El fin de la guerra contra las drogas (II) : guerra total y armisticio

Guerra total

Hablábamos en el primer artículo de las razones por las que los distintos gobiernos prohibieron determinadas sustancias psicoactivas entre la década de los 10 y los 60 del siglo pasado. En 1971, el gobierno norteamericano decidió recrudecer la prohibición mediante la «guerra contra las drogas», bautizada de esta forma por el presidente Nixon. En el marco de la ONU, el documento internacional que va a definir la postura respecto a las drogas desde esta fecha va a ser el Convenio sobre sustancias psicotrópicas firmado en Viena en 1971.

Pero primero hagamos un repaso por su precursor, la Convención Única de Estupefacientes de 1961. Esta había sentado las bases de la prohibición mundial: fue firmada por 71 países y en ella se pretendía ilegalizar el cultivo, la producción y distribución en todos los países. Además, se creó la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Por último, se inauguró el sistema de listas. Cada sustancia controlada era incorporada a una de las cuatro listas. En la lista 1 se incluían el opio, la morfina, la cocaína, etc.; en la 2, la codeína; en la 3, ciertos preparados que se podían obtener sin receta; por último, en la 4 se colocaban sustancias consideradas muy peligrosas, donde se incluyó la heroína y la marihuana.

En el Convenio de 1971 se incluyen más sustancias y se hace una remodelación de las cuatro listas. A partir de entonces, en la lista primera se incluirán las drogas más populares durante la contracultura, a saber, LSD, THC, Psilocibina…Estas sustancias eran consideradas muy perniciosas y con uso médico o científico muy limitado que habría de pasar costosos trámites para su investigación. A las sustancias del resto de listas se las limitaba al uso médico. En la lista 2, se incluían los derivados anfetamínicos; en la lista 3, los barbitúricos; por último, en la lista 4, otros tipos de barbitúricos.

EE.UU. encontrará tres maneras de hacer cumplir la prohibición en todo el mundo. En primer lugar, se financió la destrucción de plantaciones en los países productores. También se llevaron a cabo represalias contra los países que no cooperaban en la guerra contra las drogas. En segundo lugar, sus farmacéuticas exportaban drogas lícitas para sustituir a las prohibidas. Por último, se aseguraron de que los demás países introdujeran legislaciones represivas.

La exportación de la cruzada supuso destruir tradiciones milenarias en países como Persia, gran consumidor de opio, además de la ruina de campesinos que vivían del cultivo de la adormidera.

Al lanzarse la guerra total, el usuario de drogas que busca una sustancia energética, recurrirá a la cocaína en el mercado negro. Por otro lado, empezó a llegar heroína muy barata y de calidad a Europa y EE.UU., dando paso a la era de los grandes narcotraficantes y grupos mafiosos alrededor de estas dos sustancias. Como dato, entre 1961 y 1972, el número de adictos a la heroína pasa de 50 mil a 560 mil en EE.UU.

Armisticio

Desde los años 80, nos encontramos en la era del sucedáneo, en la que el número de fármacos no para de multiplicarse gracias al trabajo de miles de laboratorios clandestinos. A nivel legislativo, los distintos acuerdos suscritos caminan hacia un armisticio. Veamos cómo han evolucionado hasta hoy:

El tercer texto internacional en el que se basa la prohibición es la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, celebrada en Viena en 1988. Supone uno de los acuerdos más duros en materia de drogas. Con una urgencia manifiesta desde el primer momento, este convenio se centra en coordinar a los distintos países para atajar el tráfico ilícito que venía creciendo desde los años 70 y 80. Asimismo, se exige a los estados que introduzcan en sus legislaciones una serie de tipos penales como el cultivo, tráfico, etc. de las sustancias ilícitas incluidas en los convenios. Asimismo, se promueve también penar la posesión de estas mismas sustancias e incluso la elaboración para consumo propio. Para estos tipos de delitos se exige penas de prisión o multas, en ocasiones combinadas con tratamientos de rehabilitación. Se incluye además la extradición de traficantes, una medida anhelada por países como Estados Unidos debido a su sospecha de que muchos narcos recibían tratos de favor en su país de origen.

El único elemento abierto del tratado es la llamada a tener consideración por sustancias ilícitas que les son permitidas a ciertos pueblos por razones históricas, así como al respeto por los derechos humanos fundamentales.

Diez años más tarde la ONU celebra la vigésima Sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) sobre drogas. Con el optimista lema «Un mundo libre de drogas. Podemos hacerlo», este será el último documento internacional hasta la fecha que preconice claramente una guerra para frenar oferta y demanda. En el caso de la demanda, mediante medidas de prevención y represión. En los países productores, sus objetivos para 2008 serán reducir el número de plantaciones de arbustos de coca, marihuana y adormidera, también con una mezcla de mano dura y amplitud de miras, fomentando actividades lícitas en el agro andino para disuadir a los campesinos de cultivar estas plantas.

Dicha política se va a aplicar en el llamado Plan Colombia, acordado entre los EE.UU. y Colombia durante los años 1999-2000. En este tratado se dan cita dos voluntades: la estadounidense consistía en financiar un programa de estabilidad en la región que permitiese frenar a las FARC y el tráfico de cocaína a Norteamérica; Colombia, por su parte, buscaba recibir apoyo económico para asentar sus instituciones y forjar un estado de derecho que le hiciera un hueco en el siglo XXI. La consecución de estos objetivos, tal y como planteaban los tratados mencionados anteriormente, se realizarán a través de una mezcla de represión y ayuda económica. Por un lado, se hacían fumigaciones en las plantaciones ilícitas y, por el otro, se financiaban programas de inclusión para que los campesinos no viesen incentivo en estas plantaciones. En materia de drogas, el deseo era reducir el comercio de cocaína y heroína. Tras años de aplicación, los resultados son ambivalentes. Por un lado, para 2006 las plantaciones de adormidera se habían reducido en un 50%, mientras que el tráfico de cocaína ha aumentado en un 4%.

En 2009, los distintos estados miembro de la ONU se reunieron en Viena para analizar el progreso que se había conseguido en los objetivos fijados en 1998. Se sigue hablando de contrarestar el «problema de las drogas». El análisis vuelve a ser contradictorio. Antonio María Costa, Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, celebra en su declaración previa a estas sesiones el buen resultado en número de adictos y el cultivo de coca en los Andes, que cae un quinto respecto a diez años atrás. Sin embargo, se lamenta por el aumento de poder de los grupos armados que controlan el tráfico. A pesar de creer que el UNGASS 1998 ha ayudado a concienciar a la población sobre el denominado problema de drogas, la cifra sobre el valor comercial del tráfico de drogas ofrecida constata el fracaso: se calcula en 300 mil millones de dólares estadounidenses al año.

UNGASS 2016

La siguiente sesión especial estaba prevista para 2019. Sin embargo, México, Colombia y Nicaragua, cansados de cargar con miles de muertos a sus espaldas, solicitaron un adelanto de esa reunión a 2016. Muchos esperaban de esta un documento que otorgara más protagonismo a la «reducción de daños» (harm reduction), una especie de política de mano izquierda que consiste, entre otros métodos, en terapias de sustitución con opiáceos para adictos a la heroína y programas de sustitución de jeringuillas para evitar contagios de hepatitis C o sida entre usuarios. Sin embargo, dicho concepto quedó fuera del texto debido a las presiones rusas, que durante los últimos años ha intensificado su guerra contra las drogas. También China e Irán presionaron para que no se incluyeran referencias a la pena de muerte por narcotráfico. Sin embargo, el UNGASS 2016 supone el comienzo de una política internacional sobre drogas basada en la flexibilidad, donde convivirán políticas nacionales represivas como la rusa o la china con políticas de reducción de daños, más comunes en Europa y Norteamérica. En estos países ya no se trata de querer eliminar el uso de las drogas, sino aceptar su uso y tratar de que los usuarios se hagan el menor daño posible durante el consumo.

Pero vayamos a lo concreto. En el próximo artículo echaremos un vistazo a los últimos cambios que se han producido en distintos países durante los últimos años, algo que nos aclarará la situación a comienzos del año 2017.

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