La desilusión liberal

La historia de la libertad en España es ciertamente desilusionante, como tendremos ocasión de analizar más adelante en este texto. Esta desilusión liberal quizá explique que en España, pese a contar con una tradición liberal importante y un bagaje intelectual respecto al liberalismo que marcó precedentes en Europa, como ponen de relieve los escolásticos españoles y la Escuela de Salamanca, donde autores como el padre Juan de Mariana incluso defendieron el “tiranicidio”, actualmente no exista un estrato social favorable al liberalismo y por tanto tampoco existan partidos políticos en la España moderna proclives a políticas más liberales. ¿La temprana desventura de la libertad en España fue un desaliento al liberalismo en España?

Pese a los enormes reveses que ha sufrido el liberalismo a lo largo de la historia de España, la libertad no ha dejado de producir ininterrumpidos conatos de libertad frente al absolutismo, mostrando una resiliencia excelente. Estos dos hechos, la resiliencia y los reveses sufridos, ha dejado a la libertad en España durante buena parte de su historia en un estado de convalecencia constante: cuando parecía que acababa de recuperarse del último golpe, aparecía de nuevo otro ataque. A pesar de ello, España ha tenido un progreso hacia la libertad, aunque lento y convulso, producto de esta convalecencia de la libertad de la que hablamos.

Y es que la historia no es lineal, ni sigue un patrón de conducta, sino que depende de una pléyade de causas y casualidades (causualidad), donde pequeños sucesos revierten y modifican la correlación de fuerzas y hacen que el devenir de la historia sea muy diferente al de períodos anteriores.

Todo empezó cuando corría el año 1805, momento en que la flota británica se enfrentaba a la flota de España y Francia. El Imperio Británico contra el Imperio Español. Dos de los imperios más importantes de la historia del ser humano frente a frente. Dos modelos muy diferentes de entender el colonialismo iban a medir sus fuerzas.

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Y es que mientras que el colonialismo español se caracterizó por implantar mediante la fuerza una copia de la España peninsular al Nuevo Mundo, a través de la tortura, el adoctrinamiento, la coacción, el saqueo y el esclavismo, el colonialismo inglés en América se caracterizó por todo lo contrario: colonizar nuevos territorios, respetando los usos y costumbres de las tierras indígenas y siempre mediante el libre comercio. Inglaterra no sólo ha sido el Imperio de mayor dimensión geográfica de todos, sino que además pudo enriquecerse culturalmente de otros pueblos.

La flota británica, dirigida por el Almirante Nelson, derrotó a la flota francesa y española el 21 de octubre de 1805, en la famosa batalla de Trafalgar. Se trataba de un hecho histórico que supuso un punto de inflexión en la historia española y marcó el principio del fin del absolutismo.

Tres años más tarde, las tropas francesas se dirigían a Portugal por territorio español, amparadas por el Tratado de Fontainebleau (1807), pero inesperadamente deciden ocupar España, hecho que obligó a los reyes de España a refugiarse en el Palacio Real de Aranjuez. Esto provocó un serio descontento entre la nobleza que junto con la indignación popular causada por la derrota en la batalla de Trafalgar, la impaciencia de Fernando VII por gobernar y la incertidumbre política originada por la ocupación francesa, se produce el 17 de Marzo de 1808 el Motín de Aranjuez, donde una multitud de nobles se agolpa frente al Palacio Real, persiguiendo la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en Fernando VII, que finalmente se produjo. Fueron los primeros estertores del absolutismo.

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Poco más tarde, las tropas francesas reprimieron la insurrección y tanto Carlos IV y Fernando VII fueron a Bayona donde los dos reyes renuncian al trono y se nombra rey de España a José Bonaparte. Una gran cantidad de personas se concentran en el Palacio Real, con el objetivo de asaltarlo. Ante la expectativa de que las tropas francesas trasladen a toda la familia real, el gentío inicia el grito de “¡Que nos lo llevan!”, en referencia al infante Francisco de Paula. Las tropas napoleónicas abren fuego contra la multitud y se origina una lucha callejera, conocida como en Levantamiento del 2 de Mayo de 1808.

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Al tiempo que José Bonaparte I (1808-1813) comienza su reinado, y aunque existía una especie de división social entre los afrancesados y los patriotas, se fue fraguando cada vez un mayor resentimiento a un rey extranjero que derivó en la creación de las Juntas Provinciales y Locales, las que se autoproclaman soberanas y no reconocen a José Bonaparte. En ellas, participan personas de todos los estamentos sociales: militares, el clero, funcionarios y profesores. Estas juntas traspasan su poder a la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, que desembocará en la apertura de las Cortes de Cádiz (lugar donde debatir a buen recaudo y lejos del poder de José Bonaparte) en el año 1810 que tras un período de debate se gesta definitivamente la Constitución de 1812, conocida como la Pepa, por proclamarse el día de San José.

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La primera Constitución liberal española había nacido y con aspectos tan positivos como la libertad de prensa, la defensa de la propiedad, la libertad de comercio, el fomento del liberalismo por todo el Imperio Español y la separación de poderes. Pero la Constitución también recogía las simientes de su propia destrucción: fue aprobada por sufragio censitario y establecía el unicameralismo. El primero hizo que tan sólo las clases altas pudiesen elegir a los diputados; el segundo hizo que la nobleza y el clero no contasen con su propia cámara, viendo reducir ostensiblemente su influencia y poder.

Con la llegada de Fernando VII a España, decreta desde Valencia en el año 1814 la abolición de la Constitución de 1812 y de todas las leyes que de ella derivan y reinstaura el absolutismo en España durante seis años: el Sexenio Absolutista (1814-1820). Durante este período, los liberales se refugiaron fundamentalmente en Londres donde muchos vivían en precarias condiciones y otros fueron aherrojados por Fernando VII en Melilla. Entretanto, los exiliados entran en contacto con ideas liberales en Inglaterra (Mendizábal, Enrique José O’Donell, Diego Muñoz-Torreo, Argüelles) y se crean lugares de actividad política.

En 1820, el general Rafael de Riego realiza un pronunciamiento en favor de la Constitución de 1812 que rápidamente es secundado por otros militares y que obligó Fernando VII a jurar la Constitución de 1812 pronunciando las siguientes palabras: “Machemos todos, y yo el primero, por la senda de la Constitución”. Es cuanto se producen las canciones populares de “Trágala”. Se reinstaura la Constitución liberal en España y se produce el período conocido como Trienio Liberal (1820-1823) donde los liberales encarcelados y exiliados vuelven a España para constituir las Cortes o, en su caso, un nuevo gobierno.

Entretanto, se organizaba el Congreso de Verona (1822), en la que acudió la Cuádruple Alianza, es decir, Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra. En el Congreso se decidió la reinstauración del absolutismo en España, que fue reclamada por Felipe VII, tras el pronunciamiento de Rafael del Riego. No obstante, el Congreso de Verona era reacio a intervenir en España si la Constitución de 1812 era reformada y aprobado un sistema bicameralista. Desafortunadamente, la Constitución en su artículo 375 establecía que no podría reformarse hasta que no fuese puesta en práctica por un período de al menos 8 años.

Durante el Trienio Liberal, se redujo el diezmo a la mitad, pero se obligaba a pagarlo en dinero. Esto rompió con la costumbre habitual de pagarlo en especie, hecho que dio pábulo al rechazo al gobierno liberal entre el campesinado, puesto que la España rural, rica en todo tipo de productos agrícolas y ganaderos, exhibía a menudo falta de liquidez, haciendo muy difícil sufragar las obligaciones fiscales en dinero. Frente a ello, se encontraba la conocida flexibilidad de la Iglesia a la hora de cobrar sus tributos, provocando que el Estado liberal fuese percibido entre el campesinado como un aparato exaccionador inflexible frente a una Iglesia cercana y flexible. También, la separación de poderes auspiciada por los liberales hizo que el poder ejecutivo (el rey) y el poder legislativo se convirtiesen en compartimentos estancos, incrementando el gasto y provocando una inconveniente subida de las cargas tributarias.

Aunque la Constitución de 1812 convirtió la religión católica en oficial, de facto se estaba produciendo un debilitamiento vertiginoso de la nobleza y el clero, al tiempo que crecía el descontento hacia el liberalismo entre el campesinado. Se empieza a producir la primera escisión entre lo que en un principio parecía una amalgama social muy unida en la creación de las Cortes de Cádiz en 1810. Y es que no contar con el clero en una España religiosamente católica fue quizá un elemento más que desestabilizador para el constitucionalismo liberal, elemento desestabilizador que también podemos encontrar en las siguientes repúblicas de España.

Ante este panorama, el rey Fernando VII fue visto como un defensor del catolicismo ante el nuevo orden liberal, por lo que la sociedad estaba fragmentada en dos grupos: los liberales anticlericales y los partidarios de Felipe VII católicos.

La división que se estaba engendrando en la sociedad española, también se reflejaba en el parlamento, donde existía una elevada desunión nada recomendable para un período naciente que buscase romper con el absolutismo. Existía una división entre los doceañistas (partidarios de mantener un equilibrio de poderes que diera al rey algunas funciones) y los veinteañistas (más radicales que proponían la redacción de una nueva constitución). Además existían los que pertenecían a la masonería, que dentro de ellos existía una facción más radical conocida como la Comunería. Por otro lado, estaban los que pertenecían a la Sociedad del Anillo, en donde se encontraban los más moderados de los liberales. Lo cierto es que, lejos de haber una unión entre ellos, existían luchas intestinas y ataques que no hacían más que desestabilizar el período liberal.

Si bien la falta de inclusividad y de unión fue un problema, lo cierto es que fue el período de las políticas más liberales y de voluntad política de llevarlas a cabo de la historia de España. De haberse consagrado el liberalismo, hubiese convertido a España en una de las potencias europeas más importantes y una de las más modernas. Recordemos que la Constitución de 1812 fue una de las más liberales de su tiempo: limitación de poderes del rey, separación de poderes, sufragio universal masculino indirecto, libertad de industria, libertad de imprenta, derecho de propiedad, reconocimiento de la ciudadanía para todos los nacidos en territorios americanos.

Con elevada probabilidad este nuevo aire fresco de liberalismo, hubiese aplacado el descontento que se estaba gestando en los virreinatos españoles hacia la metrópoli, puesto que los criollos pasaban a ser directamente ciudadanos españoles con todas las de la ley y se fomentaba el libre comercio libre de aranceles, que los americanos apoyaban enérgicamente. El diseño territorial español con la nueva Constitución era el de una España federal, donde existía una gran descentralización de funciones y tributos en las regiones, aspecto muy demandado por los virreinatos.

Por otra parte, se aprobó la Ley del Señorío y la Ley del Mayorazgo, donde la primera supuso la equiparación del derecho de propiedad a la del señorío donde todo señorío sería legal en caso de demostrar su certificado de propiedad y la segunda supuso que el patrimonio de las grandes familias españolas fue diluyéndose en el tiempo a medida que iban produciéndose herencias y dividiéndose éste entre el número de descendientes, haciendo cada vez menos poderosas a las susodichas familias.

Mientras tanto, se gestaba en secreto el fin del liberalismo en España, por parte del rey Fernando VII internamente y por parte de Francia externamente. Finalmente en 1823 entraron en España 95.000 soldados, financiados por Francia, al mando del Duque de Angulema, conocidos como los Cien Mil Hijos de San Luis, provocando el derrocamiento del Estado liberal y la vuelta a la reinstauración del absolutismo, iniciándose un período conocido como Década Ominosa (1823-1833).

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, se produjo la primera guerra carlista y Maria Cristina, la viuda del rey, se vio obligada a buscar el apoyo de los liberales para mantenerse en el trono, y configuró gobiernos con los liberales Martínez de la Rosa y Mendizábal, que finalmente aprobó la archiconocida Ley de Desamortizaciones.

El período liberal de la Constitución de 1812, aunque fracasó y se encontró con enormes dificultades internacionales, errores propios, divisiones internas, lo cierto es que marcó un punto de inflexión en España que impidió que el absolutismo volviese a imperar en España y todos los regímenes posteriores tuvieron en cuenta los principios liberales (María Cristina, Baldonero Espartero, Isabel II) y desembocó en la revolución de la Gloriosa de 1868, que provocó el derrocamiento de Isabell II y la instauración del Sexenio Democrático.

A la luz de la historia, podemos ver cómo la libertad en sus numerosos conatos de establecerse ha sido asediada en numerosas ocasiones, pero la libertad ha demostrado resiliencia al renacer una y otra vez, destronando finalmente al absolutismo e incrementando lentamente las libertades de los ciudadanos. Quizá esta desilusión liberal que nos ofrece la historia de España, haya condicionado el resto de intentos republicanos y luego democráticos a dejar a un lado los principios fundamentales de los primeros políticos liberales españoles, que fueron los que realmente derrotaron al absolutismo, al totalitarismo. ¿Fue la temprana desventura de la libertad en España fue un desaliento al liberalismo en España?

Restauremos América Ahora

Los Estados Unidos han comenzado el año 2012 en unas condiciones económicas poco esperanzadoras: la tasa de desempleo alcanza ya el 9.1%, se aproxima una nueva recesión y la deuda nacional se ha disparado hasta el 59% del PIB. Mientras tanto, los políticos del Capitolio continúan empeñados en aumentar el techo de deuda.
La situación política no es mucho más halagüeña. Barack Obama ganó las elecciones en 2008 con un discurso que consiguió ilusionar a millones de estadounidenses que anhelaban un cambio político en Washington y una política exterior más pacifista y conciliadora. Sin embargo, tres años después de la toma de posesión de Obama, los cambios en las políticas del gobierno han brillado por su ausencia. El gobierno sigue gastando más de lo que ingresa y rescatando a los grandes bancos, la Reserva Federal imprime dinero sin ningún control y los EE.UU siguen siendo la policía del mundo, ya sea imponiendo sanciones a otros países o manteniendo tropas en el extranjero.
Ante tal desarrollo de los acontecimientos son muchos los políticos que se ofrecen como alternativa al desorden que se está produciendo en Washington. Actualmente, están teniendo lugar las primarias del Partido Republicano. De repente, todos los candidatos prometen poner freno a la Reserva Federal, equilibrar el presupuesto y crear nuevos puestos del trabajo. No obstante, sólo uno de ellos presenta un programa para llevar a cabo todos estos propósitos: Ron Paul. El Dr. Paul ha sido congresista por Texas durante los últimos 30 años, si bien con un intervalo de inactividad. A lo largo de estas tres décadas, Paul ha defendido a capa y espada la libertad individual de las inferencias del gobierno. Siempre ha votado en contra de cualquier aumento de impuestos o de gasto público, se opuso a la guerra de Iraq y la Patriot Act, advirtió en varias ocasiones las consecuencias que acarrearían las malas políticas monetarias de la FED y, en el año 2001, pronosticó el estallido de la burbuja inmobiliaria. Ron Paul tiene un historial considerable en defensa de la libertad personal y la responsabilidad individual.
Hace unos meses, presentó un programa para devolver a Estados Unidos la prosperidad que otrora los caracterizó. Bajo el nombre de “Restore America Now” (Restaurar América Ahora) Ron Paul pretende equilibrar el presupuesto federal recortando 1 billón de dólares, algo que se conseguirá en el tercer año de su mandato. Ahora bien, ¿de dónde se puede recortar semejante cifra? El Dr. Paul es consciente de la importancia que tienen para muchos estadounidenses algunos programas sociales como la Seguridad Social, el Medicaid y el Medicare, por lo tanto, sus primeros recortes provendrán de otros ámbitos, tales como el gasto militar y el gasto superfluo de la administración. En primer lugar, Ron Paul planea traer a casa a todas las tropas estadounidenses y eliminar las bases militares que EE.UU tiene desplegadas por todo el mundo, así como la ayuda externa. Por otro lado, propone suprimir cinco departamentos federales; a saber, Educación, Energía, Vivienda y Desarrollo Urbano, Comercio e Interior. Asimismo, tiene la intención de reducir la financiación de otros departamentos.
Otro de los grandes problemas que enfrenta el país es la elevada tasa de desempleo. El programa de Ron Paul propone reducir el Impuesto sobre las Corporaciones al 15%. La intención de esta medida es que las empresas tengan más incentivos para contratar empleados. Bajo el actual sistema, muchas entidades optan por la deslocalización para reducir costes, haciendo que se pierda un buen número de puestos de trabajo.
Por último, el plan del Dr. Paul propone auditar la FED para conocer el destino de todo el dinero que imprime, además de ponerle fin a la creación de dinero de la nada. La Escuela Austríaca de Economía nos enseña que cada vez que los bancos centrales introducen dinero en la economía, los precios suben, mermando el poder adquisitivo de las clases medias.
Bajo el gobierno de Ron Paul, América será restaurada y con ella los valores de la libertad, la paz y la prosperidad.

La reforma de la Constitución es urgente

Desde que se aprobó la moderna Constitución de 1978 en España, han pasado 33 años sin actualización alguna de la misma. Mientras que, cara al texto más importante de nuestro país, no se ha producido ningún cambio; nuestra nación ha experimentado profundas transformaciones estructurales.

No se trata exclusivamente de tres décadas cualquiera, sino de mucho más: en aproximadamente treinta años, España ha pasado de una dictadura socialista, a una sociedad democrática y liberal. Este es el motivo fundamental que deja obsoleto el texto. La Constitución, que merece una actualización urgente, fue concebida tras la caída de una dictadura que duró cuarenta años*; es decir, fue creada con el principal objetivo de lograr una transición sin incidentes. Y logró su objetivo: la transición española fue ejemplar, en lo que a política se refiere, y, de hecho, se estudia en las facultades de sociología como un modelo a seguir.

Con esto, no digo que la Constitución no fuera prospectiva, sino que las circunstancias del momento obligaron a centrarse más en el espíritu de transición, tras cuarenta años de dictadura. Ahora, sin embargo, nos encontramos con más de treinta años de democracia con la misma Constitución, inalterada, que tras la caída del régimen franquista.

¿Por qué necesita reformarse?

En primer lugar, en consecuencia con lo anteriormente expuesto, el sistema electoral que se ideó en 1978, que en aquella época respondía a una necesidad, ahora es necesariamente prescindible. El esquema político que se diseñó fue el de favorecer sobremanera a los dos partidos mayoritarios, perjudicando, en consecuencia, a los partidos minoritarios. Además, se sobrevaloraron los votos de unos españoles con respecto a otros, dando lugar a que el voto, por ejemplo, de un catalán valiese ocho veces más que el de un andaluz. Por eso, además de reformar la Constitución, hay que modificar la Ley Electoral.

En segundo lugar, la ciudadanía española merece que la Constitución se amolde a la actualidad, ya que el sistema autonómico español, a medio camino entre un estado federal y un estado central, perjudica enormemente todo el cuerpo social del estado, en especial al tejido económico. Con este sistema autonómico (por cierto, asimétrico, donde una comunidad autónoma discriminarse, como por ejemplo Andalucía) las funciones se triplican, pues una misma competencia es asumida tanto por el gobierno central, por el autonómico e, incluso, por el provincial. En consecuencia, se produce un gasto público triplicado. Y este sistema, en épocas de crisis económica, agudiza el problema de la economía española aún más, alejándonos paulatinamente, cada vez más, de Europa.

 

Estado autonómico

Esto también repercute negativamente en la legislación, pues partidos nacionalistas (por ejemplo, CiU, PNV, etc.) están presentes en el parlamento nacional, influyendo decisivamente en los acuerdos parlamentarios. Es decir, partidos que pertenecen a una región concreta de España, influyen en todo el país. En consecuencia, pueden darse episiodios en los que estos partidos nacionalistas perjudiquen al país, con tal de conseguir réditos en su región. Esto es gravísimo y no es un caso aislado. Por ejemplo, el PNV apoyó los presupuestos generales del Estado de 2011 (que se aprobaron por un voto de diferencia), si, como contrapartida, el Gobierno otorgaba privilegios al país vasco (en concreto, fue más protección social a los parados del país vasco, que al resto de los del territorio nacional). Y esta es la razón que explica, el porqué de que en el Senado se hablen multitud de lenguas, con multitud de traductores, con un gasto de trece mil euros por sesión, cuando los senadores pueden, perfectamente, hablar en español; en cambio, no se hace porque hablar en la lengua regional les otorga beneficios políticos. Un claro ejemplo de que el sistema autonómico no es ni eficaz, ni eficiente.

Imaginémos, en EEUU, que el gobernador de California influyera en las políticas que repercuten en Iowa. ¡Qué locura! Pues esto mismo es lo que sucede en España.

En tercer lugar, la Constitución debe de ser modificada, para disminuir la concentración de poder que adquieren los gobernantes y, sobre todo, los privilegios que adquieren los políticos. Porque, cuando ser político tiene una rentabilidad desorbitada, deja de ser demandada la profesión por razones de talento, para convertirse en un modo de invertir. En la política se accede, contra natura, mediante poder o dinero, en lugar de talento, formación, esfuerzo, mérito o validez. En este sentido, nuestros representantes legislativos no deben tener ningún privilegio, sino que su retribución debe estar armonizada con respecto a su formación, responsabilidad y beneficios que aportan a la sociedad. Y, actualmente, la situación de los políticos dista mucho de ésta.

Por tanto, estamos en condiciones de afirmar que la Constitución española, actualmente vigente, no responde a las necesidades actuales, y debe ser reformada para eliminar los desequilibrios autonómicos, electorales y la partitocracia, que tanto daño está provocando en los últimos años.

*Fíjese el lector que, si consideramos el lapso desde el inicio del franquismo hasta ahora, España ha convivido más tiempo en una dictadura, que en una democracia.

Majestad, ¿hasta cuándo?

Actualmente, el controvertido debate república o monarquía toma con el tiempo mayor importancia. Quizá esto sea así porque la monarquía es un régimen político del pasado y que únicamente tiene razón de ser como elemento simbólico.

Antes de la industrialización, la mayoría de los países eran monárquicos. El poder era absolutamente unipersonal, que pertenecía al rey, y hereditario. Posteriormente, los beneficios sociales y la democracia surgida tras la primera industrialización europea (1870) vació al mundo de necesidad monárquica. El poder público, por definición, debía pertenecer ya al pueblo y éste no debía de ser oligárquico y, mucho menos, perteneciente a una persona.

¿Qué explica que todavía  países  como Reino Unido o España continúen con la monarquía? Quizá por respeto al pasado o como elemento simbólico, que suele aportar beneficios en las relaciones internacionales. Hasta este punto, parece que la monarquía no presenta ningún problema.

Sin embargo, este régimen político es tremendamente peligroso desde distintos puntos de vista. En una monarquía, por muy parlamentaria que sea, el poder reside en última instancia en el rey y, si éste decide adueñarse del poder público o no sancionar las leyes que el parlamento aprueba, está en su pleno derecho; así lo establece la Constitución española de 1978.

Obviamente se da por sentado que el rey es una mera figura sin competencias y que nada va a hacer, pero, como hemos visto, puede que esto no ocurra así. Además, suponiendo que el rey no intervenga en el poder, ¿por qué razón entonces es el mayor representante de la nación?

En España, la situación es aún más controvertida. Incluso se dividen los monárquicos en estrictamente monárquicos y juancarlistas, que apoyan al rey Juan Carlos por el importante papel que asumió en la transición española, tras la muerte de Franco. Ciertamente, los españoles tienen que estar muy agradecidos. Pero, ¿es esta razón suficiente para mantener un régimen político cuyas funciones son incompatibles con la política internacional del momento? La soberanía española, a la muerte del vigente rey, tendría que tomar parte en este asunto y decantarse o por las razones subjetivas (la familia real jugó un papel importante; la monarquía es un elemento consustancial a España; etc.) o por las razones objetivas (el siglo XXI exige cada vez más democracia; la elección debe ponderarse por encima de la sucesión hereditaria; el dinero público no debe destinarse a actividades insustanciales, de mera apariencia; etc.)

 

Don Juan Carlos I, rey de España.

En este debate suélese presentarse como alternativa la república, aspecto crítico en el contexto español. La gran mayoría del pueblo español considera que los excesos republicanos irrogaron la guerra civil, quizá sea esta la razón que explica que república adquiera en España una tonalidad izquierdista y monarquía derechista. Pero, insisto, si se pretende avanzar, mejorar, perfeccionar (que, por cierto, es lo que se pretende en toda nación) las anclas en el pasado no sirven, sólo debe importar la visión de futuro hasta donde el horizonte termine. De modo que, haciendo abstracción del pasado español, monarquía y república no implican en absoluto una ideología de izquierdas o de derechas. Bien sabemos que una cosa es ser autoritario o democrático y otra es serlo o de izquierdas o derechas (palabras que cuanto más se analizan más vacías de contenido están).

Tras este análisis, es evidente que aquellos que prefieran el mejoramiento (la aplastante mayoría de los integrantes de cualquier nación) deberán decantarse por la opción republicana. Pero, quizá, la población española no esté preparada todavía para un cambio que, simbólicamente, presenta un giro de 180 grados. Todavía está muy presente el guerracivilismo para una fluctuación de tal magnitud.

En definitiva, la destitución de la monarquía es necesaria para que la nación sea más autosuficiente; pero, posiblemente, de momento, la población no sepa digerir estos cambios de buena manera.

República sí, pero luego.

Internet: Una nueva era

Esencialmente, el ser humano se mueve por su instinto de supervivencia y así lo ha hecho desde el principio de los tiempos. Este instinto lo ha llevado a buscar siempre el camino del progreso y el avance pese al predominio de miedos y fobias que han obnubilado su afán por el conocimiento de su entorno. Cuando el hombre se hizo sedentario, comenzó la mayor época de prosperidad hasta la fecha ya que, gracias al comercio, mejoraron los bienes de producción, lo que nos llevó a desarrollar mejores productos. Además, eran tiempos de guerra, donde ya sabemos que el grado de competencia es máximo y nos lleva a crear los aparatos más sofisticados para acabar con el enemigo debido al acentuamiento del instinto de supervivencia.

Las transiciones hacia una nueva era siempre han conllevado grandes cambios orientados al avance humano: la escritura, la caída de un imperio romano decadente, el descubrimiento de América etc. Sin embargo, fue la Revolución Francesa o, preferiría decir yo, la americana, la que comportó el advenimiento de una serie de derechos y libertades que ha derivado en la cultura que actualmente vivimos. Estados Unidos, con su constitución, supo establecer una barrera contra el totalitarismo, cosa que no pudimos lograr en Europa hasta la creación de la Unión Europea. Se debe argüir, por tanto, que el progreso emana directamente de la libertad e individualidad del ser humano, competitivo por naturaleza, y que todo intento de colectivización constituye un freno para el cerebro humano.

Tras la Revolución Industrial se sucedió un siglo de desarrollo tecnológico que alcanzó sus mayores cotas tras la Segunda Guerra Mundial. El final de este siglo fue coronado con la aparición de Internet, una herramienta que, bajo mi punto de vista, va a propiciar una revolución similar a la que la escritura y el descubrimiento de un nuevo continente llevaron a cabo en su momento.

Podríamos analizar hasta la disquisición los cambios que introdujeron todos estos descubrimientos, sin embargo, voy a caminar por la superficie de ellos. El descubrimiento de la escritura trajo consigo la constatación inequívoca de la vida de millones de personas que hasta ahora han plasmado en un papel sus pareceres y visión de la realidad.

El descubrimiento de América fue concebido como el hallazgo de un nuevo mundo. Muchos europeos viajaron a él para colonizarlo y exportar nuestras costumbres, además de aplastar buena parte de las allí existentes. A este hecho le sucedió el enriquecimiento de las arcas públicas españolas e inglesas que los primeros desperdiciamos en guerras y lujo artificial.

Sin embargo, Internet no es sólo el descubrimiento de un nuevo mundo, sino de una nueva realidad, la realidad virtual. Gracias a este instrumento, podemos comunicarnos con personas que se encuentran a miles de kilómetros de nosotros, es la mayor fuente de información jamás habida, ya que está formada por la aportación de millones de personas. Además, hunde sus raices en la libertad, puesto que cada uno puede buscar su afición favorita y compartirla con gentes de todos los pueblos, a diferencia de la demoníaca televisión, que nos sume en una dictadura de monotonía y adoctrinamiento, dejando a un lado a las minorías ideológicas.

Puede que dentro de cientos de años, los historiadores bauticen a nuestra era como la era virtual, porque nos estamos adentrando en un mundo de máquinas, ceros, unos y relaciones cibernéticas. Que paren el mundo, que yo me bajo.

Separados y revueltos en el campo

Hay semillas que terminan en malas hierbas, pudiendo ocasionar una cosecha insatisfactoria. Todo buen jardinero debe saber qué hacer para que sólo germinen las buenas semillas: regar éstas e impedir que germinen las otras. Y en caso de descuido, arrancar de raíz las malas hierbas. Ahora bien: no es un descuido que las malas yerbas terminen creciendo frondosamente por el campo y que terminen separando las huertas del maíz forrajero (típico del Norte) con la de los girasoles (típico del Sur). En este campo no se puede decir que haya un buen jardinero, ni siquiera un jardinero.

Análogamente, esta es la fisonomía de España. El jardinero representa a los políticos que han regado y cuidado meticulosamente el germen,  precedido por la guerra civil, de la bifurcación española. Mas este problema ha estado muy presente en las características históricas de España: la antedicha guerra civil, las guerras carlistas… Creíase, en la transición democrática, que esta enfermedad endémica ya estaba superada, pero la simiente seguía ahí latente. El origen del actual problema gira, como en la teoría de la gravitación, en torno a la asimetría de la política autonómica: privilegios para determinados reinos de España y alejamiento en los estatutos autonómicos de la Constitución. Las malas yerbas están ya demasiado creciditas. ¿Cómo puede una persona, en función del territorio donde viva, tener más influencia en el voto? ¿Cómo puede haber estado un Estatuto inconstitucional vigente, cuando casi todos los legisladores son licenciados en Derecho? ¿Cómo puede recibir una comunidad autónoma pobre menos dinero que otra rica? ¿Por qué se multa a los que hablen en español? ¿Por qué se tiene miedo en lugares de España?

Vivimos en un tiempo de masas. Esto no sólo ocurre en España -como podrán comprobar gracias al mundial-, sino en todo el mundo y viene gestándose desde hace casi cien años. La ley de Lynch nació en América.  El grueso de la población no tiene opinión, pero la opinión pública es necesaria para que el Estado siga vivo. Por eso, desde el Estado, se impone una opinión a diestro y siniestro. En el caso actual, los políticos han creado meticulosamente un sistema para poder manipular a la población. Esto trae como resultado que los dirigentes “encienden la mecha” y, seguidamente, explota.  Estoy convencido que todos los manifestantes de hoy están manipulados y, lo que es peor, educados para hacer lo que dicta “su” opción política.

Hoy, hay una clara dicotomía que hace estremecer a cualquier vaticinador: manifestaciones y contramanifestaciones en un mismo momento. Los partidos ‘catalanistas’ han salido a la calle para manifestar su desaprobación a un poder ecuánime e independiente a él. Pero, por otro lado, se ha convocado en acto en defensa del orden constitucional. ¡Vaya, dos opciones contrarias manifestadas en la calle! Lo peor es que es una manifestación de hombres-masa, que son manejados por el político de turno, en contra de la justicia. Únicamente no se desmorona el Estado, ni la Nación, sino el poder público también.

Mas, lo que es un agravante, todo esto se produce cuando España tiene la única posibilidad de su historia de conseguir un mundial. Sí, es un agravante, teniendo en cuenta que el fútbol es un instrumento que mueve a las masas en estampida y, en este caso, debería de unirlas. Aun así, se están separando. ¿Puede más la política que el fútbol? Que nos conteste Paul…