Idiomas al alcance de la mano


Suelo comentar con mis amigos que fueron los idiomas los que salvaron mi capacidad intelectual allá por el invierno de 2007. Fue entonces cuando pude entrar en contacto con el inglés, pero no el que nos enseñaban en la famélica LOGSE, sino el inglés  de verdad, el que se aprende con todas sus consecuencias neurológicas, el que predispone la mente para la adquisición fluida de nuevas lenguas.

Por aquellas fechas comencé a interesarme más por la etimología, lo que llegó a su cénit mientras cursaba latín y griego. Quedé encantado por la forma en que se formaban las gramáticas al establecer analogías entre el español, mi lengua materna, y un inglés que poco a poco me recibía en su comunidad de hablantes. Si bien es verdad que mientras daba mis primeros pasos, me encontré con los obstáculos habituales, lo cierto es que a los ojos de los demás mi nivel era imparable lo que, para qué ocultarlo, me cosechó a la postre ciertas envidias en la sombra, pero también unas mucho más nobles y valiosas felicitaciones.

El culmen de esta fase se dio cuando hace unos meses me matriculé en Traducción e Interpretación, carrera con la que me siento realmente cómodo y que tiene la benevolencia de dejarme tiempo para mi amada escritura.

Como sé que existen grandes prejuicios contra las lenguas, especialmente entre mis compatriotas, me he decidido a explicar en este artículo las bases que considero hay que tener en cuenta para no rendirse con los idiomas.

Es vox populi el bajo nivel que tenemos los españoles en idiomas. En mi opinión esto se debe fundamentalmente a dos razones:

En primer lugar, a la falta de tradición. Si le realizamos una radiografía lingüística al pueblo español, podemos detectar una historia prácticamente monolingüe, si exceptuamos Cataluña, Euskadi y Galicia. Esto no quiere decir que en España no hayan existido otros idiomas. Por supuesto que no. Hemos tenido lenguas germánicas, el árabe tuvo una gran importancia. Pero el pueblo español sólo habló una de las lenguas existentes.

Durante siglos los españoles vivimos con escasas conexiones al exterior y se nos cerró el acceso a las ideas europeas y con ellas también a las lenguas que las portaban. Sólo el francés penetró ligeramente la frontera y aun así su influencia se tradujo en meros galicismos.

Y en segundo lugar, el espíritu del «que inventen ellos», que se deriva del aislamiento fruto de cientos de años. Esta vagancia intelectual y este paternalismo nos privan de ser emprendedores y de buscarnos el futuro en tierras lejanas. Tan sólo en los últimos años se está registrando una emigración española de forma voluntaria, lo del franquismo fue, a todas luces, una emigración a la desesperada.

La razón de ser de esta aclaración es la de demostrar que no existen ningún pueblo físicamente incapacitado para los idiomas. El cerebro está preparado para aprender varias lenguas desde que desarrollamos nuestra capacidad lingüística. Para ilustrar esta idea me voy a valer de un sencillo ejemplo. Imaginemos que una mujer alemana y un hombre español tienen un hijo y lo educan en el Reino Unido y los padres le hablan en su respectiva lengua materna. Cuando el niño alcance cierta edad podrá hablar fluidamente alemán, español e inglés. Al principio se dará un periodo en el que mezclará los idiomas, pero una vez transcurrida esta crisis dominará los tres idiomas sin complicación.

A continuación, voy a hablar de los principales obstáculos que encuentra el hablante monolingüe al enfrentar una lengua extranjera.

En primer lugar, me gustaría manifestar mi preocupación por el dominio de la lengua base. En casi la totalidad de las ocasiones, se presupone un control firme de la lengua materna, y es éste el primer obstáculo con el que se encuentra el estudiante. Cuando no se tiene un profundo conocimiento de la lengua base, es decir, del sentido de lo que es una lengua, nuestro cerebro se topa con un buen número de dificultades porque sería como tratar de aprender a hablar a una edad ya tardía y de forma artificial.

El actual sistema de enseñanza de inglés presenta la misma patología que el resto de asignaturas.  Y es que se trata de enseñar a través de un atracón de hechos y fechas que se acaban vomitando en el examen, para después olvidarlo todo. Así no funcionan las lenguas. Al igual que en las matemáticas, en las gramáticas se va partiendo de axiomas para llegar a estructuras cada vez más complejas, de modo que si se olvida la base, no se puede seguir avanzando.

Los siguientes obstáculos guardan estrecha relación con el individuo:

Existe una especie de complejo de inferioridad cuando aprendemos una lengua. Esto se debe a que nos sentimos extranjeros ya que no pronunciamos bien, no entendemos a nuestros interlocutores y las lenguas se convierten en la antípodas de los cigarrillos; unas fáciles de dejar y otros de los que es difícil desprenderse. Sirva, pues, este artículo de nicotina lingüística. A los emprendedores les digo que actualmente hablo tres lenguas y sé lo que es atravesar ese barrizal.

Muchas veces alcanzamos cierto nivel en un idioma y nos estancamos durante un tiempo. Entonces caemos en el grave error de pensar que en esa posición se ha establecido nuestro límite. Pero nada más lejos de la realidad. Estas crisis precisamente nos indican que se ha alcanzado el nivel medio, a partir del cual se avanza por saltos; de repente un día nos levantamos y vemos que hemos mejorado.

El mayor fantasma para los idiomas es la timidez. El miedo a que los demás se rían de nuestro acento. Debemos comprender que el cerebro tiene que acostumbrarse a ciertos movimientos. ¿Acaso no somos torpes la primera vez que practicamos un deporte? Pues el sistema fonador funciona del mismo modo. Los nuevos movimientos tienen que llegar al cerebelo para ser naturalizados. Por eso es de suma importancia exagerar los sonidos al principio, por muy ridículos que nos sintamos.

Mi breve experiencia en este mundillo me ha dado ciertas lecciones que les ofrezco aquí a modo de consejo.

Como las lenguas se estudian desde varios aspectos, voy a dividirlos en tres: Fonética, léxico y gramática.

La fonética: para aprender a pronunciar y entender las palabras la clave está en la repetición. La grabadora se nos revela como una herramienta bastante util para esta tarea ya que nos permite observar los fallos y la mejora. Escuchar música y ver películas en versión original son hasta ahora las mejores ideas para agudizar nuestra audición. Por un lado nos abre la mente a nuevos sonidos; por otro, ¿quién no prefiere escuchar la auténtica voz de Marlon Brando?

La piedra angular de una lengua es su léxico. Su aprendizaje debe partir de aquí, pues el vocabulario es la base de todo. Con conceptos aislados se puede expresar más información de la que creemos. Una de las mejores técnicas de memorización léxica es la que introdujo en España el mentalista Ramón Campayo y se basa en la asociación inverosimil, esto es, observamos una palabra extranjera y rápidamente la relacionamos con una palabra de nuestra lengua materna que suene igual. Nuestra tarea ahora será asociar esas palabras a traves de un pequeño juego de imaginación. Hagamos la prueba. Vamos a elegir la palabra alemana Liebe, que significa amor. Lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿qué palabras españolas me sugiere Liebe? A mí por ejemplo se me ocurren dos: lavar y leve. Podemos imaginar a una pareja en la que el chico se ha hecho unas heridas leves y su novia lo lava para cuidarlo. Et voilà, ya hemos memorizado una palabra más. De este modo no hay palabra que se nos pueda olvidar, ¡por muy alemana que sea!

Por último tenemos la gramática. El método más eficaz que hasta ahora he encontrado ha sido estudiar una teoría y practicarla hasta que el cerebro se acomode a tal estructura. No obstante, cada individuo debe conocer sus técnicas de estudio más eficientes y adaptarlas a la materia estudiada.

Como ven, aprender un idioma no supone una empresa tan pedregosa como la pintan. A partir de la segunda lengua extranjera aprendida, el cerebro se expande, por tanto, la próxima lengua se convertirá en un paseo de lo más sugestivo.

Zapatinglish

Aquí vemos una nueva muestra de los problemas que tiene ZP para comunicarse con los demás países.

Asuntos exteriores

En esta entrada, me gustaría hablar sobre los conocimientos que han de tener el Presidente del Gobierno y el Ministro de Asuntos Exteriores a la hora de desarrollar sus acciones en el tablero internacional.

En primer lugar, la geografía, ya que si no sabes dónde está situado cada país, difícilmente vas a conocer sus recursos y próximos movimientos. Hace tiempo, durante la campaña electoral de Estados Unidos, el candidato republicano, John McCain, cometió una de las pifias más grandes al considerar que España se encontraba en Latinoamérica. Error, por otra parte, muy extendido en Norteamérica y que tristemente ha sido importado de las películas de Hollywood, donde acostumbran a representar a los españoles con actores mejicanos y cargados de estereotipos que ya pueden ustedes imaginarse, los toros, el flamenco, ese país que parece que se encuentra en tiempos de Cervantes todavía, y un largo etcétera.

Otro de los conocimientos básicos necesarios es el del inglés, y me gustaría hacer hincapié en este punto. Nos guste o no, el inglés es el idioma internacional, con el que nos podemos comunicar no sólo con los países anglosajones, sino además con el resto de potencias europeas, lo que fortalecería con creces el europeísmo que tan de moda se ha puesto en la última década. Esta carencia la tienen tanto ZP como Moratinos, y es grave. Sólo tenemos que echar la vista atrás y acordarnos de la escena de soledad que protagonizó nuestro presidente en la cumbre de la OTAN, donde, por desconocimiento de la lengua de Shakespeare, fue ignorado por todos los líderes mundiales.

Y por último, la diplomacia y cultura general. Un diplomático tiene que conocer los principales intereses del otro país, algo que se consigue a través del conocimiento de su historia.

Este artículo ha surgido de una reflexión que tuve sobre por qué nuestro país se encuentra tan aislado internacionalmente. Se debe a la falta de estos conocimientos básicos que, si en un futuro no arreglamos, nos pueden dejar fuera del mundo global que se nos acerca.

Un saludo, Daniel Soler.