La prometedora África.

El continente esperanzador: después de décadas de lento crecimiento, África tiene una oportunidad real para seguir los pasos de Asia.

Las tiendas apilan torres de productos de varios metros; afuera, las calles están aglomeradas de clientes y vendedores exhaustos. Pero esto no es una gran calle durante la temporada de compras navideñas en el primer mundo. Es el mercado Onitsha en el sur de Nigeria, todos los días. Muchos la llaman la mayor del mundo.  Hasta tres millones de personas van allí diariamente a comprar arroz, jabón, ordenadores y material de construcción. Es un centro para los comerciantes del Golfo de Guinea. Una región plagada de corrupción, piratería, pobreza y enfermedades, pero también el hogar de millones de empresarios motivados y crecientes consumidores prósperos.

En la década pasada, seis de los diez países del mundo con crecimiento más rápido fueron africanos. En ocho de los últimos diez años, África ha crecido más rápido que el Este de Asia, incluyendo Japón. Incluso teniendo en cuenta el efecto dominó de la desaceleración del hemisferio norte, el FMI espera que África crezca un 6% este año y casi 6% en 2012, muy parecido a lo que se espera para Asia.

El boom de las materias primas es parcialmente responsable. Durante el lapso 2000-08, cerca de un cuarto del crecimiento africano provino de un aumento de los ingresos de los recursos naturales. La favorable demografía es otra causa. Con tasas de fertilidad cayendo en Asia y América Latina, la mitad del aumento de la población en los siguientes cuarenta años se producirá en África. Pero el crecimiento, además, tiene un montón que hacer con las manufacturas y las economías de servicios que los países africanos están empezando a desarrollar. La gran pregunta es si África puede seguir así si la demanda de materias primas cae.

Cobre, oro, petróleo –y una pizca de sal.

El optimismo sobre África necesita tomarse en dosis muy pequeñas, pues las cosas todavía son muy precarias en  gran parte del continente. La mayoría de los africanos viven con menos de dos dólares al día. La producción de comida por persona se ha estancado desde la independencia en los años 1960. La media de vida en algunos países está por debajo de 50 años. La sequía y el hambre persisten. El clima está empeorando, con la deforestación y la desertificación todavía en marcha.

Algunos países son elogiados por su vertiginoso crecimiento económico, como Angola y Guinea Ecuatorial son cleptocracias bañadas en petróleo. Algunos que han empezado a hacerlo bien en el desarrollo económico, como Rwanda y Etiopía, se han convertido en políticamente nocivos. Congo, ahora sometido a unas ruinosas elecciones, todavía parece escasamente gobernable y horriblemente corrupta. Zimbawe es una cicatriz en la consciencia del resto sudafricano. Sudáfrica, que solía ser un modelo para el continente, está machada con la corrupción; y dentro de la decisión del Congreso Nacional Africano se habla de la nacionalización de la tierra y las minas.

Sin embargo, en este contexto tristemente familiar, algunos números fundamentales están moviéndose en la dirección correcta. África ahora tiene una creciente clase media: de acuerdo con el Banco Mundial, sobre sesenta millones de africanos tienen un ingreso de 3.000$ al año, y serán cien millones en 2015. El ratio de inversiones extranjeras se ha multiplicado por diez en la última década.

La llegada de China ha mejorado la infraestructura africada y ha impulsado el sector manufacturero. Otros países no occidentales, desde Brasil y Turquía hasta Malasia y India, están siguiendo su ejemplo. África podría irrumpir en el mercado global por industria ligera y servicios como centros de llamadas. El comercio internacional, reprimido durante mucho tiempo por la rivalidad política, está creciendo, tanto en bajadas de los aranceles como en la eliminación de las barreras al comercio.

El entusiasmo de África por la tecnología está aumentando. Hay más de seiscientos millones de usuarios de teléfono móvil, más que América o Europa. Puesto que las carreteras son normalmente terribles, avances en las comunicaciones, con banca móvil e información telefónica agrícola, han sido una gran expansión. Cerca de una décima parte de la tierra africana está cubierta por servicios de móvil o internet –una proporción más alta que la India. La salud de muchos millones de africanos también se ha mejorado, gracias en parte a una distribución más amplia de mosquiteros y a la mejora gradual de los estragos del VIH y el SIDA. Las habilidades están mejorando: la productividad está creciendo cerca de un 3% al año, comparado con un 2,3% en América.

Todo esto está ocurriendo en parte porque África está al menos obteniendo un poco de paz y gobiernos decentes. Tres décadas después, los países africanos se deshicieron de sus cadenas coloniales, no sólo una derrota pacífica a gobiernos o presidentes en las urnas. Desde que Benín estableció la tendencia continental en 1991, estas derrotas por las urnas se sucedieron más de 30 veces –muchas más que el mundo árabe.

Las tendencias de la población podrían aumentar estos desarrollos prometedores. Un montón de  jóvenes mejor educados en edad de trabajar está incorporándose al mercado laboral y las tasas de natalidad están empezando a bajar. A medida que aumenta la proporción de gente en edad de trabajar, el crecimiento debería recibir un impulso. Asia disfrutó de un “beneficio demográfico” que empezó hace tres décadas y ahora está disminuyendo. En África está empezando.

Tener una gran cantidad de adultos jóvenes es bueno para cualquier país si su economía es próspera, pero si los empleos son escasos, puede conducir a la frustración y violencia. Si la demografía africana trae un beneficio o un desastre depende en gran medida de sus gobiernos.

Más comercio que ayudas.

África todavía necesita una reforma profunda. Los gobiernos deberían de facilitar la creación de empresas y reducir algunos impuestos y recoger honestamente los que hay. La tierra tiene que salir de la propiedad comunal y entregar la propiedad a los agricultores, para que puedan obtener créditos y expandirse. Y, sobre todo, los políticos necesitan mantener el hocico fuera del comedero y dejar el poder cuando sus votantes se lo digan.

Los gobiernos occidentales deben abrirse al comercio en lugar de repartir ayuda. La ley America’s African Growth and Opportunity, que redujo las barreras arancelarias para muchos bienes, fue un buen comienzo, pero es necesario que se amplíe y se extienda a otras naciones. Los inversores extranjeros deben firmar la Extractive Industries Transparency Initiative, que permitiría a los africanos ver que las empresas extranjeras pagan las licencias para explotar sus recursos naturales. Los gobiernos africanos deben insistir en la total apertura en las ofertas que realizan las empresas y gobiernos extranjeros.

La autarquía, la corrupción y la lucha no van a desaparecer de la noche al día. Pero en un momento oscuro de la economía mundial, el progreso de África es un recordatorio de la promesa de cambio en el crecimiento.


Este artículo es una traducción del artículo publicado por el semanario británico The Economist. Ver original:(http://www.economist.com/node/21541015)

Fusión nuclear: próxima Revolución Tecnológica

A pesar de que los recursos están limitados y son escasos, ello es porque el límite de los mismos radica en el propio conocimiento. Y éste frutece en condiciones de necesidad. La Segunda Guerra Mundial trajo consigo innumerables innovaciones técnicas en multitud de campos, por ejemplo. Asimismo, el crecimiento acelerado de la población mundial, la creciente demanda individual de energía y recursos y el agotamiento y desbordamiento de los mismos crean condiciones de necesidad, agudizando el ingenio. Como ya afirmó el Premio Nobel de Economía, F. A. Hayek, «debemos optar entre ser muchos y ricos o pocos y pobres».

La energía de fusión, por tanto, es un caso particular de lo antedicho en el párrafo anterior. Es necesaria una fuente energética segura, limpia y que ofrezca una energía suficiente para una población que no para de crecer. Así, en 1986, tras las dos crisis del petróleo, China, India, UE, EEUU, Rusia, Japón y Corea del Sur han aunado sus fuerzas para crear el ITER, con el fin de lograr la fusión nuclear.

La energía, a lo largo de la historia, ha permitido elevar el nivel de vida del ser humano. La energía es la base de todo sistema económico, de ella depende el coste de todos los productos, desde un chicle a una limusina: a más escasez de energía, más cuesta ganarse la vida. El carbón, en primer lugar, posibilitó la extinción de la servidumbre; el petróleo, mientras fue abudante, logró que la economía mundial viviese su época dorada durante 1950-1973; la energía de fisión actual se presenta, a veces, como única alternativa. Sin embargo, todas estas energías tienen un vicio común: o son escasas o contaminan.

Sin embargo, la fusión nuclear -aún en proceso de supervisión- desencadenará una revolución tecnológica sui géneris. Comprobándose, una vez más, que el límite de la riqueza mundial hunde sus raíces en el conocimiento. El día en que esta tecnología termine de implementarse (aproximadamente para 2035), el precio de la energía se reducirá ipso facto a un nivel irrisorio, ya que podremos producir, sin apenas coste, cuanta de ella queramos. En consecuencia, al disminuir los costes, los precios (que no los salarios) bajarán muchísimo. Conclusión: daremos un paso de gigante al implementar la fusión, pues el nivel de vida aumentará ostensiblemente.

El ITER ya está dando resultados. La ciencia de la fusión nuclear ya está dilucidada. Las leyes físico-químicas hacen que la susodicha sea factible. Así como en la enegía de fisión hacían falta átomos muy pesados (como el Uranio) para su repulsión, en la fusión se necesitan átomos muy ligeros (y, por tanto, más estables como el hidrógeno) para su unión. En concreto, para esta tecnología, se utilizan dos isótopos del hidrógeno (deuterio y tritio).

La idea consiste en unir el deuterio (compuesto por un protón y un neutrón) junto al tritio (compuesto por un protón y dos neutrones). Como resultado obtendremos dos protones y dos neutrones unidos entre sí o, lo que es igual, un átomo de helio, elemento inodoro e incoloro. Por otra parte, se liberará un neutrón y, por supuesto, una inusitada cantidad de energía (que analizaremos más tarde).

 

 

El único problema de la energía nuclear de fusión es tecnológico. Para fusionar dos átomos con carga parecida hacen falta temperaturas atronómicas (superiores a las del Sol; parecidas a las de una supernova), pues la repulsión electroestática establece que los polos iguales se repelen, mientras que los contrarios se igualan. Así, para unir el deuterio y el tritio, hace falta aislar las desmesuradas temperaturas del resto del mundo. No obstante, las últimas inveciones están apunto de lograrlo definitivamente.

Plasma rodeado por campos magnéticos

Las temperaturas tan elevadas cambian la materia de estado y la convierten en plasma (muy parecido a los relámpagos). Este plasma, si es rodeado convenientemente por una serie de campos magnéticos, se conseguiría separar la temperatura del interior del reactor, culminando definitivamente el sueño de la fusión. Si bien, algunas particulas de rayos X escaparían de los campos magnéticos calentando el entorno. Para esto, en torno a la reacción, se han construido unas paredes de acero de varios metros de grosos, con tuberias llenas de agua fría. Esto permite que el calor residual sea convertido rápidamente en vapor de agua y, a su vez, el vapor sirva para mover unas turbinas y generar la energía suficiente para mantener encendida la fusión. La reacción de fusión se mantiente, por tanto, por sí misma.

Los guarismos son lapidarios. Con un kilogramo de hidrógeno lograríamos en una hora, mediante fusión, más del triple de la energía producida por fisión en el mismo tiempo. Y lo que es más asombroso: la fusión lograría 28 veces más energía que la que se obtiene de forma solar y eólica. Es más, una única central de fusión doblaría la actual producción de energía total, como pueden observar en el gráfico de abajo.

*Los datos correspondientes al Carbón, Petróleo, G.Natural, Hidráulica, Fisión y Eólica y solar han sido extraídos del INE, y son la media de la producción de energía que se ha producido en una hora desde el año 1991 hasta el 2008 en España. Los datos correspondientes a la energía de fusión han sido estimados por ecuaciones concluyendo que: 1kg de H -> 70.000.000 KW/h; 1gr. de H -> 173.000 KW/h.

La globalización es inevitable

Desde el siglo XIX se ha producido un fenómeno sin precedentes en la humanidad. Por primera vez, gran cantidad de pueblos distintos empiezan a conformar una amalgama social. La causa de este fenómeno es, sin duda, la revolución tecnológica que posibilita una comunicación instantánea y barata con cualquier parte del mundo. Además, las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial preconizaron el abandono del nacionalismo económico que, inevitablemente, inducía hecatombes. Y así nació el multilateralismo. Por eso, no hay método más eficaz contra la guerra que la difusión de la industrialización, el aumento de las libertades y la globalización. Podemos observar que la integración mundial se ha desarrollado, hasta ahora, en cuatro fases.

Se inició hacia el 1700 en Gran Bretaña con la Primera Revolución Industrial, que introdujo como principal innovación el ferrocarril. En ese momento, la floreciente industria logró aumentar la productividad del trabajador que, indefectiblemente, desencadenaba en un aumento de salarios lo que, a su vez, incentivaba la mecanización de la industria (pues despedir a trabajadores con salarios altos e implementar maquinaria aumentaba el beneficio), que, en definitiva, enriquecía el país. La mejora tecnológica erradicó las épocas de crisis de subsistencia. La implicación última de todo este proceso es el aumento de la libertad y del tiempo libre para disfrutarla (ya no hacía falta pasar jornadas inhumanas en el campo cosechando para comer, pues podía comprarse, gracias a la industria, a precios relativamente bajos). Por primera vez, las condiciones de trabajo, tan duras como las del campo, se ablandaron, mientras los salarios ascendían. A partir de este momento, ya no hace falta dedicarse a cubrir necesidades básicas, quedando tiempo libre para ser.

Continuó extendiéndose, en una segunda etapa, al resto de Europa y Norteamérica, produciéndose en la Revolución francesa y la Independencia estadounidense. Parte de la tecnología británica se transfirió gracias al comercio internacional a Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Italia, Suecia y, sobre todo, Estados Unidos. De nuevo, en todos estos países, aumentó la productividad; por consiguiente, los salarios; y, por tanto, se incentivó la mecanización que, en última instancia, lograba abaratar los precios y aumentar el tiempo de ocio. En España, con más dificultades de absorción tecnológica, la Libertad no llegó hasta el 1868 con la revolución conocida como La Gloriosa, iniciando el Sexenio Democrático.

Bolsa de Tokio

Posteriormente, la bonancible época del capitalismo (1950-1973) permitió que la globalización entrase en América Latina y, poco más tarde, en los países asiáticos (Japón, Taiwán, Hong Kong, Corea del Sur, China, etc.). Se produjo en ese momento una relocalización progresiva con destino asiático, donde las empresas buscaban mano de obra barata. En consecuencia, Asia se industrializó. Y, de nuevo, se produjo el mismo mecanismo que en la Gran Bretaña protoindustrial: mejora de la productividad, mejora de los salarios, sustitución de trabajadores por maquinaria, reducción de precios y aumento del tiempo libre y las libertades.

En China, la libertad todavía está por culminar. Así como fue necesaria en Europa el Año de las Revoluciones (1848) para allanar el terreno a la libertad, la próxima etapa en China deberá consistir en una revolución contra el opresor gobierno chino, que permitirá expandir en China toda la prosperidad económica acumulada, con el consiguiente aumento de las libertades. Esperemos que Gao Xingjian tenga suerte.

Asimismo, podemos admitir una cuarta etapa en la integración mundial, pues, tras las últimas revoluciones vividas en los países árabes es obvio que la globalización ha decidido impregnar uno de los resquicios aún no penetrados por la Libertad: Arabia. Egipto se encuentra en proceso de democratización, mientras Túnez, Yemen, Argelia, Libia y Baherin se encuentra en una dolorosa -pero, esperemos que útil- revolución liberal.

Al igual que la mejora del comercio británico en el S. XVIII extendió la libertad individual a América y Europa, los movimientos de personas y mercancías junto con el poderoso internet están logrando difundir en Arabia los mismos valores democráticos.

Déjeme matizar que, cuando un pueblo pide libertad, ha salido de su minoría de edad. Por ese motivo, no hay ningún peligro, por ejemplo, en la democratización de Egipto. Al contrario: cuando un pueblo acepta el sometimiento de un dictador, revela la mentalidad peligrosa del mismo.

Crecimiento sin desarrollo: obsolescencia programada

Pese a que estamos acostumbrados -incluso en épocas de crisis- a que el crecimiento económico, a largo plazo, se mantendrá en el tiempo, de que el PIB siempre crecerá, de que la gráfica que muestra las cifras de la economía sea creciente; no obstante, debemos tener muy presente de que el crecimiento no implica desarrollo, son dos conceptos independientes. Pretendo, con este artículo, dejar clara esta idea.

En otro lugar, he hablado del sistema capitalista como el mejor de la historia, cuyas leyes aumenta el bienestar de la sociedad. Sin embargo, dicho esto, no significa que no sea mejorable, pues, como afirmó Daniel Soler en otro artículo, cuando algo no es mejorable, es imperfecto. El statu quo es imperfecto. El libre mercado, además de depender del Estado, tiene fallos muy concretos, como las externalidades, el poder de mercado o los bienes públicos. En este artículo, haré referencia a los dos primeros: el poder de mercado y la externalidad que produce o, dicho de otro modo, la concentración de poder que las empresas generan provocan una ineficiencia en la sociedad, desaprovechando, así, posibilidades de crecimiento.

Los acuerdos colusivos o acuerdos entre empresas, uno de los peores problemas que pueden presentarse en la economía, han originado a lo largo de la historia graves consecuencias para la sociedad. Por ejemplo, los países exportadores de petróleo se asociaron en un cártel para no hacerse competencia entre sí y, en consecuencia, poder aumentar el precio del petróleo a voluntad. La consecuencia fue un aumento generalizado de los precios en todo el mundo, y las consiguientes crisis del petróleo. Otro cártel, que todavía sigue afectando subrepticiamente en nuestra vida cotidiana, que se produjo a mediados del siglo pasado, bajo la denominación de Phoebus S.A., marcó un precedente. En este acuerdo, se asociaron los fabricantes de bombillas, para no hacerse competencia, y fabricar bombillas a voluntad. En concreto, limitaron la duración de las bombillas a 1.000 h diarias. Así, las empresas seguirían obteniendo beneficios, pues tras esas mil horas, el cliente volvería a comprar de nuevo la bombilla.

Esta idea se trasladó por todo el mundo y, hoy, es una regla en todos los productos. La impresoras, por ejemplo, tienen un número de copias de duración, que tras alcanzarlo quedan inservibles. También sucede lo mismo con los automóviles que, llegados a un cierto kilometraje, su electrónica deja de funcionar. De hecho, la URSS, en competencia con Occidente, logró producir lavadoras que perduraban más de 25 años. Se trata de la filosofía de comprar, tirar, comprar. Esta filosofía es muy peligrosa, pues reflejará un crecimiento ficticio, a saber: se siguen efectuando transacciones, pero las necesidades del consumidor no se satisfacen idóneamente y los productos no se diseñan para favorecer el desarrollo, sino el consumo y el crecimiento.

Desde 1901 encendida

Para nutrirnos más en el asunto, hemos de saber que, antes de que se generalizase esta política, se patentaron bombillas con una duración de más de 100.000 h. Además, todavía siguen estando en funcionamiento este tipo de bombillas desde 1901. Una muestra de que los acuerdos entre empresas restringen el verdadero desarrollo económico que podría generarse con libertad y competencia.

¿Es este un problema del sistema actual? ¿Es un fallo del capitalismo? ¿Es el consumismo lo que nos mantiene el crecimiento económico o el desarrollo? Como argumento a prima faccie puede sostenerse. No obstante, la situación puede revertirse a mejor, a saber: impedir la producción desleal, fomentar la competencia y prohibir los acuerdos colusivos, impedir definitivamente los escasos fallos de mercado existentes.

Apunte sobre el consumismo

Merece la pena hacer referencia a un fenómeno de gran importancia en la actualidad: el consumismo. Muchos economistas, políticos, grandes personalidades e incluso índices económicos como el PIB, sobrestiman sobremanera el efecto que el consumo tiene en la economía. Se ha demostrado que el consumo afecta a la economía tan solo un tercio, mientras que la producción, la investigación y el diseño lo hace dos tercios. Y es que solo basta con el siguiente ejemplo para comprender esta idea en su totalidad. Muchos países con índices de desarrollo reducidos pueden presentar una tasa de consumo exuberante. La diferencia entra las naciones ricas y pobres es que las primeras han diseñado, invertido y ahorrado para conseguir bienes de mayor calidad que, no obstante, han requerido mayor tiempo en la fabricación de los mismos. Por lo tanto, el consumismo, sobrevalorado enormemente (debido, en parte, por influencia keynesiana), no produce desarrollo económico alguno.

Fin de la obsolescencia programada, ¿fin del crecimiento?

Ahora bien, ¿es posible, entonces, que el capitalismo siga floreciente sin la cultura del consumismo? Por supuesto. Es más, de convertir en inexistente la obsolescencia programada, el sistema económico avanzaría varios peldaños, aumentando la potencialidad vital de la sociedad en general, aprovechando los recursos y exprimiendo todas las posibilidades existentes.

Imaginemos que las bombillas, impresoras, ordenadores, automóviles y, en general, todo tipo de producto tiene una vida de varios cientos de años. La sociedad tendrá ya esas necesidades cubiertas y, por consiguiente, tendrá que dedicarse a cubrir otras necesidades más elevadas (erradicación de la pobreza, desarrollo de nuevos productos, mayores recursos destinados a la investigación, etc). Por ejemplo, y como analogía, la necesidad de oxígeno, al tenerla cubierta, no necesitamos una empresa que nos lo proporcione y, por tanto, ese trabajo que podría dedicarse a producir oxígeno se dedica a otros ámbitos (producción de comida, automóviles, etcétera).

Las empresas que ahora utilizan la obsolescencia programada dejarán de obtener los beneficios actuales, convirtiéndose en empresas de pequeñas dimensiones, pero que, como ya he dicho anteriormente, este proceso, logrará una liberación de recursos que podrían destinarse a otras actividades. Por eso es un fallo de mercado, una externalidad, ya que el beneficio individual, en este caso, no coincide con el social. Se trata, en definitiva, de que en lugar de producir siempre lo mismo (porque tendrá que reponerse), se produzca otro tipo de bienes deseados por la sociedad. Entonces, los factores que se dedican a la producción de bienes con obsolescencia programada, al quedar libres, se redistribuirán a otras actividades, por ejemplo, en el sector servicios o implementar el bienestar en África.

Por tanto, la obsolescencia programada a la que nos hemos referido constituye un círculo vicioso, donde el dinero circula, y que genera crecimiento económico; pero que no produce desarrollo, ni aumenta los niveles de bienestar. Y, por tanto, la prohibición del mismo no producirá desempleo, descenso en la producción o decrecimiento económico, sino una redistribución de los recursos que se dirigirán a lugares en donde su trabajo generará un rendimiento de mayor valor.

Destinemos todos los esfuerzos a producir y desarrollar lo que no hay, en lugar de lo que ya está producido

Keynes, bastión del consumismo

Y es que no se trata de colocar a la mano de obra o de iniciar un trabajo, por el mero hecho de crear un puesto de trabajo o abrir una empresa. El desarrollo económico consiste en transformar la naturaleza, dándole mayor valor a la misma; incrementar la cantidad y calidad de conocimiento de la sociedad; incrementar el grado de libertad de la misma; mejorar las condiciones higiénico-sanitarias, aumentando, en consecuencia, la esperanza de vida y el crecimiento natural de la población. Nada que ver con el aumento del consumo, o con el movimiento circular del dinero, como Keynes quería.

No son necesarios los recursos, sino el conocimiento.

Malthus se equivocó

El célebre economista Thomas Malthus afirmó ya hace muchos años que mientras que la producción crece artiméticamente, la población lo hace geométicamente y, por tanto, habrá un momento en que haya más personas que recursos. Tras esta afirmación la población creció sin precedentes (en Gran Bretaña pasó de 5 millones de habitantes a 21 en menos de una centuria), y, aún así, el bienestar medio creció ostensiblemente: se inició la Primera Revolución Industrial. Malthus pinchó en hueso: no tuvo en cuenta el poder multiplicador de la tecnología.

Actualmente, hay numerosas mentes, al igual que Malthus, que afirman que un aumento de la población puede ser catastrófico o, al menos, reducirá paulatinamente el bienestar. Su principal argumento es el de que los recursos son limitados, mientras que el hombre puede crecer (y gastar) sin ningún límite.

Ahora bien, de nuevo al igual que Malthus, el argumento de los susodichos es falaz porque no tiene en cuenta que la tecnología puede multiplicar los recursos en la proporción deseada. En la prehistoria, los homínidos apenas subsistían, sin más recursos que la recolección o la caza. Actualmente, casi 7.000 millones de personas en el planeta subsisten con un bienestar bastante mayor que los hombres prehistóricos. ¿Dónde está el truco? De nuevo, en la tecnología. Y si algún pueblo permanece aún en el subdesarrollo, se debe -y esto es taxativo- a la carestía de tecnología. Por tanto, ni más ni menos, la solución está en la adopción de tecnología.

¿Qué introdujo la agricultura? Poder cultivar alimentos casi indefinidamente, evitando la recolección. ¿Y la ganadería? Cuatro quintos de lo mismo. Por extensión, los fertilizantes y la maquinaria aumentaron la eficiencia del sector agroganadero, permitiendo, en el siglo XX, que un solo agricultor pudiese alimentar a más de 43 ciudadanos.

¿Que avance supuso la energía nuclear? Generar grandes cantidades de energía, sin necesidad de recurrir a combustibles fósiles. Y a quién no le guste este tipo de energía por la radioactividad, que se espere a la energía de fusión, unos veinte años, la cual, permitirá producir sin coste alguno energía a borbollones. Con esta tecnología, la energía será tan abundante o barata como el aire.

Bien, entonces ¿por qué se arguye que los recursos son limitados? Quizá porque se peque de miopía y no se vislumbren en un futuro nuevas tecnologías que multipliquen las posibilidades. Es muy probable que, en poco tiempo, el hombre pueda volver a la Luna o incluso a Marte y seguir extrayendo recursos. Como dijo Jacque Fresco, cualquier cosa concebida por el hombre, puede ser construida. Por ejemplo, me viene a la mente la posibilidad de poder modificar nuestro ADN (biotecnología), para poder alimentarnos, como las plantas, por fotosíntesis, sin necesidad de comer.

Aún así, podría también llegar el momento en el que se agoten recursos indispensables para vivir: espacio y agua. De momento, el espacio en el planeta Tierra no plantea mucho problema, pues hay grandes regiones del planeta deshabitadas y, además, pueden construirse edificios muy altos. De todos modos, para cuando llegue el día en el que el espacio sea tan escaso como el oro, seguramente ya estemos habitando en otros planetas. ¿El agua? Parece que, de momento, tampoco es un problema, ya que puede volver a purificarse e incluso puede fabricarse.

Es posible vivir con índices increíbles de bienestar en un mundo masivamente superpoblado, el único límite es nuestro conocimiento, la tecnología, como afirma Eduardo Punset: «lo que importa no es si seremos dos millones más o dos millones menos, si es justa la edad de jubilación o injusta, sino el nivel y la difusión del conocimiento; es decir, la reforma educativa».

Es más, cuánto más crece la población, más posibilidades hay de desarrollar nuevas técnicas y más acusada avanza la ciencia, pues más científicos y mentes brillantes y, por tanto, más ideas y puntos de vista habrá para aumentar el bienestar del hombre.

¿Si La Tierra es el problema, La Luna es la solución?

Es ya sobremanera popular que el hombre cuenta, en la actualidad, con graves dificultades. Además de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que deben de cumplirse para 2015, a más largo plazo la humanidad necesitará de otros desafíos. Por ejemplo, hacia 2050 la población de la tierra superará los 9.000 millones de habitantes y, lógicamente, los recursos serán aún más escasos. Es indiscutible: tenemos que buscar cobijo fuera del planeta. Además, aunque no sea necesario, a corto plazo nuestros dos problemas más urgentes (combustibles fósiles y recesión económica), por raro que parezca, pueden solucionarse por la vía espacial.

Resulta un tanto curioso que estos dos puntos o desafíos son también esenciales para entender el interés que está suscitando nuestro satélite natural. La crisis económica obligó a Obama a abortar el ambicioso plan -propuesto por Bush- de exploración del Sistema Solar. «Los tiempos de crisis no son los mejores para explorar otros mundos» -sentenció el nuevo presidente electo de EE.UU. en febrero de 2010-.

El problema de las energías no renovables que se nos presenta es gravísimo, yo diría que, de no tomarse las precauciones suficientes -que son bastantes- se podría originar una crisis económica de unas magnitudes insólitas. Nuestro sistema está sustentado en el «oro negro» (incluso se habla de petrodólares). Por ejemplo, el alquitrán, los neumáticos o materiales archipresentes en nuestra vida cotidiana como los plásticos son posibles gracias al petróleo. Imagínense un día sin todos esos materiales: fábricas, empresas e industrias, de la noche a la mañana, cerradas. Parece que nuestro sistema es posible si, y sólo si, hay petróleo, un material contaminante, repartido asimétricamente por el mundo con los consiguientes conflictos políticos y, por si todo esto fuera poco, que se acabará tempranísimo. ¿Sin combustibles fósiles volveríamos a un nivel de vida parecido al anterior de la primera revolución industrial? En fin, cuando se acabe el petróleo -en un lapso de 20 ó 30 años- nuestras expectativas se verán aún más desbordadas que con la crisis actual.

¿Podemos sustentar nuestro sistema en otros recursos? Podemos hacerlo de dos formas: desarrollar y aumentar la eficiencia -y eficacia- de los sistemas de aprovechamiento de las energías renovables en la tierra, tales como la energía geotérmica, mareomotriz, biomasa, solar y un etcétera que aumenta con el tiempo y/o podemos solucionar el problema en la Luna. Sí, allí se encuentra un material (el Helio 3) seguro, eficaz y que hará posible el gran sueño de la fusión nuclear. El hecho de que en la Luna no haya atmósfera permite la acumulación de este material tan útil y renovable al mismo tiempo, la eficiencia energética jamás soñada. Ésta puede ser la solución más rentable y viable. Es más, Energia Corporation planea minar el satélite para la extracción del material en 20 ó 30 años.

La colonización de la Luna parece difícil, pero no lo es tanto la extracción del antedicho recurso. La compañía Bell Aerosystems piensa abastecer a los trabajadores, para transportar los recursos, con pequeños vehículos que alcanzarían velocidades cercanas a las de un aeronave, debido a la inexistencia de atmósfera.

También, la NASA ha apoyado económicamente el proyectores insigne ascensor lunar que servirá para transportar recursos o materiales -no es posible para personas- de la Luna a la Tierra y viceversa.

En definitiva, la Luna puede ser la salvación de la Tierra y, por eso, Rusia, Japón e India planean en el 2020 misiones lunares tripuladas e incluso China en 2030. A propósito, la colonización lunar, de conseguirse, solventaría la sobrepoblación prevista. Parece que EEUU también ha perdido el primer puesto en la carrera espacial, que será ocupado por los países BRIC’s.

Aunque parezca paradójico, las crisis periódicas que se producen, en gran medida, por las fluctuaciones del crudo -eso sin contar los abusos de los banqueros-, pueden suprimirse para siempre encontrando la solución fuera de la Tierra. Porque contamos con la tecnología pertinente. En mi opinión, el espacio y la tecnología resulven todos los problemas económicos que puedan columbrarse.

Estadísticas de España IV: PIB

El PIB (Producto Interior Bruto) español, es decir, el valor de los bienes producidos en España, desde el año 2007 se ha invertido provocando una bajada de 8,4 puntos situándose, en el año 2009 en el -4,2 %. Desde ese año ha ido decreciendo, en menor medida, pero sigue decreciendo. Esto no solamente indica que se venda menos sino que indica que se produce menos. Cada día que pasa se producen menos productos y esto es muy grave porque todo está sustentado en la economía y en la producción; si esta decrece, el bienestar del país decrecerá y por tanto, la riqueza también decrecerá.

Este decrecimiento lo estamos sufriendo todos y, lo más grave, es que, posiblemente, este ciclo económico de crisis sea un ciclo largo de entre diez y veinte años. Si unimos este ciclo con la pronosticada extinción del petróleo podríamos unir dos crisis: la crisis actual -financiera y de confianza en los mercados- con la crisis del petróleo -muchísimo más grave pues, prácticamente, toda la economía actual está sustentada en el petróleo-. Sin petróleo no hay alquitrán, no hay plástico, no hay energía para fabricar como se fabrica ahora. Esto que, posiblemente, ocurrirá ocasionaría una gran crisis que podría llevarnos a épocas poco desarrolladas comparables a los años 1800.