naturalizado su comportamiento para el sentido contrario, y una vez llegan a Inglaterra, sus actos reflejos son los contrarios a los que deben ser; lo cual no deja de ser peligroso.

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Conducción a parte, mientras voy camino al trabajo, descubro muchísimas cosas más. La mayoría de los parques son de propiedad privada, lo que a uno ya le hace presagiar el tipo de sistema económico que rige por estas tierras. La calle está repleta de carteles que te indican la cantidad a pagar si realizas tal o cual comportamiento inadecuado. Todas las casas tienen en su portal un recién impreso ejemplar del Financial Times, lo cual también indica el grado de cultura económica del lugar. ¡Y las calles están impolutas! ¿Pero cómo es posible tanta limpieza! ¿Pero si no hay papeleras! A pesar de que puedo alcanzar a ver bolsas de basura en la calle en frente de cada vivienda…

Llego a mi destino que, como veis, no ha sido muy largo: Imperial College, una de las mejores universidades del mundo, y donde se supone que realizaré la mayor parte de mis prácticas.

Lo barato se ha acabado.

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Después de una larga década de críticas por su debilidad, la moneda china ahora parece más fuerte.

Hace diez años, el yuan chino hizo su debut como pesadilla económica mundial. En Junio de 2013, el entonces secretario del tesoro americano, John Snow, conminó públicamente a China a aflojar la política bajista, con la que su moneda estaba ligada a 8,28 al dólar. Al mes siguiente, cuatro senadores escribieron una furiosa carta pidiendo al señor Snow investigar a China por manipulación monetaria. El país estaba devaluando intencionalmente su moneda, dijo Charles Schumer, un senador democrático de Nueva York. «El resultado es que todo lo que venden a otros países es lo más barato».

Una década más tarde, el señor Schumer y otros senadores están todavía luchando contra el yuan: ocho de ellos reintrodujeron un proyecto de ley la última semana que asestaría un gran golpe a los cometidos de la manipulación monetaria. Pero han cambiado muchas más cosas. Ahora se permite fluctuar al yuan un 1% al día en cualquier sentido en referencia al ratio establecido cada mañana por el Banco Central. El yuan cerró el 27 de Mayo en 6,12 con respecto al dólar, un 35% más fuerte que su nivel de Junio de 2003. Ha subido más con respecto al dólar desde Marzo que lo que subió en todo el pasado año, y su escalada contra la moneda japonesa ha sido incluso más pronunciada. Desde noviembre, cuando los mercados empezaron a anticipar una relajada política monetaria en Japón, el yuan ha ganado más de un 20% contra el debilitado yen.

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La competitividad de China en los mercados mundiales depende no solo del precio de su moneda sino también del precio de sus productos y sus trabajadores. El Banco para las Liquidaciones Internacionales calculó una tasa de intercambio real para 61 economías que tiene en cuenta las diferencias de inflación entre ellas. Desde el 2010 el tipo de cambio real, medido por el comercio, ha subido más rápido que ninguna otra, con la sola excepción de Venezuela.

El precio de la mano de obra está también subiendo más rápido en China que en sus principales compañeros de comercio. The Economist, ha calculado un tipo de cambio real alternativo, medido por el comercio con América, la zona euro y Japón, que tiene en cuenta el coste laboral unitario en las cuatro economías. Por esta medida, el tiempo real de intercambio se ha fortalecido casi un 50% desde que Snow y Schumer empezaron su lucha monetaria hace 10 años. La baratura del yuan se ha esfumado. Algunos economistas, tales como Diana Chayleva de Investigaciones Lombard Street incluso se preguntan si el yuan está sobrevaluado.

El fortalecimiento a largo plazo del tipo real de intercambio de China refleja profundas fuerzas históricas, tales como el rápido crecimiento económico de China, leyes laborales más fuertes y la reducción de la edad de la población laboral. Pero los cambios más recientes en su tipo de cambio son difíciles y misteriosos. Esto es porque estamos en un tiempo de crecimiento decepcionante, inflación reducida (sólo 2,1% en Mayo) y exportaciones flojas (que crecieron sólo el 1% sobre el mismo período).

¿Qué está causando este repentino fortalecimiento y por qué están los políticos chinos tolerándolo? Peng Wensheng del CICC, un Banco Chino de Inversión, argumenta que la subida de la moneda este año refleja la persistencia de mayores tasas de interés en China que en otro lugar, y la desaparición de los miedos de la devaluación. Los tipos de interés de referencia en Shanghai han sido desde mucho tiempo 3-5% más altos que los tipos similares en Londres. El último año, cuando la economía china estaba claudicando y sus líderes estaban en proceso de cambio, el atractivo de esos tipos más altos estaban compensados por los miedos de que el yuan caería. Aquellas preocupaciones se aliviaron este año, estimulando una vuelta del flujo de capital a corto-plazo a China, mucho de esto está disfrazado de ingresos de exportación.

Esto explica la motivación de los capitalistas, pero ¿qué sobre los comunistas? Como el yuan ha fluctuado dentro de la banda diaria, el Banco Central ha acomodado largamente sus movimientos, subiendo su referencia matinal por una cuantía similar.

La tolerancia del gobierno de un yuan más fuerte podría reflejar sus mayores ambiciones reformistas, argumenta Mark Williams de Capital Economics, una consultoría. El último mes Li Keqian, el primer ministro Chino, dijo que un plan para facilitar los controles de capital sería puesto en marcha al final de este año. Si el yuan fuera mucho más bajo que su valor de mercado, la relajación en los controles de capital podría invitar a desestabilizar la entrada de dinero extranjero. Por esta lógica, el gobierno podría haber visto un yuan más fuerte como una necesaria precondición para relajar los controles.

Si esto es así, entonces la volatilidad monetaria de los últimos meses podría haber parado esos grandes diseños. En las recientes décadas, el regulador del intercambio extranjero había tomado medidas drásticas contra las entradas de dinero especulativo maquilladas como ingresos de exportación. Y la escalada del yuan las ha aliviado. La supresión de los controles de capital chinos fue siempre una materia gradual y cuidadosa. Han sido 10 años desde que la moneda china ha madurado en la controversia internacional. Esto podría tomar otros 10 años para covertirse en una moneda convertible internacional.

First touchdown.

Aeropuerto de Málaga, 2 de Julio de 2013. Es la una de la mañana. Ahora, una vez me despido de los míos, es cuando siento realmente que emprendo el viaje. A veces me siento eufórico, a veces melancólico; a veces creo que son las cinco de la mañana, a veces que son las siete de la tarde. Me sumerjo por las ininteligibles y vacías pasarelas del aeropuerto para tomar el avión.

En una de esas usuales despertadas repentinas e intermitentes, veo ciertos destellos de luz por la ventanilla del avión. Decido colocarme las gafas y efectivamente compruebo que estoy viendo Londres de noche. No es tanta iluminación como la que esperaba: será cosa de la crisis, mientras observo el avión acercarse a esas left-side roads.

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Tras haber pasado un melancólico vuelo escuchando repetidamente la canción Only Time, que tanto la música como la letra se adecuaban a mis sentimientos y pensamientos, inicio una arriesgada llegada a Londres. En tan sólo cinco horas tengo que ser capaz de llegar a mi residencia y estar listo para desempeñar mi primer día de trabajo.

Tras pagar más de seis libras por mi frugal desayuno, me vuelvo a dirigir a la residencia. Una vez firmo el contrato y tengo las llaves, subo a toda prisa a dejar las maletas en la habitación. La puerta todavía no se había abierto del todo cuando yo ya estaba saliendo.

Pronto me percato que de nada sirve correr si no sabes a dónde vas. No obstante, me sigo dejando llevar por la pasión y continúo corriendo por la calle, haciendo paradas para preguntar a cualquier persona que me encuentro. Quería llegar con puntualidad británica, pero al final hice gala de mi nacionalidad.

Una vez recibo una charla durante dos horas sobre la empresa y haberme introducido al resto de empleados, me dirijo a solucionar los típicos problemas que pueden pasarte en el extranjero: dinero, telefonía y enchufes. Pronto me doy cuenta que nada es tan fácil como uno pensaba que era, o como debería ser para uno. “Si todo es tan globalizado y el mundo cada vez es más pequeño, ¿por qué limitar la telefonía entre países?” “¿Por qué poner tantas pegas a la hora de comprar moneda extranjera?” “¿Por qué tantas restricciones al abrir una British Current Account?” “¿Por qué esas diferencias?”

Cansado pero alegre, tiro para mi residencia . De nuevo, me vuelvo a perder por esas inmensas aceras y anchísimas avenidas londinenses. Tras una hora de caminata bajo un cielo nublado, por fin doy con mi residencia. En mi habitación allí estaba mi roommate. Tras haberme comunicado con los míos, entro rápidamente en un sueño plácido y profundo.

Ahora, viéndome en retrospectiva, hace tan sólo un mes, nunca hubiera pensado aprender todo lo que he aprendido hasta ahora. Pero dejemos eso para otros artículos.

Libertad y coacción en el lenguaje.

Libertad y coacción, una de las dicotomías que más controversia provocan en la política, en la economía, en la ética, en la filosofía, en la sociología, y con este artículo quiero demostrar que también puede presentarse en el ámbito de la lingüística.

Hay un debate que todavía no ha sido resuelto entre los colectivistas (o socialistas) y los individualistas (o liberales), donde unos afirman que la sociedad está por encima de los intereses del individuo; y los otros dicen que la sociedad no existe, tan solo existen los individuos. Para unos, la libertad individual no existe, pues es la sociedad la que va moldeando a los individuos, que deben someterse a las reglas de la sociedad, de la mayoría. Para otros, la libertad si existe y radica en el individuo, pues es el individuo el que crea la sociedad, las leyes y las normas sociales. ¿Quién lleva razón?

Mi postura es que en el mundo de la acción humana existen dos fuerzas contrapuestas: la fuerza de la libertad y la fuerza de la coacción. Evidentemente los individuos son libres en cierta medida, ya que en multitud de ocasiones pueden elegir entre diferentes alternativas. Además, son los propios individuos, todos y cada uno de ellos, los que van creando la sociedad en su conjunto, los que generan las instituciones, el lenguaje, la moral, etcétera. Ahora bien, también es cierto que la suma de las acciones de todos los individuos frente a un individuo aislado, en cierta manera, coacciona, incentiva o desincentiva las acciones de este individuo aislado. Digamos que en una sociedad donde se hable español, el individuo que nazca en esa sociedad le saldrá muy caro la decisión de no aprender a hablar español, por ejemplo. El individuo siempre tiene su poder de decisión, pero es la sociedad la que otorga el beneficio personal que recibirá tal o cual individuo al elegir una determinada opción u otra, beneficio que estará en función del conjunto de las decisiones de todos los individuos. Y este es un mecanismo que se produce en todas las esferas de la acción humana, especialmente la económica (que podemos observar claramente con el sistema de precios, y podemos ejemplificarlo muy claramente con el mercado de valores). Y este fenómeno es esencial para coordinar las acciones de todas las personas.

En definitiva, creo que el individuo crea a la sociedad, pero el individuo ve orientar sus propias decisiones libres por las decisiones del conjunto de individuos que forman una sociedad.

Vayamos al caso que nos ocupa: el lenguaje. Un idioma no cae del cielo, ni se lleva en los genes; es creado libremente y espontáneamente (que no conscientemente) por miles de seres humanos. Si un individuo decide transgredir las normas del lenguaje y hablar de forma diferente al resto puede hacerlo, pero que sepa que está yendo contra todas las acciones del resto de seres humanos, y por tanto su acción será penalizada. En cambio, si este sujeto al utilizar el lenguaje lo utiliza de forma más eficaz y sus congéneres lo adoptan, puede iniciarse una revolución en el lenguaje.